Soy plenamente consciente de que esta vez me he demorado un poco en actualizar, pero he estado ocupadilla. Sin embargo, aquí estoy de nuevo.

Mil gracias a mi lectora, la que nunca se olvida de comentar. Eres genial AsukaHyuga, soy fan de tus comentarios. También le doy las gracias a todos aquellos que leeis el fic aunque no comentéis. Si algún día os animáis a decirme algo, estaré más que encantada, me anima muchísimo saber qué opináis.

Sin más dilación, aquí os dejo el nuevo capítulo :)

La mañana amaneció algo oscura. Sara notó como su espadachín aún seguía abrazándola por la espalda. Pasó su mano sobre el brazo de este y comenzó a acariciarlo. Pensó en lo que le iba a costar levantarse todas las mañanas sola. Escuchó cómo gruñía en su nuca.

- No pares – le dijo medio dormido.

- ¿Qué?

- Que no pares de acariciarme.

Sara no se había dado cuenta de que había dejado de acariciarle el brazo. Se giró para mirarle, él apenas podía tener los ojos abiertos, aún estaba dormitando. Se acercó a él y le dio un beso muy suave. Entonces, comenzó a recorrer su nariz con su dedo índice, pasó por sus labios y bajó hasta su cuello. ¡Cómo le encantaba ese cuerpo! Le acariciaba una y otra vez el brazo que tenía fuera de las sábanas hasta que una vez, llegó a la mano y se la cogió, dándole un pequeño apretón.

- Parece mentira que esta sea nuestra última mañana juntos – comentó la chica.

- Vaya vaya… - Zoro ya estaba completamente despierto - ¿Qué pasa Pack? ¿No me digas que al final te has enamorado de mí?

Sara se sonrojó, incluso un momento tan bonito como ese, era capaz de estropearlo.

- Tck, cállate, no digas tonterías – le dijo enfurruñada.

Sara se levantó de la cama y se quedó sentada en el borde.

- ¿Y qué vas a hacer ahora?

- Me iré a alguna isla pequeña. Tengo el suficiente dinero como para empezar de cero – se giró para mirarle – no te preocupes, nunca os perderé la pista.

Ambos sonrieron.

Sara ya tenía todo empaquetado. Los chicos habían insistido en acompañarla al pueblo.

- Tengo que hacer algunas compras – dijo Nami.

- Y yo tengo que ir a comprar comida.

El pueblo era bastante grande y había de todo. Sara acompañó a Luffy a comer algo. Una vez en el restaurante, el capitán de los Sombrero de Paja no paraba de devorar toda la carne que le ponían en el plato mientras Sara se limitaba a observarle. Aquello le pareció un déjà vu.

- Así fue como nos conocimos – dijo Luffy para sorpresa de la chica.

- Vaya, no pensaba que te acordarías.

- Te vamos a echar de menos Sara.

Ella no supo que decir. Claro que ella también les echaría de menos, pero no podía quedarse, seguro que se enterarían de todo y al final, la acabarían echando de la banda igualmente.

- Venga, come, que el siguiente plato ya está listo – le dijo mientras se llevaba la jarra de cerveza a la boca para deshacer el nudo en la garganta.

De repente, se fijó en que alguien les estaba observando desde la calle. Aquel restaurante tenía una gran cristalera que abarcaba toda una pared. Sara estaba segura que a pesar de que había mucha gente comiendo, aquella persona los miraba.

- Luffy – el aludido le contestó con un gruñido – ¿No te has fijado en si alguien nos seguía cuando llegamos?

Solo berreaba, tenía la boca llega de carne y ni se le entendía. Cuando volvió la vista a la cristalera, aquella persona no estaba. "Habrá sido imaginación mía". El capitán pasó a los postres y cuando Sara al final consiguió pedir la cuenta, el camarero trajo algo más.

- Tome señorita.

Le entregó un pequeño Den Den Mushi, era tan enano que podía guardarse en un bolsillo.

- ¿Cómo? – dijo mirando el aparato sin entender.

- Un hombre muy bien vestido me ha pedido que se lo entregue. Dice que en un par de horas le llamarán.

Sara se quedó algo pálida. No podía ser. ¿Y si eran ellos? ¿Y si le habían encontrado? Los Sombrero de Paja tenían que salir de la isla cuanto antes.

- Oye Luffy, venga. Vayámonos ya. Tenéis que iros de esta isla. Y yo también.

- ¿Tus antiguos jefes?

- Creo que sí.

- No te preocupes, yo les patearé el culo – le dijo muy decidido.

- Te lo agradezco Luffy, pero prefiero marcharme de aquí cuanto antes – Le agarró del brazo y tiró de él todo lo que pudo – Ve al barco, yo iré a buscar a los demás.

- ¡Nuestra despedida no puede ser así!

Sara se paró en seco en mitad de la calle. Tenía razón, así no era como se lo había imaginado. Suavizó el agarre y miró al chico de goma.

- Está bien, tienes razón. Me tranquilizaré. Ve al barco, iré a buscar a Nami y a Robin, seguro que Sanji ya ha vuelto. Nos despediremos.

Sus caminos se separaron.

Después de muchas vueltas por la zona de compras, al fin logró encontrar a las dos chicas.

- ¡Nami! ¡Robin! – las llamó. Las chicas se giraron para ver quien las reclamaban – Tenemos que volver al barco.

- ¿Ya? – le preguntó triste Nami.

- Quiero despedirme, he encontrado a otros piratas que me llevan, salen en dos horas.

Las dos chicas hablaban animadamente, pero Sara no paraba de pensar en lo ocurrido en el bar. Mientras acariciaba con el dedo índice el Den Den Mushi que tenía en el bolsillo, no paraba de pensar en lo horrible que sería si ahora, a tan poquito tiempo de ser libre, la hubiesen encontrado. Tenía que salir de allí inmediatamente.

Cuando llegó al buque, todos estaban allí, incluido Zoro, para sorpresa de Sara. Ni siquiera sabía cómo despedirse de él. Ambos se limitaron a darse un afectuoso abrazo.

- ¿Hasta cuándo os quedaréis por aquí? – le preguntó inquita Sara.

- Seguramente zarpemos mañana a primera hora – contestó la navegante.

- Sara… - le dijo Chopper – te echaremos de menos.

La aludida suspiró y se mordió el labio inferior para no llorar. Odiaba llorar delante de gente.

- Bueno… Pues ha llegado la hora chicos – dijo encogiéndose de hombros.

- No te olvides de nosotros – dijo Franky entre lagrimones.

- No pienso hacerlo Franky – les dirigió a todos una vista rápida y sonrió – Os lo prometo.

Ya estaba en la otra punta del puerto. Sentía un vacío tan grande que apenas podía escuchar lo que el capitán del otro barco le decía.

- ¿Me has escuchado? – Le repitió – He dicho que serán 5000 berries.

- No se preocupe. El dinero no es problema, se lo pagaré cuando estemos a bordo.

- ¿Quién te has pensado que soy? ¿Una monjita de la caridad? Los quiero ahora.

- Tome, la mitad ahora, la otra mitad al llegar.

Aquel pirata cogió el dinero de mala gana.

- Dormirás en la bodega – se giró y le dio la espalda a la chica – zarpamos en 1 hora.

De repente, el Den Den Mushi comenzó a sonar. Prácticamente se había olvidado de aquello. Lo descolgó y escuchó una voz muy familiar.

- Quería saber que todo iba bien.

- No se preocupes Jefe. Nos veremos mañana en Ordus – quería terminar con la conversación lo antes posible.

- ¿Estás segura?

- Completamente.

Sara no era tonta, era plenamente consciente de que su jefe sabía que estaba en Rothen, pero no le quedaba más remedio que seguir con la mentira.

- Mira muchacha, sé que no tienes planeado ir a Ordus – tan solo hubo un silencio por parte de Sara – Creí haberte avisado, de que esta vez te jugabas demasiado.

- No quiero seguir con esto. No pienso entregarle a Los Sombrero de Paja. Se acabó.

- ¿Estás segura? – La voz soltó una carcajada macabra, Sara no entendía nada – Déjame que te motive muchacha.

Se escuchó como al otro lado de la línea, le pasaban el auricular a otra persona y Sara pudo apreciar de fondo cómo su jefe decía "¡Habla!". Al final, aquella persona, habló.

- Hola mi niña – dijo con voz triste.

La sangre se le congeló. Se quedó mirando el Den Den Mushi como si aquello fuese una broma, de repente, todo se había vuelto una pesadilla. Aquello no podía ser, sin embargo sabía que era él, aquella voz no la olvidaría nunca. Había pasado años deseando volver a escuchar aquellas palabras.

- ¿Papá…?