Este capítulo me gusta mucho, así que espero que a vosotros también os guste. Espero vuestras opiniones! :)
Le quedaban dos semanas para llegar a su destino. Nami había hablado con ella, se iban a retrasar unos días por culpa del temporal que se acercaba.
- Llegarás a tiempo, ¿no? – le preguntó preocupada.
- No te preocupes Nami, me pondré en contacto con ellos. No creo que haya demasiados problemas, normalmente suelen ser comprensivos en estos temas. Yo no soy capaz de manejar el clima – le dijo con una sonrisa.
Como aquella noche no podía dormir, había decidido ponerse con los informes. Quería dejarse la bomba terminada con tiempo y poder disfrutar de sus últimos días allí, quizás ya no volviese a verlos.
Eran las 5:00 de la mañana cuando por fin logró encontrar su fallo. Tendría que repetir casi todos sus cálculos, pero tras más de seis horas sentada frente a su desordenado escritorio, había logrado obtener una respuesta coherente. Se quedó mirando de nuevo las recompensas, sabía que esto cada vez se complicaba más. Sara siempre se había ganado la vida traficando con bombas, aquello de entregar la cabeza de unos piratas… era demasiado. A medida que pasaba el tiempo en ese barco, se encariñaba más de sus tripulantes. Todos la recibieron con los brazos abiertos, unos más que otros, pero al final, acabó siendo una más de los Sombrero de Paja.
- Quizás no deberíamos llegar nunca a esa isla. Quizás dejen que me quede con ellos para siempre – pensó Sara en voz alta.
Sacó un cigarrillo y se lo llevó a la boca. Cuando a las siete de la mañana terminó su tarea, decidió que era buen momento para irse a dormir.
Consiguió abrir los ojos y vio que ya era casi la hora de comer. Intentó cambiarse, pero con aquel trasto en el brazo era algo imposible.
- A la mierda – dijo enfadada mientras lo intentaba romper.
Anudó un pañuelo y se lo colgó al cuello para así poder mantener el brazo sujeto y no moverlo mucho.
Salió de la habitación, quería pasear y charlar con algunos miembros de la tripulación, así que pensó que podría ir a ver a Usopp, quizás podría fabricarle alguna bomba.
- ¡Por fin te encuentro morena! – Escuchó detrás de ella – he ido a tu habitación y no estabas, creía que ese marimo estúpido habría vuelto a maltratarte.
- No no, de hecho, hoy creo que ni ha pasado por mi habitación – dijo pensativa.
- Mejor, un problema menos – le contestó Sanji – Date prisa, vamos a comer ya, están todos arriba.
Ambos subieron las escaleras mientras charlaban.
- ¿Y dices que por fin has conseguido terminar tu entrega?
- Si… he estado toda la noche en vela, pero por fin puedo despreocuparme de eso durante unos días – le contestó aliviada con una sonrisa.
Cuando entraron a la cocina ya estaban todos comiendo, era evidente que había sido incapaces de contener su hambruna a raya.
- Sara lo sentimos, pero ya era demasiado tarde y Sanji y tú tardabais mucho – se disculpó Nami con la boca abierta.
Todos empezaron a charlar animadamente, la cocina se convirtió en un hervidero de ruidos, a veces Sara se preguntaba cómo eran capaces de entenderse entre sí.
- Oye Usopp, iba a buscarte antes de subir a comer.
- ¿En serio? Hay algo en lo que el valiente Usopp pueda ayudarte – dijo el francotirador hinchando pecho.
- Había pensado en que podríamos mirar qué tipo de artefactos te pueden servir para cuando me vaya. Puedo dejar a Franky algunos planos para que él los fabrique cuando yo no esté.
- ¡¿QUÉ?! –Interrumpió Luffy - ¿Qué quieres decir con "cuando yo no esté"? ¿Es que piensas marcharte?
- Bueno… ese era el trato, ¿no? – Contestó Sara muy sorprendida – Yo os pagaba y vosotros me llevabais a la isla de Rothen.
- ¡Pero yo pensaba que te caíamos bien! – dijo enfadado el capitán.
- Oye Luffy, no te pongas así, ya sabías que Sara se marcharía cuando llegásemos a la isla – intentó calmarle Sanji.
Después de eso, el capitán se enfuruñó y siguió comiendo carne mientras maldecía con la boca llena.
- ¿No te has planteado la posibilidad de quedarte con nosotros? – le preguntó Robin.
- Pues… yo no…
Sara no sabía qué decir ni cómo reaccionar, claro que se lo había planteado, pero no pensaba que aquello fuese posible.
- Chicos, chicos, será mejor que no la agobiemos – intervino Chopper – Piénsatelo, aún te quedan unos días para llegar a Rothen.
La chica simplemente asintió y siguió comiendo.
Cuando hubo terminado la comida y todos se dispersaron, Sara fue a hablar con Chopper sobre su hombro. Obviamente, éste le echó la bronca por haberse quitado el cabestrillo, pero le aceptó que llevase así el brazo.
- Pero mañana vienes a que te lo mire y si empeora, te lo vuelvo a poner, aunque sea muy molesto – le regañaba el doctor.
Pasó la tarde encerrada en su habitación dando los últimos retoques al dispositivo y cuando se dio cuenta, ya era la hora de la cena. Como solía pasar, en las cenas, a veces se descontrolaban y se dejaban llevar por el alcohol y Sara estaba empezando a aficionarse al sake. Al final todos acaban prácticamente borrachos, siempre encontraban algo para celebrar.
Por la noche apenas podía dormir, todo le daba vueltas, así que salió a la cubierta a que le diese un poco el aire y subió al puesto de vigía. Aquella noche volvía a hacer mucho calor y Sara llevaba puesto una camiseta muy holgada y unos pantalones cortos, ni siquiera se había puesto el guante de cuero.
- ¿No deberías estar dormida? – escuchó a sus espaldas.
- Hola Zoro – le saludó – No puedo dormir, todo en la cama me da vueltas – le dijo llevándose las manos a la cabeza – Esta mañana no fuiste a llamarme para entrenar y no te he visto en todo el día.
- ¿Y el cabestrillo? ¿Chopper ya te dio permiso para quitártelo? – le preguntó ignorando su comentario.
- Bueno, cuando me ha visto no le ha agradado mucho, pero me ha dicho que intente no forzarlo y que vaya a verle mañana.
- Bien.
Fue todo lo que respondió. Se acercó a Sara y se sentó a su lado apoyando la espalda, ésta, al verlo, lo imitó quedando uno al lado del otro, borrachos. No dijeron nada durante un rato, tan solo estaban en silencio hasta que Sara se dio cuenta de que el espadachín la estaba mirando.
- ¿Qué? – le dijo un poco brusca, le incomodaba que la mirasen.
- Estarías mejor sin todas esas mierdas.
- ¿Cuáles? – Aquel comentario le pilló por sorpresa a Sara – Creía que te gustaban los tatuajes.
No recordaba que el día que se los enseñó le diese a entender que no le gustaban.
- No son los tatuajes, me encantan tus tatuajes. Me refiero a los piercings, tienes demasiados. Distraen y no dejan ver lo guapa que eres.
Sara no sabía si aquello que le estaba diciendo era producto del sueño, del sake de la cena o de un conjunto de todo. Pero no pudo resistirlo.
Lo besó.
