Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi propiedad.
Capítulo 2
POV Edward
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me sentí así de atónito y preocupado.
—No, el único familiar que tenía era su tía abuela, pero ella falleció hace tres años. —le explica mamá al policía.
Recuerdo intentar traspasar las barreras de protección, pero la policía no me dejó. Por más que insistí en preguntar qué había ocurrido, nadie quiso responderme. Pensé en Mars y lo anciana que se había vuelto en los últimos meses. Me sentí mal porque Bella era demasiado joven para quedarse sola.
La madre de Bella murió de cefalea cuando ella apenas tenía unos meses. Y su padre la abandonó a la edad de cinco años. Sus abuelos ya habían fallecido antes de que naciese, y la única que se hizo cargo de ella fue Mars, su tía abuela.
—¿Edad aproximada de la paciente?
Respondo por ella:
—32. Hoy es su cumpleaños. —me apoyo en la cabecera de la silla— Desapareció a los 21.
La situación se puso alarmante cuando vi a Mars salir del brazo de un detective, hablando y hablando y hablando y yo sin poder entender nada.
El gran enigma de Isabella Swan, la chica de Denver. Así lo titulaban en la tv y periódicos.
Aquel año 2005 la ciudad se llenó de un inconfundible temor entorno a los secuestros. No fue el primero en ocurrir, pero sí el único con un final incierto.
Su casa se volvió el ojo del huracán. Desde que todo ocurrió, se puso opaca y sin vida. La gente acostumbraba a dejar flores y cartas como muestras de apoyo. Yo no pude volver a verla de la misma forma. Cada día, alguien venía a interrogarnos. Cada día, tuve la esperanza que fuese para avisarnos que la habían encontrado.
Al mes localizaron su teléfono e identificación sobre una roca a metros del mar. El teléfono estaba destruido y su identificación intacta. Tres semanas más tarde su ropa fue hallada colgada de unos ciruelos.
La única declaración de Mars fue haber visto a Bella caminar por la acera a eso de las diez de la noche. Tranquila de tenerla en casa, le quitó el seguro a la puerta para que pudiese entrar.
Pero la puerta nunca se abrió.
Hasta el día de hoy se ha sostenido que alguien la metió dentro de un auto, de otra manera no se explica.
Se les interrogó a los vecinos, pero nadie vio nada.
.
.
—Emmett viaja esta noche de regreso —Alice suspira y se echa en el asiento— Creo que aún está sopesando lo que le he dicho. No lo podía creer. —se voz enronquece— Ni yo. No parece real.
Cuando levanto la mirada, sus ojos se han llenado de lágrimas.
No suelo ver a Alice así de rota. Siempre intenta mantenerse fuerte por todos. La última vez que la vi así de mal, fue para cuando terminó con su ex novio.
—No, no lo parece.
Sacudimos nuestras cabezas.
—¿Dónde ha estado en todo este tiempo? —inquiere. Quiero decir que es lo mismo que me he estado preguntando desde hace una hora— ¿Por qué iban a dejarla viva? ¿Cuál era su propósito?
Estoy en shock. Por dentro la angustia me carcome, pero por fuera, no puedo moverme más que para respirar.
Los flashes regresan pisándome los talones.
Los murales en cada vitrina de la ciudad:
¿Dónde está Isabella Swan?
¿Dónde tienen a Isabella Swan?
¿Cómo está Isabella Swan?
Antes de que sus cosas apareciesen, se creía que podría haber abandonado la ciudad por cuenta propia. A los meses siguientes, dadas las declaraciones de Mars, se reveló su secuestro. Y a los años, sin obtener rastro alguno de su persona, la gente se preguntaba qué habría sido de ella.
La pregunta que ronda en mi cabeza ahora es:
¿Quién te hizo esto, Isabella Swan?
Los que la conocíamos, sabíamos que no se había ido por su cuenta.
Mi madre se ha ido a despachar al agente y vuelve con nosotros.
—¿Y tu hermana?
Su pregunta me despista, porque hasta ese momento recuerdo a Leticia. Alice contesta por mí.
—Ha ido al baño.
—¿Cómo está Bella? —le pregunto rápidamente, incapaz de controlarme.
Se lleva las manos a los bolsillos, cambiando su expresión serena por ansiedad.
—Dormida. Le hemos suministrado suficiente suero para esta noche. Sus defensas están bajísimas. Le hicimos un montón de exámenes también, como el de identificación.
—¿Identificación? ¿Es que acaso no están segu…?
Me interrumpe—Es parte del proceso. La policía necesita tener pruebas contundentes que confirmen su identidad.
Tal vez suene a paranoia, pero me enferma pensar que no sea ella.
Mamá se sienta en la silla vacía junto a mí.
—Esto no va a ser nada fácil. Sé que están llenos de preguntas y confundidos y queriendo saber desesperadamente dónde ha estado en once años, pero déjenme decirles que eso va a tener que esperar, al menos hasta que se recupere. Por el momento solo tenemos la declaración de Sasha, que no es muy relevante puesto que no señala de dónde vino Bella.
—¿Entonces…? ¿Siempre ha estado en Denver? O alguien la ha traído desde alguna parte, desechándola.
Alice y mi madre se miran.
—Todo puede ser posible —responde Alice.
Me tiro un mechón de pelo, chasqueando la lengua.
—Quiero verla.
—Edward, no me hagas repetirte lo mismo. Por ahora sus visitas quedan prohibidas. —cuando protesto, levanta la voz— Voy a quedarme el resto de la tarde y la noche con ella, si eso te hace sentir mejor. No voy a despegar un ojo en su evolución. Confía en mí. —sé que tiene razón, pero de todos modos me siento fatal pensando que la tengo a unos metros de mí y no puedo acercarme— Será mejor que se marchen a casa. Leti está nerviosa con toda esta situación y además tiene mucha tarea para mañana.
—Bien… —murmuro inseguro— Cualquier cosa que suceda, no dudes en llamarme.
.
.
Salir por la puerta principal del hospital fue una muy mala idea.
De inmediato, los periodistas aparecen como una tropa de hormigas hambrientas, empujándonos y llenándonos de preguntas sobre Bella y su estado. Le digo a mi hermana que camine justo a mi lado y logramos hacernos un espacio sin mayor dificultad.
Ya instalados en el vehículo, suspiramos de alivio.
—¡Qué lío! —exclama Leticia.
Llevamos a Alice a su casa, prometiendo vernos mañana en el Hospital a primera hora.
De camino a casa, llamo a Kate, la asistente de Emmett. Le explico que por temas familiares no puedo presentarme a trabajar. No se escucha contenta en absoluto, pero no doy marcha atrás. Al parecer, las cosas están difíciles para todos. Su tono de voz se vuelve un carraspeo y sé que quiere ahorcarme en este momento.
Menciona todas las razones por las que no debería faltar al trabajo.
—Ya te expliqué que por asuntos familiares.
—Edward, yo también tengo asuntos familiares, todos tenemos asuntos familiares que resolver, pero no por eso voy a faltar a mi trabajo cuando se me plazca. No todos tenemos de amigo al jefe, por lo tanto, te voy a pedir que te metas tus probl-
Le corto la llamada.
No tengo cabeza para escuchar los regaños de Kate. Hay una sola cosa que no puedo negarle; no todos tenemos de amigo al jefe. En otras circunstancias ni por una excusa valiosa me hubiese podido tomar el día libre.
Leticia a mi lado, tamborilea los dedos encima de sus rodillas.
—Así que… Bella. —inspira una bocanada de aire acondicionado— No la recuerdo mucho, pero mamá me contó su historia alguna vez hace años. —aparcamos en el cobertizo, y nos quedamos intactos allí, mirando a la nada— Tiene que haber sido fatal… No saber nada de su paradero. Porque no es como cuando alguien se va, sabes que puede cuidarse por sí mismo, pero ¿cuándo te retienen a la fuerza? Dios, Edward, no me hubiese gustado estar en tus zapatos ni en los de ella.
—No, no te gustaría. —suspiro.
—Ahora, sin embargo, hay que esperar a ver si no se muere, porque eso sería la gota q… —se interrumpe antes de terminar, golpeándose la frente con la palma de la mano— O sea, obviamente no se va a morir, a lo mucho queda inconsciente, pero… No, espera, eso tampoco. Mira, de seguro se recupera bien. —sacudo la cabeza para evitar reírme de ella. Leti se gira en su asiento todo lo que el cinturón le permite— ¿Te he dicho alguna vez que soy pésima consolando a las personas?
Me rio.
—Sí, es mejor que no digas nada. —ella se ríe también y nos quitamos los cinturones— Pero gracias por intentarlo.
En casa, dejo caer las llaves sobre el cenicero sin percatarme y exhalo el aire que he estado conteniendo mientras me dejo caer en el sofá. Leticia me mira de reojo en silencio, cruzándose de una esquina a otra con las manos en los bolsillos de su chaqueta. Después de un momento largo en donde ninguno dice nada, desaparece de la sala y vuelve minutos más tarde con una copa de brandy y una botella individual de soda.
Señala el brandy y lo tiendo sin más.
—Salud —dice ella, dándole un sorbo a su bebida dulce de naranja— Por la vida.
Los cubos de hielo chocan en mi boca y siento el fuego arder en mi lengua. Nos dejamos caer en el respaldo del sofá, viéndonos solos sin mamá y aún choqueados por la situación.
—¿De dónde sacaste brandy, por cierto?
Se le marca la tapa de la botella en la boca, como cuando era pequeña.
—De la recámara de mamá.
—¿Mamá guarda brandy en su recámara?
—Sip
—Cuéntame sobre eso.
Leti encoge los hombros.
—El primer mes que pasamos sin papá, mamá se angustió muchísimo, así que a veces la veía escondiendo la botella antes de entrar por la puerta. Era un poco repugnante, pero con el tiempo se le fue pasando. —mi madre no bebe demasiado, a menos que se trate de algún cumpleaños o fiesta de fin de año. Por esa razón frunzo el ceño— Ya no lo hace, Edward, en serio. Por algo practica yoga. Creo que la distrae. Además, esta botella la compró hace mucho tiempo y sigue llena.
Pienso en mamá, en su soledad cuando papá se fue. Él era su ancla, su cable a tierra. Nunca la vi mirar a nadie más como a él. Y mi padre se marchó, porque las discusiones no daban para más. Todos pensamos que era la mejor decisión, un tiempo lejos les serviría para pensar. Pero no. Cuando papá me llamó un día porque quería presentarme a alguien especial en su vida, supe que no tomó esa decisión pensando en arreglarla.
Le dije que no. Yo no iba a conocer a ninguna mujer mientras mi madre lloraba en casa.
Con el tiempo comprendí que uno como hijo no puede hacer mucho. Tus padres son tus padres, sean como sean. Tengo una relación cercana con él, pero sabe que yo no estoy dispuesto a entrar en su juego de una nueva familia feliz. Menos cuando Leticia todavía no lo supera, así que ya no insiste.
Desprendo un botón de mi camisa, el calor del alcohol subiéndome a las mejillas. Me llevo la copa a los labios, y pienso en Bella.
Pienso en los ojos de Bella.
Pienso en la sonrisa de Bella.
Pienso en el sonido de la risa de Bella.
Pienso en los sueños de Bella.
Tengo ganas de llorar. Cuando mis labios comienzan a temblar incontrolables, vuelvo a llevarme la copa a los labios, aliviando el malestar.
Bella y yo nos conocimos a los 19 años. Ambos ya habíamos terminado la secundaria y ninguno pensaba todavía en entrar a la Universidad. Yo, porque nunca tuve claro lo que quería ser. Ella, porque la pensión de su tía abuela no era mucha y tuvo problemas en los trámites de la beca, por lo que no la obtuvo ese año. Así que, ambos íbamos de trabajo en trabajo.
Nuestro primer encuentro fue cuando mi madre la atendió por una fractura en su hombro. Yo estaba allí, tratando de convencer a mamá de que me dejara salir con Emmett por la noche. Y entonces, para deshacerse de mí, me pidió expresamente que llevara a esta chica a su casa. Ni yo ni Bella estábamos de acuerdo en ello, pero mi madre le dijo que era necesario porque le habían dado un medicamento tan potente que en cualquier momento se desvanecía en la calle.
Meses después supimos que eso no fue cierto, que lo hizo para que no tuviésemos motivo de negarnos y yo la dejase trabajar tranquila.
A partir de entonces nos hicimos muy buenos amigos. Tan amigos, que terminé enamorándome de ella.
.
.
Los canales nacionales no hablan de otra cosa más que de lo que pasó esta tarde. Ellos no afirman que se trate de Bella, sino que lo están por confirmar. Cambio el canal a un documental sobre animales. Siento los brazos de mi hermana rodearme. Su cabeza broncínea descansa en mi pecho y nos acurrucamos juntos hasta que el sueño nos vence.
Por ratos, no dejo de pensar. Mi cerebro trabaja de una manera impresionante. No tengo idea de cómo una persona en esas condiciones se puede recuperar ni de cuán complicado es. Tal vez ese es el punto de su gravedad. Tal vez solo estoy pensando egoístamente queriendo que se recupere, deseando que quiera vivir.
¿Y si no quiere vivir? ¿Y si ha sobrevivido durante tanto tiempo porque no quiere morir en condiciones tan paupérrimas como lo es estar secuestrado? ¿Si estaba esperando ser liberada para descansar de su pesadilla?
El pensamiento me hace estremecer. No es bueno pensar demasiado.
.
.
A la mañana siguiente, Leti se marcha al colegio y desayuno un cuenco de leche y avena mientras me desperezo.
Está demás decir que fue la noche más larga de mi vida. Por un momento creí que todo había sido un sueño. La felicidad y la preocupación me invadieron cuando me di cuenta que todo es real.
Reviso el teléfono y no tengo ningún mensaje de mi madre. Quiero pensar que eso es una buena señal. Lo demás es una pila de mensajes sin leer; de mi padre, para decir lo impactado que está por la noticia y que nos visitará más tarde. Alice, que ha tenido un inconveniente con su peluquería y que irá en cuanto se desocupe. Emmett, avisándome la hora de su aterrizaje. Kate, mandándome al demonio por quinta vez. Ángela, preguntado si me encuentro bien.
Terminando de desayunar, me doy una ducha rápida. Abrocho los botones de mi camisa de camino al auto. Por suerte esta mañana me toca una carretera despejada, así que aparco en el hospital en menos de quince minutos.
Entro por la parte trasera del edificio, evitando así a los periodistas.
No hay personal visible esta mañana. Son cerca de las ocho todavía, lo que significa que todos están haciendo cambio de turno.
Con mucha discreción, me traslado de un pasillo a otro sin mirar atrás. Tomo el camino que creo vi que mi madre tomó ayer. La verdad es que no tengo idea si sea el correcto, pero prefiero arriesgarme. En cuestión de segundos, he cruzado las puertas dobles que prohíben la entrada a cualquier persona que no sea parte del Hospital.
El corredor es oscuro, silencioso. Cada puerta tiene debajo de la ventanilla el nombre del paciente. Miro de vez en cuando a mi alrededor, asegurándome que no hay moros en la costa.
Cuando me he dado por vencido, me acerco a la última habitación, la más pequeña.
Isabella Swan D. "PROHIBIDO ENTRAR" "PACIENTE AISLADO"
Desbordando una adrenalina difícil de explicar, me acerco a la ventanilla a echar un vistazo. Mi corazón late tanto que se me va a salir del pecho. A pesar de lo pequeña que es la ventana, noto a alguien recostado en la camilla, pero no puedo ver detalles, no puedo ver sus heridas ni lo mucho que ha cambiado. Sin embargo, es suficiente para que una parte de mí quiera quedarse aquí el tiempo que sea necesario.
Cojo la manilla de la puerta, listo para entrar.
—Edward ¿qué demonios haces aquí?
Salto de la impresión ante la voz determinante de mi madre.
—Llegué aquí sin querer —su mirada es de incredulidad pura— Déjame verla, por favor. Solo serán cinco minutos. Si pasados esos cinco minutos no puedes sacarme a patadas, entonces como tu hijo te doy permiso para que llames a seguridad.
Mamá parpadea, negando ante mi insistencia.
—Acabamos de suministrarle medicamentos fuertes. Ha estado agitada toda la noche. Será mejor… —me jala del brazo, bajando la voz— será mejor que salgamos de aquí. Mira, entremos ahí, es una salita de espera.
La desilusión me embarga y cuando nos sentamos, comprendo sus palabras.
—¿Agitada?
Mamá asiente, sirviendo dos vasos de agua de un bidón y dándome uno.
—Ha tenido pesadillas, fiebre. Estuvo la mitad de la noche sollozando.
—¿Y ha dicho algo? Generalmente hablan en sueños o con fiebre.
Niega— Intenté preguntarle muchas cosas, pero ella solo negaba con los ojos cerrados. Luego se quedó profundamente dormida.
—¿Qué dice la policía?
Vuelve a negar.
—Nada todavía. Estamos igual que ayer. Mientras Bella no hable, no pueden tener una imagen clara sobre el secuestro. No se sabe de dónde salió y tampoco si se le vio con alguien. Hay marcas de ella en su cuerpo que generan hipótesis. Así que, hasta el momento todo es incierto.
—Como siempre —susurro con rabia.
Mi madre pone una mano en mi hombro.
—Lo sé, pero por lo menos la tenemos a ella. ¿No crees que es mejor que nada? Si todo va bien, esta tarde despertará—eso me llena de ilusión— Escuché por ahí que van a desestimar al detective que cubre el caso de Bella. No tengo muy claro si buscarán a alguien de aquí o de afuera.
—Esperemos que quién sea, haga bien su trabajo. —murmuro.
Mamá se queda en silencio, terminándose el vaso con agua con la cabeza gacha. Espero a que diga cualquier cosa, mas no lo hace.
Debe estar cansadísima, y no es menor, ha trabajado más de lo que le corresponde.
—Oye —llamo admirando nuestra soledad— Déjame entrar. —ruego una vez más.
Pone los ojos en blanco.
—No te darás por vencido ¿verdad?
Esbozo una sonrisa encantadora.
—No
Suspira y se lleva las manos a la cara.
—Si alguien te encuentra ¿sabes en los problemas que me vas a meter? —no espera a que conteste— Escúchame una cosa, te voy a dejar entrar. —se me acelera el corazón— Pero primero tenemos que hablar de algo.
—Estamos hablando.
—No, es que esto es muy importante —puntualiza, de pronto más preocupada que antes — Algunos análisis ya están listos. Los que son para descartar cualquier enfermedad van a demorar un poco más porque son muchos. Encontramos virus en su cuerpo, ninguno grave, pero dado que sus defensas están bajas, hay que tener mayor ojo en ellos. También, una cantidad considerable de antídotos en su organismo.
—¿Antídotos? Mierda —me paso una mano por el pelo— ¿Algo más? ¿Hay algo que no tenga? —pregunto empezando a ver de todos colores.
—Déjame terminar —me pide— Tratamos de agilizar los estudios que más necesitábamos con urgencia.
—Mamá, ve al grano. Me estás poniendo nervioso.
Mueve sus manos de un lado para el otro.
—Edward, Bella está embarazada.
Hola!
Estoy muy contenta por el recibimiento que tuvo esta historia. De verdad, MUCHAS GRACIAS por todos sus comentarios!
Y como lo prometido es deuda, subí este capítulo hoy. A partir de ahora, actualizaré cada Lunes.
Me cuentan que les pareció este ;)
Que tengan una linda noche.
Besos
