CAPÍTULO 26: Un fuerte impulso pasional.
Pasaron unas lunas de aquella tragedia. Tanto yo como mi hermano, ya no éramos unos feos leones adolescentes con melenas cortas y aspecto extraño; ahora habíamos alcanzado nuestro aspecto adulto en su totalidad con melenas abundantes y frondosas. La de Mufasa era la típica melena color marrón, mientras que la mía había crecido negra como la noche
En cuanto a mi compañera Zira, se había transformado ya en una adolescente, dejando de ser aquella niñita latosa. No era la gran belleza, pero al menos ya no era aquella niña fea. Zira se había convertido en mi mejor amiga y confidente.
Durante todo ese tiempo, Sarabi se había vuelto una obsesión para mí que se incrementaba con cada rechazo suyo. Intenté convencerla por todos los medios de que yo era mejor que mi hermano, de que lo dejara. Todos mis esfuerzos en vano. Pero yo persistía; Si Ralafaki me había dicho que yo me enamoraría de alguien, y ese alguien se enamoraría de mí, yo estaba seguro de que ese alguien tenía que ser Sarabi. Nadie más.
Por eso yo me auto-engañaba con la idea de que ella me amaba, pero que sólo quería casarse con mi hermano para poder ser reina.
"Vamos Sarabi," Le dije un día. "Tú sabes que en el fondo me amas, pero tu ambición por ser reina te gana."
"¡Eso no es cierto!" me respondió muy molesta. "Yo amo a tu hermano por quien es. Mufasa es todo para mí."
"¿Qué no lo ves Sarabi?," le decía. "Yo puedo ofrecerte todo lo que necesites: Amor, Felicidad… El reino entero si quieres. Juntos, seremos Rey y Reina, viviremos muy felices y formaremos una hermosa familia, por ello te prometo luchar hasta el final, para recuperar el trono que mi hermano me arrebató.
Sarabi me fulminó con la mirada.
"Él no te lo arrebato... Él simplemente era el hermano mayor. El protocolo real especifica que el Hermano Mayor SIEMPRE hereda el trono."
Me apresuré a contestarle:
"Pero mi hermano es un incompetente. ¡No merece el reino! ¡Ni tampoco te merece!
Sarabi me miró con extrañeza.
"Scar, te estás obsesionando."
En mis ojos destelló todo mi deseo, toda la pasión que durante tanto tiempo tuve que guardar para mí.
"¡Ah!, Por supuesto que me estoy obsesionando. Tu eres mi obsesión."
Después de decir esto, en un arrebato de pasión, acaricié el dorso de su espalda. En los ojos de la leona, sin embargo, pude notar su repugnancia hacia mí.
"¡No me vuelvas a tocar, Scar!," dijo ella, y salió corriendo de allí.
En aquellos momentos sólo pude sentir rechazo de mí mismo.
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