Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 24

.

.

.

EPOV

—¿Por qué reaccionaste así? —susurró Bella en puntillas— Como si no sintieras lo mismo que yo. Por un momento pensé…

Le interrumpí— Porque no sabía cómo tratarte sin pensar que... —llevo sus manos a mi pecho— No quiero lastimarte.

—No lo harás.

—¿Cómo estás tan segura?

—Solo confío. —me guiña un ojo.

Hubo un cambio evidente entre Bella y yo después de aquella confesión.

La tensión, las palabras no dichas… fueron superadas. No estábamos mostrándonos tan afectivos públicamente, pero la mayoría se estaba dando cuenta. Mi madre se dio cuenta. Incluso mucho antes de que decidiéramos tener nuestro minuto de confianza. No se sentía extraño como creí que sería en un comienzo, sino que tenía la impresión que es así debía ser.

Bella aún está explorando, viendo, sintiendo de nuevo. Y yo estoy aquí con ella. No importa por cuánto tiempo.

Estar juntos había conseguido que algo dentro de mí se despertara por fin.

.

Bella infla un globo color rojo y lo deja junto a los demás.

—¿Ves por qué te digo que usemos el inflador de globos? —le noto sus mejillas rojas por el cansancio.

—Ni que fuera gran cosa. —me lanza uno de color amarillo— Vamos, no seas perezoso.

Leticia decidió celebrar su cumpleaños unas semanas después de la fecha real, y todavía estoy un poco preocupado por toda la gente que vendrá esta noche. Según ella, son sólo unos pocos, pero mi madre y yo estuvimos averiguando su lista de invitados y no sé cuál es su definición de "pocos" Lo único que espero es que nada termine en un desastre.

Me doy prisa para tomar el pastel de cumpleaños que mi madre trae con dificultad en los brazos, y Bella abre la puerta de la cocina para mí.

—Gracias, preciosa.

Toma asiento en la silla del desayuno, jugueteando con el servilletero.

—Tu madre se ve un poco nerviosa.—guardo el pastel dentro de la nevera y cierro la puerta de un empujón.

—O histérica.

—No quería que sonara de esa manera, pero bueno… —se ríe.

Apoya la mejilla en su mano, y no puedo contenerme de tomarle la barbilla con los dedos.

—¿Sabes? Tengo algo para ti.

—¿En serio? —saco dos billetes del bolsillo de mi pantalón, arrojándolos sobre la mesa. Sus cejas se fruncen. No parece tan impresionada como esperaba— ¿Museo de artes? —lee.

Descargo el cuerpo en el respaldo.

—Alice dice que es el mejor lugar de la ciudad.

Estaría más concentrado si no acabase de morderse el labio.

—A ti te aburren estos lugares. —recuerda.

—No es cierto.

—No seas mentiroso. Te duermes.

—Pero a ti te gustan. —choco su codo con el mío, animando y haciéndole ver que será divertido, por mucho que en verdad no esté tan seguro— ¿Te animas?

Sopesa su decisión girando el billete por ambos lados, como si esperase que este dijese algo más. Con un poco de recelo, suelta un suspiro.

—Bien. —sonríe— Gracias.

—No hay de qué.

Muevo un rizo rebelde de su frente, logrando así una vista clara de su rostro. He aguantado por tanto tiempo no besar a esta mujer, que ahora que puedo hacerlo, parece que no pudiese mantener una conversación seria con ella sin que lo piense.

No sé si es la forma en cómo sus ojos viajan a mi boca cada vez que intento decir una palabra.

Lo que sí sé es que es más difícil controlarme ahora que el pudor desapareció entre nosotros.

—Es imposible decirte que no. —admite moviendo la cabeza— Cuando me miras así, como si quisieras besarme en cualquier momento…

—No es que quisiera besarte, Bella —susurro con la voz enronquecida—, es que quiero besarte… a cada momento.

—Me pregunto por qué no lo estás haciendo en este minuto.

Encojo los hombros.

—Estaba esperando que me dijeras eso antes de hacerlo.

Ella ya me está besando incluso sin haber puesto punto final a la frase. Sus suaves y apetitosos labios apresan los míos en una evidente marca de propiedad. Me mira en silencio a los ojos, y mientras estos permanecen abiertos, presiona su boca a tal punto que mis sentidos se nublan y dejo de unir frases coherentes en mi cabeza. Le tomo el rostro y respondo al beso con desesperación.

Nunca antes he admirado tanto mi capacidad de contención. Bella corta el beso, descansando su frente en la mía.

Nos sonreímos el uno al otro, hasta que escuchamos la voz de una mujer en la sala.

—¿Esa es Carmen?

—Sí. —sus labios rozan mi boca.

—No es por nada, pero entrará por ti en cualquier momento.

—No me importa. —dice— ¿A ti te importa?

¿Qué si lo hace?

Bella no entiende que eso me tiene sin cuidado. Rompo la distancia entre nosotros, besándola de nuevo, antes de que Carmen finalmente entre por la puerta. Disimula muy bien su sorpresa de vernos tan juntos. Por lo general es bastante discreta, cosa que agradezco más que nada.

—Me preguntaba si ibas a pasar toda la tarde inflando globos o prefieres aprovechar el magnífico sol que hay hoy día.

Entrelazo sus dedos con los míos, y Bella se aclara la garganta.

—Creo que me hará bien un poco de aire libre.

—Excelente elección. —le guiña un ojo— Tal vez Edward quiera hacernos compañía.

No me quedan muchas opciones si las dos me miran esperando una respuesta.

—Por supuesto que sí.

.

.

.

Cada vez que voy a abrir la puerta, soy sorprendido por un chico de estilo diferente al anterior. Lo más lejos que llegué a ver, fue a este chico de cabello rojo que entró como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. La mayoría de ellos me saludan haciendo la misma pregunta: ¿Tú eres su padre? Me hacen sentir más viejo de lo que en verdad soy. Más que hermano mayor, empecé a sentirme su niñero.

—Adelante, por favor… no toques eso. ¡Cuidado! —a mamá le va a dar un ataque. La vi servir ponche de frutas a un grupo de chicas barbies antes de que rodara los ojos hacia mí— Ten ponche para ti, señor portero.

Bella está en una esquina, analizando a la multitud. De vez en cuando Emmett y Alice se acercan a conversar con ella. Le hago señas con las manos para que se acerque tan pronto como se queda sola otra vez.

—¿Todo bien?

Asiente.

—Estaba un poco abrumada por tanta gente, pero ya estoy bien.

—¿Segura?

—Sip. —muerde la copa con los dientes, sonriendo entusiasmada— ¿Y Carlisle?

Tengo que pedirle a unos de los amigos de mi hermana que no se siente arriba de las plantas. ¿De verdad es necesario pedírselo como si en verdad tuviese cinco años?

—Tuvo un asunto de trabajo. Prometió venir más tarde. —miro mi reloj, justo para escuchar el timbre sonar de nuevo— Creo que terminará siendo verdad que Leti invitó a toda la escuela.

La risita de Bella acelera mi corazón mientras giro el pomo.

El rostro de Sheila cae avergonzado de pie en la puerta. No puedo evitar recordar a Kate por su aspecto; es muy parecida a su madre físicamente.

—Hola, Sheila. —saludo.

Aún con la cabeza baja, ella saluda.

—Hola, señor Cullen.

—Por favor, regla nro. 1 de esta casa: nada de Señor Cullen ni nada que me recuerde mi edad.

La hago reír, y todavía avergonzada, se une al grupo de su escuela rápidamente. El timbre deja de sonar con tanta frecuencia, así que me acerco a la charla de Bella y Alice. La música nos deja sordos, y aprovecho la instancia de escucharles poco para envolver a Bella con un brazo y atraerla a mi pecho. Su cabeza descansa en el hueco de mi cuello, y me dejo cautivar por el perfume de su pelo.

Leticia luce indescriptiblemente radiante. Desde la distancia, hace mucho que no la veía tan feliz. Me pregunto cuántos de los aquí presentes perdurarán junto a ella en el tiempo. Estoy pensando eso cuando alguien rompe el jarrón favorito de mi madre.

Ese definitivamente no perdurará demasiado si mi madre decide asesinarlo. Sin embargo, ella finge que no es gran cosa, por mucho que se lamente por dentro.

Papá llega a casa después del pastel.

Hay tres chicas de aspecto de muñeca de plástico que nadie pensaría que Leticia tuviese que ver con ellas. No es que Leti sea cualquier cosa, pero no me la imagino vestida de rosa o con vestidos floreados. Por obligación debe usar la falda de la escuela.

Emmett se sirve una cerveza a escondidas, y estoy a punto de pedirle una para mí cuando mi padre se acerca a Sheila.

—Por la tranquilidad de esta fiesta, te voy a pedir de buena manera que te largues de aquí. —el semblante de Sheila se inmortaliza. Tomo posesión de la situación, acercándome para averiguar lo que está pasando— No la quiero en esta casa.

—Es amiga de Leticia. —recuerdo.

—Por eso lo digo. Leticia no puede juntarse con gente como ella.

Mi madre y Leticia no tardan en percatarse del altercado. Se aproximan sin llegar a llamar la atención de los demás.

Sheila aparta la mirada.

—No hagas un escándalo aquí. —le pide mi hermana angustiada.

—¡Fuera! —gruñe papá, haciendo caso omiso de ella.

—¡No te corresponde! —le grita Leticia devuelta, haciendo que la mitad de sus amigos se volteen para ver qué sucede— Basta, papá, detente. —ruega.

—Es mejor que me vaya. —reprime Sheila— No quiero molestar. —se va sin que ninguno de nosotros la detenga.

La música sigue fuerte, lo que es bueno porque así la discusión no es tan llamativa. En poco tiempo todos vuelven a la normalidad. A diferencia de nosotros, que la reñida no parece terminar. A Leticia le sale humo de las orejas.

—Carlisle, es una jovencita. —recuerda mi madre.

—Te odio… —murmura Leti— ¡Te odio!

El grito que emite es tan fuerte que ni toda la música del mundo es capaz de acallar.

Leticia está hecha una furia. Apaga la música y empieza a echar a todos de su fiesta. Mamá intenta detenerla, pero es imposible. Alice, Emmett y Jasper fingen que son invisibles en el sofá. Cuando la gente se ha marchado y mi madre empieza a discutir con mi padre, sigo a Leticia, que corre de la puerta para fuera.

No alcanza a dar tantos pasos cuando la cojo del brazo.

—¡Suéltame!

—¡Detente!

—¡Déjame sola!

—Leticia…

—¡Vete! ¡Regresa con ellos! ¡Regresa con ellos y dame la espalda!

—Has perdido el juicio.

—Dame la espalda como papá… —rompe en llanto. Intento acercarme y abrazarla, pero ella se aleja— Déjame.

—No entiendo nada, Leticia. No entiendo tu actitud de niña malcriada. No puedes organizar una fiesta y por un berrinche echar a todos de tu casa. Eso no habla bien de alguien como tú. No eres la Leti que conozco.

—¿No te has puesto a pensar si alguien siquiera me conoce de verdad?

Chasqueo la lengua.

—Deja de decir bobadas. Es evidente que papá actuó de una muy mala forma. No tiene por qué tratar mal a Sheila solo porque es hija de Kate. —me enfado. Leti retrocede— Se supone que él es el adulto.

Ella niega con la cabeza.

—No es por eso, Edward.

—Claro que sí.

—¡No es por eso, idiota!

—¡Entonces por qué!

—¡Porque sí! —exclama, tomando una inspiración y dando un paso adelante— Porque Sheila es mi novia.

Ni siquiera lo ha dicho a gritos, pero siento que lo ha escupido a los cuatro vientos. Leticia estudia mi reacción, y pasa de esperar a que diga algo a mirar por detrás de mí. Mi madre se encuentra de pie siendo azotada por el viento y pálida como la leche. De pronto, no siento más que la mano de Bella deslizarse en la mía. Es tanto el calor que emana su piel que logra que regrese en sí.

Es mi hermana la que tengo frente a mí. Es su voz convertida en un eco.

—¿Qué?

Tengo tantas cosas en la cabeza; ninguna que pueda ordenar, ninguna que ayude a cortar el silencio. ¿Por qué no sabía esto tan importante de ella?

—Papá lo sabe, pero no lo acepta.

Un taxi aparca en la esquina de la calle. Tardo más o menos medio minuto en darme cuenta que quién se baja de él, es Bree. Se acerca con una sonrisa radiante, la cual borra rápidamente al notar la tensión.

Nos mira a todos, buscando una explicación.

—¿De qué me perdí?

Leticia rompe a llorar de nuevo, corriendo dentro de casa.

Bella dibuja círculos en la piel de mi mano y apoya la barbilla en mi brazo.

Bree se acerca a nosotros, pero antes de que pueda decir una sola palabra, la puerta se cierra de un portazo.


Uuuuh. Leticia.. Leticia... dejó a toda su familia helada. ¿Qué pasará?

Algunas se preguntaban a dónde iba Leticia por las noches, pues en el siguiente se explica.

Por cierto, comenzamos la recta final...

Los invito a unirse a mi grupo "Annie Stewart fanfics" (Link en mi perfil de fanfiction) donde subo adelantos cada semana de Acorralada.

Gracias por leer, por manifestarse aquí siempre!

Besos