Capítulo 7: Primer día fuera de casa

Mi primer día fuera de casa fue extraño.

Sarafina permanecía a mi lado. Al principio la idea de que estuviera conmigo me resultaba desagradable, pero después del incidente de los chacales, su compañía me hacía mucho bien. Era realmente, una chica muy bromista.

—Taka dime, ¿cuál es el colmo de una hiena?... sentirse vacía— La risa de Saffy parecía tener poderes mágicos. Me la contagiaba y me hacía sentir muy alegre.

Creo que, su compañía no había sido mala después de todo. Por lo menos no estaba solo.

La tarde llegó y ambos estábamos hambrientos. ¿Cómo conseguiríamos alimento?, a fin de cuentas no éramos más que dos cachorros en medio de la sabana.

— Debemos intentar atrapar, por lo menos un animal pequeño.

Encontramos una manada de antílopes. Dos de ellos eran apenas unas pequeñas crías.

—Embestiré alguna de las crías —me dijo Sarafina fríamente-, esto no será fácil.

—¡Es muy peligroso! —Le dije— ¡Eres muy pequeña aún! Si los padres te atacan con sus cuernos, será tu fin.

—Por eso, quiero que tú me ayudes —me dijo ella muy decidida—, debes distraerlos.

—¡Pero soy un león macho! –Repliqué- yo no puedo cazar. Eso es cosa de niñas.

—Pues si quieres comer hoy, deberás olvidarte de eso. –Comentó molesta y firmemente.

¿Quién hubiera dicho que al final mi padre tendría razón?; en algún momento las lecciones 'para niñas' podrían resultarme útiles.

Sin embargo, el plan fue un desastre:

Fingí que atacaría a la cría número "uno", de una manera descarada e indiscreta para llamar la atención de los padres. Al verme, los padres comenzaron a perseguirme amenazándome con sus cuernos. Por su parte Sarafina se agazapó en los pastizales para intentar cazar a la cría numero "dos". Justo cuando estaba a punto de atacarla, una roca se movió debajo de su pata. La cría "dos" se dio cuenta e hizo un ruido; una especie de gemido, con el cual llamó a sus padres. La pareja de antílopes dejó de perseguirme, pero ahora perseguían a Sarafina.

Para su suerte, Sarafina llegó hasta la orilla de un manantial, y tuvo una idea; Se detuvo en seco, volteó hacia los antílopes, y justo cuando estos se lanzaron para atacarla, Sarafina se hizo un lado, así, los antílopes cayeron al agua.

Llegó la noche, y aunque no habíamos conseguido alimento alguno, nos divertimos recordando la gran hazaña.

—¿¡Viste como cayeron al agua!? ¡Fue realmente grandioso! — Me decía.

— Creo que nos falta experiencia. Somos muy pequeños como para cazar algo —le dije—, Sin embargo creo que hacemos un buen equipo.

— ¡Sí! —me decía Sarafina, feliz —. Deberíamos ponerle nombre a nuestro equipo, ¿qué tal: "El Equipo Grandioso de Sarafina y...?, ¡Oye..!, llevo dos días de conocerte y no sé tu nombre, ¿Cómo te llamas?

— Taka —le contesté con indiferencia.

—¡Muy bien!—me dijo—, seremos: "El invencible, maravilloso y grandioso equipo de Taka y Sarafina."

—Es muy largo — le dije fríamente.

—En ese caso, —me dijo pensativa —Nos llamaremos: "Los invencibles Taka y Sarafina."

— Me gusta más —le respondí—, así nos llamaremos. Como decía mi abuelo Mohatu; Dos leones cazan mejor que uno.

Sarafina me miró con dulzura.

—Veo que tu abuelo era muy importante para ti. Cuéntame más sobre él.

—Mi abuelo siempre estuvo conmigo y siempre me brindó más cariño y atención que mi propio padre. Era un león sabio. Poco antes de morir me habló sobre Los Grandes Reyes Del Pasado.

Sarafina escuchaba mi historia atentamente. La luz de la luna, brillaba intensamente sobre nosotros dando a nuestro pelaje un tono platinado.

—...el día que murió me quedé muy solo. Mi madre era la única que podía hacerme sentir mejor. Ella es un ángel encarnado, sin embargo su amor no era suficiente. Algo le hacía falta a mi vida. Como un hueco. Un vacío profundo sentía yo, hasta que...

Hice una pequeña pausa.

—¿Decías Taka? —preguntó Saffy, esperando a que prosiguiera con mi relato. Pude notar en aquellos momentos un brillo especial en su mirar. Entonces, sonreí, y comencé a hablar de manera eufórica y entusiasmada.

—Mi vacío era enorme hasta que... ¡Sarabi llegó a mi vida!

Ante este comentario, Sarafina reaccionó de una forma extraña; Pude notar que sus ojos se nublaron. Guardo silencio unos momentos, y después me dijo, con la voz un poco quebrada:

—Creo que ya he escuchado suficiente. –Dijo con desdén y se alejó uns centímetros de mí, dándome la espalda.

— ¿Estás bien? —le pregunté.

— Sí. No es nada. Vamos a dormir.

Aunque no entendí su reacción, ese día descubrí el corazón noble de Sarafina. Descubrí lo mucho que valía.

Nunca me había sentido tan feliz de tener tan buena amiga como ella.