Espero que les guste y que le den una oportunidad a esta historia :)

El barco que había explotado era el mismo que había prometido a Sara que la llevaría a la siguiente isla.

- ¡Mierda! ¡Mis cosas! – Justo pasaba un hombre algo gordo, muy asustado, Sara lo cogió del cuello - ¡¿Qué demonios habéis tocado?! ¡Habéis pasado a mi habitación! ¡Os dije que no os acercaseis!

Sara estaba fuera de sí.

- Yo… no… verá… - el hombre tan solo lloraba.

Sara lo lanzó contra el suelo lo más fuerte que pudo y comenzó a buscar algo en el agua.

- ¡Mis maletas! – dijo señalando dos enormes maletas que flotaban cerca del puerto.

- ¡Yo las cogeré morena mía! ¡No te preocupes! Tu príncipe ha llegado.

Acto seguido, Sanji se lanzó al agua a por las maletas. Las sacó con algo de dificultad, pesaban demasiado y eran enormes.

Los cuatro se apartaron de aquel alboroto, Sara estaba algo decaída.

- 5 mil berries desperdiciados. Ahora no sé cómo narices llegaré a la isla.

- ¡Nosotros te llevaremos! – Dijeron al unísono Sanji y Luffy.

- En… ¿en serio? Seguro que hay alguien más que tenga intención de ir a la isla, no quiero ser una carga.

- Y por 15 mil berries no lo serás.

Una voz femenina se había escuchado tras ellos. Los cuatro se dieron la vuelta y vieron a la navegante con una gran sonrisa. Sin duda, aquella chica había escuchado la última conversación que había tenido Sara con los tres piratas.

- ¿Qué…?

- Esto es muy sencillo, tú nos pagas los 15 mil berris y nosotros te llevaremos donde sea.

- Decidido, Shiro se viene con nosotros.

El capitán se puso en pie y comenzó a andar dirección al barco. Sanji se acercó a Sara.

- No te arrepentirás, probarás los mejores manjares, yo cocinaré exclusivamente para ti, mi dama.

- Seremos grandes amigas, pero claro, antes tienes que pagar – Le dijo Nami con una sonrisa diabólica en el rostro y extendiendo la mano.

Sara rebuscó entre sus bolsillos.

-Te importa si te doy esto como adelanto, una vez que me acople y saque las cosas de las maletas, te daré el resto – dijo Sara extendiéndole 7 mi berries.

Nami los aceptó con gusto y Sanji recogió las maletas de Sara para llevárselas al barco. Zoro, por otro lado, se quedó más retardado, cogió a Sara de la muñeca haciendo que lo mirase.

- Que raro, justo cuando nos encuentras, el barco salta en mil pedazos… Ten cuidado con lo que haces, porque te tendré vigilada.

Sara lo miró, pareció no importarle, lo que a Zoro le enfureció.

- Te lo digo muy en serio, estaré…

- No me importa, puedes hacer guardia en la puerta de mi habitación si quieres – se acercó un poco más a Zoro haciendo que éste se sintiera algo incómodo debido a la poca distancia que había entre ambos – deberías aprender algunos modales de tu compañero rubito de cómo tratar a las damas.

Se soltó de la mano con un movimiento brusco y comenzó a andar hasta alcanzar a Nami.

Justo entonces, se escucharon voces que provenían de la calle mayor.

-¡ALTO AHÍ! ¡ZORO RORONOA! ¡Y Nami la gata ladrona también está ahí! ¡Alto, no se muevan!

Eran los marines, y los únicos que estaban en ese instante en el puerto, eran Nami, Zoro y Sara. Zoro llevó sus manos a las katanas dispuesto a pelear, pero Nami le cogió rápidamente de la mano y los tres, salieron corriendo dirección al barco.

- ¡Sanji! ¡Sube rápido! – Gritó Nami a un Sanji que estaba subiendo al barco las dos grandes maletas con gran dificultad.

Sanji se dio la vuelta y no tardó en darse cuenta de quien los perseguía y con la ayuda de Franky, éste se encontraba sobre la cubierta en cuestión de segundos.

- ¡Pelirroja, Morena! ¡CORRED! – Gritaba algo desesperado –Ese marimo estúpido que no es capaz de cuidar como se debe a dos señoritas – gruñó entre dientes.

-¡ Franky! ¡Sácanos de aquí! – gritó desesperadamente Luffy

En 10 minutos, Zoro, Nami y Sara se encontraban en el Sunny. Una vez todos reunidos, Franky dio la orden de salir disparados, literalmente, de aquella isla:

- ¡COUP DE BURST!

Acto seguido el barco estaba volando, ¡volando! Sara no podía creer lo que veía, tenía los ojos como platos, aunque no le dio mucho tiempo a impresionarse, ya que como el barco estaba por los aires, Sara se agarró al palo mayor del barco como si la vida le fuese en ello.

Cuando el barco cayó, toda el agua entró al Sunny y todos los tripulantes estaban calados de pies a cabeza. Sara estaba tirada en el suelo, boca arriba con los ojos cerrados e intentando inhalar todo el aire posible, le daba la sensación que de esa forma, todo dejaría de dar vueltas. Aquello había sido de locos.

- ¡Suuuuupeeerr! Una salida genial, no podéis negarlo.

- ¡Otra vez Franky! ¡Otra vez! – Repetían al unísono un renito con sombrero y el capitán del barco.

-¿¡Cómo que otra vez!? – Exclamó Sara algo desconcertada – Por poco nos matamos.

Algunos miembros de la tripulación la miraban extrañados, Sara cayó en la cuenta de que no todos la conocían.

- Em… Hola – Dijo tímidamente saludando con la mano.

- Chicos, esta es Sara, ha prometido pagar 15 mil berries por llevarla a Rothen, así que nos acompañará parte de nuestro viaje.

- ¡Oh! Eso es genial, una chica más en la tripulación. Encantada, me llamo Nico Robin, pero llámame Robin – Dijo la mujer con una cálida sonrisa.

- Yo soy el temerario capitán Usopp, pero claro, seguro que ya habrás escuchado mis aventuras con esta banda. Gracias a mí, pudimos liberar a Robin del CP9.

- … Vaya, ¿en serio?

- Claro que no, es que le encanta presumir de lo que no es. Tan solo es el francotirador – respondió Sanji.

- Y yo el médico del barco, puedes llamarme Chopper – a Sara casi se le cae la baba de lo mono que era aquel renito.

- ¿El médico?

Nuevamente, la cogieron del brazo para que mirase en dirección contraria a donde estaba el reno que acababa de hablarle.

- Él es Franky – presentó Nami.

- ¡Supeerrrr, nueva compañera! Puedes dormir en la habitación de invitados, si necesitas ayuda con algo llámame.

- Y bueno, a Zoro, Sanji, Luffy y a mí ya nos conoces.

- ¿Qué tal? ¿Cómo están? Bueno… yo… os doy las gracias por acogerme, sé que es molestia para ustedes tener que desviarse de su rumbo, no habría aceptado que me llevaseis si no fuese realmente necesario.

Realmente, Sara estaba nerviosa, rodeada de todos aquellos piratas, sabía de sobra qué función tenían en el barco y la recompensa que había por sus cabezas. Necesitaba un cigarro.

- Por cierto, a esa isla… Rothen… ¿Cómo demonios vamos a ir? – Preguntó Zoro algo despreocupado.

- Es cierto, el Log Pose que tenemos nos lleva al Archipiélago Sabaody…

- Yo tengo un Log Pose eterno, que nos lleva directamente a la isla.

- Pues todo solucionado, Sanji, prepara la cena, hay que celebrar que tenemos una nueva nakama por un tiempo – dijo Luffy entusiasmado.

- Ven Sara, Robin y yo te acompañaremos a tu habitación y así podrás instalarte y cambiarte de ropa mientras Sanji prepara la cena.

Sara asintió con la cabeza, estaba algo mareada por toda la información que acababa de recibir de golpe.

- Si no te importa Sara, me gustaría hacerte un chequeo. Es algo rutinario, no te preocupes. Así que… pásate mañana a eso de las 10, ¿de acuerdo? – le dijo Chopper.

A Sara no le dio tiempo a asentir, Nami arrastró de ella y ella a su vez, de las dos maletas. La habitación era impresionante, desde luego mucho mejor que la del otro barco. Era amplia, con una ventana por la que entraba muchísima luz y una gran mesa. La verdad es que todo el barco era impresionante, increíble.

- No sabemos a qué te dedicas, pero si te hace falta algo para trabajar, puedes decírselo a Franky y él te lo construirá en un momento – le comentó Nami.

- Bueno, soy científica, quizás agradecería una estantería ahí en la esquina, pero de momento puedo apañármelas con la mesa.

- ¿Científica? Increible, yo soy arqueóloga y Nami es la navegante del grupo.

- ¿Cómo que científica…? Con esos ácidos y todas esas cosas raras – dijo Nami con temor.

- De hecho, voy a Rothen porque tengo que hacer una entrega urgente.

Las dos piratas estuvieron charlando durante un par de minutos más con su nueva nakama temporal.

- Bueno, dejamos que te acomodes.

- Espero que tengas mejor orientación que Zoro y sepas volver a la cubierta – dijo Nami.

Y dicho esto, las dos chicas salieron de la habitación y Sara aprovechó para cambiarse y medio instalarse, tan solo le faltaba una maleta. Escuchó como el cocinero la llamaba y Sara subió a la cocina, era la hora de la cena y todos estaban reunidos alrededor de la mesa esperando a que llegase para comer.

- Será mejor que yo, Usopp, el capitán del barco, te haga un interrogatorio, y si todos están presentes, mejor.

- ¡Cómo te atreves a molestar de esa forma a la señorita! No ves que es una invitada, tiene que cenar tranquila – dijo de forma histérica Sanji – No seas maleducado tirador de pacotilla.

- No te preocupes, pregunta lo que quieras Usopp, te responderé a todo lo que me sea posible.

- ¿Cuántos años tienes?

- ¡¿Pero qué clase de pregunta es esa?! – le regañó Nami.

- Nunca se debe de preguntar esas cosas a una mujer tan bella como Sara, se nota que apenas sobrepasa los veinte años – respondió Sanji de forma seductora.

- Tengo veintitrés años, pero gracias por decirme que aparento aún una jovencita – dijo Sara con una sonrisa.

- Está bien… sería conveniente saber a qué te dedicas, así podremos asignarte algún trabajo en el barco – continuó Usopp – todos aquí colaboramos.

- Pues verás, soy científica.

- ¡En serio! ¿De esas que usan batas blancas? – preguntó tiernamente Chopper.

- ¿Y de las que cogen los vasos esos raros con líquidos de colores? ¿Me dejarás jugar a mí también? – la cara de Luffy era de total felicidad.

- Si… bueno, supongo que sí que soy de esas.

- ¡Supeerr! ¿Y qué haces exactamente?

- Mi especialidad es tratar con aquellos dispositivos que son capaces de autoabastecerse por una onda de choque supersónica.

Todos tenían cara de interrogación, todos excepto Luffy que no paraba de comer y había dejado de prestar atención.

- ¿Y eso qué es? – Zoro preguntó lo que todos se cuestionaban.

- Detonadores, soy experta en explosivos.

Se hizo el silencio, nadie decía nada, nadie hacía nada, tan solo la miraban y en sus caras se podía apreciar la preocupación. Solo se escuchaba a Luffy que no paraba de comer.

- No tenéis de qué preocuparos. Soy muy buena en el campo, no tiene por qué pasar nada.

- Pues el otro barco voló por los aires – reprochó Zoro.

- ¡¿El otro barco?! ¡¿Qué otro barco?! – preguntó muerto de miedo Usopp.

- No tiene por qué pasar nada si nadie toca lo que no debe, además, las bombas que entrego, las entrego desactivadas, las doy en mano, me pagan y me largo. Lo que luego ocurra con ellas no es de mi incumbencia.

- ¿Traficas con… bombas? – preguntó Chopper.

- ¿Quieres decir… estás diciendo…? ¡¿Estás diciendo que hay explosivos en el barco?! – Nami estaba histérica.

- Pues será mejor que eches la llave en tu habitación si no quieres que Luffy active una de tus bombas, el capitán es muy escurridizo y sería una desgracia que todos nos convirtiéramos en lluvia de sangre antes de lograr nuestro objetivo.

El comentario de Robin fue tan siniestro que hasta a Sara se le fue todo el color.

- Cómo puedes ver las cosas tan negras y decirlas con tanta normalidad – preguntó histérica Nami.

- Creo que antes de la estantería, le pediré a Franky que me ponga un par de cerrojos en la puerta – susurró Sara para sí, lo que hizo que todos la mirasen aún con más miedo – Solo… por si acaso.

- Sabía que no deberías haber venido.

Zoro se dirigía a la puerta, aquella noche le tocaba hacer de vigía y no tenía ninguna intención de seguir discutiendo sobre esa chica, después de todo, al final había conseguido subir al barco, no había vuelta atrás.

- Si Shiro dice que no hay problema, es que no hay problema.

- ¡Acaso te has enterado de algo zoquete! – le gritó al oído Usopp.

- De nada, pero me fio de ella.

- Estoy seguro que esta bella dama será capaz de controlar sus impulsos de volar por los aires a una panda de pirados como nosotros – dijo Sanji a la vez que se llevaba un cigarro a la boca y comprobaba que no llevaba cerillas encima.

- ¡Oh! Fumas, ten, creo que tengo una por aquí.

Le tendió una cerilla y a la vez, ella se encendió su cigarro. Ante la cara de sorpresa de todos, Sara aclaró:

- No os preocupéis, ni bebo ni fumo mientras trabajo.

- ¿Es que también eres una borracha? – preguntó Usopp con poco tacto.

- ¡Pero cómo puedes hablar así de ella, maldito desgraciado!

- ¡Está bien! La conversación ha terminado, Shiro se queda con nosotros, la llevaremos a Rothen y si necesita nuestra ayuda, tendrá nuestra ayuda. Confío en ella.

El resto de la velada fue tranquila, nadie volvió a mencionar el tema, así que todo fue muy agradable. Cuando se hizo tarde, cada uno se dirigió a su habitación a descansar, pero Sara necesitaba tomar un poco el aire, en aquel barco se sentía bien, tranquila, y esa era una sensación que no había tenido desde hace mucho tiempo. Estaba sobre la cubierta fumándose otro cigarrillo mientras miraba al cielo. Aquella noche no había estrellas, todo estaba muy oscuro, ni siquiera se podía apreciar bien la luna.

Entonces se dio cuenta de que en el puesto de vigía había luz aún, así que supuso que Zoro estaba allí. No le importaba demasiado no llevarse bien con él, ni siquiera le afectaba que éste desconfiara de ella, pero acababa de llegar al barco y no quería tener problemas con nadie. Así que subió por las escaleras y cuando llegó arriba se dio cuenta de que el espadachín estaba dormido. Se acercó a él y una vez que inhaló todo el humo, se lo echó en la cara y éste comenzó a toser.

- ¿Estás loca? ¿Es que acaso quieres que me ahogue?

- ¿No se supone que debes de estar vigilando?

- ¿Y tú no se supone que debes de estar descansando en tu habitación?

- No tenía sueño y he salido a ver el cielo, pero está todo demasiado negro.

Sara se acabó el cigarrillo y como si fuese un acto reflejo, su mano se dirigió al bolsillo de la chaqueta y sacó el paquete de tabaco.

- ¿Sabes que el tabaco aumenta el índice de mortalidad? – le dijo Zoro de forma indiferente.

- Eso no es cierto. La tasa de mortalidad es del 100%, el tabaco tan solo provoca la muerte a una edad más temprana, pero la mortalidad va a seguir siendo absoluta, todo el mundo muere.

Ante aquella reflexión por parte de su nueva compañera, Zoro se quedó sin palabras.

- Vaya, hemos tenido una conversación normal, sin indirectas ni amenazas.

Zoro no contestó, se cruzó de brazos y cerró los ojos.

- Oh, venga, lo estabas haciendo genial – seguía sin haber respuesta – Oye, he venido a empezar de cero. Mira, si quieres mañana puedes ver cómo trabajo, puedes vigilarme y verás que no hago nada raro, así te quedarás más tranquilo.

Viendo que Zoro no decía nada, Sara apagó su cigarrillo sobre la repisa de la ventana, tiró la colilla al mar y se levantó para irse a su habitación. Cuando estaba a punto de desaparecer por el hueco de las escaleras, el espadachín le dijo:

- No solo será mañana, pienso ir todos los días. Me levanto a las 6 para entrenar, así que estaré en tu habitación a las 8, si eres una científica seria, supongo que estarás volcada en tu trabajo desde primera hora de la mañana.

- Buenas noches Zoro – Sara tenía apoyada su cabeza sobre sus brazos cruzados en el suelo y una vez que se despidió, desapareció por las escaleras dejando al espadachín completamente solo.