Bueno bueno, no está mal, estoy actualizando cada semana! Me lo estoy currando eh? No me gusta dejaros colgados, me propuse al menos un capítulo por semana y aquí estoy. Espero que este os mole, hay mucha acción y no sé si ese es mi punto fuerte la verdad, es super difícil describir tantas cosas y que queden claras!
Por cierto, AsukaHyuga, tengo que pedirte perdón, en el comentario que me dejaste en el capítulo anterior me dijiste algo que me moló demasiado y he tenido que ponerlo en la historia! Ya te darás cuenta y sabrás a qué me refiero.
A leer chic s!
- Por favor, mi niña, haz todo lo que te diga – le suplicó el hombre delgaducho.
Sara se encontraba justo en medio de ambos bandos. Sus piernas no respondían, quería gritar, pero no podía hacerlo. Parecía que estaba dentro de una pesadilla en la que tu cuerpo estaba totalmente paralizado y todo a tu alrededor iba a velocidad máxima.
- Iremos con vosotros – sentención Luffy.
- Luffy… estás loco, ¿cómo nos vamos entregar? – susurraba Usopp asustado – Aún estamos a tiempo de huir.
- Cállate Usopp – ordenó Zoro.
El aludido enmudeció.
- Muy bien Sombreo de Paja, sabia decisión.
- Iremos… con una condición.
El hombre trajeado puso cara de pocos amigos, no le gustaba que le hicieran perder el tiempo.
- ¿Qué condición?
- Que dejes que Sara y su padre se vayan.
Lo miró fijamente, y de repente, una risa atronadora inundó aquel lugar.
- ¿Eso es todo? – Se giró hacia el hombre delgaducho - ¿Has escuchado eso Edmond? – El llamado Edmond le dirigió una mirada llena de temor – ¡Quieren que os deje libres!
- Si no, no hay trato – dijo Luffy muy seguro de sí mismo.
- Oie Luffy, no seas tan directo, si no aceptamos, puede que Sara…
- Lo sé. Correré ese riesgo.
Sara sólo escuchaba, no sabía muy bien cómo reaccionar ante todo eso.
- Bien… Bien – decía pensativo mientras se acariciaba la perilla – Sí, que Sara y su padre desaparezcan de mi vista.
- Las bombas…
- Las bombas se las quitaremos cuando nos traiga al octavo Sombrero de Paja ¿Pensabais que no me iba a dar cuenta de que falta el cyborg? – Obviamente Sara sabía que no era tan idiota – Irás a por él y me lo traerás. Pero irás sola.
La chica no se movió, era incapaz de hacerlo. Desde que sabía que tenía cinco bombas en su cuerpo, se sentía mucho más pesada, incluso le daba miedo moverse por si explotaban.
- ¡VAMOS! – bramó su jefe.
Sara dirigió una última mirada a sus compañeros. Vio como Luffy asintió seriamente y entonces, corrió dirección al pueblo. Esperaba que Franky hubiese visto todo y la estuviese esperando en el punto acordado. Lo necesitaba.
Una de las razones por las que Franky había quedado fuera del grupo era por si aparecía algún contratiempo, el problema es que nadie pensaba que iba a ser un contratiempo de semejante calibre. "Dios mío, qué irónico. Toda la vida fabricando bombas y ahora me convierten en una de ellas". No estaba preparada para eso. En aquel momento pensó que hubiese sido buena idea que Chopper también se quedase fuera del grupo, pero intentó ver la parte positiva: Franky se había convertido a sí mismo en un cyborg, pensó que quizás, algo de cirugía manejaba, quizás podría ayudarla a sacarle las bombas.
Mientras tanto, en el motel se hizo el silencio.
- Vaya vaya vaya, no sabía que esa muchacha había hecho tan buenas migas con los piratas. ¿Qué te parece Edmond? Tu hija se relaciona con mala gente – dijo socarronamente – Por lo que recuerdo, nunca ha sido una niña modélica. ¿Cuántas veces la expulsaban del colegio?
- ¡CÁLLATE! – Vociferó Luffy – No permitiré que te rías de mi nakama.
- ¿Tu nakama? ¿Acaso ya has olvidado que os iba a vender?
- Cambió.
- Las personas no cambian Sombreo de Paja. Quien es egoísta y avaro como Sara, lo seguirá siendo siempre.
- No hables así de mi hija – le amenazó el hombre delgaducho – Ha tenido que buscarse la vida.
- Porque tú la abandonaste.
Todos pensaban que era imposible que aquel pobre hombre pudiese tomar una tonalidad de piel aún más blanca, pero después de ese comentario, incluso competía con el color de la leche. Aquel comentario había sido cruel. Aunque toda la tripulación estaba de acuerdo con aquel hombre.
- Si la abandoné, fue porque usted me obligó a hacerlo – susurró.
El hombre chasqueó los dedos y un hombre con un vaso opaco, el jefe lo cogió y se lo llevó a la boca.
- Luffy – susurró Nami – Tenemos que hacernos con el detonador. Una vez lo tengamos, podremos luchar sin preocuparnos por Sara.
- Nami-swan tiene razón, pero estamos rodeados.
- Vosotros encargaos de que el jefe se nos acerque y yo me encargo del resto – la navegante sonrió de medio lado – Recuerda que soy una ladrona profesional, esto será pan comido.
- Está bien, yo me ocupo de que venga, el resto lo dejo en tus manos – intervino Luffy.
Todos observaban cómo el hombre trajeado hablaba con aquellos hombres y todos se dispersaron de nuevo.
- Dime, ¿qué ha querido decir el padre de Sara que la abandonó por tu cumpla?
- ¿Eh? – gruñó de mala gana el jefe. Resopló – Sabía de la inteligencia de este hombre. Lo contraté. Fin de la historia.
- Le amenazó con matar a Sara.
- No, yo no amenacé de muerte a una chiquilla.
- ¡Si no me iba con usted, se hubiese llevado a mi hija! – explotó de repente.
Y comenzó la confusión. El padre de Sara sacó una pistola y apuntaba al pecho del hombre trajeado. Éste, al verlo, levantó las manos, en una de ellas tenía el detonador con cinco botones. Le estaba dando la espalda a los Sombrero de Paja y poco a poco iba retrocediendo, alejándose de Edmond y acercándose cada vez más a la tripulación.
- Recuerda Edmond, que la vida de tu hija está ahora en mis manos.
- Suelta el detonador o te disparo.
- Si me disparas, pulsaré uno de los botones, Sara no saldrá con vida.
- Te he dedicado mi vida, te juré lealtad y aún así, tuviste que ir a reclutar a mi hija a la cárcel – le decía enfurecido.
- La saqué de la cárcel. ¿O es que esa era la vida que querías para ella? ¿Qué se pudriera allí por haber asesinado a un hombre inocente?
- ¡No era inocente! – Gritó – ¡Tú le ordenaste que la matara!
Y de repente se escuchó un disparo que hizo que el hombre trajeado retrocediera aún más. Pero en ningún momento la bala lo alcanzó. En cambio, uno de los hombres que rodeaban a los Sombrero de Paja, cayó desplomado.
- Eso, Edmond, ha sido una imprudencia – dijo a la vez que asentía.
Otro disparo se escuchó, un disparo que fue acompañado de un grito de dolor por parte del padre de Sara. Le acababan de disparar en la pierna. El jefe se guardó el detonador en el bolsillo interior de la chaqueta y se sacó un cigarrillo.
- Eres patético. La vida de tu hija está en juego y aún así te atreves a apuntarme con una pistola. ¿Tan poco te importa?
Luffy podía entenderle a la perfección. Era frustrante para todos no poder hacer nada por el momento. Una vez que Nami entrara en acción, la cosa cambiaría. Luffy estaba decidido a hacerle pagar por todo.
- Sotomura, llévatelo.
No parecía haberle hablado a nadie en concreto, pero de repente, un hombre que llevaba apoyada una larga espada en su hombro, apareció de la nada y con una agilidad admirable, cogió a Edmond y se lo llevó de allí.
- Yo también tengo a un buen espadachín – dijo volviendo su vista hacia Zoro, éste simplemente gruñó – Es sorprendente con qué facilidad se puede manejar a toda una tripulación – dijo mientras se paseaba entre ellos – Los piratas sois demasiado simples.
- ¿Qué es lo que pretendes hacer con nosotros? – Preguntó Chopper.
- Bueno, tú no tienes de qué preocuparte. Sólo entregaré a la Marina aquellos que no hayan comido ninguna fruta del diablo.
- ¿A qué te refieres? – intervino Robin.
El jefe de Sara se puso frente a ella y sonrió maliciosamente.
- Mis intereses con respecto a vosotros, es meramente científico.
- No les pondrás una mano encima – dijo enfadado Zoro.
- ¿O qué? No tenéis ni idea de a lo que os estáis enfrentando.
De repente, tenía sujeta la manga de la chaqueta de Nami. Nadie había siquiera visto cómo su compañera le intentaba robar el detonador y el hombre trajeado le había pillado. Pero lo que cogía la manga era una mano muy particular: tenía membranas entre sus dedos.
- ¿Pero qué…? – exclamó la ladrona asustada.
- ¿Pensabais que robarme el detonador iba a ser tan fácil?
De repente el hombre comenzó a hincharse y su piel empezó a tornarse de un color dorado oro muy extraño, incluso los ojos comenzaron a oscurecerse y agrandarse. Todos comenzaron a retroceder para al final observar asombrados en lo que aquel hombre se había convertido.
- Eso es… - exclamó Sanji.
- No puede ser – añadió Zoro.
- Oh Dios mío, tendríamos que haber huido – lloriqueó Usopp.
- Me comí la fruta Kaeru Kaeru. Soy el hombre Rana – les dijo observándoles con aquellos enormes ojos negros y sin vida – Más concretamente, soy una Rana Dardo.
Chopper aguantó un grito ahogado y todos lo miraron.
- Chicos… estamos en apuros – dijo bajo la atenta mirada de todos – La rana dardo es el vertebrado más venenoso del mundo, sólo con rozarte… ¡Puedes sufrir un paro cardíaco!
