Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría.
Capítulo 11
Bella POV
La rosa, Edward. ¡La rosa!
¿No te suena a nada? -Grito por dentro.
Es Rose, Edward. Rosalie.
No puedo decirlo. Lo intento. De veras que lo intento. Me doy por vencida, y furiosa, estropeo la rosa. Pétalo por pétalo, igual que he querido estropearla a ella, muchísimas veces.
La bola de helado se desvanece sobre el cono de galleta. Edward sonríe. Y no sé si sonreír de vuelta o ignorarlo. Me enfada que sea tan confiado, pero al mismo tiempo me alegra, porque eso quiere decir que nunca desconfiaría de mí. Tampoco puedo pedirle más de lo que yo le doy. Una simple rosa no hará que las cosas cambien. Tal vez es obvio para mí, pero no para él, porque Rosalie es su amiga. Han estado en una burbuja los cuatro durante un tiempo. Así que no lo sigo intentando. Confío que, en otra ocasión, su mente pueda estar lo suficientemente despierta para atar cabos.
Es la única manera que tengo para decírselo, al menos por ahora. Indirectamente. Porque si se lo digo, estaría delatándole, y no quiero pensar en lo que sería capaz de hacer si eso pasa.
De camino a casa, fuerzo a mi voz para que suelte un susurro casi imperceptible. Ni siquiera yo puedo oírla, pero está allí. Y es un avance, puesto que antes no podía hacerlo. El problema es que de ahí no salgo. Me estanco en las palabras. Es como los bebés que aprenden a caminar, una vez que caen, les cuesta volver a levantarse. Les da miedo volver a caer. A mí me da miedo volver a intentarlo.
Alice y el detective Whitlock esperan en el aparcamiento.
Ella me cierra en un abrazo, jadeando por el esfuerzo.
—Bella, que espanto todo esto. —lamenta.
Alice es dulce, angelical. Peca de inocente igual que Edward. Es imposible que puedan ver lo malo de las personas a menos que estén rebosando en sus narices. Y Emmett. Siempre pienso en Emmett. Creo que es el más perjudicado. Ni siquiera puedo imaginar lo que va a sentir el día en que todo esto se destape.
Jasper habla con Edward a solas una vez que entramos a casa. Alice peina mi cabello con la mano, mirándome con esa compasión tan familiar, y parece un poco asustada. Según lo que escuché, ella vio a Mike colgado.
Mi visión de Mike colgado es un tanto sangrienta. En el fondo deseo que haya sufrido mucho. Ojalá se haya cortado la lengua con la cuerda, o amarrado el cuello tan fuerte como solía hacerlo en mis muñecas. Espero que cuando lo hayan encontrado estuviese moribundo, y su vida apestosa pasase por su mente, recordándose el asqueroso, cerdo e inmoral que fue en vida. Todo eso pienso. Todo eso deseo.
Me mandan al cuarto junto a Jasper. Sé que quiere interrogarme. Nunca estoy preparada para sus preguntas. Jasper me cae bien, pero su trabajo no, porque saca lo peor de mí. Me hace recordar cosas que me ponen muy mal.
Toma asiento en el sofá de cuero y ocupo mi lugar, retorciéndome los dedos.
—Estamos un poco locos todos con las últimas noticias. No te puedo decir que comprendo lo estresante que esto debe ser para ti, porque no lo sé. Y espero que, durante este tiempo en que nos hemos conocido, puedas verme más allá que el detective de tu caso. —esas son las mismas tácticas que Carmen usa conmigo— Nuestra única finalidad, es ayudarte. —lo sé, lo sé, pienso— ¿Vas a ayudarme a aclarar esto, Bella?
Por muy difícil que sea, asiento en consideración.
Jasper se aclara la garganta, moviéndose para sacar la pizarra de su espalda. La recibo como si se tratara del órgano que me falta para vivir.
—¿Qué tan involucrado estaba Mike en tu secuestro?
«Mucho»
—¿Recuerdas sí él tuvo que ver en tu captura? Aparte de James, por supuesto.
«No»
—¿Las razones que tuvo para involucrarse?
«No»
Las imágenes vienen a mí, como siempre. Tan rápido como vienen, tan rápido como se van. A veces se quedan volando en mi cabeza, y es difícil que me las pueda sacar.
«pero su placer culpable era verme sufrir. Al menos, eso es lo que sentí. Le gustaba dañar a la gente»
—En la carta que dejó, él dijo que lo vio en un principio como una diversión.
«Lo fue»
«Me maltrató»
«Lo disfrutaba»
Siempre creí que la maldad de Mike era proporcional a la de Rosalie.
—¿Qué te hacía?
Le muestro mis muñecas; cicatrices rosadas e hinchadas en plena sanación. Por supuesto, yo no iba a decir que aparte de Mike, a Rose le gustaba amarrarme con cables.
—¿Te forzó?
«A base de antídotos, probablemente»
—De los tres ¿Cuál crees que lleva el peso más gordo en el secuestro?
«James» respondo en letras ininteligibles, ya abrumándome tanta información.
Respondo James, porque es su ayudante.
Respondo James, porque estaba enamorado de ella, tan enamorado que hacía cualquier cosa por complacerla.
Incluso pagando cárcel por ella, librándola de culpas.
La interrogación acaba. Estoy agotada. Es increíble cómo puedo agotarme sin gastar saliva. Tal vez el recordar tantas cosas, me hace ponerme así.
Lo demás son borrones. Jasper intercambia palabras con Edward y Alice, y yo estoy sentada todavía, mirando el punto fijo en la alfombra. Esme viene en mi ayuda, y me da un ansiolítico recetado por Carmen. Me lo tomo, y quisiera uno más, pero no se me permite excederme.
.
.
.
Todo el mundo habla de Mike Newton en la televisión. A pesar de que Sue me dijo que no puedo prender la tv, no se asegura de quitarle los cables o las pilas al control remoto para que no lo haga. La mayoría de la sección del noticiero habla de su funeral. Así que termino apagándolo de todos modos.
Con ansiedad, muerdo el interior de mi labio y tomo asiento frente al escritorio. Cojo hojas de papel blanco, empezando a dibujar. Dibujo una silueta colgada de una araña de luz en el techo. Luego rompo la hoja. Igual que la rosa, rompo la hoja en miles de pedacitos y soplo para que estos caigan dentro del bote de basura.
Dos días antes de Acción de Gracias, salgo a trotar con Carmen. Por mucho que insiste en trotar quince minutos, no le hago caso, y a los quince empiezo a acelerar el ritmo. Grita mi nombre por encima del ruido de los autos, y mi corazón late deprisa porque odio el sonido de los autos. El martilleo desenfrenado me nubla la visión y apoyo las manos en las rodillas, buscando aire desesperadamente. Gotas de sudor resbalan por mi sien, y es imposible que reanude el trote. No puedo más. Necesito agua.
Carmen sacude su cabeza, regañándome y tendiéndome una botella.
Me doy una ducha sola. Ahora se me permite hacerlo por mi cuenta. No era de mi agrado que la gente me viese desnuda; Esme, Carmen, incluso la doctora Angie. Aunque no me quejo. Si no fuera por eso, tal vez ni hubiese hecho esfuerzos en asearme. Encerrada en el refugio lo hacía regularmente, pero porque no tenía nada más qué hacer, y porque mi cuerpo me lo pedía a gritos.
Edward llega con la cara larga por la tarde. Tan estresado y agotado, que deja su chaqueta formal sobre la mesa del comedor, sin importarle que Sue esté sirviendo la comida. Parece que no se ha dado cuenta, pero yo me percato de cada detalle que pasa en esta casa, como por ejemplo cuando Esme está triste hace yoga, y sé de las escapadas secretas de Leticia por la noche, porque la miro por la ventana, arropada hasta el cuello, y saliendo a hurtadillas. Al otro día la veo desayunar en el comedor, como si nada.
Me siento frente al piano y toco una canción, inventada por mí. Edward está sentado en el sofá, y la melodía lo relaja. Puedo ver el momento en que sus hombros se resisten a la música, y su rostro deja de fruncir el ceño. Se siente bien poder, aunque sea, cambiarle el humor.
Pero ese humor cambia por la tarde, porque llega una citación al tribunal; la sentencia de James y Kate, y yo debo asistir. Me sudan las manos de solo pensarlo. Edward no dice nada. Me mira de reojo todo el tiempo, y me voy a mi habitación.
.
.
Edward trae palomitas de maíz y gaseosas a la habitación por la noche. Le hago un espacio a mi lado en la cama, mientras cojo el control remoto. Deja el recipiente en medio de los dos, quitándome el aparato y negando con la cabeza. Tiene la boca llena de palomitas, así que no puede explicarse. Después de hacer algunos movimientos con el portátil -demasiado extraño y moderno para mí- la pantalla de la televisión se va a negro.
Una de las cosas que casi nadie ha sabido llevar a cabo conmigo, es cómo yo veo el mundo. Hay muchas cosas que no sé, muchas cosas que no entiendo. Tanta modernidad me colapsa, como lo fue en un principio la televisión; demasiado plana para mi gusto. La cama, las paredes. Incluso el baño. Ni hablar de la ropa. A veces Carmen me enseña fotografías de teléfonos celulares, autos, para que viese la diferencia de estos con lo que yo conocía antes. Me cuesta acostumbrarme.
La pantalla se enciende.
—¿Qué tal una noche de Garfield 2?
«¿Qué año es?»
—2006
Ah, con razón. No sabía que existía una secuela.
Se recuesta a mi lado y empezamos a ver la película. No deja de repetir lo exactamente iguales que somos Garfield y yo, y me rio, porque nunca se me hubiese imaginado compararme con un gato. Si eso es así, entonces él es Odie, el perro. O quizá Arlene, la gata que siempre le sacaba una sonrisa. Lo único es que Arlene era la novia.
Bueno.
Me engullo un montón de palomitas de una vez, quitándome ese pensamiento. Edward se ríe mucho durante la película. Sus labios se crispan con la gaseosa, y estoy más pendiente de sus expresiones que de la película en sí. Ya he dicho en alguna oportunidad que no veo a Edward como una conquista, pero soy débil. Demasiado. Más débil de lo que todos creen que soy. Y sus buenos tratos, su ternura, su preocupación por mí, me confunden. Tal vez ni siquiera me confunden de esa manera, pero es lo primero que se me viene a la cabeza.
Sentir algo por alguien es lo último que estoy buscando.
La película termina, y hasta allí no sé de qué trató. Edward se despereza y se da la vuelta, nariz con nariz casi rozándose. Por la oscuridad de la habitación, no puedo ver el color de sus ojos tanto como me gustaría. Podría quedarme así, como tantas otras veces, pero él parece gustarle darme ataques al corazón en cualquier oportunidad.
—Los chicos vendrán mañana para Acción de Gracias.
Las palomitas se vuelven mi motivo para querer vomitar.
No necesito que me especifique cuáles chicos. O cuál chica. Agradezco la falta de luz, porque creo que mi rostro cambia drásticamente. Siento el calor subirme por las mejillas, la sequedad de mis labios, la necesidad de volver a gritar. Nos miramos a los ojos. Es Rosalie, Edward. Es Rosalie. Se lo digo una vez más en silencio, como si de ese modo me sintiese mucho mejor. Es Rosalie. Repito sin que ningún músculo de mi cara se mueva.
Es Rosalie.
.
.
Son las 6 am.
Todo el mundo está durmiendo, y yo ya estoy vestida, atada de zapatillas y peinada. La luz comienza a filtrarse en la habitación, llamando así el cantar de los gallos. Ansiosa, me pongo a caminar por el lugar hasta toparme con la ventana. No hay sol esta vez, y en su reemplazo, nubes espesas cubren el cielo, anunciando así la amenazante lluvia.
Sin pensármelo mucho, subo la cremallera de mi ropa y salgo del cuarto a hurtadillas. Tantas veces que he visto a Leticia salir así, ¿por qué iban a descubrirme a mí? El pasillo sigue oscuro y vacío, y puedo escuchar las respiraciones acompasadas de todos aquí, todavía en brazos de Morfeo. En un rápido movimiento, giro la perilla de la puerta y esta se abre. Me siento igual de sorprendida y entusiasmada a cuando James me permitió arrancar. Recuerdo que no sabía qué hacer. Me quedé de pie, mirando la cegadora luz, dudando de estar despierta. Es igual ahora, porque nadie sabe qué voy a salir.
Necesito salir.
Necesito olvidarme que hoy es Acción de Gracias.
Cierro la puerta lentamente detrás de mí, y me apresuro a correr.
No hay mucha gente fuera porque es muy temprano. Mi cabeza hace un esfuerzo para recordar las calles, el color de las casas, los buzones del correo. Nerviosa de estar por mi cuenta, sigo caminando sin esperar que nadie me detenga. Con las manos en los bolsillos, tomo una inspiración y hago caso omiso al sonido de un claxon que pasa junto a mí. Mi cuerpo entero se petrifica. Hasta que el auto pasa de largo me permito respirar tranquila. En mi recorrido, pasan tres autos más, y en los tres tengo que detenerme para tomar una inspiración.
En algún momento me siento tan abrumada, que sollozo. Llego a un punto en dónde no reconozco nada. He cruzado el límite de mis trotes, así que siento que estoy en otra ciudad y no en Denver.
Mantén la calma, Bella.
Es solo una calle.
Siempre puedes regresar de nuevo. Has caminado a lo derecho.
No pasa nada.
No pasa nada.
Has caminado a lo derecho.
Pero no he caminado a lo derecho. Miro para atrás y hay dos calles.
Reanudo mi caminata, llenándoseme los ojos de lágrimas.
¿En qué estabas pensando, Bella? ¿Por qué saliste sola?
Estoy perdida. Dios mío. Estoy perdida.
¿Dónde estoy?
Ni siquiera puedo acercarme a alguien para preguntarle porque no puedo hablar. ¿Cómo voy a regresar a casa? ¿Qué hora es?
Decido tomar una siguiente calle, equivocadamente, y me rindo. Esto es demasiado confuso. No reconozco nada. Se nota que es otro condominio. Gotas de lluvia caen sobre mi rostro y me cubro la cabeza con la capucha. No sé si son las gotas de lluvia o mis lágrimas, pero estoy sollozando de nuevo. Giro tres veces en círculo, la vista tornándose nebulosa. Vuelvo hacia atrás, tratando con esfuerzo de recordar el camino.
He estado demasiado tiempo caminando y nada parece familiar. Sigo llorando. Sigo caminando. Sigo lamentándome.
Un auto se detiene frente a mí, y doy un brinco. Quiero gritar. Sin embargo, la voz familiar me hace voltearme de inmediato.
—¿Bella? —esa es Bree, sorprendida de verme sola.
Y luego, más allá, está Carlisle, el padre de Edward.
Vuelvo a respirar.
—¿Qué haces aquí sola? ¿Dónde está Edward?
Encojo los hombros, nerviosa, temblando y angustiada.
—Oh Dios, estás congelada. —murmura, tomándome de los hombros. Carlisle nos ayuda abriéndonos la puerta.
—Creo que está perdida. —dice él— ¿Saliste sola? —gimoteo, asintiendo— Tranquila, no llores. Te llevaremos a casa. Mira, menos mal te encontramos. Esto promete tormenta.
La lluvia se hace más fuerte. Bree llama a Edward, el cual está desesperado. Mientras más avanzamos, más me doy cuenta de lo mucho que caminé. Pronto las casas se vuelven familiares, y la silueta de Edward en la entrada, es todo lo que veo cuando me bajo.
Esme está aquí y Carmen también.
Edward me encierra en un abrazo apretado, tan apretado que siento que mis huesos se van a romper.
—Dios mío, Bella. ¿Dónde demonios estabas?
Carmen trae una frazada y me envuelve el cabello mojado. Por supuesto, no hay respuestas por mi parte.
—Vamos dentro, necesitas tomar algo caliente.
Mis manos se calientan con la taza humeante de café. Carmen me da mis medicinas, y dejo de sollozar con el tiempo. Edward se mantiene rondando a nuestro alrededor, observando todo lo que hago y dejo de hacer. Una vez que hemos quedado a solas en la cocina, sin Bree, sin su padre y su madre, se sienta colocando una silla frente a frente.
—¿A qué hora saliste?
No soy capaz de mirarlo a los ojos. levanto las manos y enseño seis dedos.
—Estuviste tres horas fuera. Me levanté hace una hora y no estabas. ¿Sabes…? —sigo con la cabeza gacha, sorprendida de que hayan sido tres horas. La levanta con los dedos, esperando que pueda mirarlo a los ojos— Por favor, no hagas eso nunca más. Si quieres salir sola, avísame, pero no hagas esto. Demonios… —jadea— Me pasaron muchas cosas por la cabeza.
Su frente toca la mía, y su aliento se impregna en mi boca, al igual que su tacto, su cercanía. Con los ojos abiertos, me dejo llevar por las sensaciones difusas que me provoca su proximidad. Puede ser precipitado para mí, pero me acerco lo suficiente para que mi boca roce la suya.
Es un roce. Un pequeño y diminuto roce. El cual puede interpretarse como una caricia más. O demasiada cercanía. No me atrevería a decir que es un beso, porque no lo es.
Bree nos interrumpe.
—Perdón —dice avergonzada— un tal Jasper te está buscando, Ed.
Los ojos de Edward no apartan los míos incluso cuando Bree termina de hablar. Me deja ir, obligándome a mantenerme quieta.
No es real. Me digo. Son las hormonas.
Bree se queda conmigo hasta que Esme la llama desde su habitación, y ella se disculpa antes de dejarme sola. Curiosa, camino fuera de la cocina y me quedo escondida en un hueco del pasillo, mientras Jasper y Edward hablan en susurros en la sala.
No puedo escucharlos bien si mi corazón sigue latiendo con tanta fuerza por los nervios.
Sin embargo, al cabo de un tiempo puedo escuchar perfectamente.
—La declaración de Mike era muy importante. Teníamos todo para cerrar un caso tan emblemático como el de Bella.
—James todavía puede confesar algo más. —opina Edward.
—No lo hará. Está reacio a eso.—contradice— Tenemos lo que, en un principio era nuestra prioridad; los tres culpables: James, Kate y Mike. Dos encarcelados y uno muerto por suicidio. Podríamos cerrar el caso con esto ¿Sabes? Pero no podemos.
—¿No?
—No. —responde— Sé que te has dado cuenta de dónde viene toda esta gente. ¿Dónde ronda?
Edward asiente, suspirando.
—Sí
—James, Kate y Mike trabajaban con ustedes. No sé si sea coincidencia. Lo dudo muchísimo.
—¿Qué quieres decir?
El rubio se retuerce las manos.
—Edward, en estos meses te he tomado cariño y a los tuyos. Pero lamento decirte que, dadas las circunstancias, tus amigos y tú son tan sospechosos como los tres que ya te he nombrado.
—¿Qué?
—Te hablo desde mi yo profesional, y de verdad te lo digo… todos ustedes son sospechosos para mí.
Subí capi más pronto de lo esperado. Espero subir durante la semana.
En el capi anterior, se me olvidó completamente aclarar algo: Muchas me han preguntado si Emmett está involucrado, y respondí a las que lo consultaron, pero quería hacerlo público también; Emmett no tiene nada que ver en el secuestro de Bella (Estefani, no lo culpes más al pobrecito jajaja)
Rosy Canul, estuve sacando la cuenta de 20 a 25 capis (más o menos) para el fic, pero no es seguro, porque nunca cuento el aproximado.
Les prometí que no me extendería demasiado con lo del suspenso, y de verdad, lo de Rose no se va a saber en el último capi, sino mucho antes, no se preocupen.
En la parte donde Emmett discute con Rose por el despido de Mike, es porque Emmett sí quiere despedirlo, pero Rose no, porque no le convenía hacerlo.
Gracias a todas las que comentan los capítulos, aunque sea para agradecer, créanme que eso vale muchísimo.
