He decidido que era buena idea subir un nuevo capítulo, ya sé que ayer mismo subí uno, pero soy plenamente consciente de que era muy corto y creo que algo aburrido... El tiempo que empleé en ese capítulo no estaba para nada inspirada, N.A.D.A jajajaja

Cuando estábamos comiendo, Sara tenía un hambre voraz. Ya había comenzado con la medicación y aquellas dosis le daban demasiada hambre.

"Tendré que empezar a hacer ejercicio" pensó para sí, estaba claro que al final, el entrenamiento con Zoro le vendría bien, tenía que dejar de llevar esa vida tan sedentaria que consistía en beber, fumar y dormir.

- ¿En qué piensas Sara? ¿Sigues preocupada por tu entrega? – le preguntó Franky

"¡La entrega!" Lo había olvidado completamente, aún le quedaban un par de días, pero no estaba como para perder el tiempo. Pero tampoco podía dejar los entrenamientos, apenas habían empezado. Estaba empezando a agobiarse y sin darse cuenta, había dejado de comer.

- ¿Qué ocurre? – Le preguntó Luffy – No te preocupes, si alguien intenta hacerte daño, nosotros le patearemos el culo. Con nosotros estarás a salvo.

Lo hacía todo tan simple. Pero ese comentario no hizo sino, preocuparla aún más. "Ese era el problema".

- Perdona, ¿me pones un poco más de cerveza? – le pidió a Sanji.

- No puedes beber Sara – le advirtió Chopper.

Aún así, Sara cogió la jarra de cerveza que le había extendido Sanji. Estaba dispuesta a llevársela a la boca cuando alguien se la quitó con un movimiento brusco.

- Chopper te ha dicho que no puedes beber, así que no vas a beber – le dijo de manera autoritaria Zoro.

Sara lo miró con desprecio y éste, sin previo aviso, la cogió de la mano y se la llevo fuera de la cocina.

- Vamos a continuar con nuestro entrenamiento – dijo despidiéndose del resto de la tripulación.

Una vez en cubierta, lejos de los oídos del resto, el espadachín la obligó a mirarle a la cara.

- ¿En qué estabas pensando? No puedes recurrir al alcohol cuando te agobies – le regañó.

- No estaba agobiada. Y deja de decir eso, me siento como si fuese una alcohólica.

- Estás empezando a serlo, así que te recomiendo que busques otra vía de escape para tus problemas.

Sara le miró. Era más que evidente que estaba cabreado con ella. Primero se duerme mientras meditaba y luego desobedece al médico.

- Chopper y yo te estamos cubriendo, así que más te vale que te comportes.

- ¿Y por qué lo haces? – Le cuestionó Sara – Puedes delatarme y convencer a tu capitán que lo mejor es dejarme tirada en pleno mar.

Él se quedó en silencio.

- ¡Venga! ¡Contéstame! – Le provocaba – ¿Dime por qué no me delatas y me dejas tirada?

Zoro se dio la vuelta, dispuesto a marcharse.

- No pienso hablar contigo hasta que te calmes.

Sara le cogió del brazo y le dio un tirón provocando que el espadachín se girase y la mirase.

- He dicho que me contestes. Es lo que hacéis todos, ¿no?

Siguió sin obtener respuesta. Sabía que esa necesidad de beber cuando estaba en problemas no era normal. Sara se dio media vuelta y se marchó, camino a su habitación.

Cuando llegó a su habitación rebuscó entre los cajones, sabía que tenía que tener una botella de ginebra. Intentó tranquilizarse, se sentó en el borde de la cama, sacó un cigarro y se lo llevó a la boca. Dejó que éste se consumiera y después, tiró la colilla. Se tumbó boca arriba, el efecto de los analgésicos estaba empezando a desaparecer y tenía demasiado calor, así que decidió darse una ducha. Intentó quitarse la ropa, pero era demasiado difícil hacerlo sólo con una mano, y más para una persona tan patosa como ella. A duras penas logró quitarse los pantalones y, enfadada, decidió que se metería bajo el chorro de agua con la camiseta.

Sara perdió la noción del tiempo, algo que le ayudó a calmarse, sabía que tenía que pedirle disculpas a Zoro. Entonces escuchó como llamaron a su puerta y aquello la sacó de su ensimismamiento.

Cogió una toalla y se la puso como pudo sobre su espalda. Abrió la puerta y se quedó ojiplática.

- Zoro…

- ¿Qué has hecho? ¿Te has caído en la bañera o qué? – Dijo mientras la miraba – No tienes remedio.

- ¿Quieres pasar? – le dijo mientras se apartaba dejándole paso.

El espadachín entró y fue directo a la silla de su escritorio y se sentó.

- Creo que me debes una disculpa – le dijo cruzado de brazos.

- Lo siento – se disculpó mirando al suelo.

- No te abandonaremos. Estás enferma y Chopper y yo nos hemos comprometido a ayudarte. – Sara suspiró y se dejó caer sobre su cama – Pero tendrás que hacer caso de lo que te diga. Chopper te dirá lo que más le conviene a tu salud. Si te dice que no bebas, no bebes. Si te dice que no fumes, no fumas y si te dice que debes hacer ejercicio, lo harás. ¿Entendido?

- Entendido – le dijo mirándole por primera vez desde que entró a su habitación.

- Le diré a Nami o a Robin que te ayuden con la ropa. O si no, cogerás un resfriado – dijo mientras se levantaba para irse.

- Aún no me has contestado por qué lo haces.

Zoro se giró para mirarla y se acercó a ella. La miró, serio. Le miró el brazo tatuado y le apartó un mechón de pelo mojado de la cara. Estaba muy cerca, demasiado cerca de lo que Sara podía tolerar, pero no le importaba. Se le acercó un poco más, sus labios se acercaron un poco más y de repente, se separó.

- No lo sé – le contestó, a lo que Sara se sorprendió – Supongo… – Sara vio como comenzaba a rascarse la nuca, estaba incómodo.

- Gracias – le dijo intentando sacarlo de aquel apuro que él solito se había metido.

Se alejó completamente, siguió su camino y se fue.

Sara suspiró de nuevo. Se levantó y se dirigió hacia su escritorio. Cogió una carpeta azul y la abrió. Ahí estaban, todos los carteles de los Sombrero de Paja con sus recompensas y recordó aquella mañana en la taberna, cuando las vio por primera vez. No pensó que iba a ser tan difícil. Cada momento que pasaba en ese barco, Sara comenzaba a tener más problemas. Estaba empezando a encariñarse de ellos.

Estaba empezando a gustarle.