Buenas noches a todos! (Aquí en España jajaja) Actualizo una vez más, me parece que ya me quedan como dos capitulos para ponerme al día y ya vuelvo a ir con los capítulos al día. Me parece que ahora mismo voy por la mitad de la historia, más o menos, no sabría decir, quizás algo menos de la mitad, aún queda un ratito más de la loca de Sara.
Tengo que dar las gracias a AsukaHyuga que siempre comenta (respondiendo a tu pregunta, no, Zoro no es tan bobo, ya lo descubrirás en este capítulo jejejeje). También me ha comentado un anónimo nuevo, que apenas empezó la historia, me alegro muchísimo de que te haya gustado, es genial tener nuevos lectores y que por supuesto, comenten, me anima mucho a seguir escribiendo.
Os dejo con uno de mis capítulos favoritos, espero que lo disfrutéis.
- Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, ¿no te lo han enseñado nunca? – le dijo algo molesta Sara.
Zoro frunció el entrecejo y se dio media vuelta para marcharse, dejando a la chica sola, mirando al mar. Después de darle muchas vueltas, decidió ir a hablar con Zoro. Llegó a la puerta del espadachín, respiró hondo, contó hasta 10 y llamó. Nada. Volvió a llamar con algo más de insistencia. Sin respuesta.
"Quizás no está aquí"
Decidió irse, cuando escuchó que se abría la puerta.
- ¿Qué quieres ahora? – Le preguntó un somnoliento Zoro – Estaba durmiendo.
- Venía a hablar contigo. Creo que antes he sido un poco borde.
- Pues sí.
- Bueno… ¿Me dejas pasar? – le preguntó viendo que no le invitaba..
El espadachín resopló.
- Pasa.
La habitación era… muy simple. Apenas tenía la cama y una mesita de noche.
- ¿Y bien? ¿Te vas a marchar? – le preguntó impaciente.
- Bueno, ese es el plan – Sara estaba demasiado nerviosa y no entendía por qué.
- Ya…
- No voy a cambiar de opinión Zoro.
- Pero te llevas bien con todos y a Luffy le encantaría, de hecho ya te lo ha pedido.
- Te digo lo mismo que al resto: Necesito algo de paz. Siempre he sido una problemática y en la adolescencia mientras debería estar sentada en un pupitre aprendiendo cosas para mi futuro me dedicaba a fumar y pagar a alguien mayor de edad para que nos comprase unas cervezas a mis amigos y a mí. Y eso en mis mejores días, el resto me lo pasaba en el calabozo.
- ¿Pero qué clase de niñata eras? – le preguntó Zoro impresionado.
- Ya te dije que desarrollé un carácter muy difícil cuando mi padre se marchó.
- Y tanto… - murmuró el espadachín.
Como respuesta, Sara le lanzó una mirada asesina.
Silencio.
- ¿No hay absolutamente ninguna posibilidad de que te quedes con nosotros? – preguntó Zoro esperanzado.
Sara lo miró, entre sorprendida y dudosa, para al final mover la cabeza negativamente. El espadachín estaba fastidiado, le molestaba saber que en poco más de una semana no la volverían a ver más.
- Vosotros también me habéis caído muy bien. No sabes lo poco que me apetece hacer esto.
- Pues entonces no lo hagas – le dijo Zoro acercándose más a ella.
- Ya te he dicho que…
Estaban muy cerca. Sara levantó la mano y la pasó por el torso del espadachín. "Cómo me gustaría que no tuviese la camiseta puesta".
- ¿Qué? – le preguntó Zoro sacándola de su ensimismamiento.
- Pues… Zoro yo…
Él se acercó un poco más hasta el punto de que sus narices casi se rozaban. No podía parar de mirar sus labios.
- ¿Tú… qué? – Le preguntó a la vez que le pasaba el pelo tras la oreja.
- Deja de hacer esto – le dijo casi sin aliento.
- ¿Hacer qué? Eres tú la que no para de acariciarme.
De pronto, Sara se dio cuenta que seguía teniendo una de las manos sobre el pecho del espadachín y le acariciaba inconscientemente.
La chica fue a decir algo pero entonces Zoro terminó con el espacio que había entre ellos. La besó. Le encantaba tanto los labios de esa chica que llevaba deseando probarlos desde la primera vez que se besaron. Esa vez no sabía a sake, ni siquiera a cigarro, simplemente sabía a ella, y aquello le gustaba aún más. Le encantaba besarle el labio inferior y notar el aro que lo rodeaba. Le cogió la cabeza suavemente con ambas manos para no dejarla escapar.
Entonces, Sara le apartó con delicadeza.
- Pienso marcharme igualmente – dijo sin separarse demasiado de él.
- Está bien.
Y volvió a besarla. Y esta vez ella le bajó las manos hasta su cintura para poder rodearle el cuello con mayor facilidad. Con las manos ahí, a Zoro le pareció demasiado difícil no bajar un poco más y agarrarle las nalgas y empujarle aún más hacia él.
- Oye… deberíamos subir a cenar – le advirtió Sara, a lo que Zoro respondió sólo con un gruñido de fastidio.
- ¿Quieres volver a dejar esto así?
- No, no – dijo bastante molesta con la idea de volver a quedarse a medias – pero Sanji pronto nos llamará y no nos encontrarán y empezarán a hacer preguntas.
Zoro se separó completamente de Sara, como si acabase de caer en la cuenta.
- Tienes razón… - comentó mientras se paseaba de un lado a otro pensando.
Había cambiado completamente su semblante, parecía increíble que ya se hubiese recuperado de aquella excitación, la chica apenas podía mantener un ritmo de respiración normal.
- Vamos a subir. Esta noche nos vemos – sentenció al final el espadachín – a media noche.
Y dicho esto, le dio un beso fugaz que apenas rozó sus labios y salió de la habitación dirección a la cubierta. Ni siquiera le dio tiempo a preguntarle dónde se verían.
- Tch, es la segunda vez que me hace esto.
Pasó al baño antes de salir de la habitación, necesitaba lavarse un poco la cara con agua fresca y normalizar la respiración. Se recolocó un poco mejor la camiseta y el pelo, decidió hacerse una coleta y quitarse así todos esos mechones de la cara que tanto le molestaban.
Llegó a la cocina y, efectivamente, ya estaban todos preparando la mesa, aunque no logró ver a Zoro por ninguna parte. Decidió quitarse eso de la mente y tranquilizarse, lo que habían acordado para esa noche… Una parte de ella estaba deseando, otra le daba miedo encapricharse demasiado y que luego las cosas fuesen mucho más duras.
Por fin, apareció, cuando Sanji llamó a los que quedaban por llegar, fue el último en entrar en la cocina. Todos estaban hambrientos.
- Vaya Sara, morena, estás bellísima hoy – le decía Sanji que no paraba de elogiar a Sara, probablemente para compensar la conversación de esa tarde – Te ves espectacular con el pelo recogido.
Sara no pudo evitar sonrojarse un poco, eso precisamente le decía su padre de niña.
- Gracias Sanji – le dijo algo incómoda pero feliz.
- Venga Sanji, déjala, siempre estás igual con las chicas – le dijo Usopp entre risas – al final consiguen que se harten de ti.
Lo que hizo que éste recibiera una patada en toda la boca. Y no volvió a hablar el resto de la cena.
- Sara, solo quedan 9 días para llegar, el clima ha mejorado bastante, si no volvemos a pillar ninguna tormenta, llegaremos sin problema.
- Genial Nami… Avísame un par de días antes, tengo que llamar a mis jefes.
- De acuerdo.
La velada siguió de lo más normal. Zoro no habló en toda la cena, tan solo engullía. La chica se fijó en que bebió menos de lo normal.
- Oye Marino – le llamó Sanji al terminar la cena – ayúdame a secar los platos.
- Hazlo tú, yo tengo cosas que hacer – le replicó enfadado Zoro.
- ¿Qué te pasa? Ya sabes que a cada semana le toca a uno, pedazo de vago.
- Cállate pervertido, que siempre tienes que estar detrás de las chicas molestando.
- Claro, como a ti no te hacen ningún caso, has tenido que obligar a la pobre de mi bella Sara a que entrene contigo.
- ¡Yo no la he obligado! – dijo ya un enfurecido Zoro.
Aquello terminó en una pelea entre ambos.
Ya eran las doce de la noche y Sara esperaba al espadachín nerviosa. Quizás, se ha entretenido en la cocina y al final no viene "¿Tendré que ir yo?". Una parte de ella se decepcionó, cuando al fin tocaron la puerta. Ella se quedó mirando, sin saber qué hacer, no sabía si debía abrir. Aquello podría complicar las cosas y ya había hecho un trato.
Volvieron a llamar.
Al final, cedió, abrió la puerta y vio a un espadachín bastante cabreado.
- ¿Qué te ocurre? – le preguntó extrañada.
- He vuelto a pelear con Sanji. Me pone de los nervios – le contestó cerrando la puerta de un golpe.
- ¿Por lo de la cena? Tan solo quería ser amable, creo que por la conversación de esta tarde, había sido muy tensa y supongo…
- No sé cómo puedas soportarlo. Ese cocinero-pervertido-cejas rizadas es insufrible – le cortó de repente. Aún seguía enfadado, ni siquiera la miraba.
- ¿Estás celoso? – le preguntó la chica algo asombrada.
- Calla y bésame ya.
