Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi autoria.


Capítulo 15

.

.

BPOV

—Vamos a ir a casa y le contaremos todo esto a Jasper. ¿De acuerdo? Esto tiene que acabar hoy.

Me tiembla el labio inferior. La agonía crece mientras caminamos de regreso, y tengo sentimientos encontrados, ya que nunca creí que alguna vez me atrevería a confesar esto con nadie. He vivido en un silencio forzoso por mucho tiempo, generándome una falta de decisión propia y desconfianza. Ahora, sin embargo, las cosas cambiaron. No puedo negar el miedo que me da enfrentar la situación. Sé que esto va a destrozar a mucha gente, pero sigo necesitando respuestas. Necesito llegar a esta otra gran verdad: las razones que tuvo Rose para hacer lo que hizo.

La mano de Edward se siente débil en la mía, y presiono mis dedos en su piel para que sepa que estoy aquí. Debe sentirse fuera de lugar con todo lo sucedido. Por mucho que haya sospechado de Rose, saberlo a ciencia cierta es muy distinto. Cuando la persona es cercana, es difícil de asimilar.

La noche se ha vuelto sin vida. Los villancicos no se escuchan de la misma forma. Chapoteo los pies en la nieve, y la marca de mi bota no tiene ni pizca de gracia.

Edward se detiene, tomando aire.

—¿Estás bien?

Sus ojos hinchados por el llanto me miran:

—Sí

La solitaria calle emite un ruido sordo de unas llantas y al final todo queda en el sonido de los grillos. Ahora es turno de Edward de presionar sus dedos en mi piel. Un jadeo se expulsa de sus labios. Su mano desocupada sujeta mi brazo con fuerza y pego un salto. Se inclina hacia adelante, aun jadeando y me doy cuenta que su jadeo no es por Rosalie.

Cae de rodillas al suelo, inconsciente, y suelto un grito desgarrador.

—¡Edward! —me agacho hasta tomar su cara. Sus ojos se cierran, incapaces de mantenerse despierto— Edward, mírame. Por favor, no vayas a desmayarte.

Empiezo a chillar, y por mucho que lo zamarreo, este no reacciona.

¿Cómo demonios voy a ayudarle si no hay nadie en la calle? Lo único que nos ilumina son los adornos de luces Navideñas, y ni siquiera sé ocupar su celular de última moda. Lloro de rodillas en el suelo, rogándole que se quede conmigo. Su rostro se vuelve pálido como una hoja de papel. Está intacto. Parece muerto. Lloro más fuerte. No tengo tiempo de ponerme a gritar por auxilio cuando unos pasos lejanos aceleran y todo lo que siento es el golpe de algo duro contra mi nuca.

No recuerdo nada más.

.

.

.

.

.

Me inunda un sabor amargo en la boca. Mi rostro golpea contra algo duro al tacto, y mis manos se sienten ásperas. Abro los ojos, y no hay más que oscuridad. Empiezo a desesperarme. Todo lo que no veo ahora, me recuerda a ese lugar. Me enderezo, sabiéndome en el suelo. Una luz titilante al fondo me llena de esperanza. Intento ponerme de pie, pero la nuca me arde. Siento un latido frenético en mi cabeza, y cuando me toco, líquido espeso empapa mi mano.

Ahora despierta empiezo a recobrar el reconocimiento. ¿Dónde está Edward? ¿Qué pasó?

—Levántate —dice una voz fuerte. El vello se me eriza, y soy insuficiente— ¡Levántate! —exige con furia.

A duras penas me pongo de pie. Antes de que pueda adaptarme bien, la luz se enciende y el rostro impoluto de Rosalie me acecha. Por instinto me echo hacia atrás hasta pegarme a la pared. Lágrimas hacen acto de presencia, las cuales retiro rápidamente. Se supone que soy fuerte. Se supone que ya no le tengo miedo. Pero eso es mentira. No puedo mentirle a mi corazón.

Tomo todo el control que me es posible para no echarme a llorar.

—Se lo dijiste. —susurra con calma— Se lo dijiste ¿no es así? Por eso actúa tan agresivo conmigo.

Quiero decir algo. Quiero defenderme.

—Pensé que habíamos quedado en algo. Se supone que ibas a quedarte callada, maldita babosa. —me encojo como un caracol cuando se acerca. Su pelo cae sobre mi cara, y estoy soltando lágrimas sin parar— Me traicionaste.

Niego con la cabeza.

—Lo hiciste. —toma una mecha de mi pelo y lo tira. El dolor de mi nuca crece con la fuerza de su mano— Bella, no creo que sepas lo que acabas de hacer.

Se inca de rodillas, mirándome con esos ojos lunáticos que tiene. Tengo ganas de escupirle en la cara, pero sé que eso sería peor. En cambio, aprieto a mis ojos cerrados, esperando que su rostro se difumine de mi mente.

—Te vas a quedar aquí y vas a pensar en lo que has hecho. —murmura tomándome de las muñecas, pasa las uñas largas por mis cicatrices— Esta vez no usaré cuerdas. Creo que las he dejado en el auto, y no pienso dejarte sola.

Agacho la cabeza hacia mis manos, sintiendo la derrota invadirme por completo. Esto es todo lo tendré hasta que la muerte venga lenta y dolorosamente. Rosalie no va a dejar que me vaya de aquí. Al menos, no con vida. Lamento no haber podido aprovechar por más tiempo los meses de libertad que tuve. Tal vez estos eran más para poder despedirme de la gente que quiero. Ni siquiera pude visitar la tumba de Mars ni la de mi madre. Ni siquiera pude visitar la casa donde viví.

Me asalta una cólera que no veo venir. Rosalie está allí, de pie, disfrutando su triunfo. Mal que mal, la hizo de oro. Si no fuera yo la que sale perdiendo, le aplaudiría por su capacidad de camuflaje. Pero Edward sabe la verdad. Bree también lo sabe.

De la cólera paso a la preocupación. ¿Dónde está Edward? ¿Por qué se desmayó?

¿Y si Rosalie le hizo daño?

¿Y si de verdad está muerto?

Las lágrimas vuelven a escurrirme por las mejillas.

—¿Por qué me odias tanto? —pregunto en un hilo de voz.

La cabeza de Rose se levanta tan rápidamente que me duele el cuello. No parece haber estado preparada para escucharme.

—Vaya… así que se lo dijiste con toda y sus letras. —sacude la cabeza— Maldita perra.

—Tú, maldita perra —jadeo. Las palabras salen a borbotones de mi boca. Un alivio se expele por mi cuerpo, y nada de lo que ella pueda decir me hace arrepentirme— Nunca entendí… porque me odias tanto. Esa obsesión tuya de torturarme, como si lo hubieses deseado desde siempre.

Cruza los brazos sobre el pecho.

—Después de todo, no estás tan perdida.

—¿Por qué, entonces? ¿Por qué me odias tanto?

Rosalie rechina los dientes, caminando de un lado para el otro.

—No quieres saberlo.

—¡Dímelo!

—¡No!

Un fuego ferviente me amenaza por dentro. Empiezo a llorar de ira, cubriéndome el rostro con las manos. Rosalie ni se inmuta. No quisiera terminar con mi vida llorando. Recordar mis últimos segundos con la mirada borrosa, no es lo que tenía preparado para mí, pero esto es lo que hay. Tengo pena porque voy a morir y no sabré lo que esta mujer quiere hacerme pagar.

—Me lo quitaste todo, Isabella. Tan egoístamente, me arrebataste hasta lo último. —su voz se quiebra a mitad de frase— ¡Tú! ¡Siempre eras tú!

De un tirón, me arranca la tira de la cartera y algunas cosas caen al suelo. Aparto la mirada con temor de recibir un golpe, entonces todo se detiene. Su voz, el aire de la habitación. Todo se esfuma. Cuando miro por el rabillo del ojo, su mirada está puesta en el piso, al manojo de llaves.

Trato de cogerla y guardarla, pero Rosalie es más ágil.

—No tan rápido. —me dice. Parece impactada por las llaves, y empieza a girarlas en su dedo índice, el desconsuelo disfrazando su expresión de odio— ¿No te lo dije antes? Me lo quitaste todo.

—¿De qué estás hablando? ¡No te quité nada! ¡No te conozco!

—¡Lo hiciste! —grita, tirando las llaves al piso— Lo hiciste, maldita sea, lo hiciste. —empieza a llorar. Jamás he visto a Rosalie llorar— Siempre fui un estorbo para todos. Siempre fui la inquieta que nadie quería cuidar. Y tú… tú siempre fuiste la niña dulce y carismática que todo el mundo quería tener.

—No entiendo nada…

Lágrimas gruesas abandonan sus ojos, y mi corazón salta demasiado rápido en mi pecho.

—De esto —dice, empujando con el pie las llaves hasta mí— De esto te estoy hablando.

Las llaves caen de una forma que puedo ver las letras sin dificultad. L de platino. El entendimiento viene como las olas del mar; con una fuerza descomunal, con una fuerza que ningún ser humano en el mundo es capaz de controlar.

Se me secan los labios, y veo el rostro ardiente y destrozado de Rosalie. Mis ojos se abren desmesurados, sintiendo a mi corazón detenerse por el impacto.

No puede ser.

—¿Lily? —susurro sin aire, subiéndome el corazón por la garganta— ¿Eres Lily?

Los recuerdos vienen de golpe; la casa de Mars. El buzón del correo. Papá junto a mí, cruzado de brazos y el sol impidiéndome ver con claridad.

Despídete de tu hermana, Bella. —me dijo Mars, soltándome de la mano.

Llevaba un vestido de cuadros rojo, y mi cara estaba mojada por las lágrimas. Corrí todo lo que mis pies fueron capaces y abracé a la niña del vestido celeste, deseando que el tiempo se detuviera. Iba a extrañar a mi compañera de juegos. ¿Quién iba a ayudarme a trepar los árboles? Lloré en su vestido hasta que la mujer alta junto a ella, me quito de en medio. Era morena, labios gruesos y pelo oscuro.

Tenemos que irnos. —nos volvimos a abrazar. Ella también lloraba— Lilian, tenemos que irnos. Los chicos te están esperando para jugar.

Mars tomó mi mano y me llevó junto a ella. Vi a Lilian subir al enorme auto gris, mientras miraba por la ventana de atrás y se despedía con la mano. Agite la mía hasta que el auto desapareció de la entrada.

Nunca más volví a saber de Lily.

Las letras de las llaves; I de Isabella. L de Lilian.

Las llaves de papá.

—La mujer mentía. —Rosalie interrumpe mis pensamientos. Es difícil mirarla ahora. Estoy en shock— Mars mentía. Papá mentía. Fue la oportunidad de sus vidas para deshacerse de mí, enviándome a un orfanato. ¿Sabes lo que son los orfanatos? ¿Lo sabes? Son grotescos, son horribles y terroríficos. Te golpean y no puedes defenderte con nada. ¿Y mientras tanto qué? Tú estabas en casa, disfrutando de mis cosas, lo que me pertenecía a mí por ser la mayor.

—Lily…

—¡No me llames Lily! Yo no soy Lily. —vuelve a llorar— No conocía a nadie. Echaba de menos mi casa. —solloza— Me enviaron a un cuarto lleno de chicos. La directora dejó de actuar como una auténtica y estúpida maternal porque Mars y papá ya no estaban allí. Me pasé la vida limpiando baños, limpiando la mierda que todo el mundo dejaba. Y tú… —sacude la cabeza— Tú siempre lo tuviste todo.

—¡No es cierto!

—Tenía seis años. Y luego, a los catorce me adoptaron. Pensé que sería la oportunidad que se me negó de niña. Sin embargo, el infierno que viví en ese orfanato no se compara a lo que viví con esa mugre de familia. —toma asiento y resopla— Los Hale tenían un montón de hijos. Y todos ellos empezaban con R. Yo no fui la excepción. Desde entonces he sido Rosalie. Y seguiré siendo Rosalie. Fui la única mujer de esa familia, aparte de la madre. Te imaginarás lo que hacían conmigo. —suelta una risita amarga— Y el padre no se quedaba atrás.

Deja de hablar, analizando sus palabras, y de pronto sus ojos se quedan fijos en mí, tanto que queman.

» Te veía siempre con Mars. A veces me quedaba escondida en los arbustos para ver la casa, porque a pesar de todo, extrañaba esa casa. Y te empecé a odiar, porque siempre fuiste la preferida de todo el mundo. Fuiste la preferida de Mars. Ella no me quería. Ella le dijo a papá que podía criarte a ti, pero no a mí, porque yo era muy desordenada.

Niego con la cabeza.

—Te odié y te odio. —dice tajante— Por eso lo hice, porque tenías que pagar por todo eso. Porque tenías que probar de la medicina que por años probé yo. Esa fue mi vida, Bella; llena de oscuridad, dolor y crueldad. Siempre. Y yo no lo merecía… yo no lo merecía.

Una angustia me llena el pecho.

—Soy tu hermana… —digo con horror, apretando mis puños— Soy tu hermana.

—Lily era tu hermana, yo no.

Empiezo a llorar de nuevo.

—¡SOY TU HERMANA! —grito, sintiendo tanta impotencia— ¿Qué culpa tenía yo, Lily? ¿Qué culpa tenía?

Lloro con ganas, sentada en el suelo y deseando que la luz se apagase y todo esto terminara pronto. Rosalie también empieza a llorar, pero intenta parecer dura, cosa que no puede en este momento.

Meto la mano dentro de mi cartera y pillo el GPS apagado que Edward me dio aquel día de la caminata. Con sumo cuidado, lo enciendo, rogando que recuerde que lo tengo yo.

—Y ahora él ha vuelto por ti, no por mí.

—¿Quién?

—Charlie. Nuestro padre.

—No, no es cierto. Yo no lo he visto, ni siquiera lo recuerdo.

Hace caso omiso de mí.

—Ojalá que él hubiese muerto y no mamá. Con mamá esto no hubiera pasado, con mamá Lily seguiría siendo Lily.

Lily y yo nos llevábamos por un año de diferencia. Cuando ella se fue, yo tenía cinco años. Con su partida, se fue la alegría de mi niñez. Con su partida, se fue papá y el sonido de las llaves.

No hay nada de Lily que vea en Rosalie. No sé cómo me verá ella, aunque dudo que sea bueno.

No hacemos nada más. Creo que ha transcurrido una hora desde entonces. Todavía estoy en shock. Todavía no puedo creer que sea Lily. Si ella no lo hubiese recordado, tal vez ni siquiera lo habría rememorado en mi cabeza. Ha pasado tanto tiempo. Nunca la volví a ver, y nunca creí que lo haría. Mars decía que estaba en buenas manos, bien cuidada, bien alimentada. Ahora sé que nada de eso fue cierto.

Cuando mi madre murió, papá se quedó a nuestro cuidado. Lily tenía un año y algo en aquella época, así que fue un doble trabajo para él sacarnos adelante. Aunque nunca entendí por qué las cosas cambiaron tanto, por qué de pronto me quedé sola con Mars en una casa enorme.

Me pongo de pie, aprovechando la distracción de Rosalie. Está susurrando para sí misma como una loca, así que empiezo a caminar hacia atrás, sujetando la cartera conmigo. No sé dónde estamos. No sé para dónde ir, sin embargo, sigo caminando.

Mi respiración se corta por la ansiedad. Empiezo a acelerar el ritmo.

La adrenalina aumenta a medida que me acerco a la puerta. Cuando llego hasta ella, giro el pomo y este se sale de su lugar.

Mierda

—¡Dónde vas! —me grita la rubia.

Sus largas uñas van hasta mi cuello, y en un rápido movimiento doy con el pomo en su frente.

Que bien se sintió eso.

Me muevo de atrás hacia adelante, por un instante queriendo saber si la he matado o no, pero no tengo mucho tiempo. Doy un pequeño empuje a la puerta por si acaso, y como si estuviera preparada, esta se abre. Corro fuera a toda velocidad, aguantando las terribles ganas de llorar que nublan mi visión. Corro, me detengo de vez en cuando y vuelvo a correr, tomando bocanadas de aire.

Choco contra un cuerpo duro que me sostiene antes de que pueda caer. Ahogo un grito sin reconocerlo, hasta que descubro que es Jasper.

En segundos, un montón de policías resguardan alrededor, y Jasper me toma de los hombros.

—Vamos, date prisa, ¡corre!

Me empuja hacia adelante, y no reparo en nada más que en seguir corriendo. Las luces de las patrullas me ciegan por un momento y caigo al suelo porque mi pecho no puede seguir, ni mi garganta, ni mis fuerzas.

—¡Bella! —grita la voz que reconozco como la de Edward— Bella —susurra una vez que ha llegado junto a mí. Me toma del suelo, como si fuera lo más liviano del mundo, y empiezo a llorar.

Lloro con tantas ganas como nunca lo he hecho antes. Lloro a gritos. Lloro de rabia, de pena, de impotencia.

Pero sobre todo de pena.

Edward me abraza y susurra palabras para tranquilizarme. Nada puede tranquilizarme en este momento.

Mientras mis lágrimas cesan, sin dejar de lamentarme, levanto la vista y veo a Emmett de pie en medio de toda la gente que hay en torno a nosotros. Inmóvil, pálido y despedazado. La nieve cae sobre su cabeza, y pareciera que estuviese tieso del frío. No hace nada, no habla nada. Está allí, tratando de absorber lo que probablemente le han contado.

Me aferro a la chaqueta de Edward con las uñas, soltando un gemido de mis labios.


Guaa, ahora sí. Por fin, la verdad salió a la luz.

Recuerdo que leí alguna vez a alguien que me dijo que Bella y Rose eran hermanas, no me acuerdo quién, pero en aquel momento no podía esperar para escribir este capítulo.

Espero que les haya gustado y me cuenten que les pareció.

Gracias por su apoyo a la historia, como siempre.

Besos!