Capitulito nuevo, a disfrutarlo lectores! Este es más cortito, pero es que hubo un tiempo en el que hacía los capítulos más breves, pensaba que así se leía mucho mejor y no te cansabas de estar leyendo párrafos y párrafos, así que los acorté un poquito.

Mil gracias a los que os pasáis a leer por aquí y a los que dedicáis unos minutos a comentar :)

- ¡Ey! ¿Para dónde vas? No es por ahí, tenemos que seguir hacia delante.

- ¿Pero qué dices? He ido a la enfermería millones de veces, me sé el camino de memoria, venga – dijo cogiéndola del brazo y haciendo que siguiese su camino.

- Pero yo creo que…

- ¿Qué es lo que te he dicho?

Sara se rindió y optó por seguir el camino que según él, era el correcto.

- Oye Zoro…

- Cállate, no estoy perdido – dijo de malhumor el espadachín.

- Hemos vuelto por segunda vez a mi habitación, ¿Por qué no probamos a ir todo recto como te he dicho antes?

- Ya hemos ido recto – respondió malamente Zoro.

- Has girado como cuatro veces hacia la izquierda. No pongas esa cara, mírame, el hombro se me va a curar solo como sigamos así, tienes el sentido de la orientación invertido.

- Vale, está bien, guíanos tú.

Sara tomó el camino recto y en un momento estaba en el pasillo donde se había tropezado y torcido el pie. Creo que este barco me odia. Le señaló la puerta de la enfermería.

- Llegamos – le dijo triunfante.

El espadachín tan solo emitió un sonido despectivo, odiaba perder y que sobretodo, odiaba perderse. Llamó a la puerta con insistencia de lo cabreado que estaba. Se escuchó la voz de Chopper desde el fondo de la habitación y al cabo de unos segundos, la puerta la abrió un reno malhumorado debido al jaleo que se estaba armando.

- ¿Qué os pasa? ¿Por qué golpeáis la puerta de esa forma? - preguntó enfadado.

- Ha sido él.

Chopper suspiró y se hizo a un lado invitándoles a entrar. Después de que Zoro le explicase lo ocurrido antes, el doctor obligó a Sara a sentarse en la camilla.

- Se te ha dislocado el hombro, túmbate, te dolerá menos.

- ¿Qué vas a hacerme? – Preguntó Sara con horror, ya se había doblado el tobillo, acababa de dislocarse el hombro y a saber lo que le pase en la nariz, no era precisamente su día.

- Túmbate y dobla el codo, está bien, ahora hacia tu pecho.

Después de aquello, Chopper le cogió el brazo y firmemente empezó a rotarlo hacia fuera, el dolor que sintió Sara fue demasiado y no puedo evitar gritar hasta que el brazo llegó a un punto en el que sintió un alivio intenso. Se desmayó.

Cuando abrió los ojos, seguía tumbada en la enfermería y sus dos compañeros de viaje aún estaban allí, pero completamente ajenos a su vuelta al mundo. Sara llevaba un cabestrillo y apenas sentía dolor, imaginó que antes de desmayarse completamente, en ese estado en el que no eres tú misma, le administraron una cantidad considerable de analgésicos y antiinflamatorios.

Sara pudo escuchar como Zoro le contaba su historia al doctor y éste asentía con cara de preocupación, luego giró la cara hacia ella y sonrió calmadamente.

- ¿Cómo te encuentras?

- Drogada. Hasta las cejas de drogas.

- Si… es posible que te haya administrado demasiados analgésicos, pero créeme, se pasará pronto. Tienes que llevar el cabestrillo un tiempo y vendrás a verme cada dos días para que te mire ese hombro, ¿de acuerdo?

Sara asintió.

- En cuanto a lo otro… No soy psiquiatra, pero puedo recomendarte algunas cosas para disminuir tu ira. No desaparecerá, pero lograremos disminuir el efecto de las consecuencias – Sara lo miraba con atención, pero no decía nada – Bien, lo primero es que gastes toda esa energía, esto es igual que cuando queremos agotar a un niño pequeño para que se duerma.

- Pero… ¿Cómo pensáis agotarme? Mi trabajo no requiere demasiado esfuerzo físico.

- Entrenarás conmigo.

Sara empezó a notar como todo el color de su rostro desaparecía y comenzaba a sentirse mareada de nuevo, no estaba demasiado segura de si era por las drogas o por el gran disgusto que acababan de darle.

- No te lo tomes como algo personal, no es que no quiera entrenar contigo… Es que simplemente, el esfuerzo físico y yo no nos llevamos bien, lo he intentado alguna vez, de verdad, pero... El ritmo que llevo en mi día a día, mis… "costumbres" diarias no creo que ayuden mucho. Bebo demasiado, tendré el hígado tan deteriorado por la cirrosis que no os gustaría abrirme para comprobarlo, como una persona alcohólica de 55 años, fumo muchísimo, no puedo correr ni 5 minutos sin sofocarme. Tan solo me queda ser drogadicta.

- Verás… esa es la segunda parte del tratamiento.

- ¿Cómo que es la segunda parte del tratamiento? ¿A qué te refieres? ¿Es que hay segunda parte?

Sara intentó sentarse en la camilla, pero debido a que estaba demasiado drogada, volvió a caer de manera brusca, así que Zoro corrió a socorrerla y junto con Chopper lograron levantarla.

- ¿Es que acaso a parte de loca también estás sorda? – refunfuñó Zoro.

Pero Sara hizo caso omiso de su comentario, la vez que más colocada estuvo en toda su vida fue cuando estaba fabricando una bomba termonuclear casera y respiró algunos gases accidentalmente. Bueno, durante la adolescencia, cuando comenzó a fumar, alguna vez probó los porros, pero no daba más de una calada, no era una sensación que le agradase especialmente, y menos cuando luego le tocaba vomitar.

- ¿Puedes explicarme qué es eso de la segunda parte del tratamiento?

- Tomarás dos pastillas diarias una con el desayuno, justo después de tu entrenamiento y otra antes de irte a dormir. La de la mañana será esta – Chopper le mostró una pequeña cápsula blanca y verde – es la Fluoxetina, más conocida como Prozac, y la de la noche será esta otra, es una dosis de 1200 mg diarios. No estoy muy seguro de que esto te cure al 100% pero sí que te ayudará con tu día a día.

Silencio, Sara no tenía ni idea de qué decir en aquel momento, así que el doctor siguió con sus indicaciones:

- Así que, como bien puedes haber deducido, se te prohíbe fumar y beber, obviamente…

- No pienso dejar de fumar. Ni de beber.

- Vaya, entonces serás el pack al completo: Fumadora, alcohólica y yonki.

Sara no dijo nada, sabía que tenía toda la razón del mundo, era un desastre, su vida era un completo desastre. Se llevó la mano que tenía libre a la cabeza, mientras intentaba pensar.

- Vale, de acuerdo, ¿cuándo empiezo con el tratamiento?

- Mañana mismo.

Le respondió Zoro con una sonrisa maligna en el rostro.