Sé que esta vez he tardado, ya os dije que me había puesto al día con los capítulos y por eso no he actualizado tan pronto. Igualmente, me he propuesto actualizar una vez a la semana. Creo que no está mal, sé que no es como antes, pero si me propongo subir capítulo una vez por semana, al menos no me lo tomaré con tanta lentitud. Odio cuando sigo un fic y resulta que el autor tarda al menos un mes en actualizar, no quiero que perdáis el interés en mi historia, como he podido leer hoy por ahí: Quien mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta.
La verdad que hubo un momento en el que me atasqué, pero al final, he conseguido salir del pozo sin ideas. Espero que os guste y lo disfrutéis. Animaos a comentar, agradezco muchísimo a las poquitas personas que lo hacen, tenéis que saber, que sigo escribiendo por vosotros, me gusta saber que hay gente que se toma la molestia en leer mis capítulos.
Se fue pensativa hacia su habitación. ¿Por qué tenía que decir Robin en voz alta que le gustaba Zoro? No es que estuviese enamorada, pero sí que se lo pasaba bien con él, era agradable y a veces hasta dulce. El simple hecho de que su compañera lo dijese en voz alta, hizo que pareciese que todo era mucho más real. No se había cuestionado nada, tan solo estaba deseando llegar a Rothen y perderlos a todos de vista y poder seguir desde su humilde taberna las aventuras de los Sombreo de Paja contadas por otros piratas.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó al llegar a su puerta.
- Te estaba esperando – le contestó mientras se levantaba del suelo.
La chica abrió la puerta de su dormitorio entró, quedándose el espadachín apoyado justo en el marco, mientras la observaba pasearse por su dormitorio.
- ¿Necesitas algo? – dijo algo distraída mirando entre sus cajones.
- Sí – la chica alzó la mirada, interrogante – a ti.
Cerró la puerta detrás de él y la besó.
Cuando volvían a la cocina, ambos iban callados, pero sonriendo. Aquel silencio no era incómodo, ninguno de los dos necesitaba llenar de palabras vanas aquel momento, solo estaban uno al lado del otro, caminando. Mientras caminaban, Sara intentaba rozar las manos del espadachín, pero como si fuese todo inconscientemente. Hasta que al final, rompió aquel silencio.
- Nunca he visto el acuario del barco.
- ¿No te lo han enseñado? – Sara negó con la cabeza – Puede ser muy interesante ir contigo allí esta noche – dijo pensativo.
Y dicho esto, le dirigió una mirada que a Sara le pareció muy sexy, tanto, que hizo que se sonrojase un poco. Algo que no le pasó desapercibido al espadachín.
- ¿Te has sonrojado? – le preguntó entre asombrado y halagado.
- Cállate – le dijo incómoda.
- No seas maleducada. Mírame.
Aún no habían llegado a la cubierta, pero se había parado en mitad de la escalera. Una vez que cruzasen aquella puerta, los demás invadirían aquel momento y Zoro no estaba dispuesto a que le robasen ningún minuto con Sara.
- ¿Qué pasa ahora? – le preguntó de malos modos.
- Quiero que sólo yo te pueda hacer sonrojar – le dio un beso en los labios y salió.
Sara se quedó sola, por un momento no sabía ni cómo reaccionar. ¿Desde cuándo él era así?
- Tsk. Imbécil – susurró al sorprenderse pasando sus dedos por los labios.
Salió a cubierta, aquella noche se movía algo de viento. Era increíble cómo podía cambiar el tiempo de un día para otro. Esperaba que se calmase un poco, quería terminar aquello lo antes posible. Desde fuera podía escuchar las risas y gritos de la cocina. Cuánto echaría de menos aquel bullicio, las tardes con Franky y los inventos de Usopp. La verdad, que aunque le fastidiase admitirlo, no le hacía demasiada gracia separarse de esos esperpentos, habían conseguido convencerla para hacer algo que llevaba meses intentado hacer, pero nunca se había atrevido a dar el paso.
La cena fue bastante jovial. Como siempre, todos reían y peleaban a la vez. Hablaban de su siguiente aventura, estaban deseando llegar a la isla de las sirenas, sobretodo Sanji.
- ¡Qué pena que no vayas a acompañarnos! – dijo Chopper.
- Ya… Seguro que será genial – le contestó sonriendo.
De repente, como si se le hubiese encendido la bombilla con ese comentario:
- ¡Ey! ¿Y qué piensas hacer ahora? – le preguntó Franky.
- ¿Qué? – dijo Sara algo asombrada, no entendía la pregunta.
- Me ha dicho Robin que has dejado el trabajo – se limitó a contestar.
Todos callaron, de repente, todas las miradas se dirigían a ella. Había pasado de estar en un segundo plano a ser el centro de atención.
- ¿Cómo? – él único que preguntó fue Zoro, que no parecía muy contento.
- Así que al final has decidido mandar esa vida a paseo ¿eh? – le dijo un Usopp muy sonriente.
- ¿Entonces ya puedes ser mi nakama no? – preguntó por su lado Luffy totalmente lleno de felicidad.
- Perdona Sara, no sabía que no se lo habías dicho a nadie – se disculpó la arqueóloga al ver que había metido un poco la pata.
- Bueno, sí, lo he dejado – fue todo cuanto dijo. Cogió la jarra de cerveza y se la llevó a los labios.
Todos esperaron algún tipo de explicación más por su parte, pero desde luego, la chica no estaba dispuesta, no estaba preparada para mantener una conversación sobre su futuro con otras ocho personas.
- Pero entonces te quedas con nosotros ¿no? – insistió el capitán.
Suspiró. Iba a ser difícil hacerle entrar en razón al capitán de la banda.
- No. Eso no quiere decir que me quede con vosotros Luffy.
- Vaya, me hacía ilusión que hubiese otra chica en la banda – dijo melancólica Nami.
- ¿Eeeeeeeeeeehhh? ¡Pero no puedes hacer eso!
- Ya hablaremos del tema zoquete, ahora déjala en paz, no la agobies – le regañó el cocinero.
- Me alegro mucho de que hayas dejado ese trabajo. Era demasiado peligroso – le decía Chopper – y además, lleno de estrés.
Nadie volvió a mencionar el tema durante la velada, para fortuna de la chica, la cena siguió sin más. Sara no sabía por qué sentía como si debería haberle dicho algo a Zoro. Y por su parte, él también pensaba que ella debería haberle informado. No entendía en qué momento, ella había pensado que eso no le importaba a él.
Después de cenar y de quedarse un poco charlando hasta las doce de la noche, todos decidieron que era momento para marcharse a sus respectivas habitaciones.
Sentada ya en la cama, Sara no sabía si el espadachín estaría esperándola en el acuario. Por la cara que había puesto cuando se había enterado de que ya no traficaba más, no parecía haberle hecho mucha gracia haberse enterado de esa forma. Suponía que le debía una explicación, así que al final, decidió que era buena idea intentarlo, iría al acuario, total, lo peor que le podía pasar es que la dejase plantada.
Cuando llegó, aquel espectáculo la maravilló por completo, era increíble. No podía creer que Franky hubiese construido eso, era, a su parecer, el sitio más bonito de todo el barco. Zoro no estaba, así que decidió hacer algo de tiempo, comenzó a pasearse, contemplando los distintos peces que habían pescado, incluso creyó distinguir el atún que había conseguido pescar el otro día (con ayuda de Usopp por supuesto).
- No puedo creer que existan lugares tan bonitos dentro de un barco – pensaba Sara en voz alta.
A pesar de que parecía que el espadachín le había dado plantón, no estaba disgustada, le encantaba haber descubierto aquel sitio, fuese con él o no.
- ¡Ey! ¡Pececito! – Decía dando unos pequeños golpecitos al cristal – ¡Mírame!
- Desde luego, yo tengo razón, estás demasiado loca, ¿qué haces hablando con los peces? Ese cristal tiene más de 15 cm de grosor – Zoro había aparecido por fin – Pero sigue sigue – le instó – puede que si lo haces muchas veces, les llegue la onda expansiva.
- Tch.
- ¿Te enfadas? – Replicó asombrado – Soy yo quien debería estar molesto.
- ¿Tú? ¿Por qué? – Le preguntó fingiendo no saber a qué se refería.
- Porque resulta que habías decidido dejar de traficar con bombas y no me habías dicho nada.
Cuando se escuchó, se dio cuenta de lo ridículo que quizás había sonado eso para Sara, ella no tenía ninguna obligación de darle ningún tipo de explicación sobre su vida. No obstante, la chica sabía que se había creado un vínculo entre ellos que conllevaba a ese tipo de cosas.
- Lo siento – se disculpó.
Aquello impresionó al espadachín. Sara tenía sus motivos. A decir verdad, tenía un único motivo por el que no se lo había contado. Si no hubiese sido porque a Robin se le da bien leer las caras, ella nunca le habría dicho a nadie del barco que había abandonado su antigua vida (antigua… ¡Qué raro le sonaba aquello!). Le hubiese gustado marcharse por la puerta de atrás, sin espectadores, sin charlas motivadoras.
Zoro se había acercado a ella y cogió su mano derecha entre las suyas, acariciando con el pulgar los dedos de la chica.
- Antes de cenar, no parabas de rozarme la mano mientras caminábamos – Sara tragó saliva, no sabía que éste se había percatado de lo que había estado haciendo, ¿cómo era posible? – Yo no desperdicio ninguna oportunidad para rozarte la piel, por eso sé que tantas veces, no era casualidad – le dijo respondiendo a su pregunta.
- Sí, bueno – le dijo desprendiéndose de sus manos.
Al principio, a Zoro le costaba aceptar que la chica le gustaba. Pero al fin y al cabo, ella estaría un tiempo limitado en el barco, ella tenía su propio camino, por lo que pensó en disfrutar de la chica todo el tiempo que pudiese.
- No te vayas – le dijo el espadachín.
- Aún no tengo sueño, quiero seguir viendo el acuario – le decía mientras se alejaba de él para mirar en la otra punta de la sala.
- Sara.
Llamó su atención, éste estaba sentado en el sofá que había rodeando la gran habitación. Pasó la mano sobre su frente, para acabar alborotándose el cabello y por último rascándose la nuca. Aquello que quería decirle le estaba costado demasiado. No estaba muy acostumbrado a decir cosas así. Después de tener un debate interno, mientras en el cual Sara no había apartado su vista ni un momento desde la otra punta del acuario, levantó la cabeza, la miró muy serio y al final, habló:
- Quédate con nosotros – dio un pequeño suspiro – Quédate conmigo.
Aquel, era el principal motivo por el que Sara no le había contado nada.
