Nuevo capítulo, espero que lo disfruten. Sé que es un coñazo cuando lo piden, pero si les gusta o les disgusta, agradecería que comentasen, siempre es bueno obtener críticas tanto buenas como constructivas para una historia.
Igualmente, gracias por leer.
- ¡Sara! ¡Sara! ¡DESPIERTA, SARA!
Obviamente, esos semejantes gritos y semejantes portazos en la puerta, consiguieron despertar a Sara. Con todo el pelo enmarañado y los ojos aún pegados por el sueño se dirigió camino a la puerta. Al abrirla se encontró que un chico alto y pelo verde la miraba algo cabreado.
- Llevo como 15 minutos llamando a tu puerta, ¿cómo puede ser que no te hayas enterado?
Entonces al darse cuenta de cómo iba vestida, se le quedó mirando de arriba abajo.
- Estás hecha un desastre, vístete y ponte a trabajar, acordamos que te vigilaría.
Fue entonces cuando Sara se fijó, como anoche había tenido algo de calor, tan solo llevaba puesta una camiseta de la talla XXL de manga corta que le llegaba por encima de las rodillas y dejaba al descubierto algo que no le apetecía nada que nadie viese por ahora. Se percató de que Zoro no paraba de mirarle los brazos y el hombro descubierto.
- ¿Qué hora es? – dijo con voz ronca a la vez que se rascaba la cabeza para desviar su atención.
- Son las 8:20, así que vamos, te quiero vestida en 10 minutos.
- De acuerdo, dame media hora – dijo mientras le cerraba la puerta en las narices.
Giró sobre sus talones y se dispuso a ir de nuevo hacia la cama, se tiró en plancha y se quedó sobada de nuevo. Obviamente, la paz no duró mucho, en 10 minutos Zoro abrió la puerta de una patada.
- Sabía que harías esto.
La cogió del brazo de forma brusca y la zarandeó una y otra vez.
- ¡Suéltame! ¡Estate quieto! ¿Qué cojones crees que haces?
Sara forcejeaba pero no podía hacer nada contra la fuerza bruta que tenía el espadachín. Sin previo aviso para Zoro, ésta le dio un puñetazo en toda la cara con la mano que aún le quedaba libre.
- Joder… ¿De dónde has sacado esa fuerza?
Sara aún cabreada y algo mareada, se sentó en la cama para terminar de ubicarse en la habitación.
- En situaciones difíciles, las personas adquieren una fuerza asombrosa. Odio madrugar y aún más que me despierten de forma desagradable.
Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta de su habitación, la abrió y señaló hacia fuera con el dedo índice.
- Fuera.
- ¿Cómo que fuera? Tú misma dijiste que querías empezar de cero, pues sé agradable conmigo, acabas de darme un puñetazo que casi me rompes la nariz – decía cabreado Zoro.
Sara tenía los ojos y el puño derecho cerrados con fuerza intentando no perder la calma, si no fuese por el guante negro de cuero que siempre cubría esa mano, la científica se habría clavado las uñas en la palma. No sabía ni siquiera por qué intentaba llevarse bien con él.
- Está bien – dijo respirando hondo – He quedado a las 10 con el doctor Chopper para hacerme un chequeo rutinario, obviamente no vas a acompañarme a la consulta y como tengo que vestirme, te pido que te vayas y después de mi visita con Chopper iré a buscarte y comenzaré mi trabajo. ¿Estás de acuerdo?
- Me parece bien, aunque si te hubieses levantado a tu hora y no fueses una vaga, no tendría que haber tomado medidas drásticas – dijo mientras salía por la puerta rabioso.
- Si si, admito mi parte de culpa, ahora vete.
Una vez fuera, Zoro iba a decir algo, pero antes de que lo hiciese, Sara le cerró la puerta de un portazo. El chico se quedó mirando la puerta con una sonrisa triunfal, había disfrutado sacando de quicio a la científica.
- Tiene un buen derechazo… menudo carácter – pensaba en voz alta a la vez que se frotaba la nariz.
Ya eran las 10:15 de la mañana, Sara iba corriendo como podía por los pasillos mientras que intentaba ponerse las botas, en un intento de encajar el pie derecho en ésta, perdió el equilibrio y cayó hacia delante dándose un cabezazo contra la pared. El porrazo sonó en 20 metros a la redonda, seguro que le acababa saliendo un chichón bien grande.
Alguien abrió la puerta que estaba al final del pasillo, seguro que había sido el golpe lo que había hecho a esa persona salir de su camarote.
- ¿¡Pero qué ha pasado!?
El renito salió al pasillo cuando escuchó el golpe. Sara estaba tirada en el suelo y tan solo con una bota puesta.
- Llegaba tarde y bueno...
- No te preocupes, venga – Chopper la ayudó a levantarse.
Sara entró cojeando en la consulta con la ayuda del doctor.
- Siéntate en la camilla y déjame ver ese tobillo – Chopper se subió a un taburete para estar a la altura de la chica y cogió delicadamente su pierna – No es nada, tan solo se te ha inflamado del golpe, te lo vendaré y si descansas lo suficiente, mañana podrás andar con normalidad.
- Gracias, doctor.
- Bien, ahora te sacaré sangre, espero que no te den miedo las agujas.
Chopper cogió una jeringuilla y sacó una muestra de sangre, obviamente el brazo de Sara no pasó desapercibido para el renito.
- Fue en mi época de rebeldía, una locura de adolescentes.
- Son bonitos – dijo Chopper con una sonrisa – Ahora quítate la ropa, te pesaré, mediré y… ¡Tienes todo el cuerpo!
Sara se había quitado la camiseta dejando ver su torso, tenía todo cubierto de tatuajes. El tatuaje cubría todo el brazo izquierdo, subía por el hombro y este se extendía hasta cubrirle el escote y ombligo. El tatuaje llegaba hasta algo más abajo del hombro derecho.
- Te he dicho que fue en mi época de rebeldía. Con 15 años perdí el norte e intenté encontrarme a mi misma… Elegí una manera muy curiosa de hacerlo.
- Y… ¿tu otro brazo? – Chopper se acercó a Sara y le quitó el guante que cubría su mano, examinando el brazo desnudo – ¿Qué te ha pasado? ¿También fue una locura de adolescente?
Chopper observaba con preocupación el brazo no tatuado de Sara. Éste tenía una enorme cicatriz, empezaba entre el dedo corazón y el índice, llegaba hasta la muñeca y subía hasta el codo rodeando el antebrazo una vez.
- Bueno… trabajar con bombas puede suponer a veces un peligro.
- Esto no te lo has hecho con una bomba, una explosión te provoca una quemadura. Sara, soy doctor, no me puedes engañar, te han intentado rajar el brazo.
- Tan solo fue una rajita… una rajita grande… pero no fue profunda, me dieron unos puntos y a los pocos días estaba como nuevo.
- ¿Dónde te lo hiciste?
- Fue una pelea hace un tiempo.
Viendo que Sara no le diría nada, Chopper dejó de preguntar sobre su cicatriz. Terminó el chequeo y dejó que se fuera.
La chica andaba con dificultad apoyándose en la muleta que le había dado el pequeño reno, el reconocimiento había durado demasiado. Eran ya las 12, llegaría a su habitación y se tumbaría un rato hasta la hora de la comida.
- ¿Qué haces ahí sentado? – preguntó Sara.
- No quería correr el riesgo de que no me avisases después de tu consulta, así que decidí venir aquí a esperarte.
Su plan de descansar se había ido a la mierda, ahora tendría que ponerse con el dichoso trabajo.
- Está bien, entra.
- ¿Qué te ha pasado? – preguntó Zoro al ver que cojeaba.
- Me he caído, pero no es nada, Chopper dice que mañana podré caminar.
Los dos tripulantes entraron a la habitación, Sara se sentó un momento en la cama para descansar el pie, se quitó la chaqueta y cogió su bata blanca de trabajo.
- ¿Puedes cerrar la puerta?
- ¿Cerrarla? ¿Por qué?
- Me gusta trabajar con la puerta cerrada. Así que cierra, por favor.
Zoro cerró la puerta y Sara se dirigió al enorme ventanal y corrió las cortinas para dejar entrar más luz.
Estuvo hasta las 2 del mediodía trabajando. Nami le había dicho que tardarían como una semana en llegar a Rothen, tenía tiempo de sobra para terminar el dispositivo, así que iba con calma.
En las dos horas que estuvieron juntos, Zoro no dijo ni una sola palabra, de hecho, Sara llegó a pensar que se había dormido.
- No sé para qué quiere estar aquí si luego se duerme. Podría volar el barco y él ni se enteraría – susurró Sara mientras se quitaba la bata y la colgaba.
- Antes de que volaras el barco te rajaría el otro brazo sano.
- Que amable por tu parte.
"Toc toc toc"
- Mi preciosa y dulce científica, tu deliciosa comida está lista – canturreó mientras abría la puerta – Y la tuya también marimo – dijo mirando con desprecio a Zoro
- Gracias Sanji, estaremos en 5 minutos.
Sanji desapareció.
- ¿Esta tarde también trabajarás?
- ¿Y si no lo hago qué? ¿Me rajarás el otro brazo?
Según terminó la frase, Sara salió de la habitación y desde el final del pasillo le gritó a Zoro:
- ¡Cierra la puerta cuando salgas!
Llevaban media hora en la cocina y ya habían empezado a comer. Afortunadamente para Sara, Roronoa aún no había aparecido por allí, podía tener una comida tranquila. A pesar de que había intentado parecer indiferente a la amenaza del espadachín, lo cierto es que le había dolido, pensaba que las cosas podrían ir mejor y llevarse medianamente bien con él, pero estaba claro que se equivocaba.
Por otra parte, Zoro estaba en la cubierta durmiendo, como de costumbre.
- ¡No seas vago! Siempre estás durmiendo, excepto cuando estás entrenando. Hoy ni siquiera has ido a comer.
La voz aguda y chillona de Nami había sobresaltado al espadachín.
- ¿Mmm…? ¿Qué quieres Nami? – preguntó todavía adormilado.
- Sanji ha guardado algo de comida para ti, así que ve y come.
- ¿La comida?
Vaya, al parecer se había quedado dormido cuando se sentó en la cubierta a mirar el cielo. Lo cierto es que no tenía demasiadas ganas de tener que estar en la misma mesa que la científica-explota-barcos. Sabía que había sido algo brusco con ella, pero aún así se sentía un poco culpable.
-Sara, no tienes por qué ayudarme, puedo arreglármelas solo. Además, seguro que tienes trabajo que hacer.
Justo cuando Zoro estaba a punto de entrar en la cocina, pudo distinguir la voz de Sanji y Sara manteniendo una conversación, al parecer, ésta intentaba ayudar en la cocina. Sin saber por qué lo hacía, el espadachín se quedó en la puerta escuchando lo que decían. Era una conversación de lo más normal, Sara parecía agradable. Entonces escuchó cómo se despedían y Zoro, con cierta prisa, intentó largarse de allí y disimular.
- ¿Qué hacías detrás de la puerta?
- Bueno, me he quedado dormido en la cubierta y Nami me ha despertado, así que vengo a comer – le respondió Zoro intentando aparentar indiferencia.
- Eso no responde a mi pregunta. ¿No sabes que es de mala educación escuchar detrás de las puertas? – Sara había puesto sus manos en sus caderas a modo de jarra – Al igual que amenazar a alguien con rajarle el brazo.
Había hecho especial hincapié en la última frase y viendo que no tenía ninguna respuesta por parte de Zoro, Sara optó por seguir su camino pasando por su lado. Cuando ya había dado un par de pasos y le estaba dando la espalda, lo escuchó.
- Lo siento.
Sara se dio la vuelta para mirarlo y asegurarse que había sido él quien se había disculpado, y de ser así, que no se estuviese riendo de ella.
- Lo siento – volvió a repetir – Siento lo que te dije antes.
Sara frunció el ceño e intentó buscar alguna pista de que en realidad el espadachín se estuviese riendo de ella, pero parecía que sus disculpas eran sinceras.
- Voy a ponerme a trabajar ahora, puedes pasarte por allí.
Entonces se dio media vuelta y siguió camino a su dormitorio.
Sara estaba tan concentrada corrigiendo sus informes que no se dio cuenta de que justo en frente de ella estaba el espadachín.
- Hola.
Sara dio un respingo en su silla y le devolvió el saludo.
- Lo siento, no quería molestarte.
Ella no dijo nada, siguió con su trabajo y observó por el rabillo del ojo como Zoro se sentaba a los pies de su cama y se ponía a limpiar sus katanas con sumo cuidado.
La tarde pasó rápida y tranquila, no hubo palabra entre ambos individuos. Zoro de vez en cuando la miraba, otras echaba una cabezadita y otras se quedaba mirando a la nada, Sara por su parte, intentaba encontrar la solución a su problema en una gran montaña de papeles sin obtener ningún resultado.
- ¿Siempre sacas la lengua? ¿Es algún tipo de tik? – le preguntó de repente Zoro.
- ¿Qué? – Sara levantó los ojos de su papel y se quedó mirándolo extrañada.
- Cuando estás concentrada sacas la lengua, me he estado fijando.
- Nunca me lo habían dicho.
Sara estaba sorprendida, nunca se había dado cuenta de que sacaba la lengua, nadie había reparado en eso, y tuvo que venir un espadachín dormilón y gruñón a decírselo.
Bajó su mirada a sus papeles y dio un largo suspiro.
- Si tienes algún problema, Franky entiende de esos símbolos, es ingeniero.
- Esos símbolos son números – torció la boca mirando al espadachín – puede que tengas razón, creo que iré a preguntarle.
- Ya es tarde, ¿por qué no lo buscas mañana? La cena estará pronto.
Justo se pudo escuchar las tripas de Sara gruñir y ésta se puso totalmente roja.
- Vale… será mejor que subamos a cenar.
La tarde en general había sido buena. Habían mantenido algo así como una conversación, no habían discutido y ambos habían sido agradables, incluso él había tratado de ayudarla. Puede que la cosa al final no fuese tan mal como la científica y el espadachín pensaban.
- Gracias – murmuró Sara.
- ¿Por qué? – le preguntó extrañado Zoro.
- Por sugerir que hablase con Franky, no había pensado en él.
Zoro volvió la cabeza al frente, pero Sara pudo distinguir algo parecido a una sonrisa torcida en su rostro.
