CAPÍTULO 30: VENGANZA PARA UN CORAZÓN HERIDO.
"El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro."
Nietzsche.
Los días que le siguieron sólo pasaba por mi mente todo el dolor que día a día me invadía. Toda sensación de tristeza y soledad se incrementaban.
Mi decisión estaba tomada…
Busqué a Sarafina por toda la pradera, hasta que por fin la encontré. Ella estaba recostada en el piso medio dormida. Yo me acerqué con cautela.
— Sarafina, ¿podemos hablar un momento por favor?
Desde mi regreso a La Roca del Rey sólo sentía la indiferencia de Sarafina hacia mí. Cada vez que había tratado de entablar una conversación con ella, siempre me trataba amablemente pero con una actitud muy seria, y era obvio después de lo que le hice en aquella ocasión cuando, de cachorros, la rechacé.
Entonces cuando le pedí que platicáramos, ella me evadió diciendo que tenía cosas que hacer, pero esta vez, no podía dejar que eso pasara;
¡¿Qué quieres Scar?! ¿Que no ves que estoy muy cansada?, acabo de ir de cacería. Solamente quiero descansar.
—Por favor, Sarafina. Es importante.
Ella se paró con desgano. La llevé a caminar por ahí, y comencé a charlar con ella:
—Saffy, yo sé que ya pasó el tiempo... y quiero pedirte... ¡Perdóname por haberte lastimado con mis comentarios sobre Sarabi! ¡No debí decir que la amaba enfrente de ti!
Saffy me miró con desdén.
—El daño está hecho, ¿no?
—Sí Saffy, pero en esos momentos yo era un cachorro, no sabía lo que hacía. Pero ahora que soy adulto tienes que saber…
— Te escucho Scar. –dijo la leona con fastidio.
—Durante el tiempo que estuve fuera me di cuenta de la verdad.
—¿No entiendo cuál es el punto Scar? –expresó Sarafina, comenzando a exasperarse.
—El punto es Sarafina, que yo..., que yo… TE AMO.
Sin pensarlo dos veces le implanté un enorme beso. Después de eso, ella se quedó atónita, perpleja. También vi a lo lejos que una joven leona que no logre distinguir nos observaba. Eso me puso nervioso.
—Pero Scar, tú amas a Sarabi. Me lo dijiste.
Tenía que pensar en algo que responderle y rápido.
— Esos años pasaron. Ahora a la única leona a la que entregaré mi vida será a ti.
Cuando dije esto, vi cómo la leona que observaba se fue corriendo como enfurecida. No me importó demasiado.
Sarafina y yo nos abrazamos dulcemente.
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Ella había sido una presa muy fácil de atrapar simplemente porque ella me amaba, y así finalmente había caído en mi trampa…
