Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Capítulo 28

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Después de que Edward me descubriera llorando y yo le contara la situación real con Charlie -la enfermedad de Marie, la muerte de Renee, la adopción de Lily- ninguno de los dos comenta nada más en el auto de regreso a casa. Intento ignorar toda la información que tengo en mi cabeza mirando por la ventanilla del coche.

Parezco salida de un video musical o el final abierto de una película de suspenso.

Tomo una bocanada de aire tratando de despejar el gorgoteo doloroso en mi garganta. Una parte de mí hubiese querido estar ajena a todo hasta el último de mis días, pero la otra parte se siente aliviada de por fin darle respuesta a las preguntas que rondaron por mi cabeza durante tanto tiempo. El suspenso iba a terminar matándome.

Suelto un suspiro, melancólica.

—No dejo de pensar en cómo terminó toda mi familia, Edward. ¿Crees que yo termine igual? Anciana e internada en un centro psiquiátrico.

Me lanza un rápido vistazo.

—Por supuesto que no, Bells. No todos los esquizofrénicos terminan como Marie, hay un montón de ellos que logran salir adelante y que hacen una vida normal. Lo que ellos necesitan es contención. Tus abuelos solo escondieron su enfermedad, nunca la ayudaron.

—Lo sé. —apoyo la nuca en la cabecera— ¿Y lo que hizo Charlie? Fue horrible. Apartó a Lily de su vida como si fuera un bicho infeccioso. No lo entiendo, Ed. Él era su padre. Se supone que los padres están con sus hijos en todo momento. Si yo fuese madre y mi hijo naciera con problemas, nunca se me pasaría por la cabeza abandonarlo.

Edward sonríe.

—Sé que no lo harías.

—¿Entonces?

—Cada uno es responsable de las decisiones que toma y es obvio que Charlie tomó las peores. Él sabe que se equivocó, pero también sabe que no gana nada lamentándose. Velo de esta forma, nunca intentó acercarse a ti, porque sabe que no lo merece, pero aun así quería contarte la verdad. Eso no quiere decir que tú vayas a ser como él, ni heredar la enfermedad de Marie y mucho menos repetir el destino de tu madre biológica.

Respiro por la boca, abrumada.

—Quiero irme a casa, no quiero ir a clases. —gira hacia la izquierda, tomando el camino opuesto de nuestra ruta— ¿Edward?

—¿Sí?

—Si algún día pierdo el juicio… ¿todavía estarás allí conmigo?

No estoy segura si la pregunta la he dicho en voz alta, pero a juzgar por su sonrisa, todavía mirando la carretera, significa que lo hice.

—Solo si tú todavía me quieres allí, gatito.

Sus palabras logran sacarme una sonrisa genuina. Limpio las lágrimas ya secas con las mangas de mi chaleco, echándole un vistazo.

—Por eso es que te amo. —murmuro.

Soy toda mocos y llantina el resto de los días y por las siguientes tres semanas. La noticia me pega tan fuerte que cada vez que algo sale bien, lo recuerdo. Ya no suelo soñar con mi familia tanto como antes, pero a veces me despierto en medio de la noche con el corazón desbocado. Al principio me quedaba en vela buscando en internet noticias sobre Renee y Marie, tratando de averiguar algo que me hiciese asumirlo, cuando eso sucedió, dejé de hacerlo y volví a dormir por las noches.

Edward y yo somos los únicos que sabemos la verdad de Charlie, y lo ideal es que nadie nunca se entere. Sigue siendo algo delicado y privado.

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—Ven acá. —susurra con los ojos entrecerrados. Mis pies caminan en puntillas hasta su cama— Te dije que podías quedarte aquí ¿recuerdas?

—No me mudaré a tu habitación con tu madre bajo este techo. No es correcto.

—¿Y qué es correcto? —refunfuña con la voz enronquecida por la somnolencia.

Enredo mis piernas en las suyas.

—Lo correcto es que me abraces y te calles.

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—Jake y yo iremos. —Nessie deposita un plato de patatas fritas sobre la mesa— Estará buenísimo. Deberías venir.

Tan despistada como estoy, que el libro se me cae de las manos. Estamos en la cafetería una vez más y se supone que me encuentro estudiando para el examen de mañana, pero mi cerebro decide irse por la tangente y no permitirme prestar atención a mis deberes.

—¿A dónde?

—Iremos a un pub.

—Ah.

—Puedes venir, si quieres. —ofrece Jacob.

Cojo una papita caliente del plato, mirando a los ojos esperanzados de los chicos.

—No tengo ganas de ir.

—Ugh —se queja Ness— Nunca tienes ganas de ir. Deberías soltarte más, no sé, divertirte.

Me hundo en el asiento batallando el hastío que llevo dentro. Ir a un pub es lo último que quiero hacer por el momento. Por mí me hubiese ido a casa a dormir por los siguientes diez años. Mi actitud no ayuda en nada, incluso Carmen me lo repite todos los días: Te has vuelto perezosa y rebelde. No pienso que sea rebeldía, pero no pasa nada si de vez en cuando no quiero salir a hacer ejercicios. Lo que pasa es que todo el mundo está acostumbrado a que siempre hago lo que me ordenan, porque de alguna forma temo equivocarme. Tomo decisiones a base de lo que creen que es lo mejor para mí. Aunque también debo reconocer que, en el último tiempo, muchas de mis decisiones han sido propias.

Me muerdo el labio. Nessie bate las pestañas y le ignoro.

Trato de buscar una razón por la que no debería ir al pub y fallo en el intento.

Alex me saluda con un hilarante "hola" desde su puesto en la fila del almuerzo, y el libro se me cae de las manos.

¿Por qué no debería ir?

Después de todo, Nessie tiene algo de razón.

Al cabo de unas horas, la tentación es más fuerte y me encuentro preguntando los detalles.

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—¿Vas a salir? —Esme se apoya en la puerta del baño mientras me pongo el arete en el espejo. Le respondería sin problemas si no estuviese sopesando la decisión todavía, incluso cuando busqué la ropa adecuada para la ocasión— Te ves bien.

Estoy tentada a tirarme en la cama y abrazarme al peluche Garfield toda la noche.

—Todo indica que sí. —respondo resuelta.

Ella se cruza de brazos.

—¿Dónde te llevará Edward esta vez? Pensé que hoy trabajaba hasta más tarde.

Aplico labial en mis labios para distraer la pregunta. Esme me ayuda colocando rubor en mis mejillas. Aun inexperta y olvidadiza con el maquillaje, lo único que recuerdo es delinearme los ojos.

—No saldré con él.

—¿No? —suena sorprendida.

Evito el intercambio de miradas.

—Amigos de la universidad.

Su reacción espontánea me hace dar cuenta que en verdad necesito hacer cosas que no me atrevo hacer por mí misma.

—Oh. Claro, que divertido. —trata de sonar convincente, aunque fracasa en el intento— ¿Edward lo sabe?

—No todavía, pero le avisaré. —la tranquilizo.

Esme detiene mi paso en el pasillo, tronándose los dedos mientras escuchamos el ruido del claxon de Jacob en la calle.

—Me alegra que estés disfrutando tu vida de nuevo. Y por Edward no te preocupes. Déjamelo a mí. —me guiña un ojo.

Sonrío, estrechándola en un abrazo.

—Gracias, Esme.

Sus brazos me rodean devuelta.

Cuando cruzo la puerta de calle, me arrepiento de no haber cogido unos vaqueros comodos en vez de leggins, enseguida que toco el asiento del auto. Si vuelvo a flexionarme las rodillas, voy a terminar rompiéndolas por la fuerza.

Aparcamos en el brutalmente ruidoso estacionamiento del pub, y los nervios no me permiten tragar saliva. Lucho contra la incomodidad de mi derredor. Ese que comienza a ponerme la piel chinita. No tengo idea de dónde saco valor para hacer oídos sordos y romper las reglas. Las mismas reglas que me permiten ver, sentir y decidir si eso es lo que quiero para mi vida. Así que, cuando entramos al lugar y me apoyo en la barra de bebidas, los oídos dejan de dolerme por el retumbe de la música y los leggins dejan de sentirse incómodos en mis piernas.

Le pido un daiquiri al barman y mi cuerpo se empieza a relajar.

La última vez que pisé un pub, tenía veinte años y Edward y yo estábamos celebrando San Valentín. También pedí un daiquiri, así que pedirlo ahora no se siente tan real como aquella vez, porque el color del cóctel me recuerda a nosotros dos bailando en medio de la pista.

El sorbo acaricia mi garganta ante la familiaridad de su sabor.

Una mujer se acerca a la barra junto a mí.

—Un whisky naranja, por favor.

Las luces parpadeantes me obstaculizan la visión, pero estoy segura que la conozco.

—¿Bree?

Ella se voltea sorprendida de verme allí.

—¿Bella? Wow. Este es el último lugar al que esperaría encontrarte. —me mira bajo revoltosos y chispeantes ojos— ¿Dónde está Edward?

—Él no vino. —grito por encima del bullicio.

Tarda en leer mis labios.

—Así que viniste sola ¿eh? Chica ruda. —recibe su cóctel y se mueve cerca de mí de nuevo— Oye, deberíamos… ¿deberíamos ir allá? —señala el rincón del bar. Ella no espera que le diga que vengo con amigos, ya que me jala del brazo antes de que se me ocurra decírselo.

Hay una mesa vacía y alejada y Bree se mira las manos.

—¿Qué?

—Nada. —encoje los hombros. Sus pies y brazos se mueven al ritmo de la música— ¿Te gusta bailar? Dime que te gusta bailar.

No estoy acostumbrada a beber, así que cuando llevo la mitad del cóctel, estoy en las nubes.

—Creo que sí.

Me tomo el último sorbo del daiquiri de una vez y la acompaño a la pista. La visión de todo el mundo moviéndose al mismo ritmo me revuelve la cabeza, y para cuando me doy cuenta, me estrello contra un cuerpo robusto que logra atajarme antes de que caiga al suelo. Gruño en voz baja por mi despiste y frunzo el ceño al hombre frente a mí— ¿Emmett?

—¡Bella! —exclama, y mira detrás de mí— Oh, hola, Bree.

—Hola —responde ella con la copa en los labios.

Bree me empuja a la pista sin dejarnos a Emmett y a mí un momento para conversar. Este nos compra más cócteles y el mío es verde con una rodaja de limón. Es mucho más fuerte que el daiquiri, por tanto, mi cabeza empieza a desbordarse en un par de minutos. Ness y Jacob están enredándose justo delante de mis narices y el cóctel se tambalea en mis manos.

Estoy en medio de todo el mundo.

Bree salta y vocifera en mi dirección.

—¡Vamos, mueve esa cadera!

Algo sobre esa frase hace efecto en mí. De pronto, no tengo motivos por los que no bailar, no tengo razones para sentirme intimidada y cobarde. Mientras mis caderas se mueven puedo reconocer a la Bella de antes. Esa que estaba escondida en algún recóndito espacio de mi alma y la que con temor creía incapaz de dejar relucir. Reconozco esa frescura y energía de mi juventud.

Por un momento siento que el tiempo no pasó en realidad.

Tal vez una parte de mí sabe que este éxtasis se debe a todo lo que ahora sé y siento; mi familia, mis raíces. Mis razones para seguir viviendo.

Nadie me detiene, no paro de bailar y eso se siente tan jodidamente bien.

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—Es la cuarta bebida que te tomas. ¿Estás segura? —Emmett es un sol cuando intenta protegerme, pero justo ahora no necesito su protección.

—Estoy sobria.

—Sí, estás tan sobria como yo. —se burla Bree. Luego, se vuelve hacia Emmett— Oye, dale lo que quiere. Esta mujer necesita soltarse.

—Bree, eres tan mala influencia. —jadeo. Nessie y Jake no han dejado la pista en ningún momento, llamando la atención de todo el mundo. A pesar de que nos hemos topado unas tres veces esta noche, no parece que hubiésemos venido juntos— Ustedes… —los apunto— Vinieron juntos.

—Claro que no. —Bree le quita la bebida a Emmett y me la entrega— Date prisa que quiero seguir bailando.

Emmett baja la mirada.

Mi afirmación la pone nerviosa y se va sin esperarme.

—No tienes que fingir conmigo. —alzo la voz y Emmett sonríe— ¿Estás con ella?

—No. —responde al instante— Somos amigos. Siempre hemos sido amigos.

—Las cosas son diferentes ahora.

Vuelve a negar.

—La única diferencia es que estamos más viejos. —levanto una ceja— No me mires así, es la verdad. No estoy pensando en estar con una mujer… sentimentalmente hablando.

—No puedes saberlo.

—Lo sé. Todos sabemos en lo que terminó la única a la que en verdad amé.

—¿Todavía la amas?

Encoje los hombros.

—No sirve de nada.

Miro hacia Bree, radiante en medio del escenario.

—Bree es una persona increíble.

—Nunca dije que no lo fuera. —reconoce echándole un vistazo— Es una bola de energía constante. Es libertina, loca e intuitiva. Por supuesto que es increíble. —Vaya. Cuando Emmett se endereza, no me está mirando— Tal vez debería ir antes de que ella rebalse su bebida sobre alguien.

Y se va.

Remuevo el cóctel en la barra. Un gusto a limón adormece mi lengua y estoy exhausta. Debería irme a casa, dormir, abrazar a Garfield. Aunque ha sido emocionante y divertido reencontrarme con la antigua Bella, estoy acostumbrada a la actual. La extraño.

—¿Aburrida? —soplo la bombilla lejos de mis labios y salto. Edward está detrás de mí con el labio torcido en una sonrisa. Se apoya en la barra con el codo, igual que yo— Te vi bailar.

El bochorno me impide pensar algo con claridad.

—¿Hace cuánto que estás aquí?

—Lo suficiente para verte brillar en esa pista.

Suena como el mismo Edward de veinte años que pensó que yo bailaba increíble y que él no tenía ojos para nadie más en ese lugar, solo a mí.

Alejo la bebida de mí y trepo encima de él como un gato sobre las cortinas. Mi lengua tibia abraza la suya y debo saber a alcohol y mezcla de frutas. Aún me queda sobriedad para saber que nadie más podría besarme de esa forma.

—Creo que fue suficiente noche para mí. —susurro.

Él se ríe.

—Lo fue. Vámonos.

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Esme y Leti ya se han ido a la cama y lo único que nos ilumina son las lámparas del corredor.

—Deberíamos ir juntos al pub alguna vez ¿sabes? —sugiero.

Edward me quita la chaqueta en la entrada de mi habitación.

—Esta sería la oportunidad si hubieses querido salir conmigo.

—Ups.

—Solo bromeo. —se ríe.

—¿Esme te dijo…?

—Sip.

—¿Y cómo supiste dónde estaba?

—Bree me envió un mensaje. —me detengo delante de él, apenada por no avisarle en persona— Está bien, no te estoy pidiendo explicaciones, amor. Sé que eres adulta y que puedes ir a dónde quieras. Además, mi madre estaba al tanto.

Pongo mis manos encima de su pecho, tomando una aspiración.

—De todas maneras, me hubiese gustado que estuvieras allí. —confieso— Pedí mi trago favorito, por cierto.

—¿Daiquiri?

—Sí. —no sé por qué razón, pero mis ojos se llenan de lágrimas. El hecho de que él recuerde mi bebida favorita me rompe en mil pedazos— Lo siento por llorar, pero a veces se me hace imposible creer que existes. —digo escéptica. Mis ojos viajan a sus labios; suaves, dulces y cómodos— Diablos, te besaría ya mismo.

—¿Qué te detiene?

—Es que estás muy alto y yo soy muy pequeña.

Edward cierra nuestra distancia.

—Eso tiene solución.

Mis pies dejan de tocar el suelo y nuestros labios se apoderan el uno al otro con ansias. Tengo las mejillas ardiendo por el contacto y mi trasero toca la mesa del escritorio. No quiero que deje de besarme, sin embargo, nuestros pechos se agitan raudos por la necesidad de respirar.

Jadeo por aire y meto las manos dentro de su camisa.

Edward reparte besos por mi nariz y por mi frente, volviendo de inmediato a mi boca.

Pese al delirio de la situación, puedo entrever a dónde llegará esto. Mi corazón empieza a saltar frenético, doloroso e inquieto, y la nube negra y vaporosa regresa. Sin tiempo a detenerla, entro en una crisis de nuevo.

—N-no —susurro sin aliento.

Se me nublan los sentidos.

Edward se separa de mí y tengo la sensación de que me falta un pulmón.

—Dios, soy un idiota. —gruñe y rodea sus manos en mi rostro— ¿Estás bien, Bella? Lo siento mucho.

Me convenzo erróneamente negando con la cabeza.

—Estoy bien. —empiezo a llorar— Estoy bien. Estoy bien.

No tengo idea del momento en que él me toma en brazos, pero sé que sigo llorando sentada sobre la cama, negándome a creer que acabo de rechazarlo. No me cambio de ropa ni me quito el maquillaje.

Meto los pies debajo de las mantas y me abrazo a su cuerpo.

—Nadie dijo que sería fácil. —consuela.

Me sorbo la nariz.

—Tú lo sabes. —digo nasal— Edward, yo no sé por cuánto tiempo… —me tiemblan los labios— No sé si algún día sea capaz de… de eso.

—Está bien, no te estoy pidiendo nada.

Empapo su camisa con un sollozo.

—No soy yo quién lo rechaza, es mi cuerpo. Yo ni siquiera recuerdo cuando… —me enderezo y lo miro a los ojos, incapaz de terminar la frase— No te estaba rechazando a ti.

Busco desesperadamente que me crea.

—Lo sé, gatito. —me besa en los labios— No tienes que explicármelo porque lo sé. No eres menos por resistirte. Yo te amo así, y vamos a luchar juntos. ¿De acuerdo?

Apoyo la cabeza en su pecho y suspiro.

—Sí. —contesto, segura de ello— Siempre hemos luchado juntos.


A esto cada vez le queda menossss. Estamos a muy poquito de despedirnos de estos gatitos :(

Mil gracias por sus comentarios, por sus alertas, por poner la historia a favorito y recomendarla. Infinitas gracias.

No puedo dejar pasar que... estamos llegando a los 1.000 reviews! Y eso me tiene muy, muy contenta.

Espero que estén teniendo un buen día!

Besos.