Poco que decir, han sido unas semanas espesas y duras de llevar, así que os dejo el capítulo, me anima actualizar :)

Que disfruten!

- Muy bien muchacha. Quería escuchar eso.

- Se los entregaré cuando me pague. Me he gastado una buena parte para poder montarme en este barco. Estos piratas no son baratos.

-No te preocupes Sara. Si nos traes a los Sombreo de Paja, te pagaremos lo que nos digas, sólo di una cantidad.

"¿Así de fácil?" Sara podría hacer aquello que llevaba rondándole la cabeza desde hacía un tiempo. Podría pedirle la cantidad suficiente para retirarse del mercado, desaparecer y vivir una vida tranquila.

- 300 millones – dijo la chica sin tapujos.

- Vaya, te gusta la vida modesta muchacha. Serán 600 millones, por las molestias. Si nos traes a los Sombrero de Paja, te pagaremos 600 millones de berries – dijo la voz mientras se regodeaba en su propia dicha – Fijaremos el punto de intercambio dos días antes de que llegues a la isla. Llámanos.

Fin de la conversación.

Sólo tendría que llevarlos a la isla, al punto que acordasen y ya. Sería libre, se retiraría y no tendría que pasar el resto de sus días recibiendo órdenes de nadie, diseñando bombas para Dios sabe quién. Podría vivir en paz, vivir en una pequeña aldea tranquila, lejos de traficantes y piratas. Quizás incluso plantaría un huerto, siempre había querido tener un pequeño huerto en su jardín. Y quién sabe, quizás se enamorase, formaría una familia y tendría una vida de una persona normal, sin complicaciones.

Sara suspiró.

- Lo siento chicos, pero estoy cansada de esto. Necesito paz en mi vida.

Acto seguido se encendió un cigarro y salió de la habitación para ir al taller. Tendría que disfrutar de sus días con los chicos.

Sara pasó toda la tarde con Franky y Usopp, aunque su mente estaba en otra cosa.

- Mira, Franky me había comentado tu idea de usar Kairoseki. Había pensado que cuando lleguemos a Mars podremos…

- ¿A dónde? – Preguntó Sara extrañada.

- A Mars, al parecer es la isla con más tráfico de minerales que hay en todo el Grand Line – aclaró Usopp.

- Ya sé qué es Mars, pero tenemos un Eternal Pose que nos lleva a la isla de Rothen – dijo Sara aún confusa.

- Pero podemos conseguir un Log Pose que nos lleve hasta Mars, está a pocos días de Rothen.

La angustia se apoderó del cuerpo de Sara.

- Oye…

- Ya nos has dicho que aún no sabes si vengas – interfirió Franky – pero estás pensándotelo ¿no?

- Bueno, yo… No creo que sigáis queriendo a una traficante en el barco.

- No digas tonterías, mira todo lo que estamos construyendo, necesito que alguien fabrique artefactos para el Gran Capitán Usopp.

- Solo decimos, que a todos nos gustaría que nos acompañases en nuestra aventura.

- Chicos, no creo que vaya con vosotros – sentenció Sara – Creo que mejor lo dejamos esto para mañana.

Sara se levantó y salió del taller. Necesitaba un trago. Y algún cigarro. ¿Cómo podía sentirse tan mal? Tan solo era trabajo.

Decidió que era demasiado temprano para beber y subió a la cocina, quizás lo mejor era tomarse una tila o algo que le relajase o algo.

- ¿Necesitas algo bella? – le preguntó Sanji.

- Si… ¿Por qué no me pones un whisky con hielo? – dijo enfadada.

- Sara… son solo las seis de la tarde… - le contestó Sanji algo preocupado.

- Tranquilo, estaba bromeando. Cámbiame el whisky por agua.

- ¿Aún te ronda en la cabeza la duda de si deberías quedarte con nosotros? – le preguntó mientras le tendía el vaso con agua, tenía una pinta bastante apetecible, con una rodajita de limón y gotitas que resbalaban desde el borde del vaso "vaya, así sí que podría soportar la abstinencia de alcohol".

- Bueno, he tenido una charla con Franky y Usopp. Quieren que me quede.

- Todos queremos que te quedes. Incluso creo que al Marimo le gustaría que te quedases.

- Ya… de eso no estoy tan segura – y rió tristemente – tengo algunos problemas que debería resolver antes de lanzarme al mar. Además, yo siempre he querido vivir una vida tranquila, en algún pueblecito.

- Pero esa no es la vida que tienes – Sanji le devolvió de una bofetada a la realidad.

- No… no la tengo, pero puedo conseguirla – respondió ansiosa.

- Yo no soy un experto, pero una vez que estás dentro del tráfico de armas… tengo entendido que no es tan fácil salir de ahí – puntualizó.

- Bueno, me van a pagar muy bien esta vez. Es un mero intercambio, algo simple.

- Parece que es importante la mercancía.

- No sabes cuánto… Ha sido un hueso duro de roer. Pero puede ser mi billete a la libertad. Por fin podré dejar esto. Con ese dinero podré desaparecer.

- ¿No existe ninguna posibilidad de que te quedes?

- Llevo casi toda mi vida en calabozos, en la cárcel y traficando con bombas que no sé para qué son destinadas. No sé si matan a gente inocente o a delincuentes, no sé si se utilizan en batallas entre piratas o si eso está bien. Siempre estoy huyendo, utilizando identidades falsas para que mi cara no aparezca en ningún cartel de "Se Busca", no sé si cuando un chico me mira es porque le gusto o porque sabe que me traigo algo malo entre manos – suspiró – Necesito un descanso.

Sanji la dejó a solas en la cocina con sus pensamientos. Obviamente él también se disgustó al saber que no tenía intención de quedarse, lo que hacía mucho más difícil traicionarlos.

Salió de la cocina y dejó que los últimos rayos de sol que caían sobre la cubierta, le diesen en la cara. Sara había tomado su decisión. No había forma de que la hiciesen cambiar de parecer.

- Así que te vas a marchar – dijo una voz a sus espaldas.