Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 21
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EPOV
Bella tiene su brazo sobre mi cara. Por mucho que trato de salir de la cama sin despertarla, se remueve reuniendo las sábanas para ella sola. Ahora entiendo por qué pasé tanto frío anoche. Se sienta de golpe con una mirada de absoluta preocupación.
—¿Te encuentras bien? —no llega una respuesta inmediata— Garfield.
Parpadea ante su mención.
—¿Qué?
—Te pregunté si te encuentras bien.
—Ah, sí. Estoy bien.
—¿Tuviste pesadillas, por eso te dormiste aquí?
—Sip. Nada importante.
Antes de que pueda interrogar más, se da prisa para salir de la recámara.
La semana transcurre tranquila. El ajetreo de coordinadores y recibo de currículos nos tiene sin tiempo de nada. Necesitamos personal nuevo urgente. Hemos recibido la renuncia de seis en todo el año, y perdimos un número sugerente de clientela. Así que estamos haciendo publicidad. Ángela se lleva la mayor parte del trabajo, haciendo llamadas, encargándose de contratar chicos que puedan repartir panfletos. Ha costado reponernos de las ventas, pero estamos optimistas.
—Dime que piensas de esto. —Emmett llega una mañana a mi oficina con una sonrisa. Pocas veces le he visto con esa energía, así que no me molesta. Deja el ordenador encima de mi escritorio.
Leo la primera palabra y luego la imagen.
—Tienes que estar bromeando. —reniego.
Emmett mueve los ojos.
—Créeme que no estaría bromeando si eso significa que mi empresa puede quebrar. Lo que nos dejaría a ambos cesantes, solo para recordarte.
Vuelvo a mirar la página web.
—¿Disfrazarnos de fruta para hacer publicidad?
El logo del supermercado es una piña y una manzana. De ninguna manera me voy a disfrazar de una piña o una manzana.
—Vamos, Ed, será divertido.
—Emmett…
—Edward…
—Estamos hablando de frutas... ¿Quién nos va a tomar en serio disfrazados de fruta? Es lo más ingenioso que se te ha ocurrido en años.
Los demás piensan que es una idea genial. Ángela está de acuerdo. Benjamín se ríe, pero lo acepta.
En el almuerzo, no dejo de imaginarme vestido de fruta.
Diablos.
Lo acepto, solo porque a Emmett le parece estupendo, y si eso hace que mi mejor amigo se sienta bien, entonces habrá que hacer un esfuerzo. Después de lo de Rose a Emmett le ha costado asumir su nueva vida, y que algo le entusiasme de esa forma es esperanzadora. Además, eso está lejos de ser una opción para mí, así que finjo que es una buena forma de prosperar. Nunca me he disfrazado de algo que me haga sentir avergonzado. Cuando estoy comenzando a verle el lado bueno a la idea, se lo cuento a Alice y esta se echa a reír.
Almorzamos en su restaurante favorito junto a Jasper. Me siento como el sujeta-velas de los tres, pero al menos agradezco que Jasper no sea tan demostrativo. No le va el romanticismo cursi y se pone rojo cada vez que Alice le tira un piropo.
Mi madre y Leticia están viendo todos los detalles para el cumpleaños de esta última cuando llego a casa. Se supone que no será una gran fiesta, pero Leti no deja de incluir personas en la lista, y mi madre se colapsa. Espero que eso no agobie a Bella, si es que decide salir de su habitación.
Mi madre mira la hora.
—¿No tienes que ir a buscar a Bella?
Reviso rápidamente el reloj, asustado de mi despiste.
—No todavía. —me calmo— Saldré en cinco.
Mientras tomo el celular para avisarle, un auto aparca fuera de casa. Es un Suzuki negro. Nadie aparca nunca en nuestro jardín delantero.
—Ese conductor arruinará mi césped. —se queja mamá.
—Yo me encargo. —digo.
Salgo fuera. La puerta del copiloto se abre y estoy tan confundido de ver a Bella bajar de ahí que por un instante me olvido que el vehículo está sobre el césped recién podado. Inconscientemente busco algún indicio de miedo, dolor o llanto por su parte, pero ella está sonriendo. Mis ojos viajan rápido al otro lado del coche, y un chico de barba sale de él a trompicones.
Bella se da cuenta de mi presencia, y se detiene.
—Hola, Ed. —saluda ella de forma casual— ¿Te acuerdas de Alex? ¿Mi compañero de la secundaria?
Hago memoria. Alex. Él trabajó con nosotros en el cumpleaños de niños la noche que Bella desapareció. A pesar de la sonrisa, noto a Bella un poco incómoda, o es solo mi percepción de persona sobreprotectora en extremo.
No reconozco al Alex de antaño, sin embargo, su máxima amabilidad no la olvido.
—Hola, Edward ¿qué tal? Te ves bien, hombre.
—¡Bella, tu libro! —una chica pelirroja saca la cabeza hacia afuera agitando un libro hacia ella.
—Oh, lo olvidaba. Gracias, Ness.
Miro a Bella y luego a Alex.
—Bien, es mejor que me vaya. Todavía tengo que dejarlos en sus casas. —señala el auto y se despide de Bella de beso en la mejilla— Nos vemos luego. Fue un gusto verte, Bells.
—Gracias por todo, Alex.
Alex inclina la cabeza hacia mí y le despido con la mano.
Bella me hace gestos con los ojos, como si no supiese la razón de mi silencio. Empujo la puerta y espero a que entre. No nos saludamos. Tampoco le pregunto por su día y ella tampoco me pregunta por el mío. De vez en cuando la encuentro mirándome de reojo. Ni siquiera sé por qué me molesta tanto.
O lo sé y no lo quiero admitir.
Carmen llega a eso de las cuatro. Ponen colchonetas en el jardín trasero aprovechando el buen tiempo y ejercitan. Tira de una cuerda envuelta en el tronco de nuestro manzano, y Bella puede dar volteretas sin llegar a torcerse el cuello. Eso es un avance. Antes no había momento en donde no se quejara del dolor de cuello.
Contemplo sus sesiones en la ventana de la cocina.
Carmen y Bella ejercitan mientras hablan. Busco una manzana para comer y pierdo el hilo de sus palabras. Para cuando vuelvo, no entiendo lo que dicen.
—Estaba segura de que estaba despierta, pero ya no lo sé.
—¿Te pasa muy a menudo?
—Cuando pienso mucho o estoy muy cansada —responde— y cuando veo su fotografía.
Carmen se gira hacia mí, y levanta la mano.
—¡Oye, Edward! ¿Por qué no haces ejercicios con nosotras?
No interactuamos mientras tiro de una pelota de goma. Ella la recibe y me echa un vistazo. Luego la lanza a Carmen olvidándose de mí.
Una vez que Carmen se ha ido, y ni mi madre y Leticia se encuentran en casa, Bella me detiene en la puerta de mi habitación, apoyándose en la madera. Lleva el pelo recogido en un moño flojo y el rostro limpio de maquillaje. Su belleza no necesita una gota de este. No suele maquillarse ni para ir a la universidad. Su naturalidad es lo que me encanta de ella, más aún las pecas que se le forman alrededor de los pómulos y la nariz.
—¿Tú estás…? —mueve la cabeza, como si esperase que yo terminara su pregunta— ¿Enojado conmigo?
Ingreso a la habitación casi rozándonos de hombros.
—No ¿por qué?
Me sigue al interior, y ocupa la cama para sentarse.
—Porque estás raro.
—Tú estás rara.
—Yo no estoy rara.
—Y yo no estoy raro.
Sus ojos se levantan con fastidio.
—Bueno, si vas a estar así… —camina en dirección a la puerta.
Saco camisas y las dejo sobre la cama.
—Podrías haberme avisado que Alex estaba contigo.
Bella se detiene antes de traspasar la puerta, y cuando se da la vuelta, puedo ver el entendimiento en su rostro.
—Porque salimos antes de clases.
—¿Y tú te subes a cualquier auto para que te lleven? ¿Sobretodo tú, Bella?
Ella frunce el ceño.
—Es Alex.
—Y aunque fuese el presidente de Estados Unidos. ¿Desde cuándo te subes a los autos de otras personas?
Mi pregunta suena como una escena de celos, y no estoy seguro si lo es, pero hasta antes de eso Bella no se atrevía a ir en metro sola si no es con alguno de nosotros.
—Desde que me di cuenta que no puedo seguir temiéndole a mi entorno.
—Ah, mira. Qué fácil te ha resultado.
—No seas imbécil.
—¿Y encima me insultas?
—Sí, te insulto. —no eleva la voz, solo sus manos se han vuelto puños— ¿No eras tú el que quería que me superara? No voy a subirme al auto de cualquier extraño, ni que fuera tonta.
—Estabas incómoda, de todos modos.
—¡Porque no es fácil! Tú lo ves fácil, pero no lo es. Me encontré a Alex después de tanto tiempo… él solo estaba siendo amable. Aparte estaban Jacob y Vanessa en el auto.
Sabía que Jacob y Vanessa eran sus compañeros, pero no le iba a decir que saberlos en el auto me había tranquilizado.
—Entonces Alex podría venir a recogerte todos los días, así no tengo que…
—Mejor cállate de una vez. —escupe— No tienes que llevarme si no quieres…
—¡Yo sí quiero llevarte! No pongas palabras en mi boca.
—¿Y tú sí puedes poner palabras en mi boca? "Qué fácil te ha resultado" Como si no me conocieras.
—Solo me preocupo por ti. —contesto acercándome a ella. Su cuerpo se tensa y las palabras se le enredan.
—Está bien, te lo agradezco. —dice al fin, cruzada de brazos— Pero deja de una puta vez tu paranoia de lado.
Jamás le había escuchado a Bella decir un insulto a ese grado, y noto que de verdad está enfadada conmigo. A lo mejor me he pasado, o no entiende lo preocupado que me pone todo lo que le pase. Todo lo que ella me importa. Sus mejillas se enrojecen por la rabia, y cuando se dispone a irse de nuevo, digo:
—Tengo que disfrazarme de fruta.
Suena estúpido. Una manera estúpida de intentar arreglar algo. Bella se da la vuelta, inconfundiblemente cabreada ante la situación. Veo la arruga en su entrecejo, sus brazos cruzados, su enojo contra mí.
—¿Qué?
—A Emmett se le ocurrió que nos disfracemos de frutas, para dar publicidad al supermercado. —explico tragando en seco— Seré una piña.
La indignación purificada de su cara de pronto desaparece, y entonces se está riendo.
Una risa que se vuelve un ataque y luego no puede parar. Por más que intenta ponerse seria de nuevo, la sonrisa regresa a su rostro sin ser capaz de detenerse.
—¿En serio?
—No te rías.
—Lo siento, es que me imaginé… —se ríe por lo bajo— Olvídalo. Pienso que es una buena idea.
—¿De verdad?
—¿Por qué no?
—Porque me vería ridículo.
—No te verías ridículo, Edward. Esta discusión es ridícula. —el recuerdo de nuestra reciente pelea le hace enderezarse— Tengo tarea que hacer. Nos vemos luego.
—Bella…
—¿Qué? —Intento decir algo que haga que pudiese dejar de estar enfadada, pero no me sale la voz. No puedo detenerla— ¿Sabes? Es mejor que no digas nada.
Y es lo que hago, no digo nada.
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Por la noche no puedo dormir.
"¿Estás enojada?" escribo recostado en la cama.
Espero en la oscuridad del cuarto. Su repuesta tarda un minuto.
"…"
"¿Eso significa…?"
"…"
"No te enojes"
"…"
Eso es lo más cercano que tengo de la Bella de antes, la que no hablaba y debía adivinar lo que quería.
"Te quiero" le envío.
Ella lo ve, más no responde.
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No puedo ser yo el del espejo. Ni siquiera en los cumpleaños infantiles de Leticia cuando niña me sentí tan ridículo de usar un disfraz. Siempre fui un pirata o algún príncipe de cuento. Nunca una piña.
—Te ves bien. —dice Ángela, mirándome de pies a cabeza.
La relación con Ángela tuvo un cambio muy drástico. Nunca tuvimos una relación, pero al parecer ella creía que sí, y cuando se dio cuenta que en verdad eso no existía, no tuvo cómo hacerme ver lo contrario. Así que al comienzo fue difícil para ella entablar una conversación de trabajo. Ahora es diferente, conversamos sin problemas, aunque a veces creo que lo hace con otra intención. Siempre usa una voz suave y coqueta conmigo, a diferencia del trato que tiene con Emmett o con Benjamín, que es un tono más formal.
—Para que esto funcione tienes que salir del camarín. —grita Emmett, dando zancadas. Él es la manzana.
Benjamín se ríe a carcajadas.
Ángela y Benjamín reparten panfletos mientras Emmett y yo saludamos a la gente. Agradezco que el disfraz de piña me cubra la cabeza porque de ninguna manera estaría mostrándome a la gente. La respuesta que obtenemos ante el disfraz es cómica. A la gente le llama la atención y se acercan. Sin embargo, más que gente adulta, somos atacados por los niños que se abrazan a nuestro alrededor.
—Hola, señor piña. —escucho a Leticia al otro lado, muerta de la risa, junto a sus amigos y Sheila, la hija de Kate.
Al medio día, el sol termina escociéndonos la cabeza, y decidimos parar.
Mientras me quito la cabeza de piña, verifico un mensaje de Bella en el celular.
"¿Puedes venir?"
El mensaje es de hace media hora.
Cuando la llamo, esta no contesta.
—Tengo que irme. —digo en voz alta.
"Voy en camino." Envío devuelta. Espero que lo lea a tiempo.
Esta mañana ninguno de los dos estaba enfadado. Lo que no significó que no estuviésemos incómodos. La dejé en la universidad y nuestra despedida fue solo de lejos. Así que no podría decir que estamos más que bien.
No me cambio el disfraz. Tardo unos minutos en subirme al auto, ya que es demasiado grande para el jeep. Ante la dificultad del traje, no puedo ver bien por el espejo retrovisor, entonces trato de hacer alguna maniobra para retroceder el coche sin llegar a hacer un topón con el otro. Pero el problema no es que evite a toda costa hacer un topón con otro auto, sino que acabo haciendo un topón contra alguien.
Una persona cae al suelo en la parte trasera del jeep y freno de golpe. Lo único que faltaba.
—¡Mierda! —apago el motor y demoro otros cinco minutos en salir del auto. Estoy sudando y nervioso, y para cuando me doy cuenta, Charlie Swan se está quejando de dolor en el suelo— Oye, oye ¿estás bien?
Es una pregunta estúpida, pero no encuentro otra mejor.
Emmett llega sin el disfraz ya, y se encuentra con la escena. Entre los dos cogemos a Charlie de los brazos, metiéndolo dentro del jeep.
—¿Es que acaso no me viste retrocediendo? —enciendo otra vez el motor.
—¿Qué sabía yo que harías esa estúpida maniobra?
Había dado una vuelta en zig-zag, así que Charlie estaba en lo cierto.
Bella me envía otro mensaje.
"Está bien."
—Diablos… —jadeo con prisas— Emmett, ¿puedes hacerme un favor?
Holaaa...
Charlie regresó.
Discusión de E/B. ¿Celos? ¿Qué sentirá Edward realmente por Bella?
Nos leemos en la próxima. Gracias infinitas por el apoyo a la historia.
Besos!
