Una dosis de angst, para no perder la costumbre.
[Acto 23]
Adiós, terrorista
Debió haber sabido que nada iba a salir como lo había planeado. Después de todo, cuando Chang Shen estaba involucrado, las cosas nunca podían ser simples. Miho llegó a la hora pactada y fue recibida por el mismísimo Shen en la entrada de la mansión. Intercambiaron unas palabras de saludo en inglés y se sentaron en la mesa, uno enfrente del otro. Les sirvieron café y hasta ese momento todo parecía marchar bien. Hablaron acerca de temas triviales, rieron como si fueran dos buenos amigos, hasta que llegó el momento de entrar en un tema más serio. Miho se repetía una y otra vez que todo iba a salir bien, que podía hacerlo. Tenía que acabar con todo antes de que Sousuke y los demás aparecieran.
—Mr. Anderson, tengo que admitir que no esperaba encontrarme con un hombre tan joven y atractivo como usted —dijo Shen, bebiendo un sorbo de café —Es totalmente mi tipo —añadió, apoyando la mejilla en la palma de su mano.
—Lamentablemente la gente no suele tomarme demasiado en serio gracias a mi apariencia —contestó Miho, ajustándose el sombrero para que le tapara los ojos —Es por eso que no suelo mostrarme en público cuando hago mis negocios. Sin embargo, tratándose de una persona de su categoría, me pareció descortés no sellar nuestra alianza en persona. Después de todo, la confianza es la base de toda relación exitosa, ¿no le parece, Mr. Chang? —miró de reojo a Ai, que permanecía unos pasos por detrás de Shen, con rostro inexpresivo.
—No podría haberlo dicho mejor, Mr. Anderson. Ciertamente, sin confianza no puede existir una relación. Pero dígame, ¿qué le hace pensar que puede confiar en mí?, tengo curiosidad por saber por qué un magnate del mercado negro americano querría asociarse con un extranjero.
—Aunque sutilmente, he puesto a prueba su lealtad durante todos estos meses, Mr. Chang —explicó —Han sido pequeños detalles los que me han hecho elegirlo como mi nuevo socio, entre todos los que se acercaron a mí. Ha descubierto usted una mina de oro y puedo asegurarle que no me ha defraudado. Me sentiría más que honrado al poder comercializar Lullaby en territorio americano y, ¿por qué no?, ayudarle a expandir sus dominios incluso a Canadá y parte del territorio europeo. Puede que no lo parezca, pero tengo mis contactos —Miho compuso una sonrisa torcida al notar que Shen parecía impresionado con sus palabras.
—Creo que ya le había hablado acerca del tipo de acuerdo que vamos a sellar esta mañana —continuó Shen, haciéndole una seña a Ai para que le trajera un trozo de pergamino, sellado con una cinta de color rojo —Es una tradición sellar este pacto de sangre con todos los que desean aliarse conmigo. Significa que nos convertiremos en "hermanos" y los hermanos no se traicionan, ¿verdad, Mr. Anderson? —Miho sonrió —Los hermanos no tienen secretos y, más importante, no se amenazan unos a otros con armas, ¿no es así?
Miho miró horrorizada cómo Seijuro de pronto acababa de aparecer en la habitación y apuntaba a Shen con su pistola. Shen lucía tranquilo, como si se estuviera esperando algo así, como si el hecho de que acabaran de apuntarlo con una pistola no fuera gran cosa. Miho miró alternadamente a Seijuro y Shen, sin saber qué hacer. ¡Ese idiota! ¿Qué demonios estaba haciendo?
—¡No te muevas, Shen! —exclamó Seijuro, cuyas manos habían comenzado a temblar. Claramente Seijuro no estaba listo para disparar su arma —¡Voy a acabar con todo esto, aquí y ahora, maldito!
—Mr. Chang, ¿podría explicarme qué es lo que está sucediendo? —preguntó Miho, intentando recuperar el control de la situación, aun cuando la mirada de Shen la perforaba. Lo sabía. Ese sujeto lo sabía todo.
—Es lo mismo que me gustaría saber a mí, Mr. Anderson. O quizás debería decir, mi amada esposa, Jia Li —la sonrisa en el rostro de Shen se ensanchó al notar el horror en los orbes claros de la mujer enfrente de él —¿Acaso creíste que podías engañarme con ese disfraz, querida mía? —Seijuro seguía sin moverse —Oh vamos, me subestimas. Creo que puedo jactarme de conocer tu cuerpo mejor que nadie.
—¿Me recibiste aquí sabiendo lo que estaba planeando? —ya no tenía sentido seguir ocultándolo. Lo mejor que podía hacer era enfrentarlo, esperar a que estuviera distraído y disparar.
Shen volvió a sonreír, con esa sonrisa que hacía que se le helara la sangre, se le erizaran los vellos del cuerpo y sus manos comenzaran a temblar. Siempre lo supe, eso era lo que le decía esa expresión. Shen bebió un poco más de café antes de juntar las manos.
—No puedes ganarme, querida. La verdad es que lo supe desde el principio. Sabía que le pasabas información de mis movimientos a Sousuke y sus secuaces, también sabía que estabas tomando lecciones para aprender a manejar armas de fuego, oh y tomaste algunas clases de judo, ¿verdad? —aterrador. No había otra palabra para describir a ese hombre —¿Sabes por qué nunca hice nada para detenerte?, es simple, porque nunca te vi como una amenaza. Tú no representas ninguna amenaza para el todopoderoso Chang Shen, Kirishima Miho.
Chasqueó los dedos. Entonces Miho no pudo comprender lo que estaba pasando. No hasta que vio cuerpos caer al suelo, como si fueran muñecos. Horrorizada, Miho reconoció a los cinco hombres que habían llegado con ella y que estaban apostados en distintos sitios de la mansión. Estaba tan impactada que no notó que también los guardaespaldas de Shen yacían en el suelo, que comenzaba a teñirse de color escarlata. Se había acabado todo, estaba muerta. ¡No! No podía simplemente rendirse. Metió la mano dentro del saco y tocó el arma; estaba fría. La rodeó con sus dedos, pero antes de poder sacarla, su sombrero voló y de pronto… un sujeto alto la estaba apuntando con un arma. Tenía un arma apuntada a su cabeza.
—Oh, te aconsejo que no intentes nada extraño, cariño —dijo Shen, que parecía divertirse con toda esa situación —No querrás que tu cabeza vuele. La verdad es que sería una lástima dañar un rostro tan bello como el tuyo, aunque tengo que decir que me gustaba tu cabello como lo tenías antes, pero no importa, ya volverá a crecer.
—¿Por qué no me matas? —espetó la mujer —Soy una amenaza para ti ahora que lo sé todo, ¿no es cierto?
—No voy a darte el placer de morir así como si nada, esposa mía —contestó Shen —No, voy a divertirme un poco más contigo antes de enviarte al otro mundo. Fue una verdadera lástima, era un buen plan. Convertirte en sacrificio para que esos pobres chicos no tuvieran que morir, pero, ¿a qué no adivinas?, Kirishima Natsuya, Serizawa Nao y Shigino Kisumi se han ido al otro mundo ya —los ojos de Miho se abrieron como platos —Sólo queda Sousuke y estará aquí —miró su reloj —en cualquier momento. Oh pero no te sientas mal, en verdad era un buen plan, lástima que escogiste el objetivo equivocado.
Miho se mordió el labio con tanta fuerza que no tardó en sangrar. Estaba haciendo uso de todas sus fuerzas para no derramar ni una sola lágrima enfrente de él. No podía permitir que la humillara más de lo que ya lo había hecho. Se maldijo en silencio por haber sido tan ingenua. ¿Cómo se le había ocurrido pensar que Shen jamás sospecharía? ¿Cómo es que había subestimado a un hombre tan astuto como él? Ya no había nada que hacer e incluso Sousuke moriría. Había intentado ayudar, tomar el asunto en sus manos y no involucrar a nadie más, pero el tiro le había salido por la culata. Había provocado un desastre mayor. Su hermano… ella tenía la culpa, ella lo había matado.
La vida había dejado de tener sentido para Miho. Cerró la mano con más fuerza alrededor de la pistola y sintió cómo el arma que la apuntaba se clavaba más en su piel. Si de todos modos iba a morir, ¿por qué no disparar? Con suerte podría causarle al menos una herida al engreído que estaba enfrente de ella y la miraba con ese gesto de suficiencia que la irritaba. Iba a hacerlo. Después de todo, ¿qué más podía perder?
Sacó el arma y apuntó a Shen con ella. El sujeto que la apuntaba jaló el gatillo, pero no pudo disparar. Miho, que había apretado los ojos inconscientemente, los abrió para contemplar con sorpresa lo que acababa de suceder. Aiichiro tenía un cuchillo en el cuello de Shen, que lucía tan sorprendido como ella.
—No te muevas —dijo el que cabello plateado —Ahora, arroja el arma si no quieres que le corte la cabeza a tu jefe —el hombre miró a Shen, sin saber muy bien qué hacer, pero no dejó de apuntar a Miho con su arma. La mano de Miho que sostenía la pistola temblaba —Miho-san, dispara.
—¡No puedo hacerlo! —exclamó ella —Si lo hago, ese maldito es capaz de utilizarte como escudo.
—¡Eso no importa, sólo dispara!
—No te atrevas a disparar, mujer —dijo el hombre.
¡BAM!
El disparo había destrozado la lámpara que estaba colgada sobre la mesa. Uno de los hombres que hace un momento estaba tendido en el suelo había logrado ponerse de rodilla y, a pesar de que no le quedaban fuerzas debido a la gran cantidad de sangre que había perdido, había logrado apuntar con su pistola a Ai.
—Maldito traidor —Ai lo miró de reojo, pero ni siquiera se inmutó —Aleja ese cuchillo del cuello del jefe si no quieres morir.
—Anda mátame, pero en el momento en que lo hagas, la cabeza de tu querido jefe volará —el hombre chasqueó la lengua y no se movió. La situación parecía haber llegado a un punto muerto.
Nadie se movía.
¡BAM!
Se escuchó otro disparo – esta vez se rompió la taza de café de Miho – y entonces, para sorpresa de todos, Natsuya apareció desde el interior de la mansión. El hombre que antes apuntaba a Ai ahora apuntaba a Natsuya. Miho notó entonces que Natsuya… no lucía como él mismo. Sus ojos brillaban de una forma aterradora, como si hubiera regresado del infierno y su único objetivo fuera destruir. Destruir a Shen, eso era lo que quería.
Nuevamente, nadie se movió. Y esa fue la escena con la que se encontró Sousuke cuando apareció. Lo primero que Sousuke notó fue a Natsuya apuntando alternadamente al sujeto que amenazaba a Miho y a Shen, como si no supiera con quién debía acabar primero. La situación había tomado un giro inesperado y, aunque no entendía bien qué era lo que estaba pasando, su objetivo no había cambiado. Apuntó con su arma a Shen.
—¡Chang es mi presa, Sousuke! —gritó Natsuya, apuntando a Sousuke con su arma.
—¡Déjate de tonterías, Natsu! ¡Este es mi problema, no te metas si no quieres salir lastimado! —replicó Sousuke.
¡BAM!
Miho acababa de dispararle al sujeto que amenazaba a Ai. Le había dado en el brazo y ahora se retorcía en el suelo. Al mismo tiempo, el hombre que la amenazaba a ella había logrado rozarle la mejilla con una bala cuando ella apenas tuvo tiempo para echarse hacia atrás. La silla donde estaba cayó al suelo; se golpeó la cabeza bastante fuerte, pero no perdió la consciencia. El hombre iba a disparar a Miho otra vez, pero sorpresivamente Shen le lanzó un cuchillo que, dándole en el pecho, lo hizo caer.
—Jefe, ¿qué…? —empezó el sujeto que yacía en el suelo, detrás de Ai.
—Silencio, nunca dije que podían atacarla —espetó Shen.
—¿Qué estás planeando, Shen? —preguntó Sousuke.
—Nada. Puede que no me creas, pero no estoy planeando nada. Tengo que admitir que el ataque de Ai me ha tomado por sorpresa. Ni en mis sueños más locos me habría imaginado que mi querido Ai me amenazaría con un cuchillo —rió —Tal parece que este es el fin, ¿no?
—¿Esperas que crea que vas a rendirte así de fácil? —espetó Sousuke, que miró de reojo a un Natsuya que no estaba en sus cabales.
—Sousuke, si me has investigado tan bien como creo, sabrás que ya no me quedan aliados. Todas las personas que alguna vez confiaron en mí me han abandonado. Soy tan poderoso que, sin quererlo, los aplasté a todos como las insignificantes cucarachas que eran. Nadie podía oponerse así, los absorbí a todos, les arrebaté el poder que alguna vez tuvieron. Muchos no quisieron seguir mis reglas, así que tuve que tomar cartas en el asunto. A muchos no les gustaron mis métodos y quisieron abandonarme, tratando de ignorar el pacto de sangre. Deberían saber que, una vez sellado el pacto, nadie puede escapar. Es inútil intentar salir de este mundo de oscuridad, porque una vez dentro, no hay forma de volver a ver la luz.
—¿Por qué estás haciendo todo esto? —preguntó Ai. El muchacho estaba consciente de que podría haber acabado con Shen en cualquier momento, pero por alguna razón sus razones lo intrigaban y quería escuchar todo lo que el hombre tenía que decir.
—Odio este mundo. Odio el destino que me hizo nacer en una época de desgracias. Odio al destino que me hizo sufrir y que, como queriendo compensarme, puso en mi camino a la familia Yamazaki. Oh, pobres desdichados que se cruzaron en mi camino con su buena voluntad. Ai, ¿sabes?, nunca conocí el amor. Fui vendido a un prostíbulo cuando apenas era un niño y abusaron de mí tantas veces que perdí la cuenta. Nadie nunca tuvo una palabra de cariño para mí, tan sólo era una herramienta diseñada para darle placer a todo aquel que tuviera dinero suficiente para pagar por mis servicios.
"Nunca conocí el amor, ni siquiera cuando la familia Yamazaki me acogió y me dio todo aquello que, muy en el fondo, siempre había soñado. Porque a pesar de todo lo que hicieron por mí, no puedo decir que llegara a amarlos o al menos sentir algo de cariño por ellos. Al contrario, su actitud llegó a causarme repugnancia. Los aborrecía. Pero a quien odiaba más era a Sousuke. Lo odio. Porque siempre lo tuvo todo: una familia que lo amaba, un lugar al cual llamar hogar. Sin embargo, la razón por la que más lo odio es porque me sacó de la vida que ya conocía, de la vida a la que tanto trabajo me había costado acostumbrarme. Lo odio porque es un maldito entrometido."
Shen sacó otro cuchillo y apuntó con él a Miho, que acababa de incorporarse. De repente ya no se le antojaba dejarla con vida. Qué importaba que llevara a su hijo en su vientre. ¿Para qué quería un hijo si de todos modos pronto moriría?
—¡No te muevas! —espetó Ai, clavándole el cuchillo. Un hilillo de sangre comenzó a brotar de su cuello.
—¡Maldito, voy a matarte! —replicó Natsuya —¡Tú no te muevas, Sousuke, te dije que Chang es mi presa!
—¡Eres un idiota! ¡Si te hubieras apegado al plan…!
—¡¿Plan?! ¡Por culpa de tu maldito plan Nao y Kisumi están muertos! —gritó, con los ojos desorbitados —¡Muertos! ¡¿Entiendes lo que eso significa?! ¡Todo es culpa tuya, Sousuke!
Sousuke bajó el arma y Natsuya apuntó a Shen. Pero antes de que Natsuya pudiera jalar del gatillo, un cuchillo pasó volando y le dio en la mano. Natsuya gritó de dolor y soltó la pistola. Instantes después, su cuerpo cayó al suelo.
—¡Natsuya! —gritó Sousuke —¡Maldito, tú…!
—Vivirá. Ese cuchillo tenía un sedante muy poderoso, así que estará inconsciente por unas horas.
—¿Le salvaste la vida? —intervino Miho —¿Por qué? —Miho sabía bien que Natsuya no estaba en condiciones de disparar. Estaba tan alterado, tan fuera de sí, que era un peligro incluso para sí mismo.
—Sólo un hombre morirá hoy y ese seré yo —todos se quedaron asombrados con tales palabras. Shen miró a Ai y le sonrió de esa forma sincera que parecía tener reservada sólo para él —Acaba conmigo, Ai. Clávame ese cuchillo en el corazón y termina con mi sufrimiento —Ai lo miró, confundido —Ah, parece que ninguno de ustedes hizo bien la tarea. Mi imperio está acabado. Ya no me quedan aliados. Los he alejado a todos, como siempre. Ya ni siquiera puedo contar con Lullaby. ¿Sabían que esa droga la descubrió uno de mis primeros socios, por accidente?
"Sí, yo se la robé y comencé a comercializarla como si fuera mía, después de matar a su descubridor. Su hijo volvió por mí para cobrar venganza y recuperó la fórmula, así como todo el cargamento que se suponía iba a traer a Estados Unidos para ofrecérselo como regalo a mi nuevo socio. Ya he avisado a la policía y en este momento han de estarlo buscando. No se escapará de esta. Yo no quiero acabar de esa forma. Prefiero morir a estar encerrado en una celda. Mi más grande deseo es morir a manos de la primera y única persona a quien he amado en mi vida."
Por primera vez, la mano de Ai tembló y su agarre se debilitó. No pudo moverse cuando Shen clavó sus ojos en él, mirándolo con… ¿eso era amor? Sí, esos ojos no mentían. Lo amaba. Shen lo amaba.
—Anda, sé que es egoísta, pero ¿cumplirías mi último deseo? —Shen guio la mano de Ai hasta el pecho y se clavó el cuchillo. Shen escupió sangre.
—¿Qué…? —empezó Sousuke. Justo en ese momento, Shen posó sus ojos en él.
—Y tú, Sousuke, acompáñame al infierno —haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, Shen sacó una pistola y disparó.
¡BAM!
—¡Muere, Sousuke!
—¡No!
Sólo que la bala nunca alcanzó a Sousuke. Porque cuando Sousuke quiso darse cuenta, estaba tirado en el suelo y alguien estaba enfrente de él sirviéndole de escudo, con los brazos extendidos. Makoto le sonrió antes de desplomarse. Al mismo tiempo, Shen cerró los ojos para nunca, jamás, volver a abrirlos.
—No… ¡No! ¡Makoto!
Mi idea es terminar esta historia antes de Navidad :)
