Ya estoy aquí otra vez! Os dejé abandonados un tiempo, pero no volverá a pasar, ahora que estoy más libre, me he puesto a escribir, como véis, fue por fuerza mayor, tenía otras responsabilidades que requerían de todo mi tiempo.
Espero que os guste este capítulo, a mi... Bueno, digamos que me encanta escribir cada capítulo de este fic, me está dando pena que esté ya acabando, pero bueno.
Muchas gracias a quienes comentan, a AsukaHyuga, que me comenta siempre, y a todos los demás que siempre leéis, si he llegado hasta aquí es gracias a vosotros.
Disfrutar!
Pero la chica que tenía frente a él era muy distinta a Sara, y a la vez, era ella. Se acercó un poco más, aún sin poder creérselo.
- ¿Pack…? – Preguntó esta vez.
- Hola Zoro.
Volvió a decir con aquella voz que tanto extrañaba. "Es ella, tiene que ser ella". No había otra opción, tenía que ser Sara, aquella voz era la suya.
- Tu… Tu pelo y… – dijo extendiendo la mano hacia ella.
- Está preciosa, ¿verdad Zoro? – le preguntó Rayleigh.
- Oye, ¿por qué no les dejamos solos? Creo que tienen muchas cosas de las que hablar.
Rayleigh y Shakky salieron de la taberna, dejándolos solos.
- Tú también estás diferente y tienes… - dijo señalando la cicatriz de su ojo.
- Bueno, creo que no tanto como tú. Mi pelo sigue del mismo color.
La chica que tenía en frente tenía el pelo corto, algo por encima de los hombros, y rojo. Ya no tenía los piercings de la cara, tampoco le quedaba rastro de los pendientes de las orejas. Vestía parecido a como la recordaba, camiseta blanca y algo ancha, pantalones largos y botas, unos guantes y su típica chupa.
- ¿Te gusta?
Le preguntó pasándose la mano por el pelo. Estaba muerta de vergüenza, había ensayado ese momento durante meses, pero no estaba siguiendo para nada el guión. Sólo se le ocurrió preguntar que si le gustaba su nuevo color de pelo, "qué más da eso".
Zoro no respondió. Estaba comenzando a enfadarse, era desde luego, la reacción más normal. Comenzó a andar de un lugar para otro, prefirió incluso quitarte sus katantas y dejarlas sobre una de las mesas más cercanas a la barra. Siguió paseando por el bar, pasándose la mano por el mentón y alborotándose el pelo.
- Zoro…
Ignoró que le había llamado. Estaba intentando controlarse, Sara lo veía, estaba a punto explotar, y lo hizo. Se dirigió a la barra para coger la copa que Rayleigh había estado bebiendo y la estampó contra la pared provocando que multitud de cristales y el poco contenido del vaso cayesen al suelo. Ante aquella reacción, la chica dio un brinco hacia atrás, algo asustada.
- ¿Qué si me gusta tu pelo? – le preguntó sin dar crédito a lo que había escuchado - ¡Han pasado más de dos años! ¡Pensábamos que estabas muerta!
- Lo sé, yo…
- Luchamos por ti, nos enfrentamos a aquel tipo asqueroso para salvarte el pellejo.
- Ya y…
- A ti y a tu padre. Y resulta que una bomba explota y te damos por muerta. Los periódicos hablaban de las explosiones y del alboroto, nos reconocieron y pensaron que lo habíamos causado nosotros.
- Lo siento muchísimo.
- ¿Qué lo sientes? Lo último que vio Chopper de ti fue tu… - Se quedó paralizado, y la miró de hito en hito – Tu brazo…
Se acercó a ella para cogerle del brazo, pero ella se lo llevó a la espalda, como intentando ocultar algo.
- ¿De quién era el brazo que vio Chopper? – preguntó muy serio. La chica no respondió, incluso evadía su mirada - ¡¿De quién era?!
Sara se quitó la cazadora y los guantes y dejó al espadachín perplejo. Se llevó la mano derecha a la cara. "Vaya…" le escuchó murmurar mientras se dejaba caer sobre la silla más cercana.
- Cuando mi padre y yo nos fuimos dirección al bosque, mi padre intentó hacer una pequeña intervención de urgencia. Confiábamos en Luffy, pero tenía que quitarme las bombas cuanto antes. Logró quitarme la de un brazo. Desafortunadamente, no fue la del botón que apretó – dijo muy bajito.
La chica cogió otra silla. Se tomó su tiempo, ni siquiera se molestó en levantarla, se limitó a arrastrarla por el suelo hasta que consiguió estar a su misma altura y entonces, se sentó frente a él.
- ¿Qué pasó luego? – le instó Zoro a seguir.
- Obviamente, aquello me dejó malherida, pero no me mató, tan solo era una pequeña bomba, no era nada del otro mundo, simplemente me lanzó por los aires y bueno… esto – dijo señalando su brazo – Mi padre reza todos los días dándole gracias a Dios de que no activase la bomba del estómago. Y de que Luffy y todos vosotros estuvierais allí – paró unos minutos para darle tiempo a Zoro a asimilar algunas cosas – Cuando mi padre se acercó a mí, yo estaba inconsciente y perdía mucha sangre. Me cogió en brazos como pudo y me sacó de allí. Lo siguiente que recuerdo era que me despertaba en un barco de unos piratas y mi padre me dijo:"Nos iremos de aquí. Juntos." Ni siquiera sabía cómo contactar con vosotros. Tampoco estaba en buenas condiciones físicas – hacía mucho que no le contaba aquello a alguien, pero sabía que Zoro era una de las ocho personas en el mundo que merecían aquella explicación – Vivimos durante un tiempo aislados del mundo pirata. No podían reconocernos, yo he entrado en la lista de terroristas desaparecidos, así que he tenido que cambiar algo mi imagen. Tuvimos un pequeño huerto, vivimos del campo. A los pocos meses, después de la guerra, vi a Luffy en los periódicos y tuve una corazonada, volveríais donde os separaron. Así que mi padre y yo nos pusimos en camino. Después de un largo viaje, llegamos a Sabaody, compramos el bar con el poco dinero ahorrado que teníamos y… Aquí estoy.
Aquello logró tranquilizar al espadachín hasta el punto de incluso empatizar con ella. Le cogió la mano derecha y comenzó a acariciar aquella superficie fría. El brazo de Sara había desaparecido, en su lugar, había un brazo de acero, tenía las mismas dimensiones que el original, por eso, cuando llevaba la chaqueta encima, no se había dado cuenta. Había perdido todo el brazo, hasta el hombro.
- ¿Quién te lo puso?
- Hay un ingeniero, no tan bueno como Vega Punk, pero era amigo de mi padre, diseñó este atomatil sólo para mí – le dijo mostrándoselo muy sonriente.
- ¿Te gusta? – Le preguntó Zoro.
- No me queda otro remedio, es ligero – le contestó muy triste – No es precisamente lo que a una chica normal le gustaría tener como extremidad.
- Tú no eres una chica normal – le dijo riendo el espadachín. Pero aquello no la animó demasiado – Venga, ¿no te tomas conmigo esa copa? – dijo levantándose de la silla.
- ¿Qué? – le miró sorprendida mientras que le imitaba.
Ambos se acercaron a la barra.
- Me has dicho que me invitarías a la copa de ginebra. Tómatela conmigo.
- Ya no bebo.
Aquello sí que sorprendió a Zoro, que se quedó sin habla. Una persona tan borracha con él y resulta, que ya no bebía.
- ¿Cómo que ya no bebes? – le preguntó para asegurarse de que había escuchado bien.
- Pues… Eso – dijo encogiéndose de hombros – Ni tampoco fumo. También he estado haciendo terapia y trabajando en mis cambios de humor, y dejé el tratamiento hace ocho meses.
Zoro se quedó estupefacto, aquello le había sorprendido más que su brazo de acero.
- Entonces…
- Se puede decir que estoy limpia. Ya no tiene sentido que me llames Pack. Me llamo Sara, ¿sabes? Deja de llamarme así idiota – le dijo con aquel carácter típico de ella que recordaba.
El espadachín comenzó a reír ante aquella situación.
- Puedes haber dejado muchos vicios y haber cambiado físicamente. Pero sigues siendo igual de descarada.
Ella le miró sorprendida, pero antes incluso de poder decir nada, el espadachín le cogió del brazo y tiró de ella hacia él. Le acarició la mejilla y recogió un mechón de pelo, poniéndolo detrás de la oreja. Estaba tan guapa.
- ¿Qué pasa? – Le preguntó algo nerviosa – No te acerques tanto – le dijo intentando soltarse de su agarre.
- Me gusta que tu aliento huela a hierbabuena.
- Posiblemente sea mi dentífrico – le dijo intentando cortar aquel momento de romanticismo.
- Rayleigh tiene razón – le susurró sin hacerle caso.
Zoro tenía mucha más fuerza que ella. Además, aunque intentase soltarse, en el fondo, no quería, había pasado tanto tiempo y aún así no había conseguido hacer desaparecer esa sensación que tenía cuando le veía.
- ¿En qué? – le preguntó.
- Estás preciosa.
Y después de tanto tiempo soñando un momento que pensaba que no viviría, la besó.
