Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi propiedad.


Capítulo 3

POV Edward

Trato de retener sus palabras.

Mis latidos se alteran en silencio, y el entendimiento viene con él de la mano. Puedo sentir la ira crecer como una bola de fuego en mi interior.

La ira te obstruye la visión, la ira de esclaviza.

Ni siquiera soy capaz de decirle a mi madre que me repita porque, lamentablemente, no me sorprende. Pero eso no quiere decir que no sienta impotencia. Porque lo estoy sintiendo, y quiero matar a quién se haya atrevido a hacer ese daño.

Le pido un momento a solas en el baño. Dejo que el agua fría calme un poco el ardor de mi piel. Retrocedo y me miro al espejo. Quiero olvidarme de todo. Me gustaría haber hecho las cosas distintas esa noche, haberla llevado a casa. Incluso si nada de esto es mi culpa, no puedo evitar replantearme esto. Llegas a un punto en dónde harías cualquier cosa por retroceder, por querer arrancar con uñas y dientes la pila al reloj de la vida.

Si eso existiera, se evitarían muchas catástrofes.

Mi madre espera fuera del baño y su expresión sigue siendo de preocupación, pero esta vez por mí.

—¿Te sientes bien? Ed, sé que esto es complicado…

—¿Complicado? Es una manera suave de decirlo, madre. —me llevo las manos a la cabeza— Estamos hablando de un bebé… el bebé del imbécil que la tuvo retenida la mitad de su vida. —doy vueltas por el pasillo vacío y estrecho— Tienes que decírselo cuánto antes, apenas se despierte.

Mamá se acerca lo suficiente para que solo yo la escuche.

—No podemos hacer eso. Es una noticia muy fuerte para ella.

Me vuelvo loco.

—¿Y esperan que se le empiece a notar la panza? ¿Qué pasa si ella no quiere al bebé? ¿Van a dejar que pase por todo ese tormento, después de todo lo que ha pasado?

—Edward, cálmate.

—¡Es que no…! —me callo abruptamente. No puedo descargar mi ira con mi madre. Tomo una bocanada de aire y me apoyo en la pared— Lo siento, mamá. Esto no es contigo. Sé qué haces lo mejor que crees que es para ella.

Asiente y pone una mano en mi hombro.

Al final no puedo ver a Bella.

El pasillo empezó a llenarse de enfermeras y tuvimos que irnos.

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Esa tarde Bella se despertó mientras la doctora Angie revisaba sus vendajes.

Movió los ojos de un lado para el otro, tratando de averiguar en dónde se encontraba. A pesar de que la doctora le hizo algunas preguntas simples sobre su identidad, Bella no respondió, y a los minutos se volvió a dormir.

De vez en cuando nos turnamos en el hospital con la esperanza de que nos permitan entrar, pero dado que se encuentra aislada, nadie nos presta ayuda. Después de unos días Bella pasó a estabilizarse, por lo tanto, puede alimentarse con comidas normales. Las pruebas no mostraron ninguna anomalía y ninguna enfermedad infecciosa. Por ahora, solo se está tratando los virus de su cuerpo, lo que confirma en las malas condiciones en las que ha vivido.

Las ecografías que se le hicieron, confirmaron un embarazo de dos meses. Los doctores dicen que ha estado en una fase de rigidez que la mantiene retirada de la realidad, por este motivo ella no entiende la mayoría de las cosas que le hacen.

A casi un mes de su aparición, el estado asalarió un nuevo detective de Ohio para resolver el caso de Bella. El antiguo fue desestimado hacia otra ciudad, y según leí en internet, Jasper Whitlock ha resuelto otros casos más trascendentales, coronándolo como el mejor detective privado de los Estados Unidos.

Lo conocimos una mañana en la cafetería del hospital, presentándose y advirtiendo de inmediato que no piensa perder más el tiempo. A juzgar por su apariencia, parece un hombre bastante frío y distante.

Alice piensa que es arrogante, porque levanta una ceja cada vez que alguien le interrumpe. En este caso, ella le interrumpe para hacer preguntas, y a Jasper no le hace gracia.

Sin embargo, Jasper no es su mayor problema, ni el mío ni el de Emmett. El tema relevante en este momento es el embarazo de Bella, que nos tiene con sobrados motivos para pensar, porque no sabemos lo que ella piensa y tampoco podemos adivinar su reacción tan pronto se entere. Es fuerte, arrebatador, chocante. No es así como alguien debería recibir la noticia de la llegada de un bebé.

Tampoco podemos decidir por ella. Y creo que, sea cuál sea su decisión, hay que respetarla.

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.

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—Vas a venir conmigo, de todos modos. No te estoy preguntando. —le digo a Leticia, que hace un mohín.

—¡No eres mi papá!

—No, pero dado que no quieres saber nada del nuestro, entonces voy a tener que tomar su lugar mientras tanto.

Cruza los brazos sobre el pecho.

—No estoy buscando un reemplazo, para que te enteres. —está tratando de herirme, y no lo consigue— ¡Vamos… Edward! Me he portado bien este último mes. ¿Por qué siguen desconfiando de mí? No quiero ir al hospital, es aburrido y no hay internet ¡No quiero!

De algún modo consigo que entre al auto. No me dirige la mirada en el camino. El fin de semana se ha convertido en sus peores días, porque no tiene escuela y pasamos la mayor parte del día en el hospital. Por una parte, entiendo su enojo, pero si mi madre me dice que no despegue ojo en ella, no creo que se refiera a que yo esté de un lado y Leticia del otro. Además, ella está castigada por falsificar la firma de mamá a la directora.

En cuanto llegamos, se instala en una de las sillas, rugiendo como un animal.

Mi madre hace caso omiso a su berrinche.

—Qué bueno que ya estés aquí.

—¿Pasó algo?

—Los chicos están esperándote.

Por lo general, siempre soy el primero en llegar, pero ahora no los veo por ninguna parte.

—¿Dónde?

Su sonrisa se amplía.

—En la habitación de Bella. —mete las manos en sus bolsillos y emprende el camino para que le siga, pero me quedo absorto— Eh ¿qué esperas?

—¿Está despierta?

—Sí

Me pregunto si alguna vez dejaré de sentirme nervioso.

Por lo menos, en lo referente a esto.

Luego de que Bella entrase en un proceso estable de recuperación, los médicos la trasladaron de una habitación a otra, dejando atrás el reducido espacio en el que se encontraba. A diferencia del anterior, este tiene una vista fabulosa a la ciudad.

Emmett habla del sol esta mañana mientras Alice, sentada a la orilla, sostiene su mano ahora sin vendas.

Tengo una opresión en el pecho porque, no hay nada en ella que reconozca. La Bella de antaño no tenía el pelo largo y opaco, tampoco los pómulos violáceos e hinchados. Tiene las venas de la sien marcadas, al igual que en los párpados. Cada vez que pestañea, se queda con los ojos cerrados como si le costara mantenerse despierta.

Se hace el silencio cuando entramos.

Ella aún no me ve, porque no he dicho una sola palabra y porque parece perdida en sus pensamientos. Me acerco, cauteloso hasta su cama, y cuando cojo su mano entre la mía, da un salto y se voltea rápidamente.

Sus ojos son la primera cosa que reconozco como ella.

Verdes y en el pasado, expresivos.

Quiero decir tantas cosas que terminan enredándose en mi lengua. Sus ojos recaen en los míos y noto la confusión en ellos. Ese tipo de confusión a cuando un rostro se te hace familiar, pero no puedes recordar de dónde. Su ceño se frunce, y respira con calma.

—Bella, cariño ¿te acuerdas de mi hijo Edward?

Bella pasa de la incertidumbre al reconocimiento en un par de segundos. No estoy seguro si me ha reconocido totalmente, pero sé que se acuerda de mi nombre.

De pronto me siento seguro de mí mismo. La emoción me invade por completo y trato de memorizar su rostro de adulta.

—Hola, Bells —por suerte, mi voz no sale entrecortada.

Espero a que carraspee, a que murmure.

No obtengo nada.

—A nosotros… tampoco nos habla —susurra Alice.

Sé por mamá que Bella no habla cuando vienen a checarla. Ni siquiera con la doctora Angie, pero supusimos que, como se encuentra sola en el cuarto la mayor parte del tiempo, sin visitas, sin televisión, no tiene ganas de hacerlo.

Respira por la mascarilla atenta a cada movimiento. Me doblo hacia abajo para que nuestros rostros estén a la misma altura.

—Oye —murmuro suave, y se siente bien tenerla cerca de nuevo— Puedes decir cualquier cosa ¿vale?

Ni un asentimiento.

Tampoco veo su expresión. Se ve tremendamente cansada y aturdida, así que en vez de insistir, me dejo deleitar por sus ojos antes de sentarme en la cama.

Mi madre rompe el silencio, acercándose y cambiándole el suero.

—Bella ha estado muy bien hoy —dice para animarla— Los últimos análisis han arrojado muy buenos resultados ¿verdad, Bella? —Silencio. Alice se muerde el labio, soltando a Bella y poniéndose de pie para mirar por la ventana. Sé que quiere evitar que la veamos llorar— Ha subido de peso también, lo que es excelente porque si sigue así, en unos cuantos días podrá ser dada de alta.

Al parecer, no le emociona ser dada de alta.

Su mano sigue intacta en la mía y dibujo círculos con mi pulgar, tratando de llamar su atención, lo que consigo, ya que Bella mira por el rabillo del ojo.

Entonces, todo ocurre demasiado rápido. Su rostro se contrae en una mueca y en segundos su mano desaparece de la mía. Da un salto fuera de la cama y corre al baño.

Nos miramos entre todos.

—Es normal. —nos explica mamá, puesto que Alice se ha acercado a la puerta del baño, por si necesita ayuda— Lleva unos días vomitando por las mañanas.

—¿Crees que sospeche? —le pregunto.

Ella encoje los hombros.

—Es su cuerpo. Por supuesto que debe sospechar.

Bella sale más pálida que antes. Le ayudo a recostarse y ella misma se regresa la mascarilla a la boca.

—¿Estás bien? —pregunto con preocupación, y tampoco responde.

.

Después que hemos salido del hospital y haya dejado a mamá y Leti en el centro comercial, el tema de conversación sigue girando en torno a Bella y su mutismo.

Casi no omito comentario.

No voy a negar que no dejo de pensar en ella. Su silencio me ha puesto más nervioso que nunca; quiero saber lo que siente, quiero que hable del tema, que diga la verdad, que se desahogue sin sentir miedo a que alguien le haga daño.

Por un ápice pienso que a lo mejor está enojada con nosotros.

Enojada porque nunca la encontramos.

Alice chasquea la lengua.

—El detective Whitlock acaba de enviarme un mensaje. Quiere hablar con los tres, pero ya.

Freno el auto y giro hacia la derecha para tomar un atajo. Alice maldice haberse golpeado en la cabeza, y Emmett no deja de reírse.

Aparcamos fuera de un edificio exuberante, rocoso y antiguo, y verificamos la dirección del mensaje. La mayoría de las ventanas están rotas y el timbre ni siquiera funciona. Debemos subir diez escaleras porque no confiamos en el estado del elevador.

Llegamos sin aire. Recorremos el pasillo vacío y nos detenemos frente a la única puerta abierta.

La vivienda es todo lo que uno ve en las películas sobre detectives; una pizarra llena de fotografías y escritos. Objetos dentro de bolsas plásticas sobre la mesa. Líneas hechas con marcador rojo sobre rostros desconocidos.

Jasper, de pie detrás de la mesa, nos escucha llegar.

—Adelante, adelante —entramos justo a tiempo en que dos ayudantes de él salen desde otro lugar— Les presento a Leah y Aro, mi superior. También están ayudando en la investigación. —explica— Estos son Edward, Alice y Emmett, amigos de Isabella Swan.

Aro nos escrudiña con discreción. Nos saludamos con un movimiento de cabeza.

—Los cité porque, hace unos días encontramos restos de sangre en una de las murallas de piedra que da al claro. —comienza sin mirarnos— El laboratorio nos confirmó que se trata del ADN de Isabella. Estábamos tomando todo con cautela, porque ya habíamos encontrado restos de sangre en otro lugar, pero resultó que no era el de ella.

Saca un mapa y lo deposita sobre la mesa.

—Hicimos varias conjeturas con respecto a los lugares que anduvo antes de que Sasha Denali la encontrara en su porche. —nos acercamos a la mesa y señala un círculo rojo en medio— Este es el porche de los Denali, desde acá y hasta el claro, Bella caminó 4 kilómetros en total.

Aro le interrumpe.

—Hay testigos que la vieron caminar por la tabaquería, que está a unas 20 cuadras del claro, y otros la vieron cruzar el parque, que es más o menos la misma distancia para llegar a casa de los Denali.

Emmett se aclara la garganta.

—¿Eso qué quiere decir?

—No estamos seguros si ella salió desde el bosque. Queremos indagarlo lo antes posible. Puede ser que no haya estado allí siempre o alguien la dejó a su suerte en medio de la carretera. —dice Leah.

—Cabe aclarar que hay marcas de ruedas en el césped justo donde está la muralla antes de entrar al claro. Probablemente alguien detuvo el auto allí, la dejaron y escaparon. Pero, también puede ser que Bella haya arrancado desde el bosque y luego, viéndose en apuros, sus secuestradores escaparon.

Los detectives que estuvieron en el caso de Bella en el pasado, nunca encontraron nada. Ellos mismos se sentían frustrados, repitiéndole a la prensa lo bien ejecutado del secuestro para no dejar ninguna evidencia.

Pienso en los últimos acontecimientos… Alguien pudo haberla dejado ahí a su suerte.

¿Y si estaba en el bosque? También es una posibilidad. Leah tiene razón, tal vez la llevaban de un lado para el otro cada cierto tiempo, y resulta que el bosque fue el último destino.

Aro sonríe, petulante. Ahora sé de dónde imitó Jasper su postura.

—Y eso que todavía nos falta la declaración de la chica.

No decimos nada

—¿Qué? —inquiere Leah.

Alice suspira y toma la palabra— Es que eso va a estar difícil, porque Bella no habla.

—¿Cómo que no habla? —pregunta Jasper exasperándose de inmediato— Nadie especificó que fuese muda.

—Es que no lo es —le responde— Ella no ha dicho una sola palabra desde que la encontraron. Esme… la doctora Cullen lo puede confirmar.

No se esperaban aquello.

—Bueno… —Jasper recoge su mapa— Eso es cosa de tiempo.

.

Doy vueltas al asunto por unos días, intentando despejarme y pensar con más claridad, pero resulta que estoy tapado en trabajo.

Mando todos los correos para congeniar una reunión de trabajo y cierro el portátil. Todavía es media tarde, por tanto puedo permitirme un café. Desde que Emmett regresó a tomar el mando, la situación en el supermercado estaba mejorando. Todos están compitiendo para ser el mejor empleado del mes.

Yo estoy cómodo aquí, ocupando el nuevo rol de supervisor. Al menos en ese sentido nadie abre la boca para exigirme nada.

—Te traje café. —giro en la silla para ver a Ángela de pie en el umbral— doble azúcar, crema, un poco de cariño.

Ángela es una dulce veinteañera. Todas las semanas tiene un peinado nuevo para intentar parecer mayor, pero sigue viéndose de veinticinco.

Deposita la taza de café sobre el escritorio y se apoya en la mesa antes de bajar sus labios a los míos. El beso es apenas un topón, lo suficiente para dejarme marcada la boca con el labial.

—Gracias —suena a pregunta, y advierto su cercanía.

Ángela tiene la particularidad de envolverte en unos minutos. Y uno de esos son los besos fortuitos. No es el primer topón desprevenido por su parte. Es cosa de recordar el aniversario de la empresa hace cinco meses y nuestros constantes encuentros en la zona de descanso a la hora del almuerzo.

—No te he visto últimamente —cruza una pierna con la otra, todavía de pie— Has estado ligado con lo de tu amiga.

—Sí

—¿Está bien ella?

—Algo así.

Se sienta sobre mis piernas, cruzando los brazos por mi cuello y haciendo un puchero.

—Lo lamento por ella —suena sincera. Detrás de esa máscara de niña altiva, mimada y que no le importan las reglas, Ángela tiene buen corazón. A veces, su infantilismo me recuerda a Leticia, y es ahí cuando cualquier atracción que tenga por ella se difusa.

A Leticia le gusta decir que tenemos una relación, pero no la tenemos. No oficialmente. Y en realidad, no creo que la tengamos nunca. Somos tan distintos en muchos sentidos.

Alguien se aclara la garganta.

En un par de segundos Ángela abandona mi regazo, se alisa la falda y mira alarmada hacia Rosalie. Esta cruza los brazos sobre el pecho y esconde la sonrisa divertida que diviso de inmediato.

—Vaya, sabía que faltaba un poco de acción en la oficina. El ambiente estaba como… aburrido ¿no les parece? —se echa a reír— Vuelve al trabajo, Ángela, estas cosas se hacen después de la jornada. Por hoy quedas perdonada.

Ángela se disculpa con Rose y sale volando de la oficina.

Rose levanta una de sus cejas bien delineadas, esperando una explicación.

—No estábamos haciendo nada malo.

—Oh, por suerte que no. —dice haciendo una mueca de asco— Pero por si acaso, si vas a tener a las chicas en tu regazo que sea fuera de la oficina.

Ruedo los ojos.

—Lo dices como si fuera un mujeriego. —sacudo la cabeza.

—¿Es que no lo eres?

—Tu marido lo es.

—Touché —murmura y me echo a reír.

Emmett se casó con Rose hace más de un mes en una ceremonia muy particular. No hubo vestido de novia ni esmoquin, sino disfraces. Sí, disfraces de todo tipo.

Todos estudiamos en la misma escuela, pero Rose siempre tuvo otro grupo de amigos. Nunca se tomaron en cuenta, hasta hace cinco años, cuando Emmett le empapó el disfraz de gatubela con champán en Halloween.

—Bueno, volvamos a lo importante. —hace caso omiso de mi burla, y se pone seria enseguida— Emmett me ha dicho que te diga que habló con el detective Whitlock.

Me paro en seco.

—¿En serio? ¿Qué le dijo?

Baja la guardia— No muy buenas noticias. No han podido ingresar al claro por el mal tiempo.

Jadeo y suelto una exhalación.

Llevo varios días esperando que el teléfono suene con noticias de Jasper. Desde que nos citó aquella vez en la comisaría, no he podido dormir bien. Son muchas las cosas que rondan por mi cabeza, preguntas que no pueden ser resueltas si no es por Bella. Y ese es el problema.

Si tan solo Bella pudiese susurrar, si tan solo quisiese poner de su parte.

Es increíble como ella logra cambios en mi humor tan rápidamente.

Suelto el aire de mi cuerpo, divisando las cuerdas del reloj. Dejo el café casi lleno tibio sobre el escritorio y salgo de la oficina con las llaves tintineando en el bolsillo de mi pantalón. Me olvido que dejo a Rose sola en la oficina, me olvido que sigo en horas de trabajo.

Echo andar veloz y hago oídos sordos al llamado de advertencia de Kate.

La incertidumbre me consume por dentro.

Necesito calmarme.

.

Aprovecho la distracción de la doctora Angie para entrar a la habitación. Hoy es sábado y las visitas duran hasta las cinco. Son las siete menos cuarto. Bella está dormida con las manos sobre su estómago.

Quitando los machucones en su rostro, parece una muñeca.

Me siento a la orilla de su cama cuidando de no despertarla. Por un momento contemplo su sueño, percibiendo su respiración acompasada. Ubico mi mano sobre su brazo, tan lento como me es posible, y Bella de todas formas pega un salto en su lugar, abriendo los ojos de golpe. El miedo cruza por sus ojos un instante antes de reconocerme.

—Soy yo, Bells. —procuro tranquilizarla, tomándole las manos y sintiendo su alivio— Estás a salvo aquí, pequeña. Puedes estar segura de eso.

Cierra los ojos conforme se calma. No suelto sus manos hasta que encuentro las palabras.

—Lo digo en serio. —le aseguro. Sus ojos se abren de nuevo— No tienes que temer nunca más. Eso se terminó, ahora has vuelto y vamos a hacer todo para que seas feliz de nuevo.

No parece convencida.

—Puedes decirme lo que quieras, lo que tú quieras. Si quieres gritar o llorar, hazlo. Necesitas hacerlo.

Baja la mirada.

—Háblame, Bella. —suplico. Estoy desesperado. No quiero largársela sin más, no quiero ver el terror en sus ojos de nuevo— Dime dónde te tuvieron, por favor. Dime quién fue.

Sorprendida por mis palabras, levanta el rostro hacia mí. Su respiración comienza a ser más rápido de lo normal.

—Haz un esfuerzo, te lo ruego. Perdóname si sueno brusco por preguntártelo de esta manera, pero estoy deseando matar a ese imbécil… —me interrumpo. No, Edward. Detente. No hay otra manera de saberlo— No estabas aquí ¿verdad? en Denver. Ellos te dejaron en el claro.

La máquina cardiaca se vuelve loca. Se ve reacia a mirarme de vuelta. De pronto, noto que sus ojos se han llenado de lágrimas.

Dios, Edward. Puedes ser más idiota.

—Edward, tienes que salir de aquí. Ahora —me ordena la doctora Angie.

No puedo. Lo necesito.

—Por favor, Bella —consigo que me mire. La doctora Angie vuelve a insistir. Las lágrimas de Bella ruedan por sus mejillas. Me siento como un idiota por estar tocando una herida abierta todavía en su vida, una herida tan reciente— ¿O en el bosque? ¿Fue en el bosque? Bella, entiendo que no quieras hablar, pero al menos dame una señal. Si estabas en el bosque haz una señal, si no lo estabas haz dos señales. Por favor, es importante.

—Edward, si no sales de aquí me veré en la obligación de prohibirte las visitas. No puedes agitarla de esa manera, hombre.

Me detengo. Mi corazón palpita enérgico. Soy consciente del daño que le hago. No quiero hacerle daño.

Tomo un poco de aire.

—Lo siento —murmuro— Lo siento mucho. Me excedí. Lo siento —repito.

Me levanto de la cama con más ganas de llorar que nunca. Deseando no haber venido, me sorbo la nariz con la manga de la camiseta y me dirijo a la puerta. Sin embargo, antes de que decida irme, Bella me agarra de la mano.

Y la aprieta.

Sus ojos lucen tristes y ansiosos, su pecho sube y baja tan errático como hace un momento.

Pero me aprieta la mano… una vez.


Bella no habla pero... se expresa con señales! Acaba de confirmar que estuvo en el bosque ¿pero quién la tuvo ahí?

Les traje antes actuuu... En la semana subo más.

Agradecida de sus comentarios, alertas y favoritos.

Gracias, gracias, gracias.

Besos y que tengan linda noche.