Capítulo 31: ¿Qué te pasa, Zira?
Al caer el atardecer, una Zira muy enojada me reclamaba cosas, que desde mi punto de vista, no tenían razón de ser.
—¿Por qué la besabas? ¡¿Por qué?!
— Eso, mi querida Zira, es algo que NO te incumbe, además, ¿Desde cuándo te ha interesado a ti, mi vida amorosa?
— Me importa desde el día que te conocí —. Me replicó.
—Pues no debería—, Le dije—. Además, si en verdad quieres saberlo, pues sólo te diré que la estoy enamorando para desquitarme con ella de todo el sufrimiento que he experimentado a lo largo de mi vida. Alguien debe pagar por mi dolor, y qué mejor que sea un alma tan pura e ingenua como la de Sarafina... ¡¿Contenta, Zira?!
Ella sonrió de una forma extraña y maliciosa, después comenzó a rascarse el mentón, mientras decía:
— ¡Ah!, ¡Eso era!, menos mal.
Su reacción me dejó muy confuso. Es decir: ¿Por qué se había enojado conmigo?, ¿Por qué le preocupaba tanto el asunto?, ¿Qué significaba eso?
Había un detalle con respecto a Zira del que yo no me percataría, hasta mucho tiempo después.
HAGA CLIC PARA VOLVER AL INDICE
