Ahora sí, con este capítulo se acaba Terrorista.

[Ver nota importante al final del capítulo]


[Acto 25]

Bienvenido a casa

Era como ver pasar su vida estando sentado enfrente de una pantalla. Recuerdos de momentos buenos y otros no tan buenos. La imagen de todas esas personas que de una u otra forma fueron parte de su vida. Inconsciencia. ¿Dónde estaba? ¿Qué era lo que tenía que hacer ahora? Sentía como si hubiese dejado algo pendiente, era como si algo lo halara, queriendo sacarlo de la inconsciencia, del extraño estado en el que estaba. Veía su vida pasar antes sus ojos, pero por alguna razón no podía moverse, no podía hablar. No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, cuánto tiempo había estado sintiéndose de esa manera, hasta que escuchó una voz: ¡vive!

Con aquella voz haciendo eco en su cabeza, Makoto abrió los ojos. La luz le lastimó los ojos, le tomó un momento darse cuenta del lugar donde se encontraba. La habitación de un hospital. Una joven enfermera pareció sobresaltarse cuando sus ojos se encontraron con los de ella. La muchacha salió corriendo e instantes después regresó con un médico que gritó algo que sonaba como a ¡es un milagro! Movió las manos, las cerró formando un puño. Parpadeó varias veces, como queriendo acostumbrarse nuevamente a su cuerpo. ¿Qué había pasado luego de que esa bala lo atravesara?

Movió la cabeza hacia un lado. La puerta de la habitación se abrió de golpe. Ah, ¿ese era… Ren? Abrió la boca para pronunciar el nombre de su hermano, pero la repentina arremetida de su hermano mayor le quitó el poco aliento que tenía. Ren lo rodeó con sus brazos, repartiendo besos por su rostro. Su mano temblorosa acarició el cabello oscuro de su hermano, mientras lo escuchaba repetir un "gracias". Las lágrimas de Ren le mojaban las mejillas y el cuello. No pudo evitar sonreír cuando escuchó que Ren decía:

—Finalmente podemos volver a casa.

La realidad lo golpeó con fuerza cuando, luego del riguroso chequeo, lo llevaron al consultorio del médico que había estado a cargo de su caso. Dos años. Había estado inconsciente durante dos años. Los médicos casi habían perdido la esperanza de que despertara algún día, pero de alguna forma lo había logrado. Cuando lo escuchó todo de Ren, sintió que la cabeza le daba vueltas. Demasiada información. Su familia y amigos habían ido a visitarlo periódicamente al hospital donde estaba internado en Nueva York. Fue una gran casualidad que Ren se encontrará allí justo el día en que despertó.

Cuando llegó el día de marcharse, entró en el baño y se paró frente al espejo. Hacía mucho que no se miraba en un espejo. Makoto se sorprendió cuando su propio reflejo le devolvió la mirada. Vaya. Lucía… cambiado. Delgado, muy delgado, tanto que casi no podía reconocerse. Escuchó pasos detrás de él y vio que se trataba de Ren. Su hermano lo tomó de la mano y lo guio hasta la salida. Casi estaban por alcanzar las puertas automáticas de cristal cuando la escuchó.

—¡Tío Mako!

—Chihiro… —la pequeña – ya no tan pequeña – se arrojó a sus brazos y lo abrazó con fuerza. Makoto la envolvió en sus brazos con la poca fuerza que tenía, maravillándose la redescubrir lo bien que se sentía el calor humano —Sabía que regresarías. Siempre creí en eso —le dijo la ahora señorita de nueve años.

—Sí, es bueno estar de vuelta.

Recuperar su vida no fue tarea fácil. Para nadie había sido fácil la vida después del incidente de Nueva York. Supo que Natsuya había perdido a su persona amada, que Nao había muerto protegiéndolo. Kisumi, otro de los amigos de Natsuya, seguía en coma. No quiso preguntar qué había sucedido con Sousuke, pero escuchó de Ren que Akihiko era un niño saludable, feliz. Lo asustaba la idea de volver a ver a Sousuke – al mismo tiempo que añoraba verlo – pero sabía que no podía hacerlo hasta cumplir su parte de la promesa.

Este nuevo comienzo también le había traído una nueva inspiración. Releyó sus manuscritos y reescribió muchas de las páginas. Sentía que ese libro ya no se trataba sólo de él, sino de toda la gente que había sufrido, que había luchado por sobrevivir. El resultado final fue mucho mejor de lo que él o Natsuya habían esperado. Cuando Natsuya terminó de leerlo, estaba llorando. Lo había conmovido hasta el punto de, según el mismo Natsuya, darle nuevas ganas de vivir. Makoto quería pensar que ese libro podía ser ese rayito de luz para quienes estuvieran pasando por un momento difícil.

Dejó que Natsuya le diera un título a esa secuela y así fue como nació "Tú, yo y algo llamado felicidad". Su libro no tardó mucho en convertirse en un best-seller. Y muchas giras, entrevistas y pomposas fiestas después, Kodoku Itami tomó una decisión que consternó al mundo literario. Sí, Makoto, presentándose finalmente ante todo el mundo en televisión, dejó de lado el misterio y anunció su retiro como escritor. ¿Por qué?, era lo que todo el mundo se preguntaba. ¿Por qué un escritor tan exitoso tomaba una decisión tan extrema? Porque aquello no era un retiro temporal, era un adiós definitivo a su carrera como escritor.

—Hay algo que necesito hacer antes de morir —dijo esa noche durante su entrevista en televisión —Un proyecto de vida al que le tengo mucho cariño. Es por eso que he decidido hacerme a un lado. Quiero agradecer públicamente a todas las personas que de una u otra manera apoyaron la carrera de Kodoku Itami durante todo este tiempo.

Para Makoto ese proyecto significaba volver a sus raíces. Se mudó a las afueras de la ciudad de Kioto y, utilizando el dinero que había ganado gracias a su carrera como escritor, le dio forma a su sueño. Seis meses después de su retiro, anunció la apertura de su ryokan: Tsubaki. Su primer ryokan tuvo tal éxito que no pasó mucho tiempo antes de que se inaugurara otras más en Tokio, Nara, Osaka, Nagoya y Sendai. Ahora sí podía considerar que había cumplido con su parte de la promesa. Sólo esperaba que él no la hubiese olvidado.

Luego de meditarlo durante un largo rato, Makoto tomó su celular y salió para tomar una foto de la entrada del ryokan de Kioto, que era también su hogar. Regresando a su habitación, ya recostado en la cama tecleó un sencillo mensaje, que envió junto con la fotografía que acababa de tomar.

Estas puertas siempre estarán abiertas para ti.

S & M

No podía dejar de ver el mensaje. Cada cinco minutos sacaba su celular sólo para ver aquel corto pero significativo mensaje. Él se había sentido listo desde hacía tiempo, pero fiel a su promesa, se había tomado las cosas con calma. Había aprendido a ser paciente y darle tiempo al tiempo. Sin embargo, ya no tenía por qué esperar más. Condujo a casa de su hermana tarareando una canción. Al principio Yumiko parecía sorprendida con su repentino buen humor, pero su hermana no tardó en comprender lo que sucedía. Abrazó a Sousuke y le deseó buena suerte.

Momentos después, Akihiko apareció en la sala, listo para marcharse. Akihiko se quedaba en casa de Yumiko mientras él trabajaba. Su pequeño Akihiko. Bueno, ya no era tan pequeño. Se había convertido en un saludable niño de cinco años, a quien le apasionaba la literatura tanto como a esa personita que jamás había abandonado sus pensamientos. Akihiko se despidió de sus tíos, Yumiko y Kazuki, y de su prima Megumi y se marchó con él. Luego de acomodar a su hijo en el asiento, Sousuke se ajustó el cinturón y condujo mientras el niño se lo contaba todo acerca de su día.

—Aki, ¿te gustaría ir de paseo con papá?

—¡Sí! —exclamó, emocionado —¿Adónde iremos, papá?

—¿Recuerdas cuando me preguntaste por qué no tenías una nueva mamá, así como tu amiga de la escuela? —Akihiko asintió con la cabeza. Luego se le iluminaron los ojos.

—¿Encontraste a tu persona especial? —Sousuke miró a su hijo por el retrovisor y asintió —¡Estoy muy feliz por ti, papá! ¿Cuándo podremos ver a esa persona?

—Pronto.

Ese momento había llegado pronto, así como Sousuke lo había dicho. Sujetando la mano de su hijo, Sousuke finalmente estaba enfrente de Tsubaki. Tragó saliva y se acomodó la corbata, pues había tomado el Shinkansen inmediatamente después de salir del trabajo. Estaba nervioso, muy nervioso. No lo había visto en años, así que no estaba seguro de lo que iba a pasar una vez que entrara. Quizás él ya no lo viera de esa manera, quizás no estuviera interesado en él de forma romántica. Realmente no lo sabía. Quería entrar, pero sus pies parecían pegados con cemento a la calle. Había superado las escaleras de piedra, pero no se atrevía a abrir las puertas.

No estaba listo para eso, tendría que haber esperado un poco más. Entonces las puertas se abrieron. Sousuke, sobresaltado notó que Akihiko fue quien las abrió y ahora tiraba de él para que entraran. En la recepción había una niña más o menos de la misma edad que Akihiko. Tenía el cabello rojo y los ojos azules. Y esa mirada, ¿a quién le recordaba?

En cuanto la niña reparó en su presencia, sonrió. Luego exclamó:

—¡Tío Mako, un cliente!

Se escucharon pasos apresurados y entonces, finalmente, después de tanto tiempo, Makoto estaba frente a él. Vestía una yukata que le quedaba muy, pero muy bien y se había dejado crecer un poco más el cabello. Makoto le sonrió y Sousuke sintió eso que la gente llamaba mariposas en el estómago. El tiempo se detuvo. Sus labios se curvaron en una sonrisa. No recordaba haber soltado la mano de Akihiko, tampoco recordaba haberse movido. Todos sus sentidos, todo su ser le pertenecía en ese momento a Makoto, quien lo abrazaba con la misma intensidad.

—Bienvenido a casa, Sou.

—Estoy de vuelta.


Este es el final. Sí, otra de mis consentidas se ha terminado. Primero que todo, quisiera agradecer a todas las personas que me acompañaron durante estos casi dos años. Muchas gracias, como siempre, por la paciencia y por el apoyo en este proyecto que pude completar antes de Navidad.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para comentarle a todas las personas que me siguen en este fandom que esta es la última historia SouMako que escribiré en un tiempo. Tengo varias historias viejas en otros fandoms que me gustaría terminar, así que a partir de ahora voy a concentrarme en ellas. Esto no significa que no volveré a escribir un SouMako, eso jamás, amo demasiado el SouMako como para dejarlo, pero pasarás varios meses quizás antes de que escriba algo nuevo por aquí.

Sin más que decir por el momento…

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo. ¡Que se la pasen bien!