Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 20

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BPOV

8 meses después del juicio…

He de admitir que en un principio me daba fobia la multitud.

El volumen de las risas, los susurros casi imperceptibles, los tacones contra el piso. Para la mayoría de la gente aquello no era nada, pero yo lo sentía como si de pronto mi audición fuese demasiado delicada y los sonidos se hiciesen todavía más altos para mí. Pero entonces lo había superado con creces; escuchaba música fuerte con audífonos, tenía el tono de llamada más idílico que podías encontrar. Empecé a entender que no podía permitirme el silencio en un supermercado, por ejemplo, o en la cafetería de la esquina, donde la gente va y viene y sus voces son lo que mantiene el lugar con vida.

Aprendí a concentrarme con el ruido.

Dormir con el ruido.

El sonido del claxon y el estruendo de neumáticos han sido una prueba complicada de pasar. Todavía me cuesta muchísimo no alterarme cada vez que el semáforo cambia y tengo que esperar en una esquina antes de cruzar la calle. Cuando es mi turno para avanzar me imagino a la fila de autos apuntándome en secreto. En aquel instante el tiempo se detiene para mí.

Froto mi palma en mi puño. La brisa fresca abraza mi cuello, enviando ráfagas cálidas a mi cuerpo. El caluroso septiembre no quiere desaparecer, y me siento triste de que la temporada acabe.

Ha sido un largo año.

Edward cierra la puerta de su jeep nuevo y camina hasta mí.

—¿Estás lista para tu primer día?

Miro el imponente edificio color crema de la universidad de Colorado; con sus ventanas polarizadas, su moderna estructura. Siempre soñé con entrar a la Universidad. Siempre fue una meta inalcanzable de lograr. Mars nunca tuvo suficiente dinero para las dos. Vivíamos con lo que teníamos, aun si la casa era enorme. Por mucho tiempo tuvimos que arrastrarnos para llegar a fin de mes. Por eso empecé a trabajar a tan temprana a edad. En mis trabajos, me imaginaba el día de mañana consiguiendo una plaza en alguna carrera universitaria costeaba por mis esfuerzos.

Ahora mi sueño estaba haciéndose realidad gracias a la beca que el estado me proporcionó por mi condición. Ellos han estado pagando mis sesiones con Carmen también y las consultas con la doctora Angie. Por suerte no debía sentirme mal de tener que depender de Edward y su familia monetariamente.

—Estoy bien. —lo que en realidad estaba detrás de esas palabras: Estoy luchando para no entrar en pánico.

Y sí. Entro en pánico a menudo. Sobre todo cuando Alice me lleva al dentista en metro. No sé si es el ruido o la forma en que todo se mueve tan rápidamente por las ventanas. Mi corazón se acelera tanto que no puedo conmigo misma. Entonces cierro los ojos.

—Llámame si necesitas algo y vendré enseguida.

—De acuerdo, papá. —me burlo.

Esboza una media sonrisa.

—No te burles.

Me gusta molestarlo porque nunca se enoja conmigo. Nuestra cercanía nos ha vuelto auténticos amigos. Sabemos que estamos para el otro, y he tratado de bloquear cualquier sentimiento, al menos por ahora.

Hemos vuelto a ser un poquito los de antes.

Nos reímos.

Charlamos.

Toleramos los silencios.

Se despide de mí dándome un beso en la frente. Sus cálidos labios sobre mi piel siempre son bien recibidos. No importa que tan malhumorada me haya levantado.

—Lo harás increíble. Recuerda lo que Carmen te dijo. —asiento, por supuesto. Tú puedes hacer todo lo que te propongas siempre y cuando tu corazón esté listo— ¿Segura no quieres que te ayude?

Ruedo los ojos.

—Por favor, no. Me haces sentir inútil.

Él se ríe.

—De acuerdo, que tengas un buen día. —da un paso atrás, encerrándome con su dulce mirada— Espérame un segundo. —regresa al jeep a toda velocidad, y me quedo en medio de la nada sintiéndome incapaz de continuar. ¿Qué haré una vez que Edward se marche a trabajar? ¿Cómo caminaré por el vestíbulo sin sentirme desolada? Tomo una inspiración, y no me doy cuenta que Edward ha regresado.

—Creo haberte oído que ibas tarde para el trabajo. —toma mi mano haciendo caso omiso de lo que digo y deposita una bolsa— ¿Qué es esto?

Edward sonríe de oreja a oreja.

—Feliz cumpleaños, Bella.

Hace tanto tiempo que no recibo un regalo de cumpleaños que por increíble que parezca, me pongo a llorar.

Hoy es 13 de septiembre. Hace un año atrás fui liberada. No recuerdo bien cómo llegué al hospital ni cuánto tiempo estuve sedada. Pero el recuerdo de mi escape se instala en mi cabeza sin esfuerzo.

Llevaba dos días sin poder bañarme por el corte de agua, así que mi piel estaba reseca.

James estaba de malhumor en una esquina del refugio, haciendo girar un trozo de clip en su boca. De vez en cuando su mirada se detenía en mí y traté de ignorarlo. Cuando se puso de pie pegué un salto, pero él solo se puso a caminar de un lado para el otro.

Isabella, ven un segundo. dijo después con voz dura. Su semblante cambió y empecé a dudar si acercarme era la decisión correctaQue vengas, te digo.

Me paré de la cama y me hundí en la miseria. Nunca se sabía lo que te encontrarías con James enojado.

¿Te gustaría salir de aquí? fue su pregunta. No respondí, como nunca lo hacía. Me rehusé a crearme falsas esperanzas, ya que James era el aliado de Rosalie. Nunca me dejaría salir.Responde, mujer.

Asentí, bajando la cabeza.

No podía ver bien sus ojos por la oscuridad, pero estos estaban definitivamente ansiosos.

Entonces haremos una cosa.

Recuerdo como él me pidió que rasgara la pared de cemento con los dedos. Recuerdo a la sangre recorrer mi mano a causa de las heridas de mis uñas. Me apartó para abrir la puerta. La luz casi me dejó ciega, y no me moví hasta que pude entrecerrar los ojos lo suficiente para no dañarme. Era demasiada la luz para ver un atisbo de lo que había afuera.

Esto es un secreto. —me dijo mientras tironeaba de mi mano por el bosque. Seguía con los ojos cerrados, pero podía sentir la hierba bajo mis pies— Nadie puede saber que yo lo hice. ¿me entendiste?

Me dejó sobre una roca y escuché la rapidez de sus pies sobre el césped hasta que el ruido desapareció. Seguía sin poder abrir los ojos y estuve mucho tiempo recostada en el suelo hasta que pude parpadear.

Solté tal sollozo que me rasgué la garganta.

Empecé a correr sin ubicar nada.

Aquellos recuerdos dolían, mandaban escalofríos a mi cuerpo.

Me limpio las lágrimas.

—Lo lamento. —murmuro con una sonrisa— Qué estúpida.

—Eh, no digas eso. —soba mi mejilla con su pulgar— Anda, abre tu regalo.

Rasgo el papel con la emoción de una niña pequeña.

Dentro hay un juego de lápices de colores. Una gama imposible de memorizar en un día.

Un regalo así para alguien como yo que se pasa los días dibujando, es inexplicable.

—Oh, Edward… ¡es precioso!

Encoge los hombros.

—Pensé que los lápices te animarían a seguir en esta nueva etapa de tu vida.

Los miro embobada.

—Gracias. —digo con sinceridad— Me encantan, en serio.

—Me alegro —sonríe satisfecho, y mira su reloj— Me gustaría quedarme más, pero debo irme y tú debes seguir tu camino. Te veo por la tarde. ¿de acuerdo?

Deja un beso en mi mejilla y levanta sus pulgares hacia arriba. Cuando va a su jeep, la realidad me cae de golpe. Ahora estoy sola realmente.

Yo misma pedí que me dejasen hacer esto por mi cuenta. No puedo arrugar en el último minuto. Tomo una inspiración y empiezo a caminar hacia el vestíbulo. Grupos de chicos se forman y rompen en carcajadas por algún chiste interno. Noto el sudor caer por mi sien.

Bella, sal del cascarón ¡Ya!

Cojo mi celular mientras recibo un nuevo mensaje.

"Querida futura colega ¡que sea un gran año para ti! Te llamaré más tarde para saber cómo te fue.

Con cariño, Bree."

Sonrío por sus palabras e inflo el pecho.

Me cuesta encontrar mi salón para la primera clase. El horario, fijo lo ha hecho alguien que quiere complicarnos la vida; lleno de números y letras que no aparecen en la puerta de los salones. Rayos. Finjo que no me he perdido y logro encontrar la puerta al fondo a la derecha.

Hay demasiada gente joven. Chiquillos de dieciocho sentados en sus butacas con la vista fija en la mesa. Suelto el aire de mis pulmones y ocupo la mesa al final del salón. Algunos se voltean a verme, seguramente reconociéndome.

Intento que eso no me desconcentre. Cuando ocupo mi mesa, una chica y un chico se cambian de lugar y se sientan delante de mí.

La clase comienza sin problemas. Por suerte, la maestra no exige presentaciones. Se sienta en el escritorio y comienza su clase con calma.

Mientras eso ocurre el móvil se agita en la mesa.

¿Todo bien? -E

Me rio por su exagerada preocupación.

Perfecto. -B

Tenemos un montón de material el primer día y estoy exhausta.

El chico y la chica delante de mí murmuran y se voltean. Tengo dos pares de ojos observándome con atención. Me pongo nerviosa. La chica le golpea en el brazo al chico y frunce el ceño. Luego bajo la mirada a mi cuaderno para cortar cualquier contacto visual.

El chico se aclara la garganta, pero no es él quien habla finalmente.

—Hola —saluda la voz femenina.

—Hola —contesto con amabilidad.

Se miren de nuevo entre ellos.

—Soy Vanessa —estrecha su mano— pero puedes llamarme Ness o Nessie, como prefieras. Y este es Jacob. —el chico saluda con la mano al aire— mi novio.

Ninguno debe sobrepasar los veinte años; ella es colorina y él de piel aceitunada.

Estoy a punto de presentarme también cuando él me interrumpe.

—Y tú eres Isabella Swan, por supuesto. La del secuestro.

Vanessa le golpea con el libro.

—Lo siento, hemos tenido un montón de problemas por su falta de filtro. —se disculpa avergonzada.

Me rio.

—No me molesta.

Eso los relaja.

Ness y Jacob son un par de parlanchines. Durante el resto del día no me dejan en paz y caminamos por la Facultad mientras me cuentan sus vivencias y anécdotas de la escuela. Me siento como una madre junto a ellos, pero no hacen esa diferencia. Me hablan como si yo estuviese a su altura y eso me agrada.

Al término de la jornada Edward está esperándome en el aparcamiento. Su sonrisa se extiende al ver la mía impresa en mi rostro.

—Defínelo en tres palabras. —me pide.

Me aparto el cabello y pienso.

—Extraño, moderno, normalidad.

Levanta la comisura de sus labios, asintiendo.

—Comienzas bien.

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Esme tiene un pastel especial para mí y Alice y Emmett traen globos y gorritos de cumpleaños para hacer de la fiesta algo infantil. Ellos piensan que mi cumpleaños es mi nuevo nacimiento, así que técnicamente hoy cumplo un año de vida. Tengo esta nueva camiseta con la cara de Garfield que Carmen me trajo por la mañana. Ella suele regalarme ese tipo de cosas porque sabe que me encantan.

Con las risas contagiosas, el humor paradójico, la mayoría ha vuelto de a poco a la normalidad. Incluso Emmett, que lo intenta un poco cada día.

Él se ha mantenido al margen de todo. Nunca habla del tema. Se apoyó en su trabajo y en su familia de Italia. Sus padres vienen a visitarlo a menudo, de modo que nunca está solo. Dejó el departamento que compartía con Rosalie y alquiló uno más pequeño. El anterior tenía muchos recuerdos. Y a pesar de que ha sabido salir adelante, se puede ver en una simple observación que está triste. Tal vez no vuelva a sonreír como antes, pero al menos no se echa a morir.

Esme lo trata como a un hijo, incluso más que a Edward y Leticia. Se ha preocupado de siempre estar cuando la necesita.

Alice mitigó su pena cortando cabellos gratis a ancianos por meses, y siempre estaba ocupada. Aunque claro, nunca demasiado ocupada si el detective Jasper iba a visitarla. De alguna manera él siempre estaba alrededor asegurándose que ella estuviese bien. Y todos sabíamos que había más de una intención. Jasper es muy reservado y poco cariñoso, por tanto, en un principio solo tiraba indirectas. Ahora me parecen muy monos juntos.

Nunca me he atrevido a preguntar por Rose. No sé si alguien la visita. Tal vez su familia adoptiva lo haga, pero finjo que eso no me importa. Lo que en realidad es mentira. Por mucho que intento hacer caso omiso de su vida, no puedo. Una parte de mí no se puede soltar de Lily.

Me enoja ser así de sentimental. No debería tener ningún tipo de compasión por ella.

Alejo esos pensamientos de mi mente, disfrutando la velada; comemos pastel de chocolate, armamos un festín y antes de las diez estoy agotada.

No estoy en condiciones de contar mi día en la universidad. Edward me acompaña a la habitación y no soy persona cuando me dejo caer sobre la almohada. Estoy flotando en una nube mientras me cubre con el edredón.

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Me despierto de un salto. La habitación está a oscuras y siento que me falta la respiración.

No recuerdo lo que soñé, pero estoy alterada y temblando. Trato de buscar la luz del buró, el cual termino tirando al suelo.

Para cuando me doy cuenta, alguien se sienta junto a mí en la cama. El peso de su cuerpo es evidente y estoy sudando. Cierro los ojos con fuerza para que desaparezca. Estoy durmiendo. Todavía estoy durmiendo. La sensación no desaparece. Abro los ojos y la persona sigue allí. Y no puedo gritar.

Bella

Sacudo la cabeza.

Bella

El rostro cálido de una mujer me observa. Tardo mucho tiempo en reconocer a mamá. Mi madre. A la que solo he visto en fotografías.

Estoy muy triste, Bella. —dice ella.

—¿Mamá? —apenas puedo escuchar mi voz— ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué te estoy viendo?

Su mano aparta mi pelo. La luz que proyecta la ventana facilita mi visión y está llorando.

Estoy triste, pero contenta de verte, Bella. —repite— Aquí estoy, cariño.

Hay ruido en el pasillo y sin darme tiempo el rostro de mi madre desaparece.

Respiro con dificultad sin ser capaz de decirme a mí misma que es un sueño. Estoy muy despierta. El ruido vuelve a interrumpir mis pensamientos y me pongo de pie. En cuclillas, camino hasta la puerta de la habitación tratando de no tirar nada a mi paso.

Enciendo la lámpara de afuera y pego un grito al ver a Leticia. Ella también salta.

—¡Bella, me asustaste! —jadea.

Lleva ropa de calle y una mochila en su espalda.

—¿A dónde vas?

—Eh…

Pero mi pregunta no debería ser esa, considerando que va de camino a su habitación.

—¿A dónde fuiste?

—No se lo digas a mamá ni a Edward. —No es la primera vez que veo a Leticia salir en medio de la noche— Me voy a dormir. Vete a dormir tú también.

Sonríe y se va deprisa a su habitación.

Todavía estoy tratando de tranquilizar a mi corazón por la visión de mi madre y no quiero regresar a mi cuarto. En silencio, me dirijo al cuarto donde Edward duerme plácido sobre la cama. Ruego para que no se despierte y me pida explicaciones. Él sabe cuándo tengo pesadillas. Así que me meto dentro de las sábanas como un espectro. Me quedo allí admirándole dormir y sintiéndome menos temerosa. Al menos estoy con alguien. Me pregunto si la visión de mi madre vendría a esta habitación.

Estoy triste, Bella. Recuerdo.

¿Me estoy volviendo loca? ¿Son estos los efectos secundarios?

Pongo mi cabeza en su hombro y trato de dormir.

—¿Bella? —hubiese gritado si no reconociese la voz adormilada de Edward.

—Shh. —pongo un dedo en mis labios.

—¿Qué haces aquí?

—No puedo dormir. —contesto abrazándome a su cadera— ¿Puedo quedarme aquí?

—¿Tengo opción de negarme?

—Nop.

Se ríe y pega su barbilla en mi cabeza.

Durante toda la noche, no puedo quitarme el rostro triste de mi madre.

Y tampoco dejo de preguntarme si lo que pasó fue una alucinación. Lo que termina dándome dolor de cabeza, porque como si no fuera suficiente, en algún momento me duermo y sueño con el rostro frívolo de Rose.


¿Alucinación? ¿Fantasma? ¿Efectos secundarios? La cabeza de Bella explotará.