Capítulo 18: Dalem-Rokmarem.
A la mañana Siguiente, Fabana me levantó, a penas los primeros rayos de sol, cayeron sobre el cementerio.
—Arriba, pequeño… Hoy presenciarás algo muy interesante.
Bostecé con fuerza. Después comencé a seguirla. Los cachorros, Shenzi, Banzai y Edd comenzaron a seguirnos.
Pronto, miles de Hienas se reunieron colocándose en hileras. Fabana saludaba a todas, llena de regocijo. Yo solo la imité haciendo lo mismo. Vi que les hablaba en un idioma que no pude entender.
—Majarelk Roh´kash dalá— Decía a quien se le ponía enfrente
Cuando ella se percató de mi mirada de extrañeza, me dijo:
—Esta es la manera en cómo nos saludamos en Hiénico, cariño.
Pronto, Fabana, los cachorros y yo, nos sentamos. Todos guardaron silencio.
Al fondo, vimos llegar a la sacerdotisa Shimbekh, decorada con unas lindas flores azules detrás de sus orejitas. Las hienas le cedían el paso. Pronto se colocó enfrente de todos. Detrás de ella, venía una hiena de cabellos dorados, aspecto avejentado y un ojo tuerto.
— ¿Quién es él? –Pregunté a Fabana, aunque en realidad se me había hecho conocido.
—Es Rómulo. –Contestó. –Él es un Riaok´him, es decir, el sacerdote mayor.
Sin comprender del todo, asentí con mi cabeza, agradeciendo a Fabana por responder.
Después, Rómulo se colocó hasta adelante del resto de hienas, incluso de la misma sacerdotisa, quedando su vista de frente a la multitud.
—Los saludo a todos, en nombre de la gran madre – Comenzó a vociferar. —Este día, estamos aquí para ser testigos de una unión… una unión, de las más sublimes y poderosas que pueden existir… La unión "Dalem—Rokmarem" entre el espíritu Brin'bi y la Sacerdotisa viva Shimbekh.
Yo me quedé perplejo.
—No entiendo Fabana. – Comencé a decir. — ¿Espíritu?, ¿Viva? ¿Dónde está el novio?... y ¿Qué es una unión Dalem—Rokmaren?
Fabana sonrió, y después me dijo:
—Una unión Dalem—Rokmaren, es una boda entre un ser de Ma'at -es decir, un ser de este mundo terrenal- y un espíritu. Sólo aquellas hienas que desde pequeñas han nacido con poderes espirituales, pueden hacerlo.
— ¿Y por qué los seres normales como nosotros no podemos? –Pregunté lleno de curiosidad.
Fabana soltó una risita:
—Porque nosotros, aunque quisiéramos hacerlo, no podríamos ver a los espíritus. Para eso necesitaríamos una preparación espiritual muy especial.
Vi después, que Shimbekh cerró sus ojos, y comenzó a recitar algo en hiénico, que no pude comprender:
"Badangarru Ningizida Mersid… Badangarru Ningizida Mersi…"
Lo repitió, posiblemente unas diez veces. Lo que diría a continuación, me hizo pensar por un momento que la hiena había enloquecido.
—Hola Brin'bi, amor mío –Saludó mirando a lo que parecía ser la nada. –Hoy es el gran día. Nuestras almas se atarán para siempre.
—Yo sé que te impresiona. –Me dijo de repente Fabana. —De hecho yo tampoco puedo ver al espíritu. Pero por supuesto que está ahí –
Yo estaba asombrado. ¡La sacerdotisa estaba hablando y estaba contrayendo matrimonio con un espíritu!, yo estaba consternado. Pero ¿Qué clase de creencia tenían estos animales?," me preguntaba. Vi entonces que Fabana cerró sus ojos también, y casi sin mover sus labios me susurró:
—Cierra los ojos, y repite después de mí.
La obedecí.
"Om Gam Roh´kash Saa Namahom", empezó a recitar varias veces. Su voz se perdía con la de todas las demás hienas. Yo no pude más que seguirla, aunque no sabía si estaba pronunciando bien. Después sentí un raro silencio.
– ¿Ya puedo abrir los ojos? –Pregunté angustiado.
—Claro –Me respondió Fabana.
—La voluntad de nuestra gran madre ha sido hecha, uniendo a este espíritu y a esta sacerdotisa es sagrado matrimonio." Gritó de pronto el sacerdote Rómulo. —Doy gracias a todos en nombre de la gran madre por haber asistido. Benditos sean. Ahora, los novios deberán partir a su viaje "Samsarem."
Volteé a ver a Fabana extrañado.
— ¿Qué es eso? –Pregunté.
—Eso, ni yo lo sé – Me respondió. Me sentí un poco decepcionando ante la respuesta. —Lo único que te puedo decir es que en cuatro días no veremos a la sacerdotisa por aquí. Solo los grandes sacerdotes y guías espirituales saben que ocurre en un viaje de esos.
Asentí con la cabeza, resignándome a no poder satisfacer del todo mi curiosidad.
Todas las hienas comenzaron a retirarse. Fabana, los cachorros y yo, hicimos lo mismo y nos introducimos en la cueva. ¿Que había sido aquello?... la verdad no lo entendí del todo, pero comprendí que las hienas ocultaban secretos. Secretos relacionados con lo oculto y lo místico.
