Capítulo 5: La profecía.

"…Aún con toda la magia de Chamán que poseerá, él no será tan fuerte para transformar el corazón de un león, ni será lo suficientemente afanoso para salvar la vida de un amigo."

Cita de "Los Líderes de la manada" por el autor: "Justin P. Reese. The sonic god".

Una mañana me fui a caminar por ahí. Mi mente solo quería pensar y pensar en Sarabi. Y al recordarla los pastizales parecían aún más verdes y las flores aún más hermosas.

— ¡Por favor Aiheu, haz que me la encuentre!— Suplicaba entre mí.

En esos pensamientos me perdía, cuando vi mi padre platicando con mi hermano Mufasa, así que me acerqué a ellos.

"Hola Taka," Saludó mi padre. "Llegas justo a tiempo. Estamos practicando habilidades de cacería. Y es tiempo de que tú lo hagas también."

"¡¿Cacería?!" Exclamé atónito. "¡Eso es de niñas! ¡Sólo las leonas salen a cazar!"

"Hijo, es importante que tu hermano y tú sepan hacer eso. Uno nunca sabe cuando puedan necesitarlo. Unas pocas clases no te harán daño."

Fruncí el ceño, pero tal vez sería una oportunidad de probar que podía ser mejor que Mufasa.

"Muy bien. Aquí hay algunas liebres corriendo libremente. Intenten atrapar una al menos."

La cacería comenzó. Mi imprudente hermano salió corriendo como lo haría un rinoceronte furioso. Yo no era el fuerte, pero sí, El inteligente, así que, a comparación de él, me dediqué a estudiar con atención los movimientos de los roedores y decidí diseñar una trampa; escarbé en el suelo un agujero, y después lo cubrí con ramitas. Mufasa me vio y se burló. Me dijo que él ya había atrapado dos. No le tomé importancia y seguí en lo mío. Por minutos nada. Hasta que de pronto, dos enormes ratas pasaron por allí, cayendo al agujero. No habían sido liebres pero al menos había capturado algo.

Entonces mi padre y Mufasa se acercaron a mí. Al ver mi captura Muffy comenzó a carcajearse, pero mi padre me miró con severidad.

"Taka, esto que hiciste es bueno, pero impráctico para un león. Mira a tu hermano. Él capturó dos conejos, corriendo tras ellos, pero tú, ¿Unas Ratas?, intelectualizar mucho en las cacerías resulta poco fructífero."

Yo quería llorar de rabia. Mi hermano siempre tenía que ser mejor que yo en todo. Nada de lo que yo hacía era reconocido por mi padre, y siempre era el mismo cuento; "Muffy1 esto" "Muffy aquello" "¿Por qué no puedes ser como Muffy?"

Así que, ya no pude soportarlo más y exploté contra mi padre.

"¡Tú nunca valoras lo que hago! ¡Sólo te importa Muffy!"

"No hijo. Eso no es cierto. Yo los admiro y amo por igual. Es sólo que tú debes ser más…"

"¡¿Más como Muffy, verdad?!"

"No iba a decir eso."

"Eso dices. Tú solo me comparas con él. Pero, ¿sabes qué? ¡QUÉDATE CON TU MUFFY! ¡Yo me largo de Las Tierras del Reino!"

Corrí tan rápido como pude. Escuché a mi padre detrás de mí gritando mi nombre, pero no desistí. Y pasando algún tiempo, me detuve en un lugar desolado. Sabía que había cruzado las fronteras entre el reino de mi padre y el mundo exterior.

Mi paso se hizo más lento. El sol comenzaba a ponerse, y mientras andaba sin rumbo, me topé con un babuino que estaba sentado, meditando en posición de flor de loto. Era Ralafaki, el Chamán en turno del reino. Eso me alegró. Hacía algún tiempo que quería hacerle algunas preguntas sobre mi destino.

"¿Que te trae a mi humilde morada, Taka? ¿Acaso la rabieta con tu padre?" Me dijo sin siquiera abrir sus ojos. Nunca logré comprender como me percibió ni como supo que me había molestado con mi papá. Pero en aquellos momentos recordé las palabras de mi abuelo Mohatu: Nunca confíes demasiado en los babuinos Chamanes. Ellos pueden saberlo todo sobre ti gracias a su contacto directo con los Grandes Reyes del Pasado, sin embargo, a veces, les gusta manipular la información por diversión y a su conveniencia.

"¿Podrías leer mi futuro?" Le pregunté, ignorando su segunda pregunta.

Él abrió sus ojos, y al mirarme, noté tristeza en ellos.

"Nunca creí que me preguntarías eso." Susurró de manera misteriosa. "Ven acompáñame arriba."

Ambos escalamos por su baobad. Llegamos a un espacio repleto de pinturas de leones. Eran una especie de pinturas rupestres.

Él colocó sus manos en mis hombros, y me miró fijamente y sin parpadear a los ojos por varios segundos. De pronto sentí como si hubiera penetrado todas mis barreras mentales. Era como si me hubiera hipnotizado. Su voz cambió de una forma extraña. Se escuchaba terrorífica y profunda;

"Hay una profecía. Una profecía que ha pasado de chamán en chamán por generaciones. Y ésta habla de dolor y destrucción generado por un Rey León de un corazón tan oscuro como su melena." Al decir esto un escalofrío invadió mi cuerpo. "De melena oscura" ¿Acaso se refería a mí?

Mis temores se vieron incrementados cuando inesperadamente el chamán apuntó su dedo índice acusadoramente hacia mí, acercándola mucho a mi nariz. Después hizo una pausa, tomó aire y continuó hablando. "He visto tu destino. Sé quién eres en realidad; Serás muy poderoso. Un terrible dictador. Un golpe de estado te llevará al poder, dañarás a quienes ames y a quienes te amen, traicionarás aquellos quienes depositen su confianza en ti."

El babuino parpadeó. Desvió su mirada de mí, y su voz regresó a la normalidad.

Sus palabras habían alimentado mi coraje, y me lancé sobre él. Puse mis patas en su cuello. Yo era un cachorro, pero lo suficientemente fuerte, para sostener al anciano.

"¡Habla, babuino! ¿Qué más sabes sobre mí?"

Entre jadeos, el Chamán me dijo:

"Suel—tame y… Te lo diré."

Quité mi pata de su cuello. Una vez que recuperó el aliento, el babuino se levantó y colocó una pata en mi hombro. Me miró a los ojos como si me odiara, y me dijo:

"Te enamorarás de una doncella y ella se enamorará de ti... ¡Pero cuidado!.. Si ella dejara de amarte, se despertará en ti el monstruo de la maldad, la profecía se cumplirá y tú inevitable final será trágico y ruin"

En ese momento, el rostro de Sarabi apareció en mi mente por unos segundos. Sentí mi cuerpo helado. Cada palabra del chamán me aterrorizaba aún más.

"Nadie está seguro de saber si el destino en verdad está marcado, Taka. Escúchame ahora; Si actúas con prudencia, Tal vez puedas cambiarlo."

"¡No Quiero escuchar tus tonterías!" Grité Despavorido. Automáticamente salí de ahí corriendo.

Quería huir. Tal vez de mí mismo. Tal vez de la profecía. Me preguntaba si, por mucho que corriera, podría esconderme de mi horroroso destino.

*Redactora*

Mientras tanto, en el baobad de Ralafaki, un babuino más joven, se acercó al viejo simio, colocando una mano en su hombro y preguntó:

"Abuelo, ¿qué pasa?, ¿Que son todos esos gritos?"

—Estoy preocupado, Rafiki—dijo Ralafaki –La profecía a la que tanto temíamos se cumplirá bajo las garras de ese chico. La sangre será derramada, y los lamentos profundos.

El joven, que ahora conocemos como Rafiki, miró a su abuelo con un gesto de angustia, era como si hubiera visto al mismo demonio, comenzó a temblar, y respirando agitadamente, expresó:

-Entonces… El Príncipe Taka… No me digas que él será…

-Sí, Rafiki –respondió Ralafaki, mirando a su nieto con una expresión que combinaba la angustia y la severidad –Probablemente, yo ya no viviré para verlo, Pero cuando tú tomes mi lugar como chaman real, te tocará ser testigo de una etapa muy oscura dentro de Las Tierras del Reino.
Rafiki, preocupado, guardó silencio.

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1 Muffy es, según Las Crónicas del Reino, el diminutivo para Mufasa.