Capítulo 2: Sentimientos nuevos.
Aquel encuentro había sido el inicio de una hermosa amistad. Todos los días Sarabi y yo nos sentábamos a platicar bajo el sol. También disfrutábamos jugando juntos. Para mí, su risa era más hermosa que el cantar de las aves y su tierna mirada más cautivadora que el vuelo de un colibrí.
Un día, salí a disfrutar del fresco de la mañana, cuando la vi. Ella Sonreía ampliamente. Yo me acerque a ella con cautela.
— ¡Hola Sarabi!, ¿Qué haces?
—Estoy cazando lagartijas —Me dijo en voz baja.
Ella se veía muy contenta. Observaba con atención un agujero en el suelo. Pronto, ambos vimos salir la cabeza de un animal verde y de piel áspera.
— ¡Por los dioses, Taka! —Exclamó. –Es la lagartija más grande que he visto.
Yo la miré muy preocupado.
— Ehmm… Sarabi… eso no es una lagartija.
En ese momento vimos que el animal comenzó a salir del agujero. No tenía patas, y eso solo podía significar una cosa:
— ¡Serpiente! —Gritó Sarabi.
Esta era una oportunidad perfecta para mí. Quería impresionarla, así que le dije:
—No te preocupes niña bonita, ¡Yo te salvaré!
Levanté mi garra para darle un zarpazo al reptil, pero el animal se abalanzó contra mí, intentando morderme. Di un ligero brinco hacia atrás y emití un leve grito.
Pude escuchar la carcajada disimulada de Sarabi. Me sentí frustrado. Quería impresionarla, y solamente había logrado hacerla reír.
Al llegar el atardecer, nos fuimos a lo alto de una colina para contemplar los maravillosos matices de colores en el cielo.
—¡Es tan hermoso! —Decía Sarabi extasiada ante tanto esplendor.
—Vaya que lo es—le dije sonriendo.
Un bello silencio reinó. Ambos perdimos nuestra vista, en el grandioso y colorido atardecer.
— ¿Sabes Taka? —Dijo al fin. — Yo creo que tú eres un león muy valiente. Es muy difícil que alguien se anime a retar a una serpiente.
Al escuchar estas dulces palabras, me quedé ruborizado, y mi rostro adquirió un tono más colorido cuando ella me soltó un lametazo en la mejilla. Mi corazón dio un vuelco y se aceleró.
—Te quiero, Taka. —Me dijo, colocado su cabeza debajo de la mía y ronroneando. Yo me sentí paralizado, pero después, poco a poco la tensión disminuyó y le devolví el cariñoso gesto, haciendo movimientos con mi cabeza y cerrando los ojos. Ulteriormente, ella colocó una de sus patitas encima de la mía.
Fue en aquellos momentos, cuando creí haber comprendido el significado de la palabra "Upendi", retractándome sobre todas las cosas despectivas que opinaba sobre la palabra.
En ese momento supe que ella era para mí, En ese momento supe que la amaba... la amaba con la inocencia con la que un pequeño cachorro puede amar, lejos de intereses y malicia…
Mi corazón aún era puro, aún no se había manchado, y así, fue como la pude amar…
