Capítulo 3: Deja que esta oración sea tu guía.
Pasaron algunas lunas. Sarabi -ó Sassie- como le decían de cariño, se convertía día a día en mi motivación. Sus ojos en mi esperanza. ¿¡A quién le importaba el estúpido reino de mi padre!?, Sarabi me había dicho que me quería, y eso bastaba para mi felicidad. Sarabi me había dicho además que pensaba que yo había sido muy valiente y con ello me sentía totalmente pagado. El reino de su corazón sería el único que ambicionaría yo conquistar. El único por el que valía la pena luchar.
Era una tarde como cualquier otra. Mi madre Uru, había traído el alimento. Ella me entregó un pedazo de carne y salí a comerlo a un lugar apartado, lejos de La Roca del Rey. Estaba muy centrado en mi alimentación, cuando escuché a lo lejos un fuerte llanto. Mis orejas se enderezaron y sin perder ni un segundo corrí hacia el lugar.
Dos cachorros de león de pelaje oscuro, y aspecto medio rudo, jugaban a lanzarse un pedazo de carne, mientras Sarabi había quedado en medio de los dos, brincando sin éxito para alcanzarlo.
—¡Devuélvanme mi comida! –Gritaba la pequeña leona, desesperada.
—¡Nunca! –Decían los leones burlonamente.
La pequeña Sassie tenía sus mejillas cubiertas de lágrimas. Jadeaba. Estaba muy desesperada.
Era mi oportunidad de salvarla. De impresionarla. Corrí hacia ellos buscando imponerme, y vociferé:
—¡ Déjenla en paz! ¡Yo soy el hijo del Rey Ahadi, y les ordeno que le devuelvan su comida!
—Con que esas tenemos. –Me dijo desafiantemente uno de ellos-. Nadie reta al dúo de leones "Uña Y Ruge"
—¡¿Uña y Ruge?! –Me burlé. —Pero que nombre tan ridículo.
—Nadie se burla de nosotros. –Dijo uno de ellos, enfurecido. —¿Entonces eres el hijo del Rey? ¡Muy bien! veamos lo que "El hijo del rey" puede hacer. —Acto seguido se lanzó sobre mí. Ambos comenzamos a pelear. Como éramos cachorros no nos hicimos mucho daño en realidad, sin embargo ambos terminamos con leves arañazos en la cara.
Sarabi miraba con horror nuestro enfrentamiento.
— ¡Dejen a Taka! –Suplicó.
— ¡Ay, sí! ¡Dejen a Taka! –La imitó con sarcasmo el cachorro con el que yo no estaba peleando -¡Ah, que tierno! –Después se dirigió a mí – Eres tan patético que una niña debe salir en tu defensa.
Después se acercó a Sarabi invadiendo su espacio personal.
"Mira como despedazamos a tu amiguito."
Entonces, el cachorro con el que no luchaba se metió en la batalla también. Dos contra uno no debía significar nada. Yo era un león, por lo tanto, debía ganar, así me pusieran enfrente a cien de ellos. Ó al menos, eso era lo que pensaba.
Tan pronto como se metieron en el pleito, comencé a sentirme agotado e impotente, pues iba perdiendo. Uno de los cachorros me derribó. Me sentí muy humillado. Yo solo quería defender e impresionar a la cachorrita de la que me había enamorado, pero en vez de eso, sólo estaba quedando en ridículo. Uno de ellos me dio un golpe tan fuerte que caí rodando al suelo, levantando polvo.
—Eso te enseñará a no meterte con nosotros—. Me dijo, mientras el otro me sometía al suelo colocando una pata sobre mi cuello, no permitiéndome respirar bien.
— ¡Suéltame! –Supliqué con dificultad.
— ¡Ay, Ay! –Se burlaba el que me sostenía. —Suéltenme, suéltenme. Serás el hijo del rey Ahadi, pero eso no te quita lo patético.
"Y así te dices el "Hijo del rey Ahadi" —Se burló el otro socarronamente. — ¿No serás más bien "El hijo del rey desastre"?
"Eso no es un rey." Se mofó el otro. "Es sólo una cobarde cebra."
Ambos reían con maldad. En el mundo de los leones, llamarte "cobarde cebra" se considera una gran ofensa. Ante estas palabras sentí mi orgullo totalmente degradado.
Después, el cachorro que me ofendió volteó a ver su otro compañero. Le hizo una seña y se echaron a correr, llevándose el alimento de Sarabi.
"Hasta luego 'Su majestad'" – Dijeron al unísono de manera burlesca, para después echarse a correr, retirándose.
- ¡Vuelvan acá! –Grité por último. —Eso es de Sarabi.
Pero ellos ya se habían ido. Yo seguía tirado en el suelo, tosiendo y adolorido. Pero lo peor no era eso, sino la sensación de humillación y el ridículo que había hecho en presencia de Sarabi.
Sarabi se acercó a mí, lentamente.
—Taka... Yo...
—No digas nada, Sassie. –Le contesté de manera brusca. -Ambos tienen razón. No sirvo para nada. No soy más que una cobarde cebra.
—No, Taka. Eso no es…
-No trates de consolarme. –Le dije. Mi voz seguía sonando violenta, —Me voy.
Sassie agachó sus orejas, sin saber qué más decir. Yo me alejé de ella lentamente, encaminándome de vuelta a La Roca Del Rey.
De camino a casa, solo me dediqué a llorar de rabia, de impotencia. Había quedado como un tonto a los ojos de Sassie. Me introduje a la cueva real. Mi madre Uru estaba recostada en el suelo.
—Taka, ¿Estás bien, hijo mío? –Me preguntó. -¿Qué tienes?
-Nada.- Le contesté secamente y con agresividad, sin siquiera levantar la cabeza, pues no quería que me viera llorar. Le di la espalda y caminé unos centímetros tratando de alejarme de ella mientras intentaba detener mi llanto, pero ella fue insistente y se me acercó de nuevo.
-Vamos Taka, te conozco desde que naciste, y sé que no estás bien.
Sus ojos verdes me miraban con ternura. No podía negarme a ellos, así que doblegando mi orgullo me acerqué a ella.
Mi madre parecía adivina; sólo bastaba que yo la mirara para que ella intuyera mi estado de ánimo.
— Ven aquí mi pequeño. –me dijo mientras permitía que yo colocara mi cabeza en su abdomen. Sentía su respiración; cálida y apacible. Me reconfortaba de sobremanera.
Fue cuando ya no pude seguir ocultándolo más, y las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Me sentía muy mal.
—¿Por qué lloras, hijito de mi vida?
—Siento que nadie me va a querer. Soy débil y cobarde. Nadie podría querer a un león así.
Mi madre me miró amorosamente. Con aquella característica luz y ternura que destilaba de sus verdes ojos. Acariciando mi cabeza con su lengua, me dijo:
—¡Oh, amor!, no te preocupes. Eso nunca debe preocuparte porque, quien te ame lo hará por quien eres, y nunca por lo fuerte y valiente que seas. Quien te ame de verdad, se enamorará de tu alma, no de tu exterior.
Mi cabeza bajaba y subía, al compás de los movimientos de abdomen provocados por la respiración de mi mamá. No podría estar más seguro, en ningún otro lugar.
— Aiheu, nuestro Dios, siempre provee –Me dijo mi madre, rompiendo el silencio. –ÉL sabe lo que cada uno necesita. Y a todos los leones, tarde o temprano nos da la fuerza y valentía que requerimos para poder sobrevivir en este mundo. Tú eres un cachorro. Cuando seas grande, serás tan valiente y fuerte como tu abuelo Mohatu1 lo fue en su momento.
Aiheu Provée, Había dicho ella. A lo largo de mi vida, ocurrirían sucesos que me harían dudar sobre la veracidad de estas palabras.
—Tu padre, tu hermano y tú son los regalos más hermosos que Aiheu me ha dado. Ustedes son la prueba de que Él realmente provée.
—Te quiero mamá. –Le dije, frotando mi cabeza con ternura sobre su abdomen.
—Y yo te amo, mi pequeñito. –Respondió con ternura mi madre. –Ahora, te enseñaré una canción, que mi madre Vitani2, me enseñó cuando era pequeña.
Aunque no parezca, habla del amor más especial de todos. Tu hermano Mufasa no conocerá esta canción porque esta será mi regalo especial para ti. Y cuando yo me haya ido, la cantarás con fuerza, que yo acudiré a ti en tu hora de necesidad.
"Si te sientes perdido,
Y el viaje te arrastra y te pierde
Deja que esta oración sea tu guía,
No puedo quedarme aquí para siempre, hijo mío
pero recuerda que yo siempre guiaré tu camino.
Y si el viaje se te hace largo y difícil,
Y si el viaje te arrastra,
Deja que esta oración sea tu guardiana, hijito de mi vida,
A pesar de que el destino te lleve muy lejos
Recuerde siempre que seré tu eterna compañía
Los cantos de mi madre reconfortaban mi espíritu. Se sentía como una suave caricia atravesando mi alma. Y en medio de la paz que me transmitía, poco a poco comencé a quedarme dormido.
1 Hay siempre ente los fans de El Rey León y sus misterios, disputa sobre si Mohatu es padre de Uru/Akase o de Ahadi. Según mis investigaciones, todo apunta más a que Mohatu es padre de Uru/Akase y por tanto yo lo manejaré aquí de esta manera.
2 Según esta versión los padres de la madre de Scar y Mufasa; Uru, serían el Rey Mohatu y La Reina Vitany y, por tanto en honor a esta última, la hija legitima de Scar llevaría su mismo nombre.
