CAPÍTULO 27: Sarabi, dulce tormento.
Pasaron algunas lunas de aquel suceso.
Una mañana, había salido junto con Zira a caminar cuando ambos nos percatamos de que había un gran revuelo a las faldas de La Roca Del Rey, así que nos acercamos para ver qué ocurría. Una gran muchedumbre estaba reunida allí.
Me acerqué a una Jirafa que estaba por ahí, y le pregunté:
"¿Podría explicarme qué sucede aquí?"
Y la jirafa, muy amablemente me contestó:
"Hoy el príncipe Mufasa va a darnos una importante noticia"
¿Y qué otra podría ser?, mi hermano contraería matrimonio con Sarabi. Claro que también mi padre se despidió de los súbditos en su labor como rey para cederle el puesto a Mufasa. Justo mis dos mayores temores en todo el mundo se cumplían. Justo lo que no quería que ocurriera… y ¡CLARO QUE NO LO IBA A PERMITIR!"
Así, lo primero que hice, apenas me enteré de todo, fue buscar a Sarabi. Cuando la encontré no pude más que actuar como un loco obsesionado frente a ella.
"Sarabi, no te cases. Tú me amas a mí, ¿no lo ves?, está escrito en las estrellas… en nuestros destinos."
"¡basta Scar!, deja de molestarme o le diré a tu padre."
"¡Já!, MI PADRE, el viejo Ahadi qué puede hacer…"
"Entonces le diré a tu hermano," me dijo Sarabi. "Ahora, déjame en paz. No quiero que arruines los momentos de felicidad por los que estoy pasando."
Guardé silencio. Le di la espalda a Sarabi, y me senté un momento.
"Sarabi," comencé a decir. "Tan sólo quisiera preguntar: ¿Alguna vez me amaste?"
Sarabi se quedó pensativa unos instantes, después comenzó a decir:
"Sí, Scar. Cuando éramos cachorros, pero eso es historia, ¿entiendes?, his-to-ria. Tu hermano es el león de mi vida. Entiéndelo."
En ese preciso instante, una leona entró a la cueva donde estaba Sarabi, y la interrumpió.
—
"¡Sarabi!, ¡muchas felicidades!, no puedo creer que te cases mañana."
En ese momento me miró. En su rostro se dibujó una expresión de sorpresa.
"¿Taka? ¿Eres tú?"
Yo no entendí que estaba sucediendo. Por más que lo intenté, no supe quién era aquella leona.
"Soy yo, ¿me recuerdas?, Soy Elanna."
Yo seguía buscando en mi memoria algún recuerdo de ella, sin éxito, pero por cortesía, le dije:
— SÍ... Si me acuerdo. ¿Cómo has estado?
Elanna no me quitaba los ojos de encima.
"Bien, gracias. Supe que te fuiste de casa mucho tiempo."
"Bueno sí, pero como vez, ya estoy aquí otra vez. Bueno, ya me voy. Fue un placer saludarte. Adiós Elanna."
"Adiós."
Esa noche, en mi desolada cueva, me puse un momento a tratar de recordar a Elanna, Pero no me centré demasiado en aquellos recuerdos, porque había alguien que rondaba por mi mente con más fuerza.
¡SARABI!
Se casaría al día siguiente. Todo estaba perdido. Durante los últimos años solo me había dedicado a convencerla de que me eligiera a mí en vez de a mi estúpido hermano.
Pero era inútil…
Todo era inútil.
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