Primero primerísimo, muchas gracias a andres13romero11 que me comenta siempre, es genial recibir comentarios.
Sin más, que hoy toca estudio, os dejo otro capítulo más.
Cuando llegó a su habitación ya se había fumado dos cigarrillos. Tenía una dependencia a esa sustancia llamada nicotina que estaba empezando a preocuparle.
- No debería fumar tanto, al final voy a tener que darle la razón a Chopper, incluso bajando las escaleras me sofoco – pensó la chica en voz alta.
Se sentó en su mesa y empezó a imaginar cómo podría ser esa gran bomba para su capitán. Debería ser grande, fuerte y ruidosa, como lo era él. Aquello le gustaba, no había nada en el mundo que le relajase tanto como pensar en nuevas bombas, pensar en nuevos retos. Tenía que ir a ver a Franky.
- Hola Franky – le saludó animadamente.
- ¡SUUUUUUPEEEEERRRRRRR! – exclamó con mucha eufória.
- Venía a proponerte algo. Luffy me ha pedido que haga algunas bombas para los cañones y había pensado… Hay muchos piratas y muchos soldados de la Marina que tienen habilidades gracias a las frutas del diablo.
- ¿Qué se te ha pasado por la cabeza? – le preguntó curioso el cyborg.
- Puedo hacer que explote astillas de Kairoseki.
- ¡Wow! Sara, eso es suuuuupeeeeerrrr – exclamó entusiasmado Franky
- ¿Tú sabrías donde conseguirlo?
- En la siguiente isla donde paremos, compraremos algo de ese material. No estoy muy seguro de donde, pero daremos con ello, quizás algún contrabandista – decía pensativo – Cuenta conmigo para diseñar esa bomba.
Sara sonrió y se pasó lo que restaba de tarde en el taller de Franky.
"En la siguiente isla". La siguiente era Rothen y era también el final de su trayecto.
- Y todo lo alimento de supeeeeerrrr cola.
- Es increíble que puedas propulsar este pedazo de cacharro solo con cola.
- Pruébalo. Puede hacer maravillas y es de lo más barato que puedes encontrarte en el mercado.
El tiempo se le pasó volando. Franky era un gran ingeniero y le encantaba intercambiar ideas, además aprendía muchísimo de él. Estaba claro que en cuanto a la construcción, él era el más indicado, así que le había pedido ayuda para poder la obra maestra de sus inventos.
Estaba dando un paseo por aquella maravilla de barco, el Thousand Sunny era toda una obra de arte en todos los aspectos. Montones de dudas le asaltaban, sabía que no entregar a los Sombrero de Paja le supondría un problema grave. También podrían pasar de largo y quedarse con ellos, pero para ello debería explicarles por qué no podían ir a la isla, y Sara no tenía demasiada confianza en que esa historia acabase bien.
- Luffy me salvó – la voz de Robin la sacó de sus pensamientos de repente, ni siquiera la había visto llegar. Sara no supo qué decir a eso – Solo digo que pareces preocupada.
- No, no, es solo que estoy pensando en… – la chica suspiró, quizás no valía la pena mentirle – mi situación es complicada Robin.
- La mía también lo era.
- Es diferente, tú ya eras parte de esto, yo solo soy una chica que ha pagado 15.000 berries por viajar con vosotros. Este no es mi sitio.
- Sabes que puede serlo.
- ¿Tú crees…? – Sara vio una pequeña esperanza en todo.
- Debes confiar en Luffy, entenderá tu situación. Él y todos los de la tripulación.
- Yo… – Sara no sabía qué decir, quizás tenía razón.
- Luffy se muere de ganas por que tú también formes parte de esto – Sara quedó sorprendida ante ese comentario – Piénsatelo. Y ahora subamos a cenar, creo que Sanji ya estaba preparando la mesa.
La cena fue bastante tranquila, todos hablaban animadamente y ella no paraba de darle vueltas a todo lo que había hablado con Robin. Realmente se estaba planteando la opción de hablar con ellos y contarles todo.
No probó una gota de alcohol. Decidió que dejaría descansar a su hígado durante unos días, además, después de la suculenta cena… tocaba entrenar.
- Oye, oye, oye… espera un momento… - suplicaba Sara mientras intentaba respirar con normalidad – no puedo seguir tu ritmo.
- Eso te pasa por no estar en forma y fumar tanto.
- Ya… ya… pero aparte de eso… Zoro, hemos dado 15 vueltas a la cubierta, ¿cuánto tiene de eslora este buque?
- Qué más da lo grande que sea – replicó Zoro – dijimos que el objetivo era agotarte. Y tu hombro no deja muchas otras opciones para hacer…
- Pues bien, ya estoy agotada – le dijo mientras se sentaba.
- Solo te dejo dos minutos y seguimos.
- Espero que mañana no me levantes temprano, no creo que pueda moverme en un par de días.
- Te dejaré descansar por la mañana, pero volveremos a entrenar como hoy.
- Pero… Al menos me dejarás dormir, ¿no? – preguntó muy preocupada Sara.
El espadachín resopló.
- Te queda un minuto de descanso.
Observó como Sara cerró los ojos. Se la quedó mirando, aquella noche también estaba muy guapa. A pesar de estar sobrio, seguía pensando que estaría más guapa sin los piercings que tenía en la cara. Y su cuerpo era muy especial, tenía tantos tatuajes que a simple vista su figura pasaba desapercibida, pero aquella noche, mientras la miraba respirar hondo pudo observarla. No podía creer que no recordase su beso de la noche anterior, se sentía… molesto, ¿cómo podía haberlo olvidado con tanta facilidad? Extendió la mano para tocarle de nuevo la cicatriz de su brazo, la recorrió hasta el codo con sus dedos índice y corazón. Ella no reaccionó en ningún momento. Abrió los ojos y se quedó mirando al espadachín.
Normalmente a Sara le incomodaba que la gente invadiese su espacio, era una chica que se agobiaba muy pronto y no digamos cuando intentaban tocarle la cicatriz o algún tatuaje. Zoro se portaba muy bien con ella, era un poco bruto a veces, pero le caía bien. Además, sentía que cuidaba de ella de alguna forma.
- Bueno, será mejor si nos vamos a dormir pronto, ha sido todo por hoy – dijo de repente el espadachín.
- ¿Cómo? – Preguntó sorprendida – ¿Lo dices en serio?
- Cualquiera diría que estás aliviada.
- ¡Qué más da! Vámonos a dormir ya.
Caminaron juntos hacia las habitaciones, de repente, Sara había recuperado toda la energía que había gastado en el entrenamiento.
- Si mañana no llueve iré a por ti a media mañana – le avisó Zoro – Buenas noches Pack.
- ¡Choca! – exclamó la chica levantando su puño.
- … – el espadachín miró la mano cerrada sin entender – ¿Qué?
- Tú sólo choca tu puño con el mío, es muy simple – y entonces Zoro chocó – ¿ves? No era tan difícil. ¡Buenas noches!
Y el espadachín se quedó mirándola mientras se marchaba y se perdía al final del pasillo.
- Tsk… No podía ser de las que se despiden con un beso… – susurró.
