Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de mi autoria.


Por mayoría de votos, este es el outtake ganador.


Outtake

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Edward/Bella

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—Tengo un trabajo para ti. —murmura Edward en su oído, un soplo de viento le eriza la piel. Le gusta cuando él aparece de la nada, sobresaltándola— En verdad, es un trabajo para los dos.

Bella deja un momento de podar las flores y levanta el rostro hacia él. Rayos de sol se cuelan por el cabello cobrizo de su chico.

—Mientras no sea repartir pizza, todo bien.

No tiene una buena experiencia repartiendo pizza. Duró dos días en aquel trabajo. Se equivocó y entregó una pizza de carne a un cliente vegetariano.

Edward suelta una risita.

—No, esta vez es diferente. —asegura, quitándole tierra mojada del rostro— Cumpleaños de niños. La paga es buena y solo son tres horas el sábado.

Bella hizo la cuenta. El sábado no tiene que trabajar, pero odia los cumpleaños de niños.

—¿En serio?

—¿No te llama la atención?

Lo cierto es que cualquier cosa que signifique trabajo es importante para ella, así que trabajar con niños no debe ser la excepción, por mucho que le fastidie.

Edward la pilla desprevenida en un beso, el cual responde efusivamente con la pala para cavar en una mano. Olvida las flores y el trabajo nuevo por un momento, dejándose llevar por sus labios y caricias. Tiene la tentación de lanzarse junto a él sobre el césped, rodar y tal vez algo más, pero no creo que a Mars le haría gracia. El corazón le late deprisa. Necesita dejar de pensar en sexo cada vez que él está cerca.

Se aleja unos centímetros y niega con la cabeza. Edward hace un mohín, y ella se ríe porque acabaron pensando lo mismo.

—Largo de aquí. —susurra ella sin ganas— Déjame terminar esto.

—¿Te veo el sábado entonces?

La vuelve a besar, ahora siendo consciente de su cercanía.

—Nos vemos el sábado —asegura.

Se va haciendo un puchero y ella retoma su atención a las flores. Sus brazos están llenos de tierra y siente el desagradable olor a césped en su nariz. Su fuerte no es podar flores, pero no puede dejar que Mars lo haga si tiene dolor de cadera. La mujer es anciana y porfiada, así que Bella no va alimentar su terquedad llevándola a Urgencias por un hueso roto. Y ella sí que sabe de huesos rotos. Esos dos términos vienen de la mano con el rostro de Edward. Sonríe para sí misma. Se puede decir que gracias a un hueso roto lo conoció.

Ella estaba con el hombro dislocado cuando él entró a la consulta de su madre. La doctora Cullen trataba de devolver ese hueso a su lugar, y Edward estaba a punto de desmayarse. Si para aquel entonces hubiese sabido que ese chico tan gallina terminaría siendo su novio, se hubiese roto el otro hombro de tanto reírse.

Esme le pidió que la llevara a casa, y ambos se miraron como si acabasen de decirles que comerían frijoles por el resto de su vida. Bella no le conocía. Edward no le conocía. Trató de excusarse diciendo que se sentía bien, sin embargo, la doctora fue rotunda en mencionar el medicamento que le haría desvanecerse en cualquier minuto. No quería desmayarse en plena calle. Suficiente humillación sufrió intentando trepar el árbol de su casa y darse de bruces al suelo. Aunque tarde se enteró que lo del medicamento fue una excusa para la señora Cullen deshacerse en ese minuto de su rebelde hijo. Sin eso, tal vez ahora no estaría enamorada hasta los pies.

—¿Terminaste con eso, Belly? —inquiere Mars desde la cocina.

Mars es su tía abuela, la única familia directa que tiene. No hay nada en su vida dónde Mars no esté, así que es lo único materno que ha tenido desde pequeña. Su padre nunca fue partícipe de su vida. Su madre murió. No tiene tíos ni primos. Solos Mars y ella contra el mundo. Por un lado, es fácil convivir con una sola persona; no hay muchos gastos, pero con el tiempo se ha vuelto monótono. Está acostumbrada a la soledad, a pensar de forma independiente. Sin embargo, tiene que admitir que a veces le hubiese gustado ser parte de una familia grande. Las familias grandes se hacen compañía.

—Casi termino, Mars. —grita para que la escuche. Su sordera cada vez es peor, así que intenta elevar la voz dos octavas más fuerte— Dame cinco minutos.

—Bien —grita la anciana devuelta— Hay tarta de zarzamora en la nevera.

Se le hace agua la boca. Se apresura a juntar la tierra alrededor de las flores y riega. Limpiándose las manos, hace el último arreglo antes de entrar a casa.

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—¿De nuevo hamburguesas?

Bella teclea en la caja registradora, mirando bajo sus largas pestañas a Edward. Es la quinta hamburguesa que va de la semana.

—Son saludables… traen lechuga y tomate.

Vuelve la atención a los números, ignorándole. Edward le entrega el billete. El vapor sale de la hamburguesa y parece que fuese el paraíso para él. Desde que trabaja en Burger King ella ya no come hamburguesas. Le asquea el olor a fritura y mayonesa. Por eso siempre trae comida de su casa. Pero Edward no ayuda comprándole cada vez que viene.

—Amor, deja de fruncir el ceño. —dice él.

Bella le saca la lengua.

Toma su hamburguesa y busca un asiento cercano a la caja registradora. Podría acompañarle si el lugar de pronto no empezase a llenarse. Toma una bocanada de aire. A veces se confunde y cobra de más. A veces se le olvida preguntarles su nombre. Son tips que sus compañeros le han estado dando desde que empezó.

—Buen día. Bienvenida a Burger King. ¿Qué desea llevar?

Esa frase es lo único que se ha memorizado en su cabeza.

—Quiero la promo del día, por favor.

—No hay problema. —la chica le entrega el dinero y ella agita los dedos en el teclado efusivamente, logrando darle el vuelto en menos de un minuto. Se siente orgullosa. Arranca la boleta y el boli de su bolsillo— ¿A nombre de quién?

—Rosalie —contesta.

Bella anota el nombre y lo deja sobre la bandeja, luego levanta la mirada hacia la chica, que lee su nombre de etiqueta. ¿Tal vez hizo algo mal y entonces se quejará con su jefe? Cada vez que la gente lee su placa piensa en eso.

Edward la espera en el estacionamiento terminando el turno. Le da un buen susto escondiéndose detrás de la cabina de seguridad. Lo intenta golpear con la cartera, pero Edward es rápido y pronto está rodeándole con los brazos.

—Voy a gritar si no me sueltas.

—¿Vas a hacer un berrinche? ¿A tu edad?

—¿Qué tienes contra mi edad?

—Nada. Pero no puedes hacer un berrinche a los 21.

—Como sea. —le pellizca la nariz con los dientes— ¿A dónde vamos ahora?

—¿A tu habitación?

—A Mars no le gusta que estés en mi habitación de noche.

—¿Y quién dijo que Mars se iba a enterar?

Sonríen con malicia.

Aprovechan que Mars es sorda. Bella se despide de la anciana diciendo que subirá un poco el volumen de la música. Como la mujer no escucha, no tiene problemas. Ni siquiera duda un segundo. Bella corre a la habitación y silva, logrando que Edward salga pavoroso del armario, mientras ella le pone seguro a la puerta. Se miran entre los dos. Ella se lanza encima de él enredando las piernas en su cadera, y por la fuerza de su choque terminan cayéndose sobre la cama.

Nunca han tenido sexo. Lo piensan, lo intentan, pero nunca lo han hecho. No pasan más allá de un roce de ropas, manoseos, caricias. Es la única forma que en dos años han tenido para llegar al orgasmo. Es un acuerdo tácito entre ambos. No es que no quisiesen, porque quieren, solo esperan que ese día ninguno de los dos tenga dudas.

Edward jadea sobre la cama, respirando con dificultad.

—Eso fue… —no tiene tiempo a explicar la sensación embriagadora cuando sienten ruidos de pasos en la habitación contigua— ¿No era que Mars es un tronco al dormir?

La música sigue su ritmo y Bella abre mucho los ojos.

—Mierda.

—¿Qué?

—Son las dos de la mañana. —dice, bajándose la blusa— sus medicinas… las tengo yo.

Se mueven rápidamente. No alcanzan a hacer mucho cuando Mars toca la puerta de su habitación.

—¿Qué hacemos? —pregunta Edward, arreglándose el cabello desordenado.

—Rápido, por la ventana.

—¡Qué!

—¡La ventana! —exclama bajito.

—Pero… pero… el armario.

—No. Mars lo notará si entra, es demasiado intuitiva con la vista. Si no bajas ahora, te escuchará más tarde y se armará la grande. Vamos, date prisa. —ruega, empujándolo— Bebé, por favor. —reparte besos pequeños— Lo siento.

Edward suelta un suspiro, haciéndose el valiente.

—De acuerdo. —la vuelve a besar— Te veo mañana.

—Te amo —murmura Bella deprisa.

Antes de salir por la ventana, él le lanza un beso.

Por suerte, Edward llega vivo al suelo.

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El trabajo del sábado termina siendo exhaustivo. Tanto Edward como Bella no saben qué hacer con tanto niño. Su trabajo es decorar el lugar con globos, asegurarse que ningún niño se rompa un hueso y servir el pastel. El problema es que llevan apenas una hora y se han caído diez. El sudor cae por la sien de Edward, intentando que la bandeja de gaseosas no se derrame encima de ninguna cabeza.

Bella se ha ido a esconder detrás de los juegos un momento para descansar. La paga es buena, pero el trabajo es de mucha responsabilidad.

Si tuviese clara su postura de lo que quiere estudiar, entonces no tendría que estar de trabajo en trabajo. A diferencia de Bella, él sí puede permitirse los estudios, porque sus padres han trabajado toda su vida para este momento. Bella, en cambio, su tía Mars solo recibe el sueldo de jubilación, que es poco, y no obtuvo este año ninguna beca, por lo que no tiene opciones.

Después de dejar las gaseosas sobre la mesa, tiene tiempo de sobra para asegurarse que Bella se encuentre bien. Sin embargo, la encuentra riéndose con Alex, otro de los trabajadores.

—Yo tengo cinco hermanos pequeños. —dice él.

Bella se apoya en la baranda del juego, limpiándose el rostro rojo de cansancio. Se ríe por algo que ha dicho Alex y éste le aparta una mecha de pelo, lo que la deja sorprendida.

—Tenemos que servir el pastel. —dice Edward con frialdad.

No le dirige la palabra a Bella en lo que resta de cumpleaños. Los niños siguen cayéndose al suelo. Cuando la jornada termina, no caben de felicidad. Alex se despide de ambos con un abrazo afectuoso.

Él camina hacia el coche dejándola a ella atrás.

—Ah, carajo. —se queja Bella— ¿Estás enojado conmigo?

No puede evitar sentirse celoso. Es celoso por naturaleza, pero si Alex fuera feo a lo mejor no fuese tan exagerado. Con respeto a los feos, piensa.

—No —intenta mostrarse mejor. No quiere enojarse con ella— ¿Quieres irte a casa?

—Edward, a mí no me engañas.

Ella asoma una sonrisa torcida. Maldita sonrisa torcida que lo vuelve loco. Apunta la llave al coche. De pronto, los brazos de su amada se envuelven en su espalda y reparte besos por su cuello. Sabe que los besos en el cuello lo llevan al límite.

—¿Sigues enojado?

—Detente.

No lo hace. Mordisquea su cuello a sabiendas que se encuentran en plena calle.

Un auto blanco se detiene frente a ellos, y Bella se aleja entre risas. Unos segundos más tarde, el auto se marcha.

—Deberías haberte visto la cara. —se ríe a carcajadas— Estamos hablando de Alex… ¡Alex! Su historial de chicas me produce náuseas.

—¿Lo conoces?

—Éramos compañeros en la secundaria. —explica casual— No te pongas así.

En los dos años que lleva de novio con ella, nunca se ha sentido tan inseguro de perderla. Tiene veintiún años. Su madre piensa que es demasiado joven para proyectarse tan pronto, pero él no se imagina nada que no sea con ella. Alice dice que eso es romántico y a Emmett no le interesa el amor, así que se reserva la opinión.

Poco a poco se siente menos cabreado. Un golpe de frío los empaqueta y ella se abraza a él mientras abre la puerta del coche.

Se van a casa de Edward. A Esme no le importa que Bella esté en su habitación. Tiene demasiadas preocupaciones con su hija Leticia de cuatro años como para estar pendiente de lo que hacen o dejen de hacer. Su padre les lleva un poco de helado y galletas, así que ahora están de espaldas en la cama, mirando al techo.

—No quiero volver a tener nada que ver con niños por mucho tiempo. —gruñe ella.

—¿No te gustan los niños?

—Me gustan, pero son estresantes.

—Bueno sí, Leticia lo es.

—¿Ves?

—¿No quieres tener hijos?

—Sí

—Yo también.

Voltean el rostro hasta quedar frente a frente. Los ojos de Edward son del mismo color que el de Bella, pero por alguna razón le gustan más los de ella.

—Me gustas tú también. —confiesa Edward, preso en su mirada.

—Y tú me encantas. —fue su turno de expresar.

Bella sonrió, como si acabase de confesar algo que le avergonzara. Se burla de ella con ternura, y pellizca su nariz con el dedo haciéndola sobresaltar.

Edward le muestra fotografías de pequeño y no puede evitar reírse de unas cuántas, como la de los disfraces de tortuga que su madre le compraba. Una vez que se hace tarde, Bella se pone en marcha. Por suerte, no tienen que darse prisa para escapar por la ventana.

Se besan hasta quedar sin aliento.

—Te veo luego. —susurra ella.

—Ve con cuidado. —ruega él.

Le echa un último vistazo. En cuanto sale por la puerta, él se echa sobre la cama, suspirando.

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Esa fue la última noche que vio a Isabella Swan.


Hola! Primer outtake revelado. El siguiente es un capítulo normal, ya después subiré el de Rose (segundo lugar) y al final de Jasper/Alice

Gracias por estar, leer, comentar, dar fav, alertas y si lees en el anonimato, también gracias.

Nos leemos pronto!