Capítulo 2
Nota del traductor: hola, aquí está el segundo capítulo, no olviden decirme si les interesa que traduzca la pequeña secuela de esta historia. Espero disfrutaran de mi traducción, si no… pues díganmelo para mejorarla, jeje. Bien, nos veremos, quizá, en otra traducción.
N/A: ¡Hola, amigos! Porque la gente lo pidió y porque soy una gigante y romanticona nerd, ¡aquí está el capítulo dos!
Esto es un poco de retrabajo de la escena de la pesadilla del episodio 26. (Lo siento, no hay LaF, aunque le amo bastante)
Carmilla regresó de su paseo por esas cortas horas de la mañana, Laura seguramente estaría durmiendo. De hecho, cuando entró al cuarto, encontró a su compañera profundamente dormida, aunque en una posición bastante rara. Estaba acomodada en una posición mitad sentada y mitad recostada, su cabeza colgaba de lado y un libro amenazaba con caer de su regazo. Carmilla negó afectuosamente con la cabeza, con una sonrisa tirando de sus labios. La chica se debía haber quedado dormida cuando estudiaba, otra vez.
Fue hasta su lado del cuarto y encendió la lámpara, muy segura de que no molestaría a su compañera. Su relación había progresado al punto en que Carmilla ya no irritaba intencionalmente a Laura, aunque no podía detener las pequeñas burlas y los rápidos comentarios sarcásticos. Además, su ingenio cáustico era, cada vez más y más, seguido de una sonrisa o una risilla. Carmilla vivía para esos momentos, las ocasiones en que podía escuchar la risa de Laura. Pero, en algún lugar de su mente, Carmilla casi seguía esperando que Laura reflexionara y se fuera. Y si era el comportamiento irritante el que la ahuyentaría, entonces que así fuera.
De repente, Laura comenzó a revolverse en sueños, mascullando bajo su pecho. "No, no puedo…" murmuró, su cuerpo sacudiéndose y sus cejas se arquearon con miedo.
Carmilla rápidamente reconoció las señales de una pesadilla y se apresuró al lado de Laura para detenerla antes de que empeorara. Puso sus manos en el hombro y cadera de Laura, esperando ayudarla a medida que despertaba.
"Hey, hey, hey, Laura, Laura, Laura", dijo, presionando gentilmente el costado de la chica, concentrándose en su cara mientras despertaba. "¡Laura! Laura. Estas soñando. Sólo era un sueño, Hey." La última palabra fue baja y suave, mientras los ojos de Laura finalmente se abrían por completo.
Sus miradas se encontraron y el miedo en los ojos de Laura, en vez de desvanecerse, sólo cambió. Jadeó y se sacudió hacia atrás, golpeando su cabeza contra la cabecera que tenía detrás. Carmilla se estremeció cuando Laura se empujó contra la pared, agarrando la adolorida parte trasera de su cabeza, observando extensamente alrededor de la habitación, con ojos grandes y sobresaltados.
"¿Estas bien? ¿Sucede algo malo?" Carmilla preguntó alarmada, con sus dedos flotando sobre el brazo de Laura, temerosa de tocarla otra vez.
"Hay – todo está – dijiste mi nombre," Laura balbuceó, mirando finalmente a Carmilla, con sus labios ligeramente separados por el shock.
Carmilla levantó una ceja, confundida por un pequeño instante, luego sintió su sangre enfriarse. Oh no. No, no, no.
"Tú dijiste mi nombre" Laura repitió. Se enderezó y apuntó a Carmilla con un dedo tembloroso. "tú me llamaste Laura y ahora todo está," agitó sus manos alrededor de ella, abarcando la habitación entera. La habitación que seguramente estaba llena de colorido.
Carmilla se sentía como si estuviera en una especie de trance. Empezó a retroceder lentamente, sacudiendo su cabeza de lado a lado, con sus ojos abiertos por la consternación. No, eso no podía estar pasando, un instante de atención perdida, meses de mantenerse bajo control, perdidos. Había tenido tanto cuidado…
Laura la siguió, bajó silenciosamente de la cama y se paró frente a ella. "¿Hace cuánto lo sabes?" preguntó en voz baja. "He dicho tu nombre tantas veces. ¿Hace cuánto lo sabes?"
Carmilla pudo sentir el miedo creciendo en su pecho, estrujando su corazón inmóvil. Estaba pasando de nuevo – Ell estaba por todas partes. Pero esta vez era mucho peor, porque no fue la intromisión de Maman lo que le mostró a Laura la despreciable criatura que en verdad era – ella, por sí misma, había puesto esa mirada de miedo en los ojos de la joven.
Se esforzó por mantenerse erguida, por no caer de rodillas, a los pies de Laura, y rogarle perdón. Había lágrimas en los ojos de Laura – la desgarraron hasta el alma. Lo había arruinado, destruido antes de que tuviera la oportunidad de convertirse en algo.
"Por favor, déjame explicarte," imploró, presionó sus manos juntas para mantenerlas abajo, así no lucirían como el acto de súplica que eran. "Yo sólo estaba tratando de mantenerte a salvo. Si mi Madre lo supiera, si ella averiguara lo que somos –"
"Carmilla" Laura murmuró, interrumpiéndola. Alcanzó y frotó sus dedos contra los nudillos de Carmilla, enviando chispas por lo brazos de la otra. "Tus ojos son castaños."
Lo dijo como si fuera la cosa más importante del universo, Carmilla sintió que su respiración se le atoraba en la garganta. Una solitaria lágrima escapó de las pestañas de Laura, dejando un camino reluciente en su mejilla.
Luego Laura se inclinó y se apoyó en ella, un suspiro escapó de sus labios cuando se encontraron con los de Carmilla. Por un segundo, Carmilla se paralizó, demasiado sobresaltada para reaccionar. Laura… ¿no estaba enojada? ¿No estaba huyendo por el miedo? Esa hubiera sido una reacción razonable – saber que tu alma estaba unida con la de un monstruo no muerto haría huir a la mayoría de la gente hacia las colinas. En vez de eso, Laura estaba ahí, con sus brazos alrededor de los hombros de Carmilla, con su boca tan dulce y hambrienta contra la de Carmilla.
Carmilla encontró a sus manos moviéndose, envolviendo la cintura de Laura, por dentro de su delgada playera de algodón. Atrajo a la otra más cerca, haciendo que sus caderas se rozaran cuando profundizó el beso, esperaba que Laura sintiera la profundidad de las emociones que tenía por ella.
Todo estaba bien, muy bien, ni el color más brillante del mundo era tan brillante como este solo beso con su pequeña compañera de habitación.
Demasiado pronto, Laura se alejó, su respiración era irregular y sus mejillas estaban mojadas por las lágrimas derramadas. Carmilla se acercó para limpiarlas antes de acunar tiernamente las mejillas de Laura entre sus manos. Laura se apoyó en el toque con los ojos medio cerrados. Carmilla trazó el contorno de uno con su pulgar, sintiendo el eco de otra acción y de otra chica, tan similar y, aun así, tan diferente.
"Tus ojos también son castaños, amor" dijo, la sonrisa de Laura era tan amplia y tan genuina que Carmilla fue impactada nuevamente por cuán hermosa era.
"Nunca pensé que te encontraría" dijo Laura con voz temblorosa, sus manos peinaban inconscientemente el cabello de Carmilla.
Carmilla descubrió que le gustaba la sensación. "Ni yo" contestó, pasando su mano por la espina de Laura, deleitándose por los escalofríos que provocaba. Casi añadió No otra vez, pero contuvo su lengua. Habría una vez en la que tendría que trabajar en su conexión con Ell, pero ahora no era ese tiempo. Ahora había asuntos más preocupantes que discutir.
"Laura," casi fue derrumbada por el suspiro de placer que era su nombre saliendo de los labios de Carmilla, pero se sostuvo. "Cariño, hay algo muy importante que debo decirte."
Se apartó un poco, tomando las manos de Laura entre las suyas, dándoles un gentil apretón. Laura la miró con una adoración sin medidas y Carmilla se dolió porque lo que iba a decir podía lastimarla.
Tomó una respiración profunda y sólo lo dijo. "No se lo podemos decir a nadie."
Como había pensado, la luz en los ojos de Laura disminuyó y empezó a volver la cabeza, con una expresión herida y confusa.
"No, pequeña, no me mal interptretes" Carmilla pidió, acunando nuevamente la mejilla de Laura, girando su rostro de vuelta a ella. "No estoy avergonzada de ser tu alma gemela. Si tú lo quisieras, felizmente proclamaría mi amor por ti desde el techo más alto del campus"
Los grandes ojos de Laura se desviaron de la cara de Carmilla y Carmilla sintió a su corazón fantasma dar un pálpito doloroso cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir. Aun así, continuó, determinada a darle a Laura la advertencia que necesitaba.
"Es por tu seguridad. Si se lo decimos a alguien, no tardaría en llegar a mi madre. Entonces…"
"Entonces ella vendrá por mí," finalizó Laura. Carmilla esperó que volviera en sí para finalmente, finalmente, huir con miedo. Demonios, eso sería lo que ella haría.
En su lugar, sintió a Laura enderezarse y vio la resolución de acero en sus ojos. "Déjala," dijo con voz fuerte y clara. "No tengo miedo, bueno, tal vez tengo un poco de miedo, pero eso es entendible. No estoy dispuesta a huir. Así que, talvez no anunciemos que somos… almas gemelas…" su voz se quebró un poco, pero continuó, "a todos los que conocemos. Pero eso no significa que me voy a acobardar y nunca tener el coraje de tomarte la mano. Quiero estar contigo, Carmilla, quiero ver todos los colores que el mundo tiene que ofrecer y te quiero a mi lado cuando lo haga."
Al final de su pequeño discurso las mejillas de Laura estaban sonrosadas y respiraba pesadamente. Carmilla sintió lágrimas punzando detrás de sus ojos. Sin palabras, tiró de Laura para darle otro beso, moldeando sus cuerpos juntos, tratando de decir silenciosamente lo que no podía decir en voz alta.
Retrocedió y miró la cara de Laura entre sus manos, buscando dentro de sus profundos ojos castaños. "Moriría por ti" susurró.
"No, no quiero eso," dijo Laura, Carmilla sintió su estómago caerse hasta que continuó. "No quiero que mueras. Quiero que vivas. Vive por mí."
Carmilla no pudo evitar la pequeña risa que se le escapó. "Creo que es un poco tarde para eso, pequeña." Dijo con una sonrisa rota.
Laura empujó su hombro con una sonrisa triste. "Sabes lo que quiero decir. Sólo no vayas toda auto-sacrificada por mí."
"Haré mi mejor esfuerzo." Contestó Carmilla, sabiendo que era lo mejor que podía ofrecer.
Queriendo aligerar el pesado ambiente que había caído sobre ellas, Carmilla tomó la mano de Laura y las dirigió hacia la puerta. "Vamos, te llevaré a un lugar especial." Le dijo a su pequeña alma gemela.
Laura rio, presionado la mano de Carmilla para que se detuviera. "Al menos deja que me ponga los zapatos primero." Sin dejar ir la mano de Carmilla, agarró sus botas detrás de la puerta y las alzó. "¿A dónde vamos?" preguntó saltando en un pie, tratando de ponerse las botas con una mano.
Carmilla le sonrió afectuosamente, dejó ir su mano, pero inmediatamente enganchó un dedo en una de las presillas del cinturón de Laura. "A los invernaderos," dijo. "Deben haber algunas plantas nocturnas bioluminiscentes. En verdad vas a amar ver las flores."
Laura le respondió con una sonrisa que la hizo sentir como si pudiera hacer algo más que sólo no morir. Tal vez ella podría vivir.
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