Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 25
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BPOV
En algún momento consigo que Edward tome asiento en el sofá de la sala, mientras Esme trae té para todos.
—Tengo que hablar con ella. —insiste Edward.
—Ya lo has intentado tres veces. —le digo.
—Pero lo haré hasta que abra esa puerta.
El único que parece tener problemas con asimilar la noticia de Leticia, es Carlisle, aún si lo sabe de sobra. Según parece, lo sabe desde antes que Esme y él se separaran, y es el motivo por el que Leticia y Carlisle no se llevaban bien al principio. Carlisle nunca estuvo de acuerdo en la condición de Leticia, seguro de que estaba confundiendo realidades.
—No le veo el drama, lo siento. —Bree encoge los hombros— Arruinar una fiesta de cumpleaños por algo que no debería ser un tema.
—Lo es. —Carlisle ni se mueve de la ventana— Yo no soy homofóbico, pero una cosa…
—Una cosa es que se trate de tu familia ¿no? —termina ella por él.
El tema de la homosexualidad era tan grave para Carlisle como lo era el aborto para Mars.
—Estoy tratando… —toma una inspiración— tratando de ayudar a mi hija. —Esme se acerca y le ofrece una taza de té— ¿Y tú no piensas decir nada?
Se aleja de él— ¿Qué quieres que diga?
—No sé, mujer. Tú opinión.
Ella suelta un resoplido.
—Mi opinión no te importa. Diga lo que diga no hará que cambies de parecer.
—¿La apoyas?
—Es mi hija.
—También es mi hija.
—Pero piensas que no lo seguirá siendo por lo que siente. Como si tuvieses el poder de negárselo.
Es incómodo estar frente a una discusión sin poder interrumpir o expresar algún juicio. Incluso Edward y Bree sobran a pesar de ser familia. Las discusiones de Esme y Carlisle siempre me ponen nerviosa. Ese es el motivo por el que creo que nunca van a volver a estar juntos. Tienen diferencias irreconciliables.
Me hundo en el sofá.
—No lo hago.
—Arruinaste su fiesta por un capricho tuyo. La humillaste delante de todos sus amigos echando a la chica. ¿Te parece eso correcto? Porque a mí me parece cruel. —a Esme le salen chispas por los ojos— La echaste de mi casa. Sí. De mi casa y no tienes ningún derecho sobre ella. —le apunta con el dedo— Yo puedo echar a quien quiera de aquí, como por ejemplo ahora, que te pido que te vayas ya mismo.
—No hemos terminado. —gruñe él.
—Necesitas descansar y pensar mucho, Carlisle. Y no te olvides que Leti sigue siendo nuestra hija.
Carlisle se va hecho una furia. Ni siquiera Bree se va con él, en cambio, se hunde en el sofá igual que yo.
—Mujer de armas tomar. —le dice a Esme levantando el pulgar.
Esme sonríe, temblándole el mentón.
Edward sigue dando vueltas por el pasillo, y toca la puerta de su habitación otra vez. Al no obtener respuesta por su parte de nuevo, suspira y entra en la suya. Lo encuentro sentado en la orilla de su cama con las manos sobre la cabeza. En silencio, me siento junto a él. Observo la habitación, como si acabase de entrar por primera vez.
—Leticia piensa que le daremos la espalda como mi padre —murmura entrelazando los dedos— Porque él le hace sentir que está mal.
—¿Lo es para ti?
Edward suspira.
—No lo es —admite—, pero no puedo evitar sorprenderme, como si acabasen de lanzarme un balde de agua fría. ¿No te pasa igual? —frunzo los labios— ¿No?
—Edward…
—Dime que lo es para no sentirme tan mal conmigo mismo.
Le tomo la mano.
—Yo lo sabía. —Edward parpadea pasmado por mi confesión. Noto la dificultad de expresar alguna pregunta, de modo que la contesto sin necesidad de escucharla— Lo sé desde hace mucho tiempo.
Fui lo bastante discreta para no entrometerme en algo tan delicado. Los sentimientos de otras personas no son algo por lo que debería comentar con el resto.
—Te lo dijo. Habló contigo. —asume.
Asiento en respuesta.
—A veces hablaba conmigo… antes, cuando yo no hablaba. Aprovechó mi silencio para desahogarse, porque sabía que yo no diría nada. —sonreí— No te lo dije porque no soy yo a quién le correspondía hacerlo. Parecía tan angustiada cuando me lo confesó. —recuerdo que ni siquiera pudo decir abiertamente que era lesbiana, solo que no se sentía atraída por los chicos como sus demás compañeras de la escuela— Ella necesita que la entiendan, no que la critiquen.
No hay peor cosa que no sentirse apoyada, contenida. Puedes estar muy segura de tu decisión, pero si las personas que amas no te apoyan, empiezas a dudar. ¿Será correcto lo que estoy haciendo? ¿Estarán ellos en lo correcto? Las preguntas fluyen en tu cabeza sin que tengas tiempo a detenerlas.
Edward se pone a pensar, mucho.
—Tengo que hablar con ella.
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Cuando salgo al jardín trasero, Bree está sentada de piernas cruzadas en el césped. Su muñeca izquierda repleta de pulseras, inclinada hacia arriba mientras que con la mano sostiene un cigarrillo.
Expulsa el humo de tabaco, notándome.
—¿Alguna novedad?
Imito su manera de sentarse, metiendo las manos entre mis piernas.
—Están hablando.
—¿Edward y Leti?
—Sip.
Asiente.
—Esos dos se quieren. Lo van a resolver en menos de lo que canta un gallo.
Nos sonreímos. Es fácil estar con Bree, por mucho que haya estado un tiempo fuera, parece que fue ayer que estuvo aquí.
—Me alegra verte de nuevo. —expreso.
Todavía tiene el pelo color turquesa, y los ojos azules brillantes y expresivos. Lo único que noto diferente es que la felicidad de su sonrisa no llega a su rostro.
Vuelve a expulsar humo y se abraza a sí misma, arropándose en su chaqueta de cuero.
—A mí también. —me mira de pies a cabeza— Te ves guapa ¿eh? ¿Qué te hiciste? —por instinto me toco el pelo, no sé por qué. Bree se echa a reír, mirando hacia la puerta— Creo que puedo adivinarlo. —me pongo roja como un tomate y eso la hace reír aún más. Luego, extiende su mano hacia mí— ¿Quieres? —ofrece el cigarro.
El humo me escuece los ojos.
—No fumo.
Mira su cigarro.
—¿De verdad? —asiento— ¿Y no te da curiosidad?
—¿Tal vez?
Lo empuja hacia mí.
—Resuelve tu curiosidad, entonces. —cuando tomo el cigarro, ella se cubre el rostro con una mano— Oh, Dios. Siempre fui una mala influencia para todos.
—Creo que el momento lo amerita. —tomo una calada. El humo se me va a la garganta y empiezo a toser. Se lo devuelvo entre risas— Suficiente, suficiente.
Después de que ella fume un cigarro más, entramos a casa. Apesta a tabaco, y mientras me habla de su estancia en Roma, no podemos evitar escuchar los murmullos en la habitación de Leticia. Bree y yo nos miramos con complicidad. No deberíamos entrometernos, pero lo hacemos de todos modos. Y la imagen que nos encontramos enternecería hasta la persona más fría; Leticia abrazada entre Edward y Esme. No tenemos que rebanarnos los sesos averiguando en qué quedaron los tres.
A veces, solo hace falta un poco más de comunicación.
—¿Qué hacen ustedes ahí? —Bree y yo brincamos del susto. Nos llevamos la mano al pecho mientras enfrentamos a Emmett— Dicen por ahí que la curiosidad mató al gato. —bromea.
—¿No se habían ido? —Alice se acerca también.
—No. Estábamos esperando afuera, no queríamos incomodar. —dice ella con el ceño fruncido, inclinándose hacia mí— Bella, tu pelo apesta a tabaco.
—Culpa mía. —acusa Bree, en un suspiro— Será mejor que vaya a casa con mi tío Carlisle, tal vez consiga algún cambio de parecer. ¿Quién sabe?
Nos hacemos a un lado del pasillo, caminando de regreso a la sala.
—¿En qué te vas? —le pregunta Emmett.
—En taxi. —contesta ella, tomando el móvil.
—No, deja. Te llevo.
—No es necesario.
—Lo es. Ya es tarde. —insiste él.
Bree deja el móvil volando en su mano, mirando a Emmett. Como todos empezamos a convencerla, ella finalmente lo acepta.
—Está bien. Gracias.
Después de que Emmett y Bree se vayan, seguidos de Alice y Jasper, me quedo completamente a la deriva. No hago mucho más que ordenar un poco la sala e irme a la cama. Me abrazo a mi almohada favorita, sintiendo el agotamiento de esta noche. No en todos los cumpleaños terminas sabiendo la verdad secreta del festejado, así que tengo por lo que pensar. Miro al techo.
No pasa mucho tiempo antes de que mis párpados pesen y me quede dormida.
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—Isabella, quédate callada.
Me mostraba inquieta, llorando y temblando en una silla, mientras unas manos ásperas y bruscas trataban de amarrarme las muñecas.
—¡Dios! ¡Dile que se calle!
—Es lo que intento hacer. —suelto un gemido de mis labios y los ojos de James se encuentran a poco distancia de mi rostro— Muñeca, te lo estoy pidiendo de una buena manera. Si sigues llorando, la chica de allí perderá la paciencia.
Él señaló a Rosalie, que daba vueltas en la habitación como un gato enjaulado.
—¿Seguro que Victoria no llegará?
—No, tiene turno hasta las seis. Por favor, Rose, me exasperas.
—Date prisa con eso.
James amarró mis manos y mis lágrimas saladas empaparon mi rostro. Él me miró con enojo porque no dejaba de llorar. Entonces tomó un poco de cinta adhesiva y selló mi boca.
—Con eso bastará. Te lo advertí, muñeca.
No me podía mover; estaba de pies y manos apretadas a la silla. James y Rosalie discutieron y me dejaron sola en el cuarto. Pude escuchar cuando la llave giró haciéndome ver qué estaba encerrada. Si decidían prenderle fuego, me hubiese quemado viva.
La angustia que me vino fue tan fuerte que en un par de horas había perdido el conocimiento.
Cuando lo recobro, sigo amarrada a la silla, pero esta vez no son Rose y James quienes me vigilan, sino mi madre. Y más allá está Mars. Charlie. Lily de pequeña. Y una chica que no reconozco.
Todos mirándome.
—Sal, Bella. —murmura una voz que conozco— Sal de tu escondite.
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—¡Bella!
Abrí los ojos. La almohada estaba empapada en sudor y mi cabeza daba vueltas. Aquello había sido mitad recuerdo, mitad pesadilla.
Un recuerdo muy vívido para mí, y una pesadilla extraña.
Edward está a los pies de la cama.
—Cariño, tuviste una pesadilla.
Me seco la frente surcada en sudor, y me siento.
—Fue una pesadilla. —susurro— Fue una pesadilla, fue una pesadilla. —repito como un mantra.
Edward me abraza y mece como una niña pequeña.
—Lo fue, nena. Ya estoy aquí.
Me trae un vaso con agua y un trozo de chocolate. Le cuento todas las pesadillas que he tenido, y que Carmen dice que tendré que vivir con ellos durante un tiempo.
Después de que el recuerdo se esfuma de mi mente, me siento mucho mejor. Me miro la ropa y me doy cuenta que no me he puesto el pijama, y la blusa deja ver parte de mi brasier. Avergonzada, me arreglo la ropa con rapidez.
Miro el reloj; media hora transcurrió desde que caí en la cama.
—¿Cómo está tu hermana?
Toma mis manos.
—Más tranquila ahora. Mi madre y yo le hemos dicho que puede confiar en nosotros, que nada ha cambiado.
—Me alegra escuchar eso. —de verdad que sí.
Me cuenta que la familia de Sheila no sabe nada de esto, y que han estado viéndose a escondidas. Recuerdo todas las veces que la he visto salir por la noche. En el día, ellas actúan como amigas y buenas compañeras de curso.
Edward se inclina hasta rozar sus labios con los míos.
—Tenías razón. Ella solo necesitaba que la entendiéramos. Nada más.
—¿Ves qué bien se siente?
Suelta un suspiro.
—Sí
Cierro nuestra distancia en un beso. Su lengua hace paso dentro de mi boca y me estremezco, aunque no me alejo. Se siente bien para mí. Presiono mis labios una vez más y nos alejamos. Seguimos estando cerca, y Edward me sorprende dejando un beso en la cima de mi nariz.
Descanso la cabeza en su pecho, y me muerdo la boca.
—Edward.
—Dime.
—¿Si te pregunto algo, serás sincero?
La parte curiosa de mí, no puede esperar.
Edward nota mi tensión.
—¿Qué pasa, corazón?
Me pesan los párpados otra vez.
—¿Crees que debería hablar con Charlie?
—¿Quieres hablar con él?
—No lo sé. ¿Qué piensas?
Me acerca más a él, apretándome.
—Creo que primero debes preguntarte por qué sientes curiosidad de hablar con él. —besa el tope de mi cabeza.
Muevo los hombros.
—La gente necesita escuchar para comprender. Y quiero entender… —contesto— por qué lo hicieron. Por qué él y Mars le hicieron eso a Lily. —siento la angustia invadirme igual que mi pesadilla— No sé nada de mi familia. —exhalo— ¿Eso está mal?
Estoy llorando. Lo noto por mi voz temblorosa y las pocas lágrimas que se absorben en mis mejillas.
—Por supuesto que no. —asegura él, tratando de tranquilizarme, pero me alejo hasta pararme delante de mi escritorio— Estás en todo tu derecho de querer saber. —escucho a sus pies seguirme y pararse detrás de mí— ¿Es por la pesadilla?
Jadeo— Estoy cansada de las pesadillas. Tan cansada.
Ya no estoy llorando, sino que trato de volver a respirar con normalidad.
—Ven aquí. —mis pies abandonan el suelo y siento la madera fría del escritorio— Oye —me levanta el mentón—, duerme conmigo.
—¿Ah?
Se ríe— Que duermas conmigo. Así no estarás sola cuando tengas pesadillas. A lo mejor esta habitación es demasiado grande para ti.
La pena y el miedo me abandonan, y estoy sonriendo.
—¿Me estás pidiendo que duerma contigo? ¿En tu cama?
Una esquina de su labio se levanta.
—A menos que quieras dormir en mi alfombra, tú dirás…
Me toma las caderas, y no alcanzo a responder antes de que atrape mi boca en un beso.
Es vieeeeernes, y pude terminar el capi antes de que acabara la semana. Ya había subido el martes y se supone que solo subo una vez, pero como lo terminé, no quise dejarlo por ahí guardadito.
Espero que les haya gustado y me lo dejen saber. Como siempre gracias por manifestarse y dar fav y alerta a la historia. Me hacen feliz! Gracias a los mensajes anónimos, que no puedo contestar, los tengo presente siempre.
Un beso grande y que tengan un bello fin de semana halloweenero (se me acaba de ocurrir esa palabra, ni siquiera sé si existe jaja)
No olviden unirse a mi grupo de fics "Annie Stewart fanfics" el link lo encuentran en mi perfil de fanfiction. Subo adelantos todas las semanas ;)
Ahora sí, cambio y fuera!
