Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer.
Capítulo 17
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Bella tiene que declarar en el juicio de James y Kate. No hace contacto visual con ninguno de ellos, pero creo que es porque le intimida la presencia de James.
Con gran dificultad, narra su secuestro de forma que quede más o menos claro. Aludiendo a Rosalie como la cabecilla, quién le apuntó un arma en la cadera, dejándola sin opciones aparte de subirse al auto que James manejaba. Por miedo a que le disparasen hizo caso y más tarde su desesperación abogó por ella, empezando a forcejear y posteriormente recibir un golpe en la cabeza que la mantuvo inconsciente.
En la sala se crea un silencio absoluto ante sus crudas palabras. Después, no puede seguir hablando. Intenta contar más detalles, pero el nudo en su garganta se lo impide.
Se vuelve a sentar junto a mí, aguantándose las lágrimas.
A un costado de nosotros la familia de Kate se encuentra atentos a la exposición, comiéndose las uñas por la espera de la sentencia.
Se exhibieron pruebas fundadas, demostrando la veracidad de cada una de ellas. La misma que Jasper nos mostró hace un par de semanas; la declaración jurada de James.
Resulta que James y su hermana Victoria convivieron con Rose en el mismo orfanato. Sus nombres nunca fueron cambiados, puesto que nunca nadie los adoptó. Tuvieron la posibilidad de ser acogidos por separado, pero ellos se negaron. Mantenerse juntos fue la única cosa que se les permitió tener. Es así como a la edad de quince años ambos efectuaron su escape definitivo del recinto, viviendo hasta los dieciocho en precarias condiciones.
En algún momento de sus vidas, se reencontraron con Rosalie.
James y Rose forjaron una amistad tan estrecha que más tarde los llevaría a cometer este ilícito hecho. Mantuvieron una relación amorosa por años, pero James dice que las intenciones de Rose no fueron más allá que sexuales. En algún momento ella le confesó su mayor objetivo a corto plazo; adiestrar a Bella a su antojo.
James conoció la historia real desde que eran pequeños, ya que Rose siempre sufrió por su familia biológica, convirtiéndola en un ser oscuro y lleno de rencor hacia su hermana menor. Él lo catalogó como "celos enfermizos", porque cree que más que hacerle pagar por sus desdichas, Rose quería ser como Bella. Aún con todo eso, James le siguió como un perro faldero, ejecutando el secuestro entre los dos y encerrándola en el sótano de su casa, mientras su hermana Victoria trabajaba. Nunca le contó lo sucedido, borrando cualquier huella y olor de la chica en cuestión de días.
Emmett se pasa la mano por todo el contorno de su barba crecida, controlándose.
Para nuestra sorpresa, Rosalie también declara. La sala no tarda en volverse densa y no puedo evitar alejarme de la perturbada mirada de Rose, preguntándome cómo antes nunca me intimidó su expresión. Antes no se veía tan chiflada como ahora. Es casi que se ha quitado la máscara de encima.
Su participación en la audiencia no es más que para confirmar la implicación de James en esta. No tarda más de tres minutos antes de que los agentes se la lleven de nuevo. Por mucho que intenta llamar la atención de Emmett, este baja la cabeza ante su mirada.
Una vez que la declaración es expuesta en su totalidad, la jueza procede a dictar sentencia.
Los nervios carcomen a ambas familias, jadeos salen a borbotones. La gente murmura atónitos ante la espera. Parece que no fuera real, parece que me voy a despertar y Bella seguirá comunicándose entre líneas.
La jueza sentencia a Kate Denali a 15 años de prisión.
Kate baja la cabeza a sus manos, y su hija Sheila se esconde en el cuello de su padre, rompiendo en llanto.
James Witherdale… sentenciado a 30 años. Y contando.
Victoria derrama lágrimas silenciosas, fingiéndose fuerte ante la cruda realidad. El grupo de los sentenciados se expresan como lo haría cualquier persona que acabase de recibir la peor noticia de su vida.
Se arma la comidilla a la salida del tribunal; periodistas con sus cámaras encima de nosotros tratando de hostigar a Bella.
—Señorita Swan ¿qué le parece el veredicto final de la jueza Cooper? Señorita Swan.
—¿Tiene algo que decir a sus agresores? Señorita Swan.
—Nos gustaría saber cómo lo lleva con todo esto. Señorita Swan.
Bella termina mareada. No puedo hacer nada una vez que decide entrar al baño de chicas. Alice me tranquiliza entrando con ella detrás.
Carmen se acerca a mí y estoy sorprendido de verla.
—Ánimo, muchacho —repite sacudiendo mis hombros.
Noto pálida a Bella cuando sale del baño, aunque su desgaste por la presencia de los periodistas declina un poco.
En cuanto se da cuenta de Carmen, corre a sus brazos.
—¡Oh! —Carmen la recibe con evidente emoción— Cariño —murmura—, que orgullosa me siento de ti ¡Con que estás hablando! No tenía ni idea. Casi me fui de espaldas cuando te escuché. —se separa y coge su rostro con ambas manos— Tienes una voz preciosa, y la que debes utilizar muy bien a partir de ahora. No dejes que nadie te haga callar nunca más. Nunca más.
Lo cierto es que, antes del juicio, nadie sabía que Bella había vuelto hablar. Mi madre lo descubrió en aquella última discusión. Sin embargo, nadie más lo hizo, así que estaban sorprendidos de escucharla relatar sin dificultad por su propia boca.
—Gracias a ti… por todo lo que has hecho por mí.
La conexión que Carmen y Bella han creado es digna de admirar. Siento que ha encontrado un refugio en sus brazos.
Con sorpresa, Emmett se acerca a Bella y la estrecha con él, como si fuese la forma que tienen de decir que lo sienten por Rose; dos víctimas directas de algo que ninguno de ellos buscó en lo más mínimo. Y dos víctimas también que quedarán marcadas por el recuerdo para siempre.
Hay dolores mucho más fuertes que otros, pero no puedo explicar el desconsuelo que me hace sentir su abrazo.
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Alejo toda incomodidad que haya entre nosotros, y me acerco a ella.
—Te veo tranquila. —confieso.
Se deja tocar por mis manos en su rostro.
—Es difícil definirlo, pero hace mucho tiempo que no me sentía tan… tan en paz. —expresa en un suspiro— Necesito dormir. Me muero de sueño.
Cuando llegamos a casa, ella se va a su habitación y se duerme como un tronco. Tantas emociones la dejan exhausta. Los demás se van a sus respectivas labores; Alice a la peluquería, mi padre a la empresa de taxis. Por mucho que insistimos Emmett no quiere quedarse. Quedamos mi madre, Leticia, Bree y yo en la mesa de cocina, revolviendo nuestras tazas de chocolate caliente.
—¿La sentencia de Rose? —pregunta mi madre.
El hecho de escuchar su nombre me produce un dolor de estómago.
—Después de año nuevo.
Todos suspiramos.
Tomamos nuestro chocolate espeso, quitándonos el mal sabor de boca por un rato. Bree espera que Bella se despierte, lo que nunca sucede. Mi madre se asegura de taparla con una manta y verificar que no tenga fiebre.
Antes de que Bree pueda marcharse, la atajo en la puerta.
—Creo que te debo una disculpa.
Lleva el pelo azul recogido en una coleta. Ahora sí es azul, por completo.
—¿A mí? —se sorprende— ¿Qué demonios me hiciste ahora? —se mofa, aunque luego de que vea que no bromeo, se pone seria— En serio no entiendo por qué te disculparías conmigo.
Bree siempre ha sido perspicaz y que yo no me haya detenido en eso, lo hace peor aún.
—Intentaste decirme lo de Rose —le explico— Muchas veces y nunca te escuché. Fuiste la única que vio algo malo en ella, la única que leyó a Bella entre líneas.
El rostro de Bree se ablanda.
—No seas tonto, Ed, no tienes que disculparte conmigo por eso. Sé que lo ves como algo malo, pero es normal que no hayas desconfiado de ella. Nadie desconfía de sus cercanos hasta que hay pruebas que lo certifiquen.—me palmea el brazo— Y si de verdad sientes que debes disculparte, entonces estás frente a la persona equivocada.
Me siento mal por no haber captado lo que Bella quiso decirme. ¿Cuántas veces me habrá confesado que era Rose, sin mover los labios?
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Los días transcurren flemáticos.
Los padres de Emmett le visitan por unos días, angustiados por la situación de su hijo, le ruegan se mude con ellos a Italia, pero él se niega.
Los demás, tratamos de volver un poquito a la normalidad. El trabajo continúa, la oficina es un caos. Ángela me sigue a todas partes, intentando tener una conversación conmigo el cual evito a toda costa.
Nadie confía en nadie.
Todos han perdido la empatía por el prójimo. Nadie nombra a Rosalie. Nadie menciona nada sobre Bella.
Estamos más preocupados de lo que pasa en nuestro metro cuadrado que otra cosa.
Para cuando llega Navidad, cada uno trata de olvidar lo malo, centrándonos puramente en la celebración. Es la primera fiesta familiar en mucho tiempo de Bella, y ella luce feliz, radiante en su vestido azul.
Los padres Emmett también han venido y la madre de Alice pasa las fiestas fuera de la ciudad, por lo que gozamos de la presencia de ella esta noche. Mamá no ha tenido problemas en que papá viniese. Pasamos una agradable velada; una velada extraña, diferente a muchas otras, pero llena de la compañía de los más cercanos, que es lo que importa.
Emmett está reacio a quitarse la barba y Bree bromea con él hasta que por fin suelta una carcajada.
Pasada la media noche, Alice ha bebido demasiado ponche de frutas. Mi padre enciende la radio e invita a Leticia a bailar.
Bella está sentada en la mesa del comedor, riéndose por los pasos torpes de Alice girando en círculos. En aquel instante, mientras hace su gracia, mamá recibe a Jasper en la entrada y él se queda prendado del espectáculo, intentando esconder la sonrisa de gracia que le hace.
—¡Jas-per! —grita por encima del ruido— Mueve ese culo tuyo y baila conmigo.
Él se asegura que Alice no se tumbe al suelo con los tacones.
Bella sigue riéndose, escondiendo la barbilla en la cabecera de la silla, como si fuese una niña ocultándose de sus padres en la escalera.
—¿Quieres bailar? —me aproximo.
Sus ojos se levantan sin esfuerzo.
—No bailo muy bien.
—Que yo recuerde… —estiro el brazo hacia ella— bailabas muy bien.
—Pero en ese tiempo se bailaba de otra manera.
Pongo los ojos en blanco.
—Bailar, es simplemente eso… bailar.
Termina aceptando mi brazo. El pecho se le infla de nervios e intento tranquilizarla sin mucho éxito, ya que se queda tiesa en medio de la pista.
Bree salva la noche colocando un lento.
Tomo su delicada mano entre la mía y le doy un giro. La falda de su vestido vuela por la fuerza del viento.
Try de Colbie Caillat comienza a sonar en la habitación.
Empezamos moviéndonos al compás, su respiración acompasándose con la mía. Abrazados, nadie a excepción de nosotros importa. Puedo sentir el latido exaltado de su corazón, el calor de su mano en mi pecho. Mantengo mi atención en ella, esperando que pudiese mirarme de regreso. Esperando que pudiese disculparme por lo de la última vez.
Ella no lo entiende, y yo tampoco. Desde aquel beso ninguno ha podido enfrentar la situación. No hemos sacado el tema y nuestra presencia comienza a incomodarnos como nunca. Al igual que el baile; la cercanía de nuestros cuerpos es mucho más dificultoso ahora. Lo que no quiere decir que no lo disfrute, bailar con ella me transporta a los años de mi juventud; tantos bailes y música dedicada.
Nos gustaba bailar. A ella le gustaba bailar mucho. Bella era el alma de nuestra relación. El alma de cualquier fiesta.
Extraño a esa Bella, tantísimo.
Toda mi atención centrada en ella, lo que hace que momentáneamente se dé cuenta.
—¿Deberíamos hablar sobre el beso? —inquiero con duda.
Ladea la cabeza.
—No
—¿Por qué no?
—Porque no quiero escuchar lo que tengas que decir.
Le molesta que lo mencione, y la verdad es que no estoy seguro si es por el beso o por mi tono de voz.
—Lo que sea que sientas por mí, Garfield…
—No sé lo que siento por mí —reconoce— Solo sé que tenía una vida monótona en el pasado, pero una buena vida. Y te tenía a ti.
—Todavía me tienes.
—No, no te tengo.
Continuamos el baile, circunspectos. Cuando siento que no puedo soportar el silencio, ella se adelanta:
—No me abandones, Edward —aprieta su mano en mi camisa— Independiente de lo que pase más adelante, si no mejoro y me vuelvo insoportable, no me abandones nunca, por favor.
Hay lágrimas en sus ojos, desazón, dolor. Me gustaría que ese dolor algún día desaparezca en su totalidad.
—Nunca lo haría.
—No digas nunca.
Me muerdo los labios en una mueca de disgusto.
—Yo te quiero, Bells. Te quiero mucho.
Se le llenan todavía más los ojos de lágrimas, los cuales intenta esquivar.
—No —se lamenta— Tú no me quieres.
—¿Cómo puedes decirme eso?
—Sientes lástima por mí, que es diferente. —se suelta de mi mano— Nunca voy a dejar de agradecer lo que has hecho por mí. Lo que tu familia ha hecho por mí hasta ahora, pero no soporto que me mires de esa forma. No soporto que me mires como si me debieras algo. Tú no me quieres, Edward. Tú crees que lo haces.
Retrocede unos pasos y se marcha por la puerta, dejándome un vacío interior y una desesperada necesidad de gritar.
La agonía corroe como hace mucho tiempo no sentía. La desesperación nubla mi visión.
No me amedranto más. Necesito dejar ir esta desesperación para siempre.
Así que no espero a pensarlo con calma; corro a buscarla.
Los sentimientos de Bella son confusos. Tenemos que pensar que ella ha estado encerrada en un lugar donde el tiempo nunca pasó. Su aspecto cambió, pero ella sigue siendo la misma de antes. Y los sentimientos que pueda sentir por Edward, fueron liberados del mismo modo en que la liberaron a ella. No sabe lo que quiere en realidad.
Y Edward, él también ha pasado por mucho, pero nunca lo demuestra. En el próximo capi se darán cuenta por qué lo digo.
Agradezco que se den el tiempo de comentarme, puede parecer fastidioso que siempre se los diga, pero no podría no darles las gracias, con eso me animan a seguir.
En lo que resta de semana, no creo que suba hasta el sábado o domingo, o incluso me atrevería a decir el lunes.
Espero estén teniendo una graaan semana. Les deseo lo mejor.
Cualquier duda ya saben cómo contactarme. En Facebook está el grupo de mis historias "Annie Stewart fanfics" por si se quieren unir.
Cambio y fuera.
