¡Uno más!
[Acto 24]
Borrón y cuenta nueva
Era un sueño. Una pesadilla. De ninguna manera lo que estaba ocurriendo en ese momento a su alrededor podía ser una realidad. Imposible. Se negaba a aceptarlo. Las cosas no podían haberse torcido de esa manera. Definitivamente Makoto no se había interpuesto entre la bala y él. Definitivamente ese a quien sostenía en sus brazos, cubierto de sangre, no era Makoto. Makoto no acababa de decirle que lo amaba para cerrar los ojos y no volver a abrirlos aunque él lo zarandeara.
No se sentía como él mismo. Era como si ese cuerpo no le perteneciera. Si miraba a su alrededor podía ver a la policía y los paramédicos llevándose a los heridos y a los que, lamentablemente, habían fallecido. Natsuya seguía tirado en el suelo, inconsciente. A Miho acababan de llevársela, Shen yacía sentado en su silla, muerto desde hacía un rato. Aiichiro permanecía a su lado, con el cuchillo todavía en la mano, como ido, hasta que un oficial de policía se lo llevó. A Seijuro acababan de levantarlo del piso y Sousuke había alcanzado a escuchar un "todavía podemos salvarlo".
De pronto había dejado de sentir la calidez del cuerpo de Makoto y antes de darse cuenta estaba caminando junto a un oficial. Aparentemente lo habían subido a una de las patrullas para llevarlo a algún lugar. Después de eso, no podía recordar nada de lo que había pasado. Cuando de pronto despertó, estaba en un cuarto de hospital. Se incorporó súbitamente, sentándose y mirando a su alrededor. No tenía idea de qué estaba haciendo ahí o por cuánto tiempo había estado inconsciente. Los recuerdos de lo que había sucedido llegaron a él de golpe y lo primero que pensó fue en Makoto. ¿Dónde estaba Makoto?
Bajó de la cama, temblando al sentir el frío piso de cerámica en sus pies descalzos. Sin darle mucha importancia, abrió la puerta de la habitación de un tirón y miró alrededor. No tenía idea de adónde ir, pero aun así comenzó a caminar por los pasillos desiertos, hasta que se encontró con uno de los médicos que, al reconocerlo, lo reprendió por haber salido de su habitación cuando aún se encontraba débil.
—¡Necesito encontrarlo! —su voz sonaba rasposa, como si hubiese gritado hasta quedarse afónico —¡Necesito saber dónde está mi… —lo pensó un momento —mi amigo! Es japonés, al igual que yo —por la expresión en el rostro del médico, su inglés seguramente era un desastre —Es castaño y tiene los ojos verdes. Se llama Tachibana. Makoto Tachibana.
—¡Ah! —de pronto el rostro del médico se ensombreció —Acompáñeme a la habitación, señor Yamazaki —cuando regresaron a la habitación y Sousuke se sentó en la cama, el médico continuó —¿Recuerda lo que sucedió? —Sousuke se mordió el labio, pero no respondió. Haber querido tomar la justicia en sus manos podría no haber sido la idea más brillante —Ha estado durmiendo por tres días, señor Yamazaki. La policía lo interrogó el primer día, pero usted estaba en tal estado de pánico que tuvimos que pedirles que se retiraran y administrarle un calmante. Hemos estado monitoreando su estado y no parece haber nada mal con usted. Sin embargo, el shock del incidente en el que se vio envuelto fue demasiado.
—La policía… ellos ¿vendrán a interrogarme de nuevo? —el hombre negó con la cabeza.
—Al parecer el incidente ya ha sido resuelto. Shen Chang era un criminal buscado, así que a la policía le sorprendió que lo confesara todo en una carta.
—¿Carta? —el otro asintió.
—Estaba en el bolsillo de su pantalón. La policía la encontró cuando se llevaron su cuerpo, en ella Shen Chang lo confesó todo y la policía ya ha arrestado a todos sus cómplices. No tiene nada de qué preocuparse.
—¿Quién es usted? —Sousuke no tardó en darse cuenta de que, si sabía todo eso, el hombre frente a él no podía ser un médico cualquiera. No había forma de que la policía revelara todos esos detalles a un médico común y corriente. El hombre sonrió, pero había en su sonrisa un dejo amargura. Se sacó un papel del bolsillo de la bata blanca y se lo entregó a Sousuke.
Sousuke:
Si estás leyendo esto, significa que sobreviviste a la desintoxicación. ¡Felicidades!, eres libre de los efectos de Lullaby. El Dr. Hollis es un viejo amigo y es un gran médico, puedes estar seguro de que tu vida estuvo en buenas manos mientras estuviste inconsciente. Por fin todo se ha acabado, ¿eh?, casi no parece real. Y no es que me esté quejando, pero todavía me parece sorprendente que todos seamos libres. Puede que no sea el mejor momento para decir esto, pero escuché su historia justo antes de "morir" y creo que puedo entender un poco el porqué de su retorcida personalidad.
Quería aprovechar esta oportunidad también para disculparme contigo. Sé que dije que me apegaría al plan, pero al final no pude cumplir mi promesa. Creí que podía ayudarte al deshacerme de algunos enemigos antes de que fuéramos a encontrarnos con Shen, sin embargo, rara vez las cosas salen como uno las planea, ¿verdad? Sé que dijimos que regresaríamos todos juntos y en verdad es una pena que las cosas no hayan salido de la mejor manera. Pero no te deprimas por eso. Nao, Natsuya y yo hicimos esto porque quisimos. A mí en lo personal me pareció algo de lo más excitante. Rara vez tuve la oportunidad de vivir algo que parece sacado de una película de Hollywood, así que te agradezco por ello.
Ahora, si me permites ser egoísta, hay algo que me gustaría pedirte. Sé feliz, sí, es sólo eso. Recupera el control de tu vida y olvídate de que alguna vez conociste a un demonio llamado Chang Shen. Vive tu vida de la forma que quieras, haz el amor con Makoto todas las veces que quieras, cuida de tu hijo y conviértelo en un hombre de bien, así como su padre. Vive, Sousuke, vive por todos nosotros. Porque, no seré adivino, pero puedo ver un futuro brillante para ti.
Si más cursilerías que agregar, se despide,
Kisumi.
Las lágrimas mojaban sus mejillas cuando terminó de leer la carta. Miró al médico, como rogándole que le dijera que todo era una mentira, que no se trataba más que de una de las bromas de Kisumi. De forma silenciosa le rogaba que le dijera que Kisumi estaba escondido en alguna parte, burlándose de su reacción. Pero no. El gesto en el rostro del hombre enfrente de él le decía que nada de eso era una broma. Las palabras se quedaron atoradas en su garganta. Tragó saliva una y otra vez, pero no lograba articular ni una sola frase.
—No sé si algún día despertará —Sousuke parpadeó, confundido —Entró a sala de operaciones en cuanto llegó al hospital. Los médicos hicieron todo lo que estaba en sus manos, pero Kisumi está en coma.
—Todo es mi culpa, si no se hubiera involucrado conmigo…
—Conozco a Kisumi desde hace tiempo y nunca lo vi tan emocionado como cuando me habló acerca de este plan. Kisumi creció en una familia rigurosa donde no tenía libertad para nada, había grandes expectativas sobre él, por lo que cuando se escapó de casa se dedicó a vivir la vida a su manera. Estoy seguro de que vivió los momentos más felices de su vida cuando se juntó con ustedes.
Sousuke no supo qué responder. Agachó la cabeza y volvió a mirar la desordenada letra de Kisumi. Le pedía que viviera, que fuera feliz pero, ¿podía hacerlo? ¿Tenía acaso el derecho de vivir feliz?
—Oh y acerca de Makoto —Sousuke se puso de pie súbitamente y agarró al médico de la bata blanca —Lamento no poder darte mejores noticias —Sousuke soltó al otro y se dejó caer nuevamente sobre la cama, llevándose las manos al rostro. No quería escuchar, no sería capaz de soportarlo —Makoto también entró a cirugía en cuanto llegó y, al igual que Kisumi, está en coma. Todos sus signos vitales son estables, pero…
—No sabemos si despertará algún día —el médico asintió con la cabeza —¿Podría… podría verlo?
El médico le hizo una seña para que lo siguiera. Subieron al elevador y dos pisos más arriba, encontraron la habitación de Makoto. Las cortinas estaban abiertas y al lado de la cama había una mesita con unas hermosas flores. Orquídeas. El rostro de Makoto denotaba tranquilidad. Sousuke se acercó a la cama y le acarició el cabello para después depositar un beso en la frente del castaño. Escuchó el médico decir que esperaría afuera. Sousuke se acomodó en la silla al lado de la cama, tomando la mano de Makoto entre las suyas. Cerró los ojos y dejó que las lágrimas fluyeran libres. Ya no podía soportarlo más, había sido demasiado. Ni siquiera sabía si Makoto despertaría algún día. No podía evitar sentir que su vida había dejado de tener sentido.
—Cumpliré mi promesa, Makoto —dijo —Voy a arreglar las cosas con Shen, así que tú también tienes que cumplir con tu parte de la promesa. No puedes dejarme, Makoto. No ahora. Te necesito, por favor regresa conmigo.
Por un momento le pareció sentir que Makoto apretaba su mano, pero cuando levantó la cabeza para mirarlo, no había cambio alguno en su estado. Estaba pidiendo demasiado. Se levantó de la silla y lo besó en los labios, dispuesto a marcharse. Cuando abrió la puerta, vio a Ren y Yumiko charlando con el médico. Ren. La verdad es que no sabía cómo enfrentar a Ren después de todo el daño que le había causado a su familia.
—Sousuke, gracias al cielo que estás bien —dijo Ren, que parecía feliz al verlo.
En cuanto lo vio, Yumiko se arrojó a sus brazos y lo abrazó. Sousuke se dejó envolver en aquel abrazo, que de repente le pareció lo más cálido y reconfortante que había sentido en mucho tiempo. Era más alto que Yumiko, pero se agachó para poder esconder el rostro en el cuello de su hermana, que le acariciaba la espalda con cariño. Cuando se separaron, Ren estaba dentro de la habitación, dejando un dibujo que Chihiro, la sobrina de Makoto, había hecho para él.
—Recuerda que siempre estaremos contigo, Mako. Te esperaremos todo el tiempo que haga falta, así que no te preocupes por nada —a Sousuke se le partió el corazón al escuchar las palabras de Ren —Chihiro te extraña, pero es una chica fuerte. Le encantan tus libros y ha dicho que no puede esperar para leer el siguiente —a Ren le temblaba la voz y Sousuke podía ver que hacía todo lo posible para no llorar —A-Akihiko ha mejorado, ¿sabes?, los doctores dicen que es un niño fuerte y pronto podrá ir a casa. No tienes que preocuparte por él porque tiene un padre increíble que lo ama —Sousuke se mordió el labio.
—Aki te necesita, Sousuke —dijo Yumiko, apretando la mano de su hermano —Tienes que ser fuerte. Sé que el destino te ha puesto muchas pruebas, pero ten fe en que llegará el momento en que Makoto y tú puedan estar juntos de nuevo.
Sousuke asintió con la cabeza. Yumiko tenía razón. Tenía que ser fuerte, por su hijo, por Makoto, por él mismo. Su hijo lo necesitaba y él se encargaría de que creciera en un hogar lleno de amor. Sabía que las cosas no iban a ser simples, nada había sido simple, pero estaba seguro que te alguna manera se las arreglaría. Después de todo, no estaba solo.
—¿Dónde está Natsuya? —Sousuke no lanzó la pregunta a alguien en particular, pero el médico contestó:
—Ha regresado a Japón, pero no sabemos exactamente dónde está. Supongo que necesita tiempo. Después de todo la pasó bastante mal cuando… cuando Nao Serizawa murió.
—Entonces, ¿Nao está…?
—Hicimos todo lo que pudimos, pero no logramos salvarlo. Su condición era mucho más grave que la de Kisumi cuando llegó, había perdido muchísima sangre y sus signos vitales eran casi nulos.
Así que Nao había muerto. Se maldijo internamente. Dijeran lo que dijeran, no había forma de que no se sintiera culpable por lo que le había sucedido a sus amigos. Ellos habían sacrificado sus vidas por él, nunca debió haberlos involucrado. Jamás debió permitir que se involucraran en un problema que le incumbía solamente a él. Pero también era cierto que ya era demasiado tarde para arrepentimientos. Tenía que disculparse con Natsuya, aunque probablemente él no quisiera volver a verlo.
—¿Qué hay de Miho? ¿Mikoshiba? ¿Qué pasó con Nitori?
—La señora Miho perdió al bebé —explicó el Dr. Hollis —Está en una habitación en el tercer piso. Puedo hablar con la doctora encargada si desea visitarla más tarde. Seijuro Mikoshiba está fuera de peligro, de hecho está en una habitación cerca de aquí y su esposa debe estar dándole una reprimenda. En cuanto a Aiichiro Nitori, él también ha regresado a Japón. No se presentaron cargos en su contra o en contra de nadie más que los antiguos socios de Shen Chang.
A Sousuke todavía le resultaba difícil de creer que Shen los hubiera "salvado" antes de morir. Ese sujeto. Entonces lo había planeado todo desde el principio. Era como si hubiese planeado el escenario que quería para su muerte. Y justo cuando divagaba en sus pensamientos, sintió una mano sobre su hombro.
—Rin…
—Soy un pésimo amigo —dijo el pelirrojo —Pasaste por tantas cosas y yo nunca estuve ahí para apoyarte. Sólo me enteré de lo que sucedió cuando Ren llamó a Haru para contarle lo que había pasado con Makoto.
Sousuke vio pasar a Nanase Haruka, el inexpresivo amigo de Makoto, a su lado y entrar en la habitación. Haruka saludó a Ren y se sentó en la silla al lado de la cama del castaño. Empezó a contarle una historia que Sousuke no alcanzó a escuchar bien.
—Bueno, las cosas no estaban del todo bien entre nosotros —contestó Sousuke, volviendo sus ojos hacia Rin —Además, no habría querido que tú también te involucraras en este problema.
—Quizás sea algo tarde para decir esto, pero… me gustaría que las cosas vuelvan a ser como antes. Las cosas no tiene por qué ser incómodas o extrañas entre nosotros, después de todo, tú ya no… —las mejillas de Rin se pintaron de rosa. Sousuke esbozó una sonrisa.
—Yo ya no siento nada por ti, Rin. Hace tiempo que dejé de verte de esa manera. La persona a quien amo es a Makoto —Rin pareció aliviado con la respuesta y extendió la mano hacia Sousuke.
—Entonces…
—Ah demonios, eran inseparables, ¡abrácense al menos! —Yumiko empujó a Rin y se abrazaron. Al principio fue algo incómodo para los dos. Rin se puso a llorar y Sousuke no pudo evitar molestarlo, diciéndole que en verdad no había cambiado nada, que seguía siendo un llorón. Rin trató de negarlo, pero entonces apareció Haruka y dijo:
—Yamazaki tiene razón, eres un llorón, Rin —el pelirrojo miró a su esposo, indignado —Yamazaki, —cuando Haruka lo enfrentó, Sousuke no huyó de sus ojos escrutiñadores. Aceptaría cualquier insulto o reclamo —aunque fuiste tú quien metió a Makoto en esto, no te culpo. Al menos no del todo. Si yo hubiera estado en su lugar, si Rin hubiera estado en peligro, yo habría hecho lo mismo. Aunque todavía sigo preguntándome cómo es que Makoto se fijó en ti, algo debe andar mal con él —Sousuke no pudo evitar el estar de acuerdo con el de ojos azules. ¿Cómo un ser como Makoto pudo fijarse en un sujeto como él? —Makoto definitivamente va a regresar, así que asegúrate de convertirte en un hombre digno de él para entonces.
Vio a Haruka despedirse de Ren, antes de tomar la mano de Rin. Rin y Sousuke se despidieron y el pelirrojo se marchó junto con Haruka. Sousuke repasó en su mente las palabras que Nanase acababa de decirle. ¿Acaso…?
—Eso sonó a Haru dándote su "bendición" —comentó entonces Ren. Sousuke parpadeó, confundido —Entonces, ¿qué dices? ¿Crees que serás capaz de esperar a Makoto?
—Lo esperaría durante toda la vida si fuera necesario —contestó al instante —Yumiko, Ren, —empezó —sé que soy un descarado al pedir esto, pero me gustaría contar con ustedes a partir de ahora —inclinó la cabeza —La verdad es que no tengo idea de cómo ser un buen padre y sé que no seré capaz de darle a Akihiko la vida que se merece si no me ayudan. Así que… —Ren le dio unas palmaditas en la espalda.
—Anda, levanta la cabeza, Sousuke —dijo Ren —Por supuesto que puedes contar con nosotros, somos familia después de todo. Además, ¿crees que Makoto me lo perdonaría si abandono a Aki? También, Chigusa y Chihiro se han encariñado mucho con él, así que no habrá forma de que te libres de nosotros.
Por primera vez en mucho tiempo, Sousuke sentía que podía sonreír sinceramente. Sentir el apoyo de su familia lo hacía sentir que, a pesar de las dificultades, podía hacerlo. Podía seguir adelante, podía vivir, no sólo por él, sino por todas las personas que lo habían apoyado y, más importante, por su pequeño Akihiko.
S & M
En cuanto puso un pie en la ciudad de Pingyao, Sousuke sintió que había retrocedido en el tiempo. La ciudad, ahora considerada Patrimonio de la Humanidad, conservaba una buena parte de la arquitectura tradicional de las épocas Ming y Qing. Era también el lugar donde un hombre llamado Chang Shen había nacido. Le había tomado dos años poner las cosas en orden y decidirse a visitar ese lugar. Sin embargo, había esperado porque no quería llegar allí con una resolución a medias. Le había tomado tiempo digerir todo lo que había pasado y decir, de corazón, que todo aquello había quedado en el pasado.
Se adentró en las callejuelas hasta alcanzar el pequeño cementerio que se ubicaba cerca de una de las seis puertas de la muralla que rodeaba la ciudad. Caminó un poco más hasta que llegó ante una piedra en la que se leía "Familia Chang". Dejó el ramo de rosas rojas que había traído, encendió una barrita de incienso y cerró los ojos un momento. Su mente lo llevó a aquel día en el que había conocido a un joven e indefenso Shen. A pesar de todo, habían compartido buenos momentos juntos.
—Mi corazón finalmente te ha perdonado, viejo amigo —dijo —Algún día nos encontraremos en el más allá y beberemos una copa juntos.
—Sousuke-san… —el aludido se volteó cuando escuchó que lo llamaban. Se encontró entonces con un cambiado Nitori Aiichiro. Llevaba el cabello más largo, sujeto en una coleta y su complexión se había vuelto más atlética —no esperaba encontrarme a nadie aquí.
—¿Qué haces aquí?
—He venido aquí cada año desde que él murió, —contestó el de cabello plateado, dejando también un ramo de rosas en la tumba —en esta misma fecha. ¿Sabes qué fecha es?
—Es su cumpleaños —Aiichiro sonrió y asintió con la cabeza.
—¿Puedo preguntarte algo personal, Nitori? —Aiichiro volvió a asentir —Tú… ¿alguna vez… sentiste algo… por Shen? —el más joven se quedó pensativo durante un momento, luego respondió:
—Lo nuestro empezó como un intento de vengarme de él, por todo lo que me había arrebatado. Estaba empeñado en cumplir mi papel a la perfección, pero… en medio de toda la farsa, algo en mí comenzó a despertar. Lo hice a un lado y apunté a Shen con ese cuchillo. Mi mano se cubrió con su sangre cuando él mismo se quitó la vida. Creo que fue finalmente consciente de mis propios sentimientos luego de que escuché su historia. Puede que fuera por lástima, la verdad no lo sé, creo que tampoco había amado a nadie antes, así que no puedo asegurar que lo que sintiera por él fuera amor, pero en verdad lo extraño —Sousuke notó que un par de lágrimas se deslizaban por las mejillas del más joven —Ni siquiera sé lo que estoy diciendo, discúlpame.
—Shen sólo era un niño asustado que quería que alguien lo amara. Me hubiera gustado hacer algo más por él.
—Lo has perdonado —dijo Ai —Estoy seguro de que eso es más que suficiente para él. Si me concentro lo suficiente, puedo imaginármelo sonriendo.
Sousuke no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios. Una suave brisa le acarició el rostro y por un momento le pareció escuchar que le susurraban un "gracias" al oído. Un capítulo acababa de cerrarse y Sousuke sentía que se había quitado un gran peso de encima. Finalmente podía pensar en Shen como en el viejo amigo con el que había compartido tantos buenos momentos.
S & M
Tres años. Le parecía mentira que ya hubiesen pasado tres años desde el fatídico día en que lo había perdido. Tres años sin poder perderse en sus ojos. Tres años sin sus adorables sonrisas. Tres años en los cuales había vivido una vida vacía y sin sentido. La verdad es que todavía no terminaba de comprender cómo había logrado levantarse cada día. Tenía que empezar por agradecerle a Makoto. Que Makoto despertara de lo que parecía un sueño eterno le había dado sentido a su vida. Sentía que era necesario, que Nao no se había equivocado al salvarle la vida.
La secuela de "Tú, yo y la traición" finalmente había sido terminada. La secuela había resultado ser más larga de lo que habían planeado inicialmente, pero el resultado había sido magnífico, magistral, digno del aclamado Kodoku Itami. Y, lo más importante, Itami-sensei había logrado darle el final feliz que tanto añoraba. Por eso ese día había llevado consigo el grueso volumen titulado "Tú, yo y algo llamado felicidad".
—Lo logré, Nao —dijo, mientras colocaba el libro a un lado de la tumba. Las lágrimas comenzaron a mojar sus mejillas —Todo este tiempo sólo he vivido para este momento. La gente me reconoce en la calle, incluso me han pedido fotos y autógrafos, a mí, ¿puedes creerlo?, mis jefes me ascendieron y me dieron un aumento. En todos lados se habla de la dupla de oro Itami-Kirishima.
"Pero todo lo bueno tiene un final, ¿verdad? Itami-sensei anunció su retiro como escritor el mismo día que el libro fue declarado un best-seller. Él finalmente cumplió su parte de la promesa. Qué bien, ¿verdad?, al fin Sousuke y Makoto podrán ser felices. Podrán estar juntos. Lo suyo es como un amor de telenovela, ¿no te parece?, como esas donde la heroína sufre para ganarse el amor del príncipe azul. Ah, Akihiko está bien. Es un verdadero guerrero, logró superar su enfermedad y ahora es un enano adorable. Bueno, no es tan enano."
Natsuya se sacó una cuchilla del bolsillo del pantalón y comenzó a juguetear con ella. Las lágrimas en sus mejillas casi se habían secado y una amarga sonrisa se dibujó en sus labios.
—Perdóname, Nao. Sé que soy un egoísta, —guio la cuchilla hasta su pecho, justo del lado del corazón —pero no puedo soportarlo más. Ya no puedo vivir sin ti. Te extraño, te amo tanto que lo único que quiero es estar contigo —y la enterró en su corazón.
Su cuerpo se desplomó en el suelo. Kirishima Natsuya había muerto con una sonrisa en los labios. Finalmente podía estar al lado de su amado Nao.
Sí, el siguiente ya es el último.
