Capítulo 4: Tan valiente como el Rey Miyao.
A la mañana siguiente, desperté muy contento. Salí a explorar el reino. En ese momento sentí que alguien estaba detrás de mí.
— ¡Espera, Taka!
Me volví hacia atrás. Sarabi corrió hacia mí. Sentí mi corazón contraerse de felicidad.
—Sassie, bonita, ¿Qué estás haciendo?
—Hoy el viejo Ralafaki me contó una historia.
—¿En serio? —Pregunté—, ¿sobre qué?
Sarabi sonrió.
—Sobre un peculiar león llamado Miyao. De cachorro se crió con cebras y se volvió tan cobarde como ellas. Cuando creció conoció a una leona llamada Yuein de la cual se enamoró profundamente. Un día esta leona estaba a punto de ser devorada por enormes cocodrilos, y cuando Miyao vio que ella corría peligro algo cambió en él. Adquirió desde el fondo de su corazón una gran valentía producto de su amor por ella. Entonces se lanzó al pantano y combatió a los cocodrilos, rescatando a Yuein de las garras de la muerte.
—¡Vá!¡Por favor! –Esa historia es la más increíble del mundo– Me burlé-. ¿Cómo podría un león vencer a tantoos cocodrilos juntos?
—Bueno, por algo es una leyenda. —contestó Sarabi. –Además, yo no creo que sea tan irreal.
—¿Por qué no? –Pregunté.
—Porque yo creo –Comenzó a decir —Que algún día serás tan grande y valiente como el rey Miyao.
Me ruboricé, y le Pregunté con una sonrisa.
—¿En serio lo crees?
—Por supuesto; Un día, tú serás mi héroe.
Justo en ese momento, escuchamos unas risas malvadas provenientes de unos arbustos. Reconocí al instante a quienes pertenecían. La voz maliciosa de un cachorro de león se dirigió hacia mí para decirme:
—Nos volvemos a encontrar, cebra cobarde.
El dúo de cachorros llamado "Uña y Ruge" estaba enfrente de nosotros. Sentí un escalofrío rodear mi cuerpo.
—Otra vez ustedes. –Dije con desdén, pero ocultando mi temor. —¿Qué es lo que quieren?
—Esta vez, venimos por esa preciosidad. –Dijo uno de ellos, señalando a Sarabi.
— ¡Ah, no! –Exclamé. –A Sarabi no le harán daño. No, si yo estoy aquí.
—Veamos que puedes hacer por ella gran héroe–Dijo uno de ellos, pronunciando de manera despectiva las últimas dos palabras.
Después ambos leones se lanzaron sobre mí. De nuevo comenzamos a pelear. Me agoté muy rápido debido a que eran dos. Así que tomé una humillante decisión; Huir.
Ambos cachorros comenzaron a seguirme. Sus ojos destellaban con rabia.
"¡Me matarán!" pensaba entre mí.
Los conduje a una oscura cueva. Yo me salí de ella por un atajo que conocía muy bien, pero que ellos por obvias razones no.
—Está muy oscuro aquí –dijo uno de ellos.
Un extraño sonido los estremeció. Después escuché un grito.
— ¡Serpientes!
Ambos cachorros salieron despavoridos de la cueva, mientras yo observaba divertido el espectáculo.
Después de eso, Sarabi y yo jamás volvimos a ver a la pandilla "Uña y Ruge". Me burlaba de ellos muy feliz, hasta que mi mente reaccionó.
—¡Sarabi! –Pensé—. La dejé sola.
Pero entonces, la vi acercarse hacia mí.
—Lo vi todo— me dijo—, dentro de tu temor, lograste ser tan valiente como el rey Miyao.
— ¿En serio lo crees?
—Sí. –Admitió, mirándome con aquellos cautivadores ojos.
Sarabi colocó una pata encima de la mía. Yo sentí como si la sangre se me hubiera ido a las patas. Mi corazón se aceleró al máximo y comencé a sentirme muy nervioso, pero a su vez muy feliz.
—Ya lo verás, –le dije-. Algún día yo seré el león que te defenderá y protegerá de todo mal.
—Yo sé que lo harás –me dijo, para después, soltarme un cálido beso con su lengua, en mi mejilla. Me quedé paralizado de la emoción.
—Debo irme ya –Dijo ella, y se fue corriendo a casa.
Yo me sentía extasiado. Feliz. Miré al cielo, perdiéndome en su inmensidad. Sarabi. ¡Oh, Dioses! ¡Bastaba solo pronunciar su nombre para sentirme vivo!, era tal mi felicidad que me prometí una cosa: apenas creciera mi melena, le entregaría mi corazón. La haría mi leona y ella sería la razón de mi vida.
Me sentía afortunado; Un bello ángel se había apiadado de mi solitaria alma...
