No he podido eviarlo, después del comentario de AsukaHyuga, tenía que seguir escribiendo y subir un nuevo capítulo hoy. Tengo que decir, que me ha encantado escribir el final de éste, y advertiros, que a partir de aquí, comienzan unos capítulos algo intensos. ¡Por fin llega la acción!
Muchísimas gracias a los que leéis y a los poquitos que comentáis. Espero que os esté gustando lo que estáis leyendo. Ya falta menos para esta maravillosa historia.
Se hizo el silencio. Sara no sabía qué contestar, Zoro, por su parte no apartaba la mirada de la chica. Ella veía que estaba tan seguro de sí mismo, la miraba con una tal determinación que el entusiasmo recorrió todo su cuerpo. Pero eso duró solo un par de segundos.
- Sabes que este no es mi sitio – le dijo con un hilo de voz.
Apenas hacía unas horas que los iba a vender. Formaban parte de una banda pirata muy famosa, seguramente, sus antiguos jefes darían con ella fácilmente al enterarse de su traición, la perseguirían y darían con ella, por lo que al final todo saldría a la luz. La echarían a patadas del barco y ella se volvería a sentir como en su niñez, sola. No podía hacer eso, quería seguir siendo su amiga y seguir manteniéndolos, aunque fuese en la distancia. Pero no podía permitir que ellos supiesen que su propósito al subir al barco el primer día era entregarlos y cobrar por sus ellos una gran suma de dinero, no la perdonarían.
Zoro se levantó. No paraba de observar a Sara, veía como se debatía en un duelo interno sobre algo que no terminaba de entender. Se acercó a ella y puso su mano derecha sobre las suyas. La científica no paraba de jugar con sus pulgares, estaba nerviosa por algo.
- Esa no es la razón. ¿No quieres… o no puedes quedarte?
Sara levantó la mirada hacia él. Por primera vez, él se dio cuenta de los ojos tan bonitos que tenía, no eran de un azul cielo, ni de un verde esmeralda. Tenía unos ojos marrones cafés preciosos. Ella, aprovechando aquel momento, pasó su mano por la nuca de éste y le besó. El espadachín respondió al beso, pero se sorprendió a sí mismo apartándola suavemente.
- Las cosas no se arreglan así.
Se sentía disgustado y ella sorprendida. Esperó a que le diese alguna explicación más, verla con los labios rojos por el beso, le estaba haciendo arrepentirse de haberla apartado, cualquier argumento le habría parecido válido para quedarse allí, sin embargo, ella no dijo nada. Se alejó completamente y cuando había llegado a la salida, antes de cerrar tras de sí la puerta, le dijo sin molestarse si quiera en mirarla:
- Recuerda, Pack, que yo no soy de los que insisten.
Giró sobre sus talones y se dirigió al acuario de nuevo. Parecía como si tras aquel vidrio, aquellas bestias del mar hubiesen entendido lo egoísta que acababa de ser.
- Dejar de mirarme de esa forma – refunfuñó Sara – cualquiera hubiese hecho lo mismo que yo.
Se dio cuenta de lo ridícula que parecía hablando con los peces, realmente Zoro tenía razón, estaba loca de remate. A ese imbécil no se le escapaba una. "Esa no es la razón. ¿No quieres… o no puedes quedarte?". Claro que le apetecía quedarse, aquellos días habían sido muy divertidos y había empezado a tener algo parecido a amigos. Su razón estaba dividida en dos mitades iguales, una deseaba fervientemente quedarse con ellos, convertirse en pirata y ayudar a Luffy a ser el próximo Rey de los Piratas, había algo en aquel chico que le hacía pensar que había nacido para eso. Por otra parte… No quería complicarse más la vida, era cuestión de tener paz interior.
Aquella noche, el espadachín de pelo verde, no consiguió pegar ojo. Le había pedido que se quedase con ellos, le había pedido que se quedase con él, y ni siquiera se molestó en darle una excusa. Había pensado en pasar aquella noche de otra forma. Le gustaba estar con ella y había pasado todo el día esperando que llegase la noche para poder estar juntos. Suspiró mirando al techo, tenía ambas manos detrás de su nuca.
- Bueno, no hay nada que hacer, si ella no quiere, no hay que obligarla – estaba disgustado, pero era un hombre, sabía afrontas las cosas – Mañana seguiremos con el entrenamiento impuesto por Chopper. Ahora la prioridad es impedir que tenga un brote de ira en este barco.
Llegó la mañana pronto y Sara, como era costumbre en ella, se había levantado tarde. Odiaba madrugar. Se dispuso a ir a la cocina como era habitual, pero al salir de la habitación se encontró con un espadachín sentado justo enfrente de su puerta, estaba dormido. Suspiró al verle.
- Es un jodido perseguidor.
- Tenemos que seguir con tu entrenamiento – le escuchó de repente.
- ¿¡No estabas dormido!?
- Te lo he dicho muchas veces, eres DEMASIADO ruidosa. Incluso se te escucha desde la otra punta del barco cuando te enciendes un cigarrillo.
- Tsk, ¿qué quieres?
- Tenemos que entrenar. Eso no ha cambiado.
Sara frunció el entrecejo, no le apetecía hacer nada de ejercicio y además, le parecía incómodo estar con Zoro después de lo ocurrido la noche anterior. Pero sabía que debía hacerlo, si quería mejorar su actitud, debería quemar toda esa mala energía y utilizar su mal genio en esforzarse.
- Mi brazo… - dijo recordando su dislocamiento.
- Después de que desayunes, iremos a ver a Chopper y que me dé el visto bueno.
- Está bien.
Como de costumbre, ninguno hablaba. Sara se tomó su café matutino (que normalmente solía ser ya pasadas las 12 de la tarde) mientras Zoro estaba sentado justo delante de ella. Sanji no estaba en la cocina, había preparado un pequeño tentempié para Nami y Robin, que estaban tomando el sol.
- No voy a escaparme, puedes hacer tus quehaceres habituales – le dijo Sara.
- Mi única tarea desde que subiste a este barco es vigilarte y encargarme de tu temperamento. En eso acordamos Chopper, tú y yo.
Volvió el silencio. Siempre tomaba el café caliente, aunque hiciese calor, a Sara le gustaba tomarse el café caliente, tardaba mucho en beberlo, así que mientras tanto, la temperatura de éste bajaba. Al cabo de unos minutos, decidió hablar de nuevo.
- No puedo quedarme, Zoro.
El aludido levantó la mirada, pero ella era eso lo que precisamente estaba esquivando. No parecía que fuese a dar muchas más explicaciones. Pero al chico le pareció que había sido sincera con él. Se echó hacia atrás para apoyarse en el respaldo de la silla y dirigió su vista al techo de la cocina.
- Supongo que tendrás tus razones, aunque ninguno de la tripulación las entienda.
- Si… eso creo.
- Bueno, igualmente, podemos aprovechar tu tiempo a bordo – Sara alzó la vista para mirarle, sorprendida – Tendrás el privilegio de haber tenido una aventura con el mejor espadachín del mundo. Presume de ello – bromeó.
Ambos rieron.
- ¿De qué os reís?
Chopper había aparecido en la cocina, ya le había avisado el espadachín de que irían a la consulta y al ver que no llegaban, supuso que Sara se había dormido. No puso objeción alguna en que ésta hiciese ejercicio, con mucho cuidado, una vez que se ha dislocado el hombro, puede volver a pasar con mayor frecuencia y menos esfuerzo.
Y así pasaron los días restantes, hasta que por fin llegaron a Rothen, el final de su viaje y de su aventura, su destino. Sara había llamado el día de antes a su ex – jefe para avisarle de que estaban a 2 días de Ordus, por lo que al día siguiente, sus hombres llegarían a esa isla, la cual estaba a 3 días de Rothen. Y así los Sombrero de Paja conseguirían ventaja.
Aquella era su última noche en el barco.
- Vaya… no puedo creer que de verdad vayas a marcharte – dijo muy apenado Usopp.
- Yo… yo… yo…
Por su parte, Franky no podía articular palabra. Junto a Zoro, habían sido las dos personas con las que más tiempo había pasado a bordo, muchas tardes de taller.
- Oye oye, Franky, no llores, ha sido genial. Además, si tú lloras, me harás llorar a mi – le decía ya con un nudo en la garganta – y no es lo que quieres, ¿verdad? – el cyborg negó con la cabeza mordiéndose el labio inferior para parar – Bien… bien… Vamos a la cocina, Sanji ha preparado un banquete especial por mi despedida… Oh! ¡Por Dios, dejar de llorar ya!
Cuando llegaron a la cena, todos estaban allí. Estaba claro que el ambiente no era de lo más festivo, a todos les daba pena que Sara se marchase. Incluso Luffy estaba de morros.
- Quiero que te quedes – decía con la boca llena.
- No hagamos esto más difícil. Sara no se quedará, respetemos su decisión, incluso tú, Luffy – dijo muy seria Nami.
Al final, la atmósfera se fue animando y todos acabaron festejando. Al día siguiente, la acompañarían al pueblo y se despedirían.
Todos, cansados, se fueron a sus respectivos dormitorios. Todos, menos Sara, que pensó que la despedida con Zoro podía adelantarse.
Como cada noche de su estancia allí, caminó hasta la habitación del espadachín. Habían surgido algo así como sentimientos hacia él, no pensaba que fuese amor, pero sí un profundo cariño, que empezó a mezclarse con la congoja de despedirse. Delante de la puerta, llamó.
- No sabía si vendrías esta noche – le dijo sonriendo tristemente dejándole paso para entrar.
- Quería despedirme de ti – le explicó mientras se sentaba en la cama.
Su compañero la imitó.
- Qué rápido han pasado estos días.
Sara extendió el brazo para estrechar la mano del espadachín.
- He pensado que… - Zoro la miraba y ella, le devolvió la mirada – He pensado que quizás, esta noche, podríamos abrazarnos.
Él sonrió. Se acercó a ella y la besó en los labios. Ambos se tumbaron en la cama y él la abrazó desde atrás. Era una sensación rara para los dos. Ninguna noche habían dormido así, siempre, después del sexo ella se giraba para un lado de la cama, él a veces le daba un beso en el hombro y después, pasaba a su postura diaria para dormir: bocarriba. Sara notó cómo Zoro hundió su nariz su pelo y le besó el cuello. Ella comenzó a acariciarle el brazo hasta que cayó en un profundo sueño.
- Así está bien – susurró el espadachín cuando se dio cuenta que estaba dormida – Te echaré de menos, Sara.
