Capítulo 1: Pureza y el comienzo de la caída.

HAGA CLIC PARA VOLVER AL INDICE

Esa mañana me desperté muy temprano. Ni mi hermano Mufasa, ni mi padre, el rey Ahadi, estaban en la Roca del Rey. Eso hizo que mi corazón se llenara de angustia. Latía intensamente. Dentro de mí sabía que algo no andaba bien. Una angustia inmensa me invadió de pronto.

Le pregunté a mi madre Uru si sabía dónde estaban.

— Fueron a recorrer las tierras del reino —Me dijo.

No podía entender por qué había pasado esto. Se habían ido sin mí.

—¿Sería que no me desperté a tiempo?, Tal vez mi padre me llevaría después— pensaba, tratando de consolarme.

Mi madre no despegaba sus ojos de mí. Aunque no emitía palabra alguna, podía sentir que ella compartía mi pena. Sus ojos verdes, iguales a los míos, me miraban amorosamente, pero a su vez llenos de preocupación. Entre ella y yo siempre había existido una conexión muy especial. Incluso me atrevo a decir que era mayor a la que existía entre ella y mi padre.

Su mirada siempre dulce y serena, me resultaba inquietante en aquellos momentos, tanto, que decidí salir de la cueva real y me senté en el promorinto de La Roca. Sólo quería estar solo.

Perdido en mis pensamientos estaba, cuando ellos regresaron. Apenas se introdujeron en la cueva real, me acerqué a mi padre y decidí confrontarlo.

—Padre— me atreví a decir— ¿Porqué no me llevaste a recorrer el reino contigo?—

—¿Qué acaso no lo sabes?— Me dijo ásperamente— Tu hermano está destinado a ser el nuevo rey. No tenía ningún caso llevarte a ti.

Ese comentario me dolió mucho, lastimó mi orgullo. Así que triste y sin decir nada más, agaché mis orejas, bajé la mirada, y me fui a caminar sin rumbo. Llegué a unos pastizales, donde me senté, perdido en mis pensamientos, Hasta que ella llegó...

— Hola— me dijo una bonita y vivaracha cachorrita—. ¿Quieres jugar? 1

¿De dónde habría salido esa niña?, me preguntaba una y otra vez. Nunca antes nos habíamos visto, y ya me estaba proponiendo jugar con ella. En verdad llegué a creer que estaba loca.

— Vete de aquí, niña tonta. — le dije hostilmente, dándole la espalda.

Pero ella fue muy persistente, y se paró enfrente de mí asustándome un poco.

— ¿Por qué estas amargado?

—No estoy amargado— le dije y le di la espalda de nuevo.

—Sí, sí lo estas. — Insistió.

—¡Que no!

—¡Que sí!

—¡Que no!

—¡Que si!

—¡Que no! ¡¿Por qué no me dejas tranquilo ya?! ¡Sigue así y terminaré dándote un zarpazo!

—A que no te atreves— me dijo retándome. Ella sonrió y comenzó a correr— ¡Atrápame si puedes!

— ¡Ya verás!— Grité.

Ambos comenzamos a correr, y a reír con ganas. Pronto, el cansancio nos invadió, así que nos sentamos bajo la sombra de una acacia.

— ¿Qué te pasa, ya te cansaste, cachorro amargado?

— ¿De dónde sacará tanta energía esta niña?— Me pregunté.

En ese momento, una mariposa se paró en mi nariz. No tenía ni idea de qué era, así que comencé a sacudirme y gritar como loco:

¡Ah! ¡Quítamela, quítamela!

— Espera, no te muevas— Me dijo la leoncita.

Por más que grité y me moví, la mariposa no se quitaba de mi nariz.

— Hola amiguita— Comenzó a hablarle—, al joven león le molesta que estés parada en su nariz, ¿Podrías quitarte de ahí, por favor?

Como por arte de magia, la mariposa voló.

— ¿Hablas con esas "cosas"?

— Se llaman mariposas— Me dijo en tono burlón—. Y veo que además de amargado, eres un cobarde.

¿Cobarde yo?, el hijo del valiente rey Ahadi. Yo no iba a dejar que una niña hiriera mi orgullo, así que le respondí:

— ¡Te demostraré lo valiente que soy!, te reto a una cacería de mariposas.

Era primavera, así que los pastizales estaban repletos de ellas.

—De acuerdo.

La cacería comenzó. Cada quien se había ido a cazar mariposas por su lado, pero una de muy luminosos colores llamó mi atención.

Comencé a perseguirla, era muy rápida.

Súbitamente, se paró en una flor, y me abalancé sobre ella. Inesperadamente el hocico de la leoncita había chocado contra el mío pero no nos lastimamos, por el contrario experimentamos una linda sensación.

— ¿Sentiste eso?- Me preguntó sorprendida.

Me quedé perplejo y me sonrojé. Sin darme cuenta comencé a balbucear.

— ¡Yo...! ¡La mariposa...! ¡Traté de atraparla…! Disculpa.

— Sí —Me dijo—, yo también quise atraparla. Era muy bonita. Pero, ¿te diste cuenta?

— ¿De qué?

— Ella planeó esto, para unirnos— Me dijo— Yo estuve persiguiéndola y la perdí de vista. Después te provocó para que tú la persiguieras. Se paró en la flor, y cuando ambos la vimos, intentamos atraparla. Ella voló, e hizo que nos diéramos un besito.

—¿Un qué? —Pregunté con los ojos muy abiertos.

—Un-Be—si-to —repitió la leoncita un tanto irritada

—¿Qué es eso?— Le pregunté

—¡Ves! –Me dijo rolando sus ojos–. Sí que eres un amargado. No sabes nada de mariposas, ni besitos, ni Upendi.

¡Upendi! ¡Já! Me burlé—. Eso significa amor ¿no?, eso es sólo para niñas tontas y cursis.

— Olvídalo —Me dijo enérgicamente y dándome la espalda. Con esto pensé que me había librado de ella, pero en eso me volteó a ver de una forma maliciosa y me dijo:

—Yo te quitaré lo amargado.

Debajo de ella había un charco de agua, y con su pata me salpicó el rostro mientras reía pícaramente. Yo también comencé a lanzarle agua, y esto desató un juego de luchitas leoninas. Reíamos sin parar y pronto quedamos todos llenos de lodo.

Entre risas y juegos llegó el atardecer, el cielo matizaba con hermosos colores azules y rosas. Nos sentamos a contemplar aquella puesta de sol.

—Oye —Le pregunté en susurro—, ¿En serio crees en esta tontería del 'Upendi'?

—En Upendi no se puede creer... sólo sentir.

Yo quedé perplejo ante esta respuesta. Guardamos silencio.

—Creo que es hora de regresar a casa —me dijo—. Por cierto, ¿Cómo te llamas?

—Taka —Le contesté con indiferencia.

—De ahora en adelante te llamaré "El amargado Taka."

—Já, Já, muy graciosa —le dije simulando una risa burlesca—. Y tú, ¿cómo te llamas?—

—Sarabi— Me respondió con una adorable sonrisa.

—Está bien —le dije—, Yo te llamaré "La latosa Sarabi."

—Já, já, Muy gracioso -fingió reírse con sarcasmo, un tanto crispada por lo que yo le había dicho.

No pude evitar sonreír. Encontré su reacción muy tierna.

A partir de ese momento, su recuerdo me acompañaría a todas partes, haciéndome sonreír a cada momento.

1 (N/A: Para poder leer esto imaginen la actitud de Kovu con Kiara cuando de cachorros se encuentran por primera vez, ya que es muy parecida.)