Otra vez por aquí jejeje muchas gracias a todos los que pasan a leer, a los que comentan y a todos los que marcan el fic como favorito, es muy importante y me da muchísimos ánimos para seguir :)
Aquella noche, Sara chupó más techo que ninguna otra, incluso pudo distinguir alguna telaraña en uno de los rincones.
- Mañana tendré que hacer una limpieza a fondo, no puedo vivir entre tanta porquería.
Según terminó su frase, miró a su alrededor, su habitación/estudio, todo estaba bastante ordenado, después del incidente de aquel día, Sara ordenó como pudo toda su zona de trabajo.
Notó una luz intensa y abrió un ojo, intentó distinguir qué era lo que ocurría, pero sus ojos aún no se habían acostumbrado a tanta luz y le era imposible ver algo.
- ¡Venga! ¡Arriba! Te dije que hoy empezábamos con el entrenamiento – Zoro, en cuanto supo quien causaba todo el alboroto, se dio media vuelta y se tapó con las sábanas – Serás vaga… Vale, tú misma.
Sara notó como "volaba", el idiota de Zoro la había cogido en brazos y lo próximo que notó fue un golpe de agua fría. Ese espadachín había llenado la bañera antes de despertarla. El agua le entró en los pulmones y…
- ¡SERÁS IDIOTA! – Rugió Sara - ¡Casi haces que se me disloque el otro hombro! ¡¿Cómo narices quieres que entrene así?!
- Lo tengo todo pensado. Así que ya que he conseguido que entres en la bañera, lávate un poco y así te despejas.
Dicho eso, se apoyó contra la pared. No parecía tener intención de largarse.
- Supongo que no pensarás quedarte ahí, ¿no? – Le preguntó Sara sorprendida.
- Si me voy, corro el riesgo de que vuelvas a dormirte. ¿Qué piensas? ¿Qué me interesa volver a verte los tatuajes o algo? ¿O que quiero verte desnuda? Hay cosas muchísimo más importantes.
- LÁRGATE.
No hizo falta nada más, salió del baño. Aunque Sara ni siquiera se quitó la ropa, no podía hacerlo ella sola, así que no tardó más de tres minutos, quería darse prisa y salir de aquella bañera llena de agua helada.
- ¡Zoro!
El espadachín abrió la puerta y se la quedó mirando.
- ¿Y ahora qué quieres? – La miró, quizás algo decepcionado - ¿Por qué llevas la ropa aún?
- Ayúdame a salir de aquí.
- ¿Cómo?
- Yo sola no puedo con el cabestrillo, ayúdame por favor.
Igual que cuando la tiró, Zoro la sacó sin ningún tipo de esfuerzo y la dejó caer de nuevo sobre la cama.
- Te espero fuera, cámbiate y ponte algo seco – Sara vio cómo su entrenador salía de la habitación – Te doy 5 minutos, sino, volveré a entrar.
Sara tardó exactamente 4 minutos, no quería que le volviesen a dar un chapuzón a esas horas de la mañana.
- Pero si aún son las 6h de la mañana, ni siquiera ha salido el sol.
- Es la hora perfecta.
Fueron hasta la cubierta del barco, en silencio.
- Siéntate y crúzate de piernas.
Sara lo imitó. Aunque el espadachín se limitó a cerrar los ojos y respirar "¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?"
- Simplemente relájate
Sara cerró los ojos, intentó relajarse, intentó ignorar la fuerte respiración que escuchaba al dichoso espadachín. Se concentró en las suaves olas que chocaban contra el casco. Comenzó a balancearse levemente con el ritmo de éste hasta que todo se tornó oscuro y dejó de pensar completamente.
- ¡TE HAS DORMIDO! – vociferó Zoro
Sara se levantó de un salto, no sabía dónde estaba ni qué era lo que estaba haciendo hasta que…
- ¿Cómo es posible que te hayas dormido mientras meditabas? – el espadachín estaba realmente cabreado.
- La pregunta no es esa. La pregunta es ¿cómo es posible NO dormirse a las seis de la mañana mientras meditas?
- Tienes el hombro mal y el tobillo jodido. No podías entrenar físicamente.
- Podíamos habernos tomado un receso de nuestro entrenamiento.
- Sería un descanso si hubiésemos empezado con él, ¡Idiota!
Zoro estaba muy muy cabreado con Sara. La consideraba demasiado desesperante, pero desgraciadamente (para Sara), éste se había ofrecido a ayudarla a sobrellevar su enfermedad. Provocándolo de esa forma, sólo conseguiría que fuese más duro con ella.
- Vale vale, perdóname, volveremos a intentarlo, prometo que esta vez no me dormiré.
- Ya es la hora de la comida, lo intentaremos cuando hayamos comido.
Eso no le pareció muy buena idea a Sara, con el estómago lleno, volvería a dormirse. Pero pensó que no le quedaba más remedio, al fin y al cabo, aquello lo hacía por su bien.
