Aquí estoy de nuevo! Creo que empezaré a tener un día fijo a la semana para actualizar... Jejejeje así evitaré subir dos de seguidos y que el siguiente tarde más.
Bueno, por lo que veo, sí que recibo alguna visita, aunque no sé muy bien si está gustando el fic, no sé si hay cosas que debería cambiar o está bien el curso que está siguiendo la historia. En cualquier caso, muchísimas gracias a los que leen y nada, si alguien se anima a comentar, cualquier opinión, de cualquier tipo, lo agradeceré eternamente :)
A leer!
Eran las tres de la tarde, Sara acababa de tomarse un café con Robin y Sanji mientras se fumaba un cigarro y el cocinero le contaba sobre el All Blue.
- No puedo creer que no hayas escuchado hablar de él, es… es el sueño de todo cocinero.
- Realmente pareces otro cuando hablas sobre eso – observó Robin
Estaba entusiasmado con la idea de encontrar ese mar místico. Sara no podía estar más de acuerdo con Robin, quien también le contó parte de su vida, haciendo mención a los Poneglyphs y su motivación por conocer la Historia Verdadera.
- Escuchad, lo siento mucho, me encanta tomarme el café con vosotros, pero necesito ir a hablar con Franky.
- ¿Franky? – Le pregunta extrañado – ¿Qué tienes que hablar con ese pervertido en tanga?
- Bueno, tengo un problema con un dispositivo y no logro dar con la solución, había pensado… Roronoa había pensado que sería buena idea que fuese a hablar con él.
- ¿Ese marimo ha pensado? – Dijo alzando impresionado su única ceja visible – es increíble que haya dado un consejo a alguien.
La verdad es que si tenías en cuenta la actitud del espadachín, era casi una bendición por la que dar gracias que éste haya dado un consejo, y que además, fuese bueno.
- Está bien, nos veremos esta noche para la cena – se despidió Robin con una sonrisa.
- ¡Hoy será una cena especial en honor a mis chicas! – exclamó Sanji muy entusiasmado… demasiado entusiasmado.
Sara regresó a su habitación para coger unos papeles, había hablado con el ingeniero durante la comida y le había comentado su problema y éste le había sugerido que le acercase los informes del detonador. De camino se encontró con el espadachín.
- Ya era hora ¿Dónde vas? ¿Es que no piensas trabajar?
A pesar de la mañana tan agradable que habían tenido, Zoro había vuelto a comportarse con ella de manera algo brusca, volvía a ser el estúpido espadachín dormilón y gruñón que había conocido el primer día, Zoro Roronoa.
- Hola a ti también Roronoa. Verás, por si no lo recuerdas, había quedado en ir a ver a Franky después de comer, voy a por unos papeles y a ver si él es capaz de resolver mi problema. Aunque antes debería ir a hablar con Nami.
- Te acompaño.
- Oh, no, no hace falta – dijo de manera distraída mientras entraba a su habitación y rebuscaba en su mesa de trabajo.
- No era una pregunta.
El espadachín le estaba esperando en la puerta, apoyado sobre el marco de ésta y con el semblante serio e intimidante, cruzado de brazos. Sara se había girado hacia él para encararlo, sabía que tenía una personalidad fuerte y que era difícil de tratar, estaba muy bien informada, ya le habían advertido de que su carácter desconfiado le traería problemas, pero no lo permitiría, no con ella, no ahora, no en ese momento, no en esa misión, nunca. No lo soportaba.
- ¿Qué ocurre? – le preguntó molesta.
- Nada, pero acordamos que te vigilaría las 24 horas del día.
- No recuerdo haber escuchado, y mucho menos, aceptado la última parte.
- Estaba entre líneas – dijo el espadachín.
- No, no lo creo – dijo Sara ya cabreada, todo ese asunto la estaba cansando.
- Puedes creer lo que quieras, no me gusta que estés con ninguno de mis nakamas a solas, podrías…
- ¡¿QUÉ?! – Sara estaba empezando a descontrolarse.
Zoro simplemente la miraba, serio, no había cambiado ni un solo músculo.
- ¡¿Podría hacer qué?!
Como de costumbre, no hubo contestación por su parte, la mayoría de las veces que hablaban era así, ella le hablaba y él se mantenía callado y eso la estaba empezando a desesperar, Sara quería volver a esa mañana, fue muy fácil tratarlo. Entonces recordó, a menudo, Sara perdía los estribos por cualquier cosa, a veces no sabía mantener su ira a raya, recordó donde la llevó aquello. Puso su mano sobre el estómago e inhaló aire hasta llenar completamente sus pulmones, puedo manejar esto, así que contó mentalmente hasta diez hasta calmarse, era lo que siempre le decía. Necesitaba desesperadamente un cigarro, solo un cigarro podría tranquilizarla. Sacó la cajetilla de tabaco del bolsillo trasero de sus pantalones, cogió un cigarrillo y se lo llevó a la boca, se dio la vuelta, volviendo la vista al escritorio en busca de una cerilla, la raspó contra la suela de su bota y la encendió en el primer intento, la acercó al cigarro y dio una larga calada. Sintió como todo el humo le inundaba los pulmones, esa falsa relajación la ayudaba a pensar y mantener la boca cerrada.
- Creí que me habías concedido el beneficio de la duda – dijo al fin, más calmada.
Seguía sin haber respuesta, pero esta vez, la expresión había cambiado, había estado observando las acciones de la científica y en su mirada ya no había severidad, sino preocupación. Estaba teniendo una pelea interior sobre si debía dejarla ir o por otro lado, debía vigilarla hasta, por lo menos, la habitación de Franky.
- ¿Tienes problemas? – preguntó.
- ¿Qué? – ella no paraba de fumar, apenas había alejado el cigarrillo de su boca para contestar.
- Parecía que ibas a estallar, te has puesto algo histérica – Sara no contestó, dio otra profunda calada y apagó el cigarro – Iré a entrenar – sentenció finalmente el espadachín, giró sobre sus talones y se fue.
Sara suspiró aliviada y se apoyó en la mesa a la vez que sacaba un cigarrillo de nuevo.
- ¿Ves? Aún puedo hacerlo, te prometí que no volvería a perder el control.
Susurró Sara con los ojos cerrados, la imagen del Sr. Köller se le vino a la mente.
- FLASHBACK –
Un niño de siete años corría por los pasillos, su llanto se escuchaba por toda la escuela. Mientras, en la clase de la cual había escapado el susodicho, una niña de pelo corto y negro lanzaba objetos a la puerta, ya cerrada, por donde había huido el chico. Hasta que sin previo aviso, la puerta se abrió bruscamente y la niña se detuvo.
- ¿Qué estás haciendo? – le preguntó muy serio mirando por encima de sus gafas de media luna, pero ella se mantuvo callada, aún con ira en su rostro – No puedes hacer eso cada vez que te molesten.
- ¡Puedo hacer lo que quiera! – gritó de pronto, escupiendo cada palabra.
El hombre abrió mucho los ojos, sorprendido ante el odio que había en el comentario de la niña.
- Claro que puedes hacer lo que quieras, pero hay otras formas de discutir las cosas, ¿no crees? – le dijo muy calmado.
- ¿Cómo puede tener tanta fuerza alguien tan pequeño? – se preguntó la señora gorda que había detrás.
- En situaciones difíciles, las personas adquieren una fuerza asombrosa. Se sorprendería de lo que puede llegar a hacer una persona cuando se encuentra atrapada.
- Sr. Köller, esta niña a veces es demasiado violenta, deberían tratarla, no es la primera vez que se comporta así.
La señora gorda le hablaba en voz baja al hombre que estaba parado en la puerta, pero no fue lo suficiente prudente, pues la niña había podido escuchar todo y ya desesperada le lanzó el portalápices que sostenía con su mano derecha, con tan mala puntería que le dio en el brazo al hombre. Sara se sorprendió, no quería darle a él.
- Esta niña no tiene ningún problema.
- Pero…
- Si ustedes tienen algún problema con ella, yo mismo me ocuparé de su educación. Estudiará en casa.
Dicho esto, se acercó a la niña, que estaba anonadada por la respuesta del Sr. Köller, le cogió de la mano y salieron de la clase. Ninguno decía nada, la pequeña estaba algo asustada, sabía que se había excedido con su compañero.
- ¿Qué ha ocurrido? – le preguntó de repente el Sr. Köller.
- Ese niño… ese niño me dijo que estaba loca porque se me dan bien los números, sabe que tú me enseñas – le contestó en un murmullo, estaba avergonzada por su comportamiento.
El Sr. Köller se paró y se puso frente a ella de rodillas.
- Eres demasiado violenta – le acusó, los ojos de la niña se volvieron vidriosos – Es la cuarta vez que me llaman en estos dos meses, y siempre por lo mismo. Debes controlarte.
La niña de pelo negro no decía nada, se limitaba a mirar hacia abajo cómo sus dedos jugaban entre ellos, eso la mantenía distraída y así evitaba llorar, no quería llorar. ¿Y si de verdad estoy loca? La profesora ha dicho que necesitaba ayuda.
- No me gusta el colegio – murmuró.
- Ya no tendrás que venir – la niña alzó la mirada y abrió la boca, pero no dijo nada – ¿Sabes lo que hago cuando me cabreo tanto? – Ella lo miró con curiosidad y negó con la cabeza – cuento hasta diez, prueba a hacerlo, verás como todo simplemente se va – dio un corto suspiro – Y ahora tendrás que pedir perdón, ¿de acuerdo?
La pequeña lo miró, triste y avergonzada por lo que había pasado y asintió con la cabeza, ¿Alguna vez se había enfadado tanto? Nunca lo había visto enfadado.
- Echo de menos a papá – dijo la niña.
Las lágrimas de la pequeña empezaron a rodar por su rostro, entonces se vio envuelta en un caluroso abrazo y unos segundos después notó un cálido beso en la mejilla.
- Lo sé, Sara.
- FIN FLASHBACK -
Estaba parada frente a la puerta de la habitación de Nami, sabía que ella estaba trabajando en ese momento, pero la científica debía pagarle, se había retrasado demasiado con el pago debido a que le había tomado más tiempo de lo que pensaba en acomodarse en la habitación.
- ¡¿Pero quién diablos viene ahora?! ¿Es que no sabéis que estoy trabajando? – rugió Nami desde el interior de la habitación a la vez que se escuchaban grandes zancadas.
Abrió la puerta de golpe y se tranquilizó un poco al ver a Sara.
- Verás, Sara, ahora estoy ocupada, Robin está en la cocina, puedes ir a hablar con ella si quieres, yo me uniré luego – le dijo más tranquila.
- ¡Oh! No quería molestarte, tan solo vengo a pagarte lo que te debía por el viaje.
En el momento en el que Nami escuchó el motivo, su expresión cambió de repente, apareciendo en su cara una sonrisa de codicia.
- ¿Eran 15 mil? – su cara aún seguía desfigurada.
- En verdad… te debía 8 mil berries, te pagué los otros 7 mil antes de zarpar – toma.
- Parece que no tienes demasiados problemas con el dinero, ¿pagan bien en tu trabajo?
- Bueno, no me quejo, me llevo un 40% de los beneficios obtenidos. Gracias a eso, puedo moverme de una isla a otra, el resto es para mi jefe.
- ¿Cómo lo haces? ¿Tienes que ir a buscarlo cada vez que haces una entrega?
Ambas seguían en el pasillo, parecía que a Nami se le había olvidado de su mapa y estaba muy interesada en la forma en la que Sara se ganaba la vida.
- Una especie de empleado espera en la isla, es a él a quien le doy el dinero y me dice la siguiente isla a la que debo ir y el encargo. Por eso, tenía un log pose para esta isla, me suele ofrecer casi todas las cosas necesarias para mi trabajo.
- Uhmm – asintió – ¿Desde cuándo trabajas en esto?
- Desde hace un año y medio más o menos, casi dos – ¿Qué era aquello, un interrogatorio?
Estuvieron hablando poco más y después Sara se despidió para ir a buscar a Franky y pedirle ayuda.
- ¡Suuuupeeerrrrr! Te estaba esperando Sara, a ti y a tu maravilloso problema.
- Bueno, pues espero de verdad que puedas ayudarme, me estoy volviendo loca.
- Bien… ¿cuántas veces has hecho las cuentas?
- ¿Eh? Pues… la primera vez, luego me he limitado a repasarlas. Creo que puede ser algún fallo de la corriente, es posible que el amperímetro esté roto y…
- Nada de eso, haremos ahora mismo todas las cuentas, empezaremos desde cero y ya veremos donde está el problema.
A Sara le pareció algo lógico, si se enfrascaba en unas hojas de papel, probablemente nunca lograría solucionarlo.
Terminaron cinco minutos antes de cenar, ambos estaban agotados, pero aun habiendo pasado toda la tarde intentando solucionar el problema, no lograron dar con la solución, incluso Usopp se pasó por el taller para intentar resolverlo, pero no tuvieron éxito. Aquello era frustrante, si no lograba tener la bomba para dentro de cinco días, las cosas se iban a poner muy feas para Sara. Pagaban muy bien, nunca ha tenido problemas con el dinero, incluso podía permitirse algún que otro lujo, pero si ella no lograba entregar el encargo a tiempo… Esta última misión era algo peculiar, es decir, ella entendía perfectamente el motivo: dinero, pero debido a ello, tendría que lidiar con más de un problema, especialmente uno.
Llegó a la cocina algo preocupada.
- ¡Ey, Sara! No estés así, daremos con el problema, mañana después de comer pásate de nuevo por el taller lo intentaremos de otra forma – Franky intentaba animarla en todo momento.
Se sentó en la mesa entre Franky y Usopp, le encantaba hablar con ellos, además de que le interesaba mucho como se había llevado a cabo la construcción del barco. Pero aquella noche, Sara apenas probó bocado, todo el apetito se había esfumado, había tenido grandes esperanzas en poder arreglar las cosas esa misma tarde y así poder estar libre por el resto del viaje, sin embargo, el hecho de que no fuese capaz de fabricar esa bomba, la estaba poniendo de los nervios y a la vez agobiando, tenía un tiempo muy limitado y no podía permitirse esa clase de contratiempos.
Aquella noche hacía más frio, Nami le había dicho que era a causa del cambio climático tan característico que se daba en Grand Line.
- No te preocupes, puedo manejarme con esto. Hemos pasado situaciones peores por estos mares.
- Si, Nami es una gran navegante, tiene un sexto sentido para esto – comentó Chopper.
- Es reconfortante saber que tenemos a alguien como tú, es una suerte.
- Gracias – sonrió.
Al poco tiempo, Robin también se sumó a la conversación.
- Oye Sara, ¿cómo encontraste el trabajo de… repartidora de bombas? – preguntó cambiando de tema.
- ¿Repartidora? Supongo que es un buen término – dijo pensativa – Bueno, en realidad yo no lo encontré, por lo menos no en la totalidad de la palabra.
- ¿Qué quieres decir? – le preguntó con curiosidad Nami, obviamente habían estado hablando sobre la conversación que habían tenido esa misma tarde.
- Mi jefe fue quien me buscó. Soy de las mejores, llevo en esto desde pequeña. Primero mi padre y luego el marido del ama de llaves, viví con ellos cuando mi padre se marchó.
Sara había crecido con su ama de llaves cuando su padre, un famoso científico, muy respetado por aquel entonces, tuvo que marcharse por motivos de trabajo. No le agradaba demasiado hablar de esas cosas, pero si quería que dejaran de hacer preguntas, lo mejor sería responderlas.
- Al principio estaba bien, creía que mi padre volvería pronto a casa, pero cuando pasaron los meses y él no regresaba, mi carácter empezó a descontrolarse – Suspiró – Ellos me querían, intentaban ayudarme. Pero el sentimiento de abandono no se iba.
Sara estaba fumando un cigarro mientras les contaba, el humo se confundía con el vaho que salía de su boca al hablar. A medida que iba recordando las cosas, las palabras simplemente salían.
- El Sr. Köller trabajaba con mi padre, yo alguna vez me escabullía por el laboratorio y los veía trabajar, me gustaba observarlos. Mi padrastro debió recordar aquello, porque un día me preguntó si quería ayudarlo. Desde aquel momento, pasé todas los días con él en el laboratorio.
- Lo echas de menos – comentó Robin.
- Si, el Sr Köller me enseñó muchas cosas, de hecho, me enseñó todo lo que sé.
- Me refería a tu padre.
La cara de la científica fue toda una obra de arte, desde luego no se esperaba aquel comentario por parte de Robin, es su padre, claro que lo echaba de menos, ¿no? Pero antes de que algo más pudiese decir, antes incluso de digerir la afirmación por parte de su compañera, la atacaron con una nueva pregunta.
- ¿La cosa mejoró simplemente con trabajar en el laboratorio? – no sabía en qué momento había aparecido Zoro, pero allí estaba, indagando de nuevo.
- Me mantenía ocupada, pensaba en otras cosas mientras trabajaba con mi padrastro – dijo encogiéndose de hombros – Cuando cumplí los 19 años aproximadamente, ellos se mudaron a otra isla.
- ¿Y luego qué hiciste? – preguntó Nami, curiosa.
- ¿Cómo? – Sara estaba algo sorprendida por la pregunta.
- Antes me dijiste que llevabas trabajando casi dos años en el tráfico de bombas, ¿qué hiciste los otros dos años? ¿Seguiste estudiando? ¿Viajaste?
Sara hizo ademán de decir algo, pero se llevó de nuevo el cigarro a la boca, buscó la mirada de Zoro que la observaba con mucho interés, esperando su respuesta. Una respuesta que no llegó, pues unos segundos después una bola de cañón irrumpió en el mar justo al lado del barco.
La Marina.
