Capítulo 22: Zira.

Shenzi, Banzai y Edd, se acercaron a mí rápidamente.

"Y, ¿ella quién es?" Preguntó Banzai con aire curioso.

"No tengo idea," le contesté.

La pequeña leona comenzó a toser con fuerza. Decidí llevarla al Cementerio, para que se recuperara. Las Hienas no se veían muy contentas con mi decisión, pero tampoco me dijeron nada al respecto. La pequeña poco a poco abrió los ojos.

"¿Dónde estoy?" Preguntó.

Poco a poco comenzó a recuperar la conciencia. Al ver a las hienas, reaccionó de una forma exaltada.

"¡Hienas! Debo huir de aquí cuanto antes."

Pero cuando ella me vio, se sintió más segura. Se puso de bajo de mí, y me dijo:

"¡Protégeme tú de estos seres infernales!

"¡Oye!, ¡oye!, ¡oye!, no te permito que te expreses así de mi familia.

"¡¿Qué?!, ¡¿esas cosas son tu familia?!"

"Así como lo oyes," le dije con un toque de sarcasmo.

"Pero, tú no tienes finta de ser una Hiena."

"Pequeña," le dije. "Debes aprender que las verdaderas familias no siempre son las que llevan tu sangre."

La pequeña chiquilla no dejaba de mirarme.

"Por cierto, ¿cuál es tu nombre, niña?"

La pequeña me miró con extrañeza.

"Pues, yo... Ehmm… No tengo uno."

"Vamos," le dije "todo El mundo tiene uno."

"No, te digo la verdad… yo no tengo un nombre. Aunque, bueno, un amigo que tenía solía decirme 'guapa'"

Escuché que las hienas comenzaron a burlarse.

"Es la primera vez que vemos un caso así ¡Já!, ¿Alguien sin nombre?"

Las fulminé con la mirada.

"Muy bien pequeña, en ese caso te llamaré… déjame pensar… ¡ya sé!... te llamaré Zira, como mis sentimientos hacia mi hermano."

La nena dio un brinco de alegría. Ella no tenía idea de lo que significaba ese nombre, pero le gustó.

"¡Me encanta! ¡Es mejor a que me digan 'guapa'!"

"Me alegra que te gustara" le dije "Y, por cierto... ¿Donde están tus padres?"

"Yo... no tengo padres."

"¿Pero, cómo?"

"Mis padres me abandonaron a mi suerte cuando era muy chica... Ni siquiera los recuerdo bien. Los pocos recuerdos que tengo de ellos son muy borrosos.

"Entonces… ¿cómo sobreviviste todo este tiempo?"

La leoncita me miró con dulzura.

"Una pareja de guepardos, me aceptó en su manada. No me quisieron poner nombre para según ellos, no encariñarse conmigo, pero la realidad es que siempre me trataron mal, así que decidí huir de casa y cuando decidí escaparme, tuve la pésima suerte de caer en el rio. La verdad, Yo hubiera preferido morir, a que los guepardos me encontraran. Por suerte, tú lo hiciste primero."

De manera espontánea, me dio un dulce besito leonino.

"Y.. ¿por qué no te quedas con nosotros?" Le pregunté. Al parecer esa niña y yo teníamos mucho en común.

Pero entonces, Ada, Abi, y mi Mutti Fabana, me miraron con desaprobación. Pude notar que a ninguna le había parecido la idea. Acto seguido, Fabana se me acercó para decirme:

"Scar, ¿Podemos hablar un momento?

"Por su puesto Mutti," le respondí.

Nos alejamos un poco del lugar para que nadie escuchara.

"Scar, tú sabes que de mil amores podría aceptar a Zira en nuestro hogar, pero, también sabes lo difícil que es conseguir comida para toda la jauría."

"No te preocupes por eso Mutti… de hecho de eso quería hablarte desde hace tiempo; la jauría ha sido muy amable conmigo y siempre me han compartido su comida, pero ya es hora de que yo empiece a conseguirla por mi cuenta. De ahora en adelante saldré a conseguir lo mío, y más ahora que Zira se viene con nosotros."

"Nunca ha sido molestia para nosotros compartir nuestra comida contigo, Taka", dijo Fabana, "Pero nos serías de gran ayuda consiguiendo tu propio alimento."

"Lo haré con gusto", le dije "Y todo lo que yo atrape será para Zira, también."

Y tras haber cerrado este trato, pasaron algunas semanas de convivencia con la pequeña Zira.

Zira en verdad que era una niña latosa, fastidiosa, chocante y hasta un poco torpe, por ejemplo, una vez me acompañó de cacería, y como hacía mucho ruido con sus patas, no pudimos conseguir nada, tanto fue así, que las hienas tuvieron que compartir de lo suyo con nosotros, y eso, por obvias razones le molestó a Fabana.

A donde yo iba, la pequeña también; Era como mi sombra.

"Algún día yo me casaré contigo." Me decía una y otra vez. Yo nunca sabía qué responderle y le cambiaba el tema. También le encantaba dar vueltas y vueltas alrededor de mí, ¡me mareaba que hiciera eso!, pero lo peor que ocurrió con ella, siendo cachorra, pasó una tarde que, como de costumbre fuimos cacería. Como siempre ahuyentaba a las presas, le pedí de favor que se fuera a jugar por otro lado, pero salió peor:

A la niña se le ocurrió escabullirse en una manda de rinocerontes, y comenzó a jugar con la cola de uno. Cuando por fin lo pudo alcanzar, lo mordió con fuerza tal, que el Rino soltó un horrible alarido, que puso en alerta al resto de la manda.

Cuando menos pensé, miles de rinoceronetes perseguían a Zira.

Corrí a rescatarla. La sujeté por la parte superior del cuello, y corrí con todas mis fuerzas, como no podía más, la lancé muy lejos, y yo seguí corriendo, por suerte, enfrente de mí encontré una cueva justo del tamaño para mí, pero no para que cupieran esos animalotes.

Una vez que los Rinos se habían ido, comencé a buscar a Zira. Ella estaba bien, apenas con un pequeño raspón. Así pues, tuve que regañarla.

— ¡Zira, casi nos matas! ¡Estuvimos a un paso de morir los dos!

"Pero Scar... Yo..."

"De ahora en adelante no volverás a salir de cacería conmigo. No más, hasta que aprendas a comportarte, ¿Y sabes qué? No me casaré contigo cuando estés grande," en verdad no sabía que más decirle para regañarla y eso fue lo único que se me ocurrió.

Cuando le dije esto, a la nena se le nublaron los ojos, hacía pucheros.

"Scar... ¡Eres un león muy malo!"

Y se fue corriendo al Cementerio.

"Niña berrinchuda", le grité.

Al caer la noche, me fui a dormir como de costumbre. Cerré mis ojos, me estaba quedando dormido... Sentía que caía... caía...

Un lugar oscuro... unas hienas persiguiéndome... Unos dientes abalanzándose sobre mí…

— ¡Auxilio!

— Scar, ¿qué te pasa?

— Nada Zira... Nada. Estoy bien.

Como Zira se había enojado conmigo había decidido pasar la noche con Fabana, así que fue toda una sorpresa para mí el hecho de verla ahí, despertándome de las pesadillas, junto am mí… Siempre junto a mí…

—Pues yo no te creo. –Aseveró ella en tono severo.

—Zira, no fastidies y vete a dormir a otro lado. Ya has causado muchos problemas en el día.

Ella sin decirme nada se fue. Por desgracia, no pude volver a dormir. Solo tenía cerrados los ojos.

Después de un rato, sentí su presencia nuevamente, así que me hice el dormido para que no me molestara, pero en cambio de eso, me dio un tierno beso en la mejilla, se acurrucó a un lado de mí, y en tono suave dijo:

"¡Yo te cuidaré de tus miedos!"

E inmediatamente se durmió.

Yo hice más que abrir mis ojos y sonreír. Sus palabras me habían inspirado ternura.

HAGA CLIC PARA VOLVER AL INDICE