Y con este, hacen ya 32 capítulos, vísperas del final, de hecho, podría afirmar que es el penúltimo capítulo. Tengo que decir que me ha costado un poco escribirlo, pero espero no decepcionar con el reencuentro entre Zoro y Sara. Espero que les guste y, por supuesto, si nos les ha gustado espero algún comentario constructivo (o felicitándome jajajaja)
Así que hoy, domingo y a dos días del día de los enamorados, os dedico a todos este maravilloso reencuentro.
Sara no quería parar el beso, hacía tanto tiempo que no besaba a nadie, hacía tanto tiempo que soñaba con volver a verlo… El espadachín, poco a poco se separó de ella. Se sentó en una de las butacas que había cerca de la barra y se quedó mirando al frente. Por un momento, ninguno de los dos dijeron nada, así que Sara rodeó la barra para ponerse en su lugar de trabajo, cogió dos vasos y preparó dos gin-tonics.
- Te invitaré a esa copa.
- ¿Y el otro vaso?
- Para mí – apenas podía mirarlo a la cara, aunque notaba que él no apartaba la vista de ella.
- Pero tú ya no bebes – le recordó.
Sara dejó la botella de ginebra sobre la barra y lo miró muy seria.
- Aunque te sorprenda, no a todos le suelo resultar "preciosa" – le dijo enseñándole el brazo de acero – Llevaba más de dos años sin ni siquiera besar a alguien – dijo intentando no parecer muy patética – Necesito una copa.
Él sonrió, cogió su vaso y brindó con el de Sara. Ambos dieron un trago, largo. Al bajar el vaso, la chica suspiró y se quedó mirando el fondo de su copa prácticamente vacía.
- ¿En qué piensas?
- En nada en particular – le contestó encogiéndose de hombros.
- Cuando Luffy te vea, te pedirá que te unas a la banda – Hubo una pausa – Piénsatelo.
La chica se limitó a asentir. Sabía que se lo propondrían y la verdad es que se moría de ganas por volver al mar con ellos. Luffy le había salvado la vida, la había sacado de aquel infierno, y además, los había echado tanto de menos a todos… quería volver a pasar aquellas tardes con Franky y Usopp en el taller, pescando con Chopper y Luffy, comer de la comida de Sanji, tomar el sol con Nami y Robin y por supuesto, conocer al nuevo integrante de la banda. Quería volver a pasar aquellas noches con su espadachín. Lo había echado tanto de menos…
- Así que… nadie – le dijo sacándola de sus pensamientos.
- ¿Qué? – le preguntó sin comprender.
- ¿No te has besado con nadie en más de dos años? – le preguntó sonriendo.
Lo que provocó que la chica se sonrojase notablemente. Ella había sido demasiado directa en ese tema, pero es posible que él por su parte, al creerla muerta, hubiese hecho lo que cualquier persona.
- Cállate – le contestó mientras guardaba la botella de ginebra.
- Te he echado de menos.
Aquellas palabras provocaron un vuelco en el estómago de Sara, que hizo que se le cayese la botella al suelo haciéndose añicos.
- Mierda… - dijo intentado limpiar todo el desastre. Zoro rodeó la barra para poder ayudarla a limpiar – Déjalo, no te preocupes, tengo que hacer esto millones de veces.
- ¿Sigues siendo tan patosa? – No hubo respuesta, ni siquiera lo miraba – Eh, mírame – le dijo cogiéndole ambas manos para que no se cortase con los cristales. Ella le miró, estaba nerviosa, aún no era capaz de controlar ciertos comportamientos cuando se desbordaba. Prefirió no presionarla – Te vas a cortar, déjame a mí.
Cogió un trapo y recogió todos los cristales.
- ¿Quieres otra copa? – le preguntó la chica.
- No, gracias. Tengo que buscar un sitio donde pasar la noche hasta que el resto vuelva.
- Puedes quedarte aquí. Hay una habitación vacía.
- Bien… no tengo mucho dinero pero…
- No seas imbécil. No pienso cobrarte.
- No tienes por qué, en serio.
- Me has dicho que estoy preciosa, te debo una – le dijo sonriendo, a lo que Zoro le devolvió también la sonrisa – Es la habitación del fondo del primer piso.
Ambos subieron por las escaleras sin apenas decir nada. Hasta que al final, Sara rompió el silencio.
- No me has contado donde has estado estos dos años.
- Bueno, acabé con un gran maestro de la espada. He estado entrenándome. Ahora iremos al Nuevo Mundo, tenemos que estar preparados, espero que tú también lo estés – le dijo muy serio.
Llegaron a la puerta y el espadachín dejó hueco para que Sara le abriese. Cuando pasó a la habitación, se quedó mirando, había algo raro. Era sencilla, con una gran estantería y muchos libros, muy ordenada y limpia.
- Esta habitación creo que está ocupada, te has equivocado.
- No – le dijo mientras cerraba la puerta a sus espaldas. De repente, estaba tan nerviosa que comenzó a jugar con los pulgares – Es mi habitación – El espadachín no supo qué decir. Aquello le había tomado por sorpresa – Quiero decir, no voy a dejar que pagues una habitación cualquiera, aquí estarás seguro hasta que vuelvan los demás. Puedes quedarte, yo puedo dormir con Shakky o con mi padre.
Hubo unos segundos de silencio, pero parecieron eternos. Zoro estaba convencido de que la chica quería decir algo más, pero estaba teniendo un debate interno que no la dejaba tranquila.
- No puedo hacer que me dejes tu habitación.
- Oh… no, no te preocupes, me las apañaré.
El espadachín asintió con la cabeza. Ella por su parte, se giró dispuesta a salir, pero una vez con la mano en el pomo, se armó de valor.
- Yo también te he echado de menos.
Y la tranquilidad le invadió el cuerpo. Notó como Zoro se acercó a ella por la espalda y la abrazó, dándole un beso en el cuello.
- Te ha costado demasiado. Pensaba que ya no me lo dirías – ella se dio la vuelta y le besó – Quédate conmigo.
Ella asintió. Él la volvió a besar. Pero ya no era como el beso dulce del bar, aquellos besos empezaban a demandar cada vez más. Zoro la había acercado hacia él todo lo que podía y ella podía notar su erección bajo aquel abrigo largo. Él intentó quitárselo, con la ayuda de Sara hasta que finalmente, quedó en pantalones. La ex - terrorista se le quedó mirando como una tonta.
- Has… Dios mío, ahora estás mucho más… –No era capaz de seguir pensando teniéndolo delante.
Se abalanzó contra él y metió su mano bajo los pantalones. A lo que Zoro respondió con un gruñido. Él le quitó la camiseta y ella se dejaba acariciar por todo el cuerpo, estaba ansiosa, pero al final, el espadachín no aguantó más y le cogió la mano a Sara provocando que ésta parase con su tarea. Le dio la vuelta y la puso de cara a la puerta haciendo que se apoyase con ambas manos sobre ésta. Luego le susurró al oído:
- Yo tampoco he estado con nadie en este tiempo, así que vamos a tomárnoslo con calma – le besó el hombro metálico y desde atrás recorrió todo el brazo de acero – Relájate.
Las manos del espadachín se posaron sobre los pechos de la chica, mientras los masajeaba, le besaba el cuello y la espalda. Una de las manos comenzó a bajar y le desabrochó el pantalón. Sara apretó los puños y comenzó a tensarse. Hacía tanto tiempo que nadie le tocaba que estaba demasiado nerviosa. Por una parte estaba deseando, pero por la otra no podía parar de tiritar. Se había acostado millones de veces con él, pero, de una forma u otra, aquella vez estaba siendo especial.
- Tranquila – le dijo al notar cómo temblaba.
Entonces él metió la mano y ella notó cómo sus dedos tocaban su parte más íntima. Primero sólo le acariciaba, hasta que la chica sintió, primero uno, luego dos dedos dentro de ella, lo que provocó que se le escapase un suspiro. Notaba la respiración del espadachín en su oído, él también estaba excitado. Luego paró y las dos manos volvieron al pecho, después, le besó la espalda mientras que poco a poco bajaba hasta que sus labios tocaron la parte baja de su columna, cogió los pantalones y siguió bajando hasta que los bajó hasta el suelo, mientras que la seguía besando. Aquello excitó demasiado a Sara, su respiración era cada vez más fuerte y ya no se preocupaba de ser silenciosa. Él volvió a subir, tampoco llevaba ya los pantalones, Sara lo pudo notar cuando se le acercó, tan solo pasaron unos segundos, luego volvió a notarlo dentro de ella. Zoro la sujetaba contra él, aunque ella estaba apoyada a la puerta. Le besó la oreja izquierda.
- Estás preciosa, tendrías que verte. Estás preciosa.
Zoro se despertó primero, pero aún era de noche, Sara estaba a su lado, durmiendo boca abajo. Se acercó a ella y le dio un beso en la frente.
- ¿Ya es de día? – dijo medio adormilada.
- No, tranquila, es que me he despertado.
Ella suspiró y abrió los ojos.
- Debes saber que hay unos impostores en Sabaody haciéndose pasar por vosotros – Zoro la miró con su único ojo sano, esperando que siguiera – Están engañando a la gente para que se alíen con ellos. Me alegré de saber que aquel no era el Zoro original.
- ¿Cómo lo supiste? – le preguntó.
- Bueno, estaba demasiado descuidado para ser tú. Si lo vieses lo entenderías – ambos sonrieron – ¿Crees que Luffy querrá que vuelva?
- Estoy bastante seguro.
Sara volvió a sumergirse en sus pensamientos, deseaba que llegase aquel momento pero… ¿Estaría bien dejar atrás todo?
Su espadachín suspiró.
- Quiero que vuelvas Sara.
