Miércoles, mitad de semana, solo dos días y ya estamos en finde! Lamentablemente, tengo que estudiar, está siendo genial estos días de estudio y trabajo. Por favor! Que alguien pare esto! Jajajajaja

Como estaba tan cansada, al final me he animado a subir otro capítulo, tenemos suerte que tenga escritos bastante más jejeje, así no habrá parones por el momento :)

Muchísimas gracias a las dos personas que me comentaron, fueron mis primeros comentarios! Y me hicieron más ilusión de la que creía. Me alegra mucho saber que hay gente a la que le resulta interesante mi historia. Os lo agradezco de verdad.

Sin más, os dejo otro capítulo para disfrutar, en el que se descubrirán más cosas sobre el pasado de Sara :)

- ¿TEI? – Zoro seguía asombrado – ¿Estás queriendo decir que esta tía está loca? – Dijo señalando a Sara – ¡Eso ya lo sabíamos antes!

- ¡Oye, no te pases! – le espetó la científica indignada, no estoy loca.

- El Trastorno Explosivo Intermitente es una enfermedad algo rara, no es muy común en las personas y las que lo sufren… Bueno, siempre se le acusa de sujetos con mala conducta. No estoy muy familiarizado con este tipo de enfermedad, pero he leído algunas cosas – decía Chopper a la vez que se rascaba la cabeza – Los que tienen esta enfermedad, cuando se sienten menospreciados, no se les entienden, se frustran por algo o son rechazados, estallan. ¿Me equivoco?

Sara negó con la cabeza, algo avergonzada e incómoda mientras jugaba con los pulgares de la mano.

Se hizo el silencio en la habitación, nada de lo que Sara pudiese decir para excusarse podría hacer que la cosa se calmase, ni siquiera ella estaba totalmente calmada. Podía notar cierto mareo y tranquilidad, pero era debido al alcohol que había bebido minutos antes.

- ¿Qué propones hacer, Chopper? – preguntó Zoro.

- Bueno, antes de nada… quizás deberíamos decírselo a Luffy y a los demás y que ellos decidan qué hacer con ella, aunque yo soy médico, no puedo dejarla así como así, me veo en la obligación de tratarla.

- No creo que sea buena idea decirlo, Luffy no parará de provocarla y alguno de los otros estarán aterrados por esto y eso no beneficiará a Sara. Por lo que acabas de decir, cuando se duda de ella, la bomba de relojería empieza a contar marcha atrás hasta que revienta.

- Esperad, esperad – Sara no podía creer lo que estaba escuchando, quizás lo estaba entendiendo mal, sí, es lo más probable – ¿Estáis diciendo que me vais a dejar que siga con vosotros?

Tanto Chopper como Zoro la miraron, obviamente era exactamente lo que estaban queriendo decir.

- Hoy has ayudado mucho contra la marina, gracias a tus habilidades. Todos los aquí presentes en este barco tenemos nuestros defectos, mira Sanji, es un cocinero estúpido.

- No es lo mismo.

- Las cosas se pueden intentar si se les da una oportunidad – Sara abrió la boca para decir algo, pero el espadachín la interrumpió – Aunque por mí, si quieres te lanzamos ahora mismo al mar, te aseguro que no tengo ningún problema, ¿es lo que quieres? – La científica negó con la cabeza – Bien, Chopper, ve y ayuda a Franky, necesita que le echen una mano, te llevaré a Sara a la consulta en cuanto nos saquéis de aquí, y le pondremos una solución a esto.

Chopper salió de la habitación dejando a los dos compañeros solos. Sara había vuelto a jugar con sus pulgares, no se atrevía a mirar al espadachín.

- Lo que ocurrió esos dos años… ¿Tiene algo que ver con lo que nos has contado? – Sara asintió, pero no dijo nada – Cuéntamelo.

- No puedo hacerlo.

Zoro había cogido una silla y se había colocado a la derecha de la chica y acto seguido, colocó su mano sobre las de Sara para que dejase de jugar con los dedos.

- Déjame verlo.

Tomó su mano derecha y deslizó con cuidado el guante de cuero, llevaba una camiseta de tirantes, así que Zoro pudo ver completamente la cicatriz. No parecía demasiado vieja, él tenía tres cicatrices, una en el pecho y dos en los tobillos, así que entendía de eso, la de Sara apenas tenía algo más de un año y medio.

- Dijiste que llevabas trabajando para esta gente un año y medio ¿no? – Sara asintió – Esta cicatriz tiene algo más, ¿qué te pasó?

De repente el barco comenzó a temblar descontroladamente, Franky y Chopper habían terminado, en unos minutos el barco saldría volando por los aires como en la otra ocasión. Sara recordó aquella vez, acababa de montarse en el barco y casi cae por la borda. Notaron una fuerte sacudida, no les dio tiempo a agarrarse a nada y cayeron al suelo, cada uno en una punta de la habitación.

En aquel momento, Sara rezó para que Chopper se hubiese deshecho de la nitroglicerina, la había tratado, sí, pero no estaba muy segura de que pudiese aguantar un movimiento como este dos veces. Se llevó la mano al hombro, se había dado un buen golpe contra una de las maletas que tenía apartada en la esquina, apenas abrió los ojos, vio como un libro llevaba como único destino su cara. Notó el golpe, un gran golpe en toda su nariz y dejó salir por su boca un grito de dolor.

- ¡Agárrate a algo! ¡Ahora toca el descenso del barco! – el dolor intermitente de su cara y su hombro apenas le dejaba escuchar la advertencia de Zoro.

Intentó agarrarse a la maleta, obviamente no sirvió de mucho, ésta también estaba sometida a la fuerza de la gravedad, así que se deslizó por toda la habitación hasta la otra punta llevándose consigo a Sara arrastrándose por el suelo. Se produjo otro fuerte balanceo y la científica pudo ver horrorizada como quedaba empapada por el agua que entró bruscamente por el ventanal que, desgraciadamente, se había dejado abierto.

El espadachín había salido seco e ileso, se acercó a Sara y la ayudó a levantarse. Y la llevó a la cama para que se sentase.

- ¿Estás bien? – dijo mirando la nariz que no paraba de sangrar – Espera, no te muevas.

Su compañero buscó en el cuarto de baño algo de papel y le limpió la sangre, luego cogió una toalla y se la colocó alrededor de los hombros, cubriéndola bien.

- Gracias.

-Bien, creo que nos hemos quedado con una conversación a medias y te puedo asegurar que no te llevaré a la enfermería hasta que me lo cuentes todo – la científica lo miró con algo de angustia, hablaba completamente en serio – Yo que tú me daría prisa en hablar, ese golpe en la nariz no tiene muy buena pinta.

- Ok, pregúntame lo que quieras saber y si puedo, te responderé.

- ¿Te ha provocado algún problema tu enfermedad?

- ¿Es en serio? De todas las preguntas que puedes hacerme, ¿solo se te ocurre eso? – Zoro simplemente la miró – Es obvio que los ataques de ira sí que me han provocado algún que otro incidente. En mi infancia lo solucionaban con castigarme, cuando comencé a estudiar con mi padrastro, le ayudaba con las bombas y me desahogaba reventando montañas de grava. Luego, en mi adolescencia… bueno, pasé alguna noche en el calabozo.

- La cicatriz.

- ¿Qué ocurre con ella?

- ¿Cómo te la hiciste?

- Pues… bueno, como ya os dije, fue en una pelea. Cuando tenía 19 años el Sr. Köller y su mujer se marcharon y yo tuve que enfrentarme sola a mis problemas. Entre ellos, una gran disputa – lo recordó y rió de forma forzada – si piensas que yo acabé mal, tendrías que haber visto cómo terminó ella – miró a Zoro que la miraba serio – No era mejor que yo, se lo merecía.

- ¿Así te justificas? ¿No era mejor que tú? ¿Se lo merecía? – le dijo duramente.

- De alguna forma tengo que acallar la voz de mi conciencia, de alguna forma tengo que dormir por las noches y sobrevivir al día a día. No puedo controlarme, no lo hago por placer. Créeme, esa sucia mujer se lo merecía – dijo con odio.

La mirada de Zoro se ablandó, sabía que aquello era duro, pero no podía imaginarse cuánto. Volvió a cogerle la mano derecha y con el dedo índice de la otra que le quedaba libre, recorrió su cicatriz. Sara observaba atónita cada movimiento, con los ojos muy abiertos, intentó decir algo, pero el cosquilleo y el nudo en la garganta le impidió articular sonido alguno.

- ¿Y tú? – Zoro levantó la mirada para posar sus ojos sobre los de ella - ¿Te lo merecías?

- Estoy más que segura.

- Lo estoy intentando, créeme que lo intento, pero… ¿cómo quieres que me fie de ti si no me cuentas toda la verdad?

Ese momento tan extraño había desaparecido, había aterrizado de nuevo en la realidad, ella se limitaba a mirarlo, seria, y después de un instante, se dio por vencida.

- ¿Qué quieres saber?

- Esos dos años, ¿qué pasó?

Ella suspiró de manera sonora, estaba empezando a desesperarse de nuevo, sabía que estaba en un callejón sin salida.

- En el momento en el que te lo cuente, esa poca confianza que tienes en mí, desaparecerá.

- Inténtalo.

- Una noche, antes de que el Sr. y la Sra. Köller se marchasen, cuando terminamos de trabajar, fue a vernos un antiguo cliente algo… descontento. Fue aquella noche cuando mi… enfermedad me jugó una mala pasada, la peor de toda mi vida – suspiró de nuevo – Estuve en la cárcel – Sara hizo otra pausa para observar la reacción de su compañero, en su rostro pudo ver sorpresa – Esos dos años estuve en la cárcel – repitió.

- ¿Por qué?

- Ya lo sabes, ¿hace falta que lo diga?

- Quiero escucharlo de tu boca, quiero creer que me estoy equivocando y que ese pobre hombre regresó a su casa aquella noche.

- No era un pobre hombre.

- ¿También se lo merecía?

Sara se quedó callada, estaba usando sus propias palabras contra ella.

- Roronoa, no tienes ni idea de…

- ¡¿Por qué estuviste en la cárcel, Sara?! – le cortó.

- Por asesinato.