Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 18
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BPOV
Corro sobre la nieve fundida en medio de la calle.
El golpe de frío me hace zumbar los oídos, pero eso no me detiene de seguir. Acelero dando práctica a las corridas diarias con Carmen. Se me disparatan las pulsaciones como la explosión de los cables de luz en plena lluvia. Lágrimas enfurecidas ruedan por mis mejillas, lágrimas que se convierten en auténticos fragmentos de hielo. La adrenalina me provoca avidez por gritar. Mi cuerpo se siente listo para seguir corriendo hasta que se me derritan los pies.
—¡Bella, espera!
Debí suponer que me seguiría. ¿Por qué pensé que no lo haría?
Lo advierto acercarse a pesar de que sigo corriendo a gran velocidad. Llega un momento en que mis zapatos de tacón me impiden dar un paso más, así que no me sorprende cuando Edward toma una parte de mi vestido, deslizándolo en su puño. Aquello me hace parar abruptamente, casi dándome de bruces al suelo.
Me tiemblan las piernas de cansancio y Edward se sujeta las rodillas por la misma razón.
Estoy a punto echarme a correr de nuevo, cuando él se interpone con su voz.
—Ni se te ocurra, Garfield.
Garfield.
Algo tiene esa palabra que me hace bajar la guardia. Parezco una niña a la que acaban de castigar. No puedo mantener los pies quietos sobre el suelo, y termino balanceándome de atrás para adelante.
—¿Cómo puedes decir que no te quiero? —exige él, dolido.
—Porque es la verdad. —contesto con voz protectora.
—¿La verdad? —inquiere— ¿Qué sabes tú de la verdad? —se endereza rápidamente— Lo único que hago es cuidarte. Lo único que hago es asegurarme que nada te falte.
—¡No te estoy reclamando eso, por Dios! —gruño, dando un paso en falso— Mírate —le digo— Mírate y pregúntate cuántas cosas has hecho por mí sintiendo que no es suficiente. Cuántas.
Edward parpadea. La pregunta lo descoloca.
—No te entiendo.
—Todo lo haces para intentar llenar algún vacío en tu interior. Te esfuerzas en fingir que lo haces por cariño cuando en verdad te sientes responsable de mí. Lo que me vuelve loca porque agradezco muchísimo tu preocupación, pero no dejo de pensar que estoy arruinándote la vida con mis problemas. —se me llenan los ojos de lágrimas— No puedes negarlo.
—Lo niego. —refuta con furia— ¡Lo niego, maldita sea, lo niego! —se acerca unos pasos, los cuales retrocedo— ¿De verdad piensas que malgastaría mi vida cuidándote si no sintiese que quiero hacerlo? Si lo hago es porque me importas, Bella ¿cómo no vas a entenderlo?
Vuelvo a negar.
—Sabes que no es del todo verdad.
—¡Basta!
—¡Sabes que digo la verdad! —grito.
—¡NO ES CIERTO!
—¡LO ES! —bramo con todo lo que soy capaz. Edward palidece, lo que confirma mis sospechas. No es el mismo chico que intenta subirme el ánimo cada mañana, mostrándose alegre, pero a la vez forzado. Toma bocanadas de aire. De pronto, la oscuridad le invade por completo— Lo es. —repito.
Se pasa las manos por los ojos, expulsando el aire de su cuerpo.
Veo a un Edward totalmente distinto, con una capa gruesa de tristeza, luchando contra la pesada carga en su espalda. Él ya no tiene la fuerza de ocultármelo a mí.
Las apariencias usan su arma engañosa para camuflarte.
—Yo debí… —gimotea tembloroso— Esa noche… yo debí haberte acompañado. —confiesa con gran pesar— Cada día que pasaba sin tener noticias tuyas, cada día me hice la misma pregunta… —niega con la cabeza— ¿Por qué, Edward? ¿Por qué no la llevaste a casa? ¿Por qué permitiste que se fuera a esa hora de la noche? ¿Tanto te costaba mover tu estúpido y sucio trasero unas cuadras?
Se deja caer al suelo y estoy demasiado impresionada como para correr a socorrerlo. Mis pies han dejado de moverse, mi alma ha dejado de existir.
—Siempre te llevé a casa. ¿Por qué esa noche no lo hice? ¿Por qué fui tan estúpido?
Habíamos comido helado esa noche. Habíamos llegado de trabajar en aquel cumpleaños de niños y estábamos riéndonos de sus fotografías de pequeño. Hablamos de nuestros planes a futuro. Él quería niños. Yo también los quería.
—No sabes la desesperación que fue… no poder hacer nada por ti. Buscar por todos sitios con la esperanza de ver una cabellera castaña entre la gente, que pudieses llamar de algún teléfono público, de disculparte por ser tan grosera en no avisar que te quedarías en casa de alguien más. La angustia de ver que las horas pasaban y pasaban y pasaban... A veces todavía siento esa misma angustia, aún si sé que estás aquí. —solloza— A veces me levanto para asegurarme que estás, Bella, porque tengo miedo de perderte de nuevo, incluso si creo que ha sido un sueño y me he vuelto loco.
Por fin, avanzo unos pasos. No son suficientes.
—Cuando saliste sin avisarle a nadie, estuviste tres horas fuera. Y en esas tres horas por un momento creí que todo había sido un sueño mío. Pero entonces todos estaban buscándote, igual que antes.
Vuelvo avanzar.
—La gente me culpó y por dentro estaba de acuerdo. La gente creía que te tenía escondida en algún lugar. Me hicieron sentir una mierda de persona, y terminé confirmando que lo era, porque de lo contrario, nunca hubieses pasado por esto.
Llego hasta él, arrodillándome hasta que nuestros rostros estén a la misma altura.
—Ni siquiera pienses en culparte por lo que pasó.
—Es lo que he pensado siempre.
—No —le tomo la cara con una mano— Por Dios, mírame. —ojos rotos por las lágrimas, rostro demacrado— No es tu culpa.
—Lo es —empieza a llorar.
Me contengo de no hacerlo también.
—No es tu culpa —repito, haciéndolo mirarme de nuevo— Te lo digo yo, que fui víctima directa de esta mierda… No es tu culpa. Si no hubiese sido esa noche, hubiese sido otra. Y tal vez incluso de día. Su objetivo fue adiestrarme a su antojo, y lo iba a conseguir a toda costa, estando tú allí o no.
—Lily.
—Rosalie —sueno tajante— Rosalie Hale.
Aún en el suelo, apoyo las piernas de tal manera que ensucio parte de mi vestido. Nada sobre la insignificante tela puede importarme ahora. El aspecto tan desaliñado de Edward acapara mi atención. Jamás le he visto así de destruido. Mortificada por este chico -No, perdón- hombre, el que se ha sumido en una traumática reacción. A veces, cuando no podemos más, sucede esto. Sucede que es demasiada la carga para expresarte debidamente, entonces te vuelves un zombie, tal como luce Edward.
—Denver se volvió una ciudad temida por los turistas, e incluso de la misma gente que vivía acá. Todos tenían miedo de salir. Con el tiempo lo fueron superando. La gente empezó a salir adelante. —enrollo la tela azul entre mis dedos— Y yo sentía que no podía hacerlo. Cada vez que me lo proponía, aparecías en mi cabeza. No podía surgir como quería. Nunca pude… tener una relación estable con nadie. El horror me invadía, la desconfianza, el trauma. Te imaginaba en algún lugar del mundo, necesitando mi ayuda y yo estaba en esta otra esquina preguntándome por tu vida.
Hasta ahora me doy cuenta que egoístamente solo he estado pensando en mí. Mi cambio de vida en el último tiempo fue durísimo. Por mucho que piensen que fue liberador, me sentía abrumada todo el tiempo, ya que todo estaba diferente; las personas estaban diferentes. Y eso me volvía ansiosa. Sin embargo, Carmen y Edward hicieron que resultara mucho menos difícil. Pero nunca me puse a pensar en el daño que eso ocasionó en los demás.
Yo, porque me quitaron la independencia.
Ellos, porque no sabían mi paradero.
—Pero ya estoy aquí… —murmuro con un nudo en la garganta— he vuelto y…
—Y nos hemos confundido. —dice él. Es primera vez que lo reconoce. Bajo la cabeza a mis manos— Perdóname, Bells. Cuando dices que me siento responsable de ti… es verdad. Tal vez hay un poco de cierto en tus reproches, pero de que te tengo lástima, no es verdad. De que hago las cosas sin quererte, eso no es verdad.
—Bien —suspiro— Lo siento mucho yo también. No debí haberte dicho esa sarta de cosas. Por supuesto que me quieres, pero me he puesto muy sensible con el baile. —me toma el dedo meñique— Fui muy injusta y desagradecida. De verdad que lo lamento.
Hace mucho no escuchaba a mi voz tan firme, tan clara.
—Oye, está bien. Tu instinto siempre es actuar a la defensiva. Y probablemente sea así por mucho tiempo. Pero se trata de mí. No tienes que arrancar en cada oportunidad que se te presenta. Si algo te molesta, entonces hablémoslo.
Nos ponemos de pie; mi vestido y su pantalón se empapan con la nieve, y noto la clara incomodidad de ambos en la cercanía. No así en el suelo. Ojalá nunca nos hubiésemos levantado.
Mi cabeza repite su propia frase: "Y nos hemos confundido"
Necesito decir algo.
—Estás confundido… —suelto.
Pero qué idiota.
Edward se sacude el pantalón con las manos, echándome un vistazo.
—Escogí el peor momento para hacerlo. Me preocupa.
—Uno no lo escoge. —contesto— No te estoy pidiendo nada. Tienes razón, no es el momento. No estoy lista para averiguarlo y mi corazón se siente demasiado dañado para forzarme a algo que en verdad… no quiero.
Edward levanta la comisura de sus labios.
—Vaya.
—¿Qué?
—Va a estar difícil —responde con los ojos fijos en mí—, no enamorarme de ti de nuevo.
Encojo los hombros.
—Tienes a Ángela.
—¿Quién es Ángela? —resopla.
Me reiría, pero estoy nerviosa, de modo que muevo un pie delante del otro. Es Edward quién termina riendo, y en verdad no sé si es por lo que ha dicho o por mí. Sin tiempo a averiguarlo, se acerca y deja un beso en mi frente.
Querer no es lo mismo que amar, pienso.
Amar, son palabras mayores. Y no puedo evitar querer a la gente que me demuestra su cariño. Edward me demuestra su cariño, todo el tiempo.
Realmente espero sanar por completo algún día. Y en verdad me gustaría que él pudiese estar, si es que para entonces me sigue teniendo paciencia.
—¿Edward?
—¿Bella?
—Lamento mucho por lo que has pasado.
Él sonríe con tristeza.
—Yo también.
El viento me alborota el cabello. Mirarnos es todo lo que podemos hacer por el momento, y cuando siento que la situación no puede ser más embarazosa, Edward se acerca y me da un beso… en la boca. Sus labios fríos y quebradizos acarician los míos por un segundo. Luego, se aleja dejándome atontada.
—¿Y eso? —pregunto.
Encoge los hombros.
—Por si se nos hace demasiado largo el tiempo.
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Bree me regala un celular sin tapita. Es una tabla, literalmente. Todos tratan de enseñarme cómo usarlo, ya que todavía no puedo comprender como mi dedo puede hacer una llamada.
Cuando intento hacerlo, termino yéndome a la configuración y bloqueándolo sin querer.
—Vale, Bella. Creo que tenemos tiempo antes de que me vaya para que aprendas.
Esme se sorprende.
—Oh. ¿Ya te marchas? —pregunta tristona.
Bree mueve los dedos en la tabla, conocida como celular, sin problemas.
—Tengo que hacerlo. No vivo de aire, necesito trabajar.
—¿Al menos estarás para Año Nuevo? —inquiere Emmett.
Bree eleva los ojos hasta mí, sonriendo empática, refiriéndose al juicio.
—Por supuesto que estaré para entonces.
Asiento hacia ella, agradecida.
Bree no ha estado mucho tiempo en Denver y ya siento que la necesito. Ni siquiera nos alcanzamos a conocer en el pasado, porque siempre estaba viajando por el mundo. Y me sorprendió su preocupación por mí desde el comienzo. Creo que debido a sus dudas con Rosalie, nuestra unión se hizo más fuerte.
Alice cayó rendida en la cama de mi habitación a esos de las dos de la madrugada. Regreso al cuarto y todavía está aferrada a mi almohada favorita. Dejo que duerma y pase su resaca mientras me siento frente al escritorio, sosteniendo el peluche gigante de Garfield que me regaló Edward. Tiene una enorme nariz y bigotes, y parece tan malhumorado como yo la mayor parte del tiempo. Sonrío para mí, agitándolo y dejándolo sobre la mesita de roble. Enciendo la lamparita de luz y empiezo a dibujar.
Dibujo una carretera llena de nieve.
La carretera está vacía, pero puedo imaginarme a Edward y a mí en medio de ella. Una parte de mí se siente aliviada por la conversación de anoche. Una parte de mí está lista para intentar superarlo, pero la otra parte se siente intranquila.
Dos días después de Navidad, Jasper nos dice que Charlie estará en el juicio.
No es la noticia que hubiese estado esperando, pero tampoco me sorprende.
Todavía tengo el puñado de llaves guardado en mi buró. A veces lo reviso, solo para escuchar el tintineo de estas.
Edward se apoya en el umbral de la puerta, con una bandeja de leche y galletas para compartir.
—¿Me puedes hacer un favor? —le pido.
Deja la bandeja sobre la cama, mientras abre las cortinas.
—¿Sí?
Saco una galleta del plato.
—¿Me llevas a mi antigua casa?
Sé que de ahí no han sacado nada en los tres años que Mars lleva fallecida, y siento que necesito ir, aunque sea por última vez para despedirme, para ver mis cosas, para dejar esa etapa atrás. Es la casa de mi infancia que también se me fue arrebatada.
Al menos, para sentir por un instante que nada ha cambiado, cuando en verdad no es cierto.
Edward pone una mano sobre la mía.
—De acuerdo.
Yo sé que hay confusión con respecto a la relación de Edward y Bella, que si se quedan juntos, que si se quedan como amigos. La misma Bella lo ha dicho, ella quiere sanar primero. POR EL MOMENTO, no sabemos lo que pase más adelante ;))) Al fic todavía le queda, no mucho, pero lo suficiente para que lo averiguen.
Yo no soy de finales tristes, lo he dicho otras veces. Este fic no será la excepción, quédense tranquilas con eso.
Gracias por leer, comentar, dar fav, alerta y todo lo demás.
Besoss
