Sabéis qué? Hoy ha sido uno de los mejores fines de semana en mucho tiempo. A mi crecidita edad, entre universidad y trabajo, sigo siendo una fiel fan de Harry Potter. Este fin de semana lo he dedicado a hacer un maratón de esta saga, unas 20 horas de películas, y tengo que decir, que me ha dado mucha pena volver a terminar de verla, siempre me emociono cuando veo al trío cerrar la pantalla. Ellos han sido mi infancia y les debo tantísimos buenos momentos...

Volviendo al fic, con este capítulo ya me pongo al día, ya tendréis que esperar un poquito para volver a leer el siguiente (que está algo más de la mitad), pero tranquilos, la verdad que no suelo tardar demasiado en actualizar, todas las noches, antes de irme a dormir, intento escribir un poquito, además, tengo una amiga que me llama la atención cuando llevo mucho sin subir. No os preocupeis, tengo toda la historia pensada, hace unas semanas decidí el final.

Volver a agradecer a todos los que pasan a comentar, aunque sean poquitos. AsukaHyuga, me encantan todos tus comentarios, a andresjuggling, mil gracias por seguir cada capítulo, y un nuevo lector! ya lo mencioné en el anterior cap, me alegro de que te guste la historia, es cierto que no tengo muchos comentarios, pero bueno, supongo que no le puede gustar a todo el mundo jejeje me alegra que al menos haya unos cuantos a los que les hago pasar un buen rato :)

Este es, con diferencia hasta ahora, mi capítulo favorito, lo disfruté muchísimo escrbiendo, espero que lo disfruten igual leyendo.

- Hola Sanji

- Toma – le dijo ofreciéndole un cigarrillo.

- Gracias.

Se llevó el cigarro a la boca, lo encendió y aspiró todo el humo posible.

- ¿Qué te preocupa? – le insistió de nuevo su compañero.

- Estaba pensando… – Sara suspiró – Creo que quizás, no es tan buena idea que haga la entrega.

Esperaba que el rubio se impresionara, pero en lugar de ello, se quedó callado, mirándola, como esperando a que ella siguiera. Su objetivo era escucharla. Y en aquel momento, Sara necesitaba ser escuchada, pero no tenía ni idea de cómo contarle las cosas.

- Quizás… estoy pensando que… No sé qué es lo que hacen cuando finalizo un intercambio.

- Es más que probable que sea mejor que no lo sepas – dijo Sanji.

- Si… Probablemente… – dio otra calada al cigarro – Pero no puedo quitarme de la cabeza la cantidad de vidas que quizás he arruinado sólo por dinero. Yo me desentendía completamente de las bombas.

- No estaba en tus manos elegir para qué se iban a utilizar, no es culpa tuya.

- Ya sé que no todo es culpa mía. Pero contribuí a ello. Es irónico. Llevo un año y medio jactándome del dinero que me dan a cambio de una bomba que utilizarán Dios sabe para qué, y estaba vez… Esta entrega es muy importante. Nunca me habían presionado tanto. No es justo arruinar los sueños de la gente por dinero.

En aquel momento, la científica había dejado de hablar de las bombas. Pensaba en ellos, en el chico que estaba a su lado escuchándola, intentando que se sintiera mejor consigo misma.

- No… no lo es, Sara, pero a veces, las circunstancias hacen que las personas actúen de una forma u otra, y no se les puede juzgar por el simple hecho de no llegar a entenderlas. Quieres hacer este último trabajo para ser libre. Eso es algo que nadie tiene derecho a reprocharte, hemos nacido para ser libres – dijo muy serio.

- Si tuviese a mi yo del pasado enfrente, le daría un bofetón, le diría: estudia, trabaja duro y deja de ser una gamberra – sonrió – Quizás, por una vez, debería dejar de lado la avaricia, dejar de pensar en el dinero y dedicarme a algo que de verdad me guste.

- ¿Y qué te gusta? – le preguntó curioso el cocinero.

Sara abrió la boca, pero no dijo nada. Hacía tanto tiempo que nadie le preguntaba qué era lo que le gustaba, que había olvidado cómo responder a eso.

- Dijiste que te gustaría tener un huerto – animó a la chica.

- Si, es cierto, siempre he querido un huerto, ayudaba a mi padrastro cuando era pequeña, me trae muy buenos recuerdos. Y bueno… – la chica hizo una pausa, volvió a darle una calada al cigarro y miró a Sanji – También me gustaría tener un bar.

- ¿Un bar?

- Si, una pequeña taberna, algo modesto. Ya sabes que soy una amante de la bebida – rió tristemente – Siempre me gustaba el ambiente que había en aquellos sitios, en los pequeños. En aquellos en los que siempre iba la misma gente y todos eran amigos y llegaban piratas y contaban sus historias – sonrió.

- ¿Y por qué no lo haces?

Se miraron. Nunca hubiese pensado que podría hacerlo.

- ¿Dejar de traficar?

- Claro.

- Como si fuera tan fácil.

- Lo es preciosa – Sanji se levantó y comenzó a andar, dejando a la chica sentada, pensativa, entonces paró y se giró para decirle una última cosa – Pero recuerda que, decidas lo que decidas hacer con esta entrega, te entenderemos. Será un placer ayudarte a cumplir tu sueño.

Y dicho esto, giró la esquina.

Se había quedado sola en el pasillo, completamente sola con sus pensamientos. ¿Cómo iba a traicionarlos? No podía hacerlo.

- ¡Ey! Pack – Zoro acababa de llamarla, sacándola de sus pensamientos - ¿Qué haces ahí?

- ¿Ocurre algo?

- Usopp te estaba buscando, ha dicho que te iba a enseñar a pescar – Sara sonrió – ¿Qué pasa? ¿Por qué sonríes así?

El espadachín siempre iba acompañado del poco tacto. No era una persona que se le diesen bien los sentimientos ni expresar emociones. Además, era la primera vez que hablaban desde lo que había pasado la noche anterior. Zoro comenzó a ponerse nervioso, no era que quisiera evitarla, es que no sabía cómo debía tratar con ella después de aquello. "Ni siquiera estaba esta mañana, se ha ido sin esperar a que despertara". Se sintió ridículo por querer haberse despertado con ella.

- He decidido algo. Dile a Usopp que iré enseguida, tengo que hacer una llamada – dijo mientras se alejaba de él.

- ¡No soy tu mensajero! Ve y díselo tú – le dijo molesto.

- Tck – dijo la chica parándose en seco y dándose media vuelta para volver hasta donde él estaba.

- ¿Qué? – el espadachín rebosaba simpatía (Modo ironía: ON)

- Se me olvidaba algo.

Antes de que Zoro pudiese replicar, Sara le dio un beso. No muy largo. Raro, dulce, como ella.

- Tardaré sólo un momento. Espérame aquí.

Y ahí lo dejó, sin palabras y sin saber cómo reaccionar. Se rascó la nuca para terminar despeinándose el pelo. Chasqueó la lengua. Pero no estaba para nada disgustado.

- Mira que es rara.

Sara llegó a su habitación. Lo había decidido. No iba a entregarlos. El problema ahora era cómo evadir aquella situación. No podía llamar y decir que no los entregaría, así como así. Tenía que pensar en algo. Por el momento, tenía que ganar algo de tiempo. Se le había ocurrido algo. Cogió uno de los libros de geografía que tenía. No solía usarlos demasiado, nunca le había gustado demasiado la geografía. "¡Yo no quiero estudiar las islas! ¡Quiero visitarlas!". Le decía una y otra vez a su padrastro. Siempre le había dicho que tendría tiempo de viajar… Y tanto que lo hizo.

La isla de Rothen era una de las más pequeñas que había por aquellos lugares y algo más retirado estaba la isla de Mars, a la que los Sombrero de Paja pretendían ir después de dejar a Sara.

- Mmm… Supongo que tardarán como unos 5 días en llegar – pensaba en voz alta.

Y justo en el lado opuesto a Mars, pasando por Rothen, se encontraba otra islita algo mayor.

- Ordus… Me puede valer.

Cogió el Den Den Mushi y esperó a que descolgaran al otro lado de la línea.

- ¿Ya estáis a dos días? – le preguntó la voz al otro lado.

- Bueno, no exactamente, llegaremos en 10 días. Pero le llamaba para avisarle de otra cosa.

La persona al otro lado, suspiró.

- A ver, cuéntame. ¿Qué contratiempo ha surgido?

- Nada grave. No podré realizar la entrega en Rothen.

- ¿Y eso por qué? – le preguntó molesto.

- Luffy se ha empeñado en visitar Ordus, al parecer según el cocinero allí asan una carne espectacular – dijo improvisando "cuantas menos explicaciones, más creíble" – Es una isla más modesta, llamaremos menos la atención que en Rothen.

- ¿Lo has pensado bien? – le dijeron a través del Den Den Mushi.

- Sí. Creo que es perfecta.

- Bien, nos vemos allí en diez días. Una vez allí acordaremos un punto de encuentro.

Colgó.

"¿Así de fácil? Si mi memoria no me falla, Nami me dijo que llegaríamos a Rothen en 9 días. Yo he quedado con ellos en Ordus un día más tarde. Y Franky me dijo que el siguiente destino sería Mars, para comprar contrabando de Kairoseki para las bombas, creo que Mars está a unos 5 días de Rothen y Ordus de esta última, está a 3. Para cuando el jefe descubra mi mentira, les habré dado una ventaja de unos 4 días más o menos".

- A partir de ahí, estaréis solos.

Volvió la vista al libro de geografía. Ahora sólo tenía que elegir una isla en la que comenzar de cero. Algo bonito y familiar, sin piratas y sobretodo, sin traficantes. Con el poco dinero de sus últimas misiones que no se había gastado en bebida, ropa, municiones y caprichos, podría seguir el consejo de Sanji y hacer lo que le gustaba. Podría comprar un bar y tener un pequeño huerto. Podría dedicarse a la elaboración de ginebra, serviría ginebra y cerveza casera.

Sara no pudo evitar sonreír ante su sueño.

TOC TOC TOC

Caminó hacia la puerta.

- Me estaba aburriendo de esperarte – dijo algo malhumorado Zoro – eres una tardona.

- Lo siento, estaba resolviendo algunas cosas.

- Venga, Usopp está como loco por enseñarte a pescar y yo quiero coger una botella de sake.

- ¿Alguna vez has probado una buena ginebra? – le preguntó la chica mientras avanzaban por el pasillo dirección a la cubierta.

- ¿Una buena…? – dijo pensativo.

- Antes de irme te invitaré a una buena copa de ginebra.

- Bien.

No intercambiaron palabra hasta la cubierta. Sara estaba soñando y Zoro seguía sin saber muy bien cómo hablar con ella. Si no lo pensaba, podían hablar de cualquier cosa.

- ¡Ey Sara! ¿Dónde estabas? – le gritó un Usopp entusiasmado – ¡Ven, que te enseño cómo poner el cebo!

Sara tomo la dirección hacia el grupo. Parecía que aquella tarde iba a prometer, no quería perderse una tarde de pesca con Usopp, Chopper, Brook y Luffy.

- Oye – el espadachín le dio un suave tirón en la muñeca para que la chica se volviese, era ahora o nunca – Antes de irte, repetiremos lo de anoche.

A Sara le tomó por sorpresa, no era una pregunta. Ya no había ninguna entrega. ¿Por qué no?

- Bien – le dijo con una amplia sonrisa.

Zoro observó que la chica estaba radiante. No recordaba haberla visto tan feliz en los días que había estado en el barco. Y así, sin pensarlo, dejó que las palabras saliesen de su boca.

- Pero la próxima vez no te marches por la mañana.

- No pienso hacerlo.