Capítulo 16: Oscura transformación del alma:
EL NACIMIENTO DE SCAR
"¡¿Sabes acaso lo que estuviste a punto de provocar, Taka?!"
Mi padre Ahadi gritaba sin parar. Estaba furioso. Su mirada helaba mi sangre. Yo temblaba. Jamás en mi vida lo había visto actuar así. Era como si un Makei1 lo hubiera poseído.
"¡¿Cómo te atreviste a decirle a Mufasa que las hienas podían ser amigas?! Sabes perfectamente que las hienas y los leones somos eternos enemigos, el contacto entre nosotros está prohibido. ¡Ya lo sabes Taka! ¡Te lo he dicho miles de veces!
"Pero padre," Era inútil intentar defenderme. Los bramidos de mi padre superaban en volumen a mi voz.
"Además te regresaste a La Roca del Rey sin él. Expusiste su vida. ¡¿Te das cuenta de la magnitud del problema?!"
Lo único que yo sentía en ese momento tenía más que ver con una herida en mi orgullo que como arrepentimiento verdadero. Pese a todo, yo realmente deseaba ver a Mufasa fuera del camino. Él siempre había sido –según mi mente- el favorito de mi padre.
Mi padre jadeaba de coraje, y de pronto me hizo algo que ni en mis más remotas pesadillas me hubiera imaginado: Alzó su zarpa y con una impresionante fuerza, me lanzó tremendo zarpazo en el lado izquierdo de la cara, tan terrible y doloroso que lo recordaría con resentimiento para el resto de mi vida.
Me quedé callado, la cabeza ladeada. El rostro me ardía, entonces me lo toqué y me llevé tremenda sorpresa al ver mi mano manchada de sangre. Hubo entonces un silencio tenso. Nadie habló, pero las llamaradas del rencor ya empezaban a hacer estragos en mí. En medio de aquel mutismo, aproveché para expresar en voz muy suave:
"¿Sabes qué opino?, que Mufasa es el único que te importa. Yo nunca te he importado."
Sin decir nada más, salí corriendo de ahí, pero esta vez no estaba en mis intenciones regresar.
"¡Taka, espera!," escuché a mi padre vociferar, pero no me importó. Yo sólo tenía en mi mente huir.
Cuando me hube alejado un poco más de La Roca, pero no demasiado como para perderla de vista, miré hacia atrás y un profundo vuelco se me hizo en el corazón.
"Lo siento madre," dije en voz baja. "Te fallé. Sé que mi decisión será una estaca en tu corazón."
Una lágrima recorrió mi rostro. Lo más doloroso en aquellos momentos había sido saber que tal vez nunca la vería otra vez. Miré por algunos segundos con melancolía el que hasta ese momento había sido mi hogar, para después continuar mi camino. Pero, ¿Qué más podía yo hacer?, ya no tenía razón alguna para permanecer en el reino: ¿recibir humillaciones de mi padre?, ¿tolerar la idea de que mi hermano sería el próximo rey?, ¿ver a mi hermano al lado de mi amada Sarabi?, ¡¿Aceptar el rechazo de Sarabi?!... ya no había razón alguna por la que permanecer ahí… ninguna.
Marché por horas, sin rumbo fijo. Si me perdía a nadie le importaría, pensaba entre mí con tristeza.
Pero pronto, cayó la noche. Comenzó a llover levemente y aprovechando esto comencé a llorar, lleno de rabia e impotencia. La herida que me había hecho mi padre en el ojo comenzaba a arderme aún más. ¿Qué tan mal estará?, me pregunté, así que decidí buscar un charco de agua para averiguarlo. Cuando lo encontré, me acerqué a él lentamente y me puse a observar con detenimiento mi reflejo en él.
La herida era espantosa. Gigantesca. Hacía un recorrido desde mi frente, hasta poco antes de tocar mi mejilla. Yo me horroricé al ver aquello. Estaba muy abierta. ¿Cómo mi padre pudo hacerme eso?, en verdad ardía… ardía tanto como mi odio por mi padre, por Mufasa, y también… con la fuerza de mi amor-odio por Sarabi. Observé el reflejo una vez más… entonces noté que esa cicatriz iba mucho conmigo, con mi personalidad y mi forma de pensar. ¡Sí!, esa cicatriz sería un símbolo. El símbolo del ser malvado y con deseos de venganza que nacía en mí. El monstruo sin corazón que poco a poco se iba apoderando de mi espíritu.
Y Con un nuevo nombre sería como el mundo me conocería. Un nombre que provocaría temblor y respeto con solo pronunciarlo.
Juré que al final todos me respetarían y temerían, y quienes me habían dañado pagarían con sangre.
Taka había muerto para siempre, y en su lugar, había nacido…
SCAR.
1 Makei, en el mundo de El Rey León, es un tipo de demonio, el cual se mencionará más adelante en esta saga.
