Capítulo 6: Sarafina.

*Scar Narrando*

Corría sin rumbo, invadido por un ataque de pánico y rabia. Nunca había sentido tanta turbación.

Encontré un charco de agua, y miré mi reflejo con atención. Muchas preguntas pasaban por mi mente en aquel momento.

¿Quién era yo realmente? ¿Me convertiría en un monstruo? ¿Sería capaz de hacerle daño a Sarabi? ¿Sarabi terminaría odiándome?... ¿Me quedaría solo?

No entendía por qué Sarabi se me venía a la mente cuando pensaba en la soledad que me esperaba a futuro. Ni siquiera era mi novia. Pero desde que la había conocido, ella se había robado un pedazo de mi alma.

Miré al cielo, buscando a los grandes reyes del pasado, tal como mi abuelo Mohatu me había indicado que hiciera cuando me sintiera solo.

Después, intenté asimilar la idea de que me quedaría solo. Quería digerirla por completo. Tal vez quedarme solo sería… ¿divertido…? ¿Interesante…? , ¡No!, ¿A quién quería engañar?.. Aquello en realidad sería un infierno, con el que tendría que aprender a vivir, tal vez, por el resto de mi vida.

Telarañas en mi cabeza tejía, cuando de repente mis pensamientos fueron interrumpidos.

Escuché que alguien me gritó a lo lejos. Era una cachorrita, y al verla me llené de alegría.

"¡Oye, tú!" "¿Te puedo acompañar?"

"Porsupuesto, linda Sarabi." Le contesté con una amplia sonrisa.

— No soy Sarabi. –Dijo para mi sorpresa.

Conforme me fui acercando la vislumbré mejor. Efectivamente no era Sarabi, pero se parecía mucho. Sólo que tenía los ojos azules y más vivaces, sin embargo en aquellos momentos estaban bañados en lágrimas.

— ¿Cómo te llamas?— le pregunté

— Sarafina—. Me respondió. Hasta el nombre se parecía. Pero al saber que no había sido quien yo creía, de nuevo mi lado altanero salió a la luz.

— y, ¿por qué me sigues, niña? ¡Vete a casa y no vuelvas!

—¿Por qué no estás en tu casa? –preguntó con insistencia.

—Porque huí de ella. – le respondí con indiferencia. –Ahora, ¡largo!

Yo le di la espalda, pero ella fue insistente y me obstruyó el paso en un brinco. Invadiendo mi espacio personal acercó mucho su rostro al mío.

"¿Por qué huiste de casa?"

"¡Porque sí, y ya!" Le grité. "Ahora si me lo permites, Quiero estar solo."

"¡NO!" Me dijo "Yo te quiero acompañar. ¡Quiero huir junto a ti! ¡Yo nunca he huido de casa y sería la primera vez! ¡Será divertido!"

" ¡¿Qué has dicho Sarafina?!" Le pregunté con cara de asco. "Ni lo pienses. No necesito tu compañía. Mejor vuelve a casa y disfruta del calor de tu hogar."

"¡Por favor! ¡Por favor!" insistió. "¡Quiero ir contigo!"

"¡Ya te he dicho que no!"

Le di la espalda y comencé a caminar. Ella comenzó a llorar, pero eso no era mi problema.

"Como quieras." Dijo ella soltando un bufido. "Me voy a casa."

Ella salió corriendo de ahí. Me quedé sentado mirando al horizonte. Todo en silencio… ¡Hasta que escuché un grito!

Era su voz. Algo le había sucedido.

No sé qué me impulsó a hacerlo, pero comencé a buscarla. Corrí mucho, hasta que a lo lejos pude ver su silueta y la de otros animales que no alcancé a distinguir.

Cuando me acerqué lo suficiente pude ver todo con más claridad; cuatro chacales estaban persiguiendo a Sarafina.

En mi familia siempre me habían dicho que Mufasa era el fuerte y yo el listo. Había llegado la hora de probar si aquella teoría sobre mí era cierta. Pensé en un plan para salvarla. Me acerqué a los chacales y les grité:

"¡Oigan! ¿No creen que una sola cachorrita de león es muy poca comida para ustedes cuatro?"

Los cuatro chacales me miraron sorprendidos y asintieron con la cabeza al mismo tiempo.

Sarafina me miró atónita. Tal vez pensó que yo estaba dándoles tips a los chacales de cómo comerla mejor.

Mi voz comenzó a quebrarse de miedo, pero debía continuar con mi plan.

"Para poder vivir" les decía, "cada uno de ustedes necesita seis kilogramos de comida al día. Esta cachorrita solo pesa cuatro kilogramos. Es muy poco para ustedes tres."

Uno de los chacales, al parecer el líder, me dijo;

"Por esa razón te comeremos a ti también."

Sentí pánico, pero debía continuar.

"¿Que no lo entienden?, entre los dos pesamos ocho Kilos, y para saciar el hambre de ustedes tres necesitan dieciocho kilogramos, ¿A caso quieren pasar hambre?"

Los cuatro chacales negaron con su cabeza.

"Muy bien. Yo les sugiero que vayan a las colinas a buscar dos cachorros de león más, para que ajuste la comida para los cuatro. Mientras que ella y yo los esperaremos aquí." Decía apuntando con la pata a Sarafina.

Los cuatro chacales salieron disparados a buscar más comida a "las colinas", mientras Sarafina y yo aprovechábamos para escapar. Reíamos a carcajadas.

"Esa forma de engañarlos fue genial"

"¿Sabes cuánto tiempo harán de aquí a las colinas?, ¡cuatro días!"

Esa noche, Sarafina y yo nos divertimos mucho. De tanto reír nos comenzó a doler el estómago Intentábamos parar, pero nos acordábamos y volvíamos a hacerlo, hasta que, poco a poco la risa fue disminuyendo.

Esa noche, la luna brillaba como nunca y las estrellas destellaban intensamente. Nos recostamos en el pasto a observarlas, mientras buscábamos formas divertidas en el cielo.

"Te puedo preguntar algo," me dijo "¿Qué crees que sean las estrellas realmente?"

"Bueno, mi abuelo Mohatu1 siempre me decía que los grandes reyes del pasado nos cuidan desde arriba. Me explicaba que el brillo de las estrellas dependía de las virtudes del corazón desarrolladas en vida. Desde que me contó esto, yo siempre soñaba que mi estrella sería la más brillante de todas."

Al decir esto, mi mente me transportó automáticamente al árbol de Ralafaki, a la profecía. Y con esto el dolor volvió a mí.

"Creo que fallaré en mi intento"

"Yo no lo creo" me dijo—. Estoy segura de que tú serás la estrella más bella y brillante en el cielo.

—¿Por qué lo afirmas con tanta seguridad? —le pregunté asombrado por su comentario.

— Me salvaste— me dijo con ternura—eso demuestra la nobleza y valentía de tu corazón. Si yo pudiera hacer algo por ti, Si al morir tu estrella no brillara tanto como tú hubieras querido, yo abogaría para que resplandeciera como ninguna otra.

Me limité a sonreír. Sus palabras me reconfortaron mucho. Había ternura y sinceridad en ellas. Sentí tanto sosiego al escuchar aquello, que poco a poco comencé a quedarme dormido, arrullado por una silenciosa melodía proveniente del fresco viento.

1 El Rey Mohatu, según el libro oficial de Disney "La Estrella más Brillante", es el abuelo de Mufasa y Scar, por ende tiene que ser, o padre de Uru, o padre de Ahadi. Nadie lo sabe con certeza, pero hay teorías que apuntan más hacia Uru.