No soy una obsesa de mi fic, no estoy todo el rato escribiendo jajaja Si actualizo tan de seguido es porque tengo bastantes capítulos de margen, así que bueno... No tiene mucho sentido teneros esperando por el siguiente capítulo, ya habrá tiempo de haceros esperar jejeje
Me alegro de que os esté resultando interesante, me alegra muchísimo, no quiería una chica muy corriente, no sé si he conseguido que al final quedase como me la imaginaba siempre en mi cabeza.
En este cap se descubre un poco más de Sara, así que, disfruten :)
Tras su declaración, se hizo el silencio en la habitación. Zoro se percató de que la nariz de Sara había comenzado a hincharse, así que salió un momento de la cuarto. La científica pensaba que ya no iba a regresar, que se había largado por su confesión y que una vez más, le habían dado la espalda. No pudo evitar soltar una risa irónica.
- No sé por qué me sorprende.
Suspiró. Agarró fuertemente el extremo de la toalla y subió los pies a la cama hasta juntar las rodillas con su pecho y apoyó la barbilla sobre éstas, como hacía de pequeña cuando sabía que había hecho algo mal. De un momento a otro, transcurridos unos 15 minutos, la puerta volvió a abrirse, Sara se quedó mirando a su compañero algo sorprendida, no esperaba que volviese. ¿Qué hace aquí? Traía algo en sus manos, envuelto con su pañuelo negro. Volvió a sentarse frete a ella.
- Toma – dijo extendiéndole el saquito – es hielo para la nariz, se te está hinchando – explicó al ver la cara de Sara.
Fue entonces cuando la científica notó una gran punzada de de dolor, inconscientemente se llevó la mano a la nariz, lo que provocó que éste aumentase.
- ¡AAAUUU! – un gran alarido de dolor salió por la boca de Sara.
- Tsk.
Zoro chasqueó la lengua, le cogió la muñeca a la científica con gran brusquedad y le colocó el pañuelo negro con los hielos sobre la palma de la mano, acto seguido, le guió la mano hasta la nariz con mucho cuidado para no golpearle de nuevo y la soltó. La científica no sabía si agradecérselo, agachar la mirada, salir de la habitación, ir a la enfermería o echarse un rato en la cama.
- ¿Qué más quieres saber? – preguntó al fin.
- ¿Es tu forma de agradecérmelo? – preguntó Zoro alzando una ceja.
- Creo que es lo máximo a lo que he llegado hasta ahora… exceptuando claro, a mi padrastro, deberías sentirte realmente agradecido.
Y no mentía, Sara no era de las personas que daba las gracias, normalmente solía ser algo arisca, algo grosera y bastante cortante con las personas, nunca se le había dado bien relacionarse con la gente.
- ¿Qué hizo ese hombre para provocar tu ira? – preguntó tras un buen rato de silencio.
- Llegó bastante cabreado, no recuerdo exactamente por qué, no hablaba con claridad, bueno, en realidad no recuerdo gran parte de la noche la verdad – Sara no miraba a Zoro, el simple hecho de no recordar nada, le avergonzaba un poco, aunque le intentaba restar importancia al asunto rascándose la cabeza y encogiéndose de hombros – El Sr. Köller que sabía de mis ataques de ira, me mandó a la habitación junto a su mujer, no quería que me entrometiese "Todo estará bien" me dijo. Yo tan solo tenía 18 años, faltaba un mes para que cumpliese los 19. Al principio me asusté, la Sra. Köller me cogió de la mano y las dos nos encerramos en la habitación, pero entonces, comenzamos a escuchar gritos desesperados por parte del cliente, iba algo borracho.
De repente, Sara se quedó callada, pero en aquella ocasión no había manera de escabullirse de aquello y en la habitación tan solo estaban Zoro y ella. Él no paraba de observarla y la científica comenzaba a sentirse incómoda y a ponerse nerviosa, tanto, que empezaron a aparecer los temblores. Zoro se había dado cuenta y no sabía cómo calmarla, lo único que se le ocurrió fue sujetarle la mano que tenía el hielo para que no se hiciese daño en la nariz.
- Continua – le dijo con voz pausada.
Los pocos recuerdos que tenía de aquella noche le vinieron a la cabeza, Zoro la miraba, a la espera de una explicación.
- FLASHBACK –
- ¡Sara! ¿Dónde vas? – la voz desesperada de la mujer hacía eco en los oídos de la chica, pero ella estaba demasiado cabreada como para pararse a escucharla - ¡Ven aquí Sara! ¡Vuelve!
Decidida, corrió por el pasillo camino hacia las escaleras, las bajó de dos en dos ¿o fue de tres en tres? Ya no lo recuerda. Los golpes que escuchaba en la casa, los gritos, las sillas rompiéndose, los jarrones estrellándose en las paredes y… las súplicas… Ellery.
- ¡Ellery! – la chica lo llamó varias veces, su padrastro no contestaba.
Los ruidos habían cesado, seguro que el intruso lo tenía amordazado, espero que no estés muerto, si no, te juro que yo misma te traeré de vuelta a la vida, te mataré y me encargaré de profanar tu cuerpo, no voy a permitir que te largues tan pronto. Estaba cabreada, muy muy cabreada y aquello no era bueno. Había comenzado a hiperventilar y los oídos se le habían taponado, ya ni siquiera podía asegurar que los ruidos hubiesen cesado, tan solo escuchaba un leve pitido y comenzaba a notar como todo le daba vueltas. Estaba parada en mitad de una habitación, ¿cuál era? ¿El salón? ¿La sala de estar? ¿El pasillo? Ni siquiera lo sabía, era patético, su mente había comenzado a nublarse, necesitaba algo con lo que relajarse. Sabía que Ellery guardaba una botella de whisky Yamazaki, él siempre decía que era el mejor whisky del mundo y que era para una ocasión especial.
- Bueno, esta es una ocasión especial – susurró Sara.
¿Hacia donde era? ¿Derecha? ¿Izquierda? Ni siquiera era capaz de ir a la cocina, estaba comenzando a marearse, cerró fuertemente los ojos y cuando los volvió a abrir, notó un fuerte dolor en los codos y en la palma de su mano derecha, estaba apoyada sobre una mesa, ¡en la cocina! Sara había aprendido a dejar de hacerse preguntas, cuando comenzaba a sufrir estos ataques, no era capaz de controlar su cuerpo. Solamente se limitaba a su objetivo, que en aquel momento era el whisky. Después de buscar desesperadamente por los armarios logró encontrar esa botella de líquido oro, desenrosco la botella y dio un largo y plausible trago. De repente, los ruidos volvieron como cuando estás escuchando música en una radio clásica y subes el volumen de repente hasta que es insoportable y tienes que taparte los oídos con las manos. El Sr. Köller estaba gritando, estaban fuera de la casa.
Sara salió corriendo, sin soltar la botella, en su camino, ésta se iba vaciando peligrosamente debido a que a la chica se le había olvidado volver a cerrarla. Los gritos provenían de detrás de la casa. Cuando llegó, pudo distinguir a los dos hombres. El intruso, el que llevaba un arma, le daba la espalda y estaba apuntando al Sr. Köller. Sara estaba dispuesta golpearle con la botella, pero al parecer su respiración fue demasiado fuerte y el hombre se dio la vuelta apuntando a Sara a la cabeza.
- ¡Allen, no!
Gritó desesperado el Sr. Köller dando un paso al frente, el supuesto Allen, asustando, se giró bruscamente y disparó al padrastro de Sara. Ésta no vio donde fue la bala, tan solo vio como el hombre que la había criado caía al suelo, fue lo último que recordó, después de esa imagen, todo se volvió negro.
- FIN FLASHBACK –
Sara aún sujetaba el pañuelo de Zoro, le calmaba el dolor de la nariz, además, notaba como el hinchazón había disminuido.
- ¿Cómo que no recuerdas nada más? Dijiste que fuiste a la cárcel por asesinato.
- Cuando me ocurre eso… siempre es todo como una especie de sueño. Lo siguiente que recuerdo, cuando abrí los ojos, fue la botella del whisky Yamazaki rota a mi derecha y la cabeza de ese tal Allen entre mis manos llenas de sangre. Recuerdo que no paraba de golpearla contra un escalón del interior de la casa, ni siquiera sé cómo llegué allí. Los gritos de la Sra. Köller fueron los que me devolvieron a la realidad – Sara miró a su compañero que la observaba completamente serio, no pudo evitarlo, apartó la mirada – Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, al principio, de la rabia, no podía parar y seguí una y otra vez, poco a poco fui parando y me levanté despacio, contemplé la escena, al otro lado de la habitación estaba el Sr. Köller, cubriéndose el hombro – Sara hizo una pausa – tan solo le disparó en un hombro, sí, pero antes de eso, le estuvo amenazando con matar a su familia y golpeándolo. Cuando fui consciente de lo que había hecho me sentí…
Sara se quitó el pañuelo de la nariz y agachó la cabeza, ya no le dolía.
- ¿Cómo te sentiste? – insistió Zoro.
- Me sentí bien – contestó aún sin mirarle – una parte de mi, una oscura parte de mi, se sintió aliviada, eufórica, ese hombre habría matado a Ellery. Había hecho lo que cualquier persona hubiese hecho, él me crió y si tuviese que volver a matar por protegerlos, lo haría.
- ¿Qué pasó luego?
- Llamamos a la policía, me entregué voluntariamente – Sara alzó la vista hacia su compañero – el hecho de que me sintiese satisfecha al ver aquello, el que me gustase matar a aquel hombre, quería decir que había algo que no marchaba bien dentro de mí. Los tres éramos conscientes de mi problema, había pasado noches en el calabozo. Habíamos logrado controlarlo, pero hasta entonces no había llegado a matar a nadie y mucho menos a disfrutarlo, bueno, en realidad, no pude disfrutar aquello, no era consciente de lo que hacía, pero ya sabes a lo que me refiero, no había sentimiento de culpabilidad. Y sigo sin tenerlo – Sara suspiró – No hubo juicio, los hechos hablaban por sí solos, fui derecha a la cárcel.
Desde que comenzó a contar su historia, Sara apenas había parado de hablar y Zoro lo único que hacía era escucharla atentamente, simplemente la miraba. Al principio, cuando le confesó el motivo por el que estuvo en la cárcel no pudo evitar juzgarla, estaba cabreado, ¿cómo una persona así podía estar a bordo del Sunny? No estaba dispuesto a dejar que se quedase, en cuanto Chopper le curase la nariz la encerrarían y en la siguiente isla la dejarían a su suerte, no iba a permitir que una asesina formase parte de la banda. Pero cuando le pidió que le contase lo que ocurrió… no pudo evitar sentir pena por ella ¿qué hubiese hecho yo en su lugar?
- Di algo por favor… – suplicó Sara.
- Supongo que luego fueron a buscarte a la cárcel al saber de tus conocimientos sobre bombas, ¿no?
- Así es. Pero no tengo ni idea de cómo supieron sobre mí. Tan solo llegaron y me propusieron un trato.
- ¿Qué trato?
- Ellos me dicen el encargo, lugar y fecha y yo no cometo ningún error, sino, lo pagaré caro.
- ¿Alguna vez has fallado?
- Ninguna.
El espadachín notaba que había algo en ella que le inquietaba, pensaba que era todo lo que le había contado, obviamente no era nada normal, pero si se mira todo desde fuera, fríamente… ellos eran piratas, no eran muy diferentes, aunque ella… había admitido que no tenía ningún sentimiento de culpa por lo que había hecho, ningún remordimiento. Nada.
- Creo que la manera de matarlo fue… algo sádica, pero yo en tu lugar, lo hubiese cortado en cuantas partes hubiese podido.
- Me hubiese encantado ver eso – Dijo Sara girando la cabeza divertida.
Sara sonrió, una sonrisa aliviada y algo cruel al imaginarse la situación. Estaba confundida… y también alegre, era la primera vez que alguien le decía algo así.
- Vamos, Chopper tiene que verte esa nariz y ese hombro, a este paso, no llegarás a la siguiente isla viva.
Zoro le abrió la puerta y la observó mientras avanzaba a lo largo del pasillo. Decía todo con tanta simpleza… como si todo fuese demasiado fácil y no le diese importancia a las cosas, como un niño que rompe la punta de un lápiz y pide un sacapuntas, pero a la vez era demasiado fría aunque también divertida. Era una chica demasiado rara, demasiado rara para él. Y aquello le estaba empezando a gustar.
