Bueno bueno bueno, no os quiero malacostumbrar al actualizar tan de seguido, pero es que mañana tengo examen, acabo de salir de trabajar y no se me ocurre mejor forma de descansar cinco minutitos que actualizando. Además, siempre me pongo de buen humor cuando recibo un correo de alguien que me ha comentado jajaja

Muchas gracias a una nueva seguidora, AsukaHyuga, creo que no hace falta que te conteste, claro que habrá que recordárselo! Y por eso chicos, no hay que beber, el hombre de tus sueños te besa y tú ni te acuerdas jajajajaja

Espero que os mole este capítulo chicos!

Sara sabía que la mañana siguiente sería dura, pero no tenía ni idea de cuánto. Intentó dar un paso y cayó al suelo sin remedio.

- ¿Cómo se supone que entrenaré hoy si no puedo ni llegar al baño? – pensó Sara en voz alta.

Intentó levantarse de nuevo, apoyándose en la silla que estaba en su derecha. Apenas podía flexionar las piernas. Entró al baño y miró la bañera con desesperación, intentando pensar cómo iba a levantar las piernas para meterse dentro. Al principio pensó que quizás sentándose en el borde las levantaría menos, pero no contó con que se podría resbalar y caer dentro.

- ¡Auch! – Gritó de dolor – mi cabeza…

Después de unos insufribles minutos para ponerse en pie, logró ducharse. Pensó que quizás Chopper podría darle algo para que se le pasaran las agujetas, así que después de vestirse salió en su búsqueda. Había pensado que si evitaba todo el día a Zoro, quizás no tendría que volver a hacer ejercicio. Lo había visto entrenar, sabía que no cabía la posibilidad de que ella aguantase tal entrenamiento. Si en ese momento la tiraban por la borda, ni siquiera tendría fuerzas para luchar por su vida, pensaba que morir dolía menos que aquellas agujetas. Salió al pasillo camino a la enfermería pero con lo que no contaba era con las escaleras del barco. Se quedó unos minutos mirándolas mientras que en su cabeza no paraba de pensar en lo sucedido en el baño.

- Si alguien viene y me salva de esta, prometo hacer más ejercicio – imploró mirando al techo de Sunny.

Ella miró a su alrededor, en su mente, aquella situación terminaba cuando alguien aparecía para llevarla en brazos, pero nadie llegó. Sacó inconscientemente un cigarrillo y se lo llevó a la boca. Para llegar a la habitación de Zoro no tenía que subir escaleras, podía ir a pedirle ayuda… pero se dio cuenta que aquello arruinaría su plan de evitarlo, así que con mucho cuidado puso su pierna derecha sobre el primer escalón y, apoyándose en la pared, logró subir la izquierda. Todo muy despacio, demasiado despacio, tanto que comenzó a desesperarse al mirar lo que le quedaba.

- ¿Necesitas ayuda Sara? – la voz de su salvador se escuchó a sus espaldas.

- ¡Franky! Por favor, ayúdame a subir las escaleras, súbeme en brazos – le pidió extendiendo los brazos.

- ¿Qué te ocurre? Zoro te dio una buena paliza ayer, ¿no? – le preguntaba mientras la subía.

- No tolero el ejercicio, es la primera vez que hago en mi vida – le contestó algo avergonzada – Quería ir a ver a Chopper a ver si podía darme algo para aliviar las agujetas.

- Bien, te llevaré hasta allí, apenas podías andar. Si crees que subir las escaleras es difícil, espera a bajarlas.

- Gracias Franky.

Después de charlar animadamente con el cyborg, llegaron a la enfermería y cuál fue la sorpresa de Sara al encontrarse a Zoro dentro.

- Sabía que tarde o temprano vendrías – dijo examinando a la pareja que acababa de entrar en la habitación – Aunque has hecho trampa, no esperaba que vinieses en brazos, así no se irán las agujetas. Ni con nada que te de Chopper.

- Pero… - intentó decir la chica.

- ¿Sabes con qué se quitan las agujetas? – Sara negó con la cabeza – con más ejercicio – Acto seguido, cogió a Sara en brazos sin mediar palabra y la sacó de la enfermería – Franky, gracias por traerla hasta aquí, ya me ocupo yo de ella.

- ¡Adiós! – le despedía Chopper con una dulce sonrisa.

- ¡Adiós Sara! Esta tarde estaremos Usopp y yo en el taller, pásate a vernos si aún te quedan fuerzas, creo que también irá Rrrrrrobin.

Y la chica vio cómo se despedía de ella con su típica postura mostrando la estrella azul de sus antebrazos. Sara los vio alejarse hasta que doblaron la esquina y los perdió completamente de vista. Aquello le había venido por sorpresa, no esperaba en absoluto que Zoro la estuviera esperando en la enfermería. Otro día más, no tenía escapatoria, su plan se había ido al traste, hiciera lo que hiciera, el espadachín siempre la encontraba y acababa haciendo todo lo posible por estar la mayor parte del día con ella. Estaba más claro que el agua que desconfiaba y no quería dejarla sola ni un solo minuto, y aquello estaba empezando a molestarla.

- Parece que te mueres de ganas por comenzar tu entrenamiento de hoy – le dijo chistoso Zoro. La chica solo le contestó con una mirada asesina y volvió la vista al pasillo – ¿Qué te ocurre? Se supone que esto es lo que planeamos para tus idas de neura.

- ¿Lo haces por eso? – Zoro la miró sin entender – ¿O simplemente porque piensas que en cualquier momento haré volar el barco?

- Si haces explotar el barco, tú te hundes con nosotros, de eso me encargo yo.

En el resto del camino no intercambiaron ni una sola palabra, hasta que el espadachín volvió a romper el silencio.

- Mi habitación está cerca de la tuya, podrías haberme avisado y te había llevado yo a la enfermería.

A Sara se le salieron los ojos de sus cuencas.

- No mientas. Habríamos empezado antes a entrenar.

- ¿Qué pensabas hacer? ¿Evitarme? – El espadachín vio la cara que puso – ¿¡Intentabas en serio evitarme durante todo el día!?

- ¿De qué te sorprende?

- Estamos viviendo en un barco, te habría encontrado tarde o temprano. Pensaba que eras más lista.

- Todos los planes tienes cabos sueltos – dijo mientras le daba suavemente con el puño cerrado en el pecho.

Pudo ver como se dibujó una sonrisa de medio lado en la cara de Zoro y sorprendentemente, notó como ella también estaba sonriéndole.

Llegaron a la cubierta y Zoro la dejó en el suelo. El cielo estaba empezando a volverse oscuro. Las predicciones de Nami sobre el mal temporal estaban empezando a hacer acto de presencia, Sara pensó que con un poco de suerte, aquel día no tendría que entrenar.

De repente, sus plegarias fueron escuchadas por segunda vez ese día: comenzó a lloviznar.

- Vaya, qué mala suerte, no creo que podamos hacer mucho en cubierta hoy – dijo Zoro mientras miraba al cielo.

- Bueno, podemos aprovechar para descansar. Aunque Nami ya me avisó de que vendrían días muy malos – dijo fingiendo indiferencia.

- ¿Piensas que no entrenaremos? – le preguntó el espadachín asombrado.

- Bueno… no estarás pensando en hacer ejercicio bajo la lluvia, podemos pillar una pulmonía y yo no estoy por la labor. Desde que subí a este buque mi salud ha corrido grave peligro.

- No entrenaremos en cubierta – dijo haciendo hincapié en la última palabra. Sara tragó con dificultad, al final no se libraría – Vamos a calentar o mañana te levantarás peor. Correremos durante unos minutos y luego nos subiremos al "Nido del Cuervo". Allí podremos entrenar bien, hay espacio de sobra para los dos.

Comenzaron a correr, pero a las dos vueltas el diluvio del antiguo testamento comenzó a caer sobre ellos, y tuvieron que dejar el calentamiento para ponerse a cubierto. Cuando ya estaban dentro, Zoro se quedó mirando a la chica, estaba empapada, de pies a cabeza. Tenía toda la ropa pegada a causa del agua, era la primera vez que se fijaba en sus pechos. Ella estaba demasiado ocupada intentando recuperar el aliento, así que no se daba cuenta de que el espadachín no podía parar de mirarla. Sintió como estaba comenzando a tener calor, incluso aquella camiseta empapada comenzaba a molestarle, y notó como estaba empezando a tener cierta presión en sus pantalones. Desde la noche en que se besaron, se había sentido atraído por la chica, pero no pensó que podría pasarle eso, y mucho menos con ella delante. Así que intentó pensar en otra cosa que le ayudase a solventar aquella situación.

- Bien, no te preocupes, aquí tengo algo de ropa seca, te quedará enorme, pero mejor eso a que pilles un resfriado. Además con suerte habrá por ahí algunos pantalones de Nami, a veces viene a entrenar – le dijo intentando distraerse.

- Ya. Y… ¿Dónde me cambio? – dijo mirando a su alrededor.

- Pues aquí – le contestó encogiéndose de hombros como si no viese el problema – Si tanta vergüenza te da, me doy la vuelta.

La verdad que aquella nube que había sobre ellos era bastante fea, muy negra, no tenía pinta de que les iba a dejar salir de allí en un tiempo, al menos no secos. Así que ante aquella evidencia, Sara suspiró.

- Pues… Vale, date la vuelta.

Zoro se dio la vuelta, pero hizo algo que a Sara no se le habría pasado por la cabeza. Él también estaba empapado, así que comenzó a quitarse la camiseta blanca. Sabía que el espadachín entrenaba muchísimo y que a causa de eso, tenía un cuerpo espectacular, pero… no le había visto sin camiseta hasta ese momento. Tenía una espalda que a Sara le dejó sin palabras.

- Wow… – se le escapó en un susurro, pero no lo suficiente bajo como para que Zoro no lo escuchara.

- ¿Eh? – Dijo mientras se giraba – ¿aún estás así?

- Perdón, es que… bueno, nunca te había visto sin camiseta – le confesó la chica avergonzada.

Entonces ella comenzó a avanzar hacia él. La verdad que no estaba muy segura de lo que estaba haciendo, pero le apetecía tanto estar cerca del espadachín que comenzó a andar sin pensarlo dos veces. Él comenzó a tener calor de nuevo, y aquello no era bueno, como tenía la camiseta en la mano, la utilizó para taparse el bulto de la entrepierna.

- ¿Qué haces? – le preguntó Zoro algo incómodo.

Sara no contestó y siguió avanzando. A ella también se le había pasado el frio a causa de la lluvia y de la ropa mojada, era bastante evidente que ella también sentía muchísima calor.

- Vaya… estás…

Cuando ya estaba frente a él, estiró la mano y le tocó el torso mojado. Le miró a los ojos, Zoro estaba algo sorprendido, no había pensado que algo así podría pasar. Sara estaba tan segura de sí misma que le cogió la camiseta con la que se estaba tapando y la tiró al suelo. En aquel momento estaba más decidida que nunca y se acercó aún más a él hasta notar su erección. Ambos comenzaron a respirar cada vez más rápido, aquella situación les excitaba demasiado.

- Hoy no estamos borrachos – comentó Sara, lo que provocó que Zoro se sorprendiese.

- ¿Te acuerdas de lo que pasó aquella noche?

- Vagamente, bebí demasiado.

Sara no dio ninguna explicación más y se quedó esperando, esperando a que el espadachín hiciese algo. Estaba deseando que la besara.

Él se dio cuenta, dudó un momento, pero no pasó demasiado tiempo hasta que se decidió a pasar su mano izquierda por la cintura de la chica, acercándola más a él, si aún era posible, y la derecha la posó sobre su nuca hasta que sus labios se juntaron. Desde aquella noche llevaba esperando que se repitiera aquel momento. Había demasiada insistencia en aquel beso. Él notó cómo ella levantó los brazos y rodeó su cabeza con ellos acariciando su pelo. Ambos se morían de ganas. Se separaron, cogieron aire y esta vez, fue ella la que se lazó de nuevo a la boca del espadachín empujando suavemente su cabeza hacia ella. El espadachín pudo notar cómo su lengua jugaba con la de él, se separó un poco y le mordió con ternura el labio inferior. Aquello fue demasiado, la empujó contra la pared sin dejar de besarla y notó como ella bajaba una de las manos hasta su erección y él metió su mano bajo aquella camiseta mojada. Su piel estaba húmeda, pero era suave, pudo notar que tenía otro piercing en el ombligo.

- Cada vez me sorprendes más – le dijo haciendo referencia al piercing.

- Pues si ese te sorprende, sube un poco más.

Aquello era una locura y aunque ya casi no llovía, ninguno de los dos podía parar.

Entonces la dichosa voz del cocinero se escuchó.

- ¡Mi dulce Sara! ¡MARIMO! ¡A COMEEEEEEER!

Era la llamada a la comida, ambos se miraron con algo de desesperación, su respiración era entrecortada.

- No puedo creerlo. Lo odio – maldijo Zoro - ¡Ya vamos! – Gritó en la dirección de la que provenía la voz de Sanji – Será mejor que… bueno, mejor nos vamos a comer.

Zoro se puso una camiseta seca y salió rápidamente de allí, dejando a Sara aún intentando recuperarse de aquel momento. Miró a la puerta por la que el espadachín había salido y suspiró.

- Hay que joderse – dijo enfadada.